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Ciencia & Paraciencias, SocialismoApril 22, 2007 3:35 pm

Spengler cree que la técnica puede seguir viviendo cuando ha muerto el interés por los principios de la cultura. Yo no puedo resolverme a creer tal cosa. La técnica es consubstancialmente ciencia, y la ciencia no existe si no interesa en su pureza y por ella misma.

José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas

Comencemos por reconocer que la idea de una ciencia desinteresada es, en rigor, algo exagerada y tal vez utópica. Es improbable que ninguna sabiduría humana haya podido resolverse nunca sin apelar a algún interés práctico, público o personal. Sin embargo, el diagnóstico histórico de Ortega es básicamente correcto y esclarecedor: una civilización basada en la ciencia no podría sobrevivir al monopolio del interés práctico subordinado a un grupo de poder o Iglesia.

El problema de la economía del conocimiento científico resultaría ser análogo al problema de la economía general de la información descubierto por Hayek (traduzco aproximadamente):

El carácter peculiar del problema de un orden económico racional está determinado precisamente por el hecho de que el conocimiento del que debemos hacer uso nunca existe en una forma concentrada o integrada, sino solamente disperso en pedazos de conocimiento frecuentemente contradictorio e incompleto poseido por individuos separados. El problema económico de la sociedad no es, por tanto, meramente un problema sobre como ubicar los recursos "dados" –si suponemos que "dado" se refiere a una mente singular que soluciona deliberadamente el problema establecido por estos "datos". Es más bien un problema sobre cómo asegurar el mejor uso de los recursos conocidos a cualquier miembro de la sociedad, para fines cuya importancia relativa sólo conocen esos individuos. O, para decirlo brevemente, es un problema de la utilización de un conocimiento que no es dado en su totalidad.

Sin perjuicio de que la economía científica posea características propias, que seguramente no puedan reducirse a la metodología individualista, sin embargo la advertencia de Hayek sobre la imposibilidad de un conocimiento centralizado sigue siendo certera. No debería caber ninguna duda de que el desarrollo de las ciencias precisa un marco insitucional lo suficientemente abierto y liberal. El bloqueo del conocimiento que sufrió la "ciencia islámica", una vez de que se impusieran las tesis de Algazel en el siglo XI d.C que devolvían el poder a los clérigos y se lo arrebataba a los filósofos, tuvo lugar también en la Rusia soviética o en la Alemania nazi del siglo XX cuando los valores del Partido nazi o bolchevique invadieron las aulas académicas.

Contra la tesis "ciencista" (o mejor, anticiencista), es preciso reconocer que no fué precisamente la ciencia la que invadió el territorio de la sociedad, la política o la moralidad en ninguno de estos periodos históricos, sino que fueron los valores nazi-socialistas, o los del islamismo, aquellos que tomaron por fuerza la Academia, reduciendo los objetivos de su programa a los intereses de un grupo particular (la raza, la Umma, o el proletariado). Además, tanto la presunta "ciencia socialista" como la negación islamista de la ciencia comparten como premisa epistemológica fundamental una u otra versión del antirrealismo. Si para los partidarios de Algazel la realidad era una especie de construcción imaginaria que dependía últimamente del auxilio divino, para los partidarios de la ciencia socialista (en la que debía coincidir verdad y emancipación) la cosa-en-sí kantiana quedaba transformada en cosa-para-nosotros (es decir, para el Partido, para el proletariado), y esto sin perjuicio de la iracunda protesta realista de Lenin contra el "empirocriticismo" de Mach.

Bazhanov

Valentine A. Bazhanov (1953-) es un profesor de filosofía de la universidad pública de Ulykanosvk, actual Rusia. Poco antes de que colapsara definitivamente la URSS, Bazhanov pudo publicar La ciencia sombría en la Unión Soviética (Shadow science in the Soviet Union), aprovechando el nuevo ambiente de perestroika, un trabajo que describe desde dentro (el profesor fue miembro activo de la Academia de las Ciencias de Moscú) algunas de las peculiaridades y avatares de la ciencia socialista.

El cuadro que pinta el profesor ruso no nos evoca precisamente una ciencia orientada hacia la emancipación de la humanidad, sino un entramado de intereses políticos, burocráticos y académicos que en todo momento predominaban ante la búsqueda de la verdad. Al punto que la ciencia soviética, citando a M.A. Rozov, terminó siendo una "ciencia que es una especie de imitación de la ciencia, una filosofía que es una especie de imitación de la filosofía". Cierto que estas características comúnmente estudiadas por la sociología de la ciencia pueden considerarse bastante genéricas, afectando a cualquier comunidad científica compuesta por seres humanos imperfectibles. La plaga del interés burocrático lo experimentamos también en las academias de las democracias liberales, y la actitud interesada no falta jamás entre los periodistas, intelectuales, o entre los miembros de Think-Tanks, que funcionarían con respecto a la economía del conocimiento de un modo análogo a cómo funcionan las firmas desde el punto de vista de la economía general.

Bazhanov define la "ciencia sombría" como aquella que tiene lugar en "comunidades científicas, representantes o actividades basadas en la violación o deformación de ideales, normas y valores comúnmente cultivados dentro de la comunidad". La situación de esta "ciencia sombría" era singular en la URSS debido a la posición relativamente privilegiada de la que gozaban los académicos soviéticos. Una buena progresión en la carrera académica aseguraba a los individuos mejor posicionados un nivel de vida más acomodado y la posibilidad de acceder a grados de prestigio superiores al trabajador del estado corriente.

La ciencia sombría soviética fué en esencia una creación del estado burocrático basado en lo que Bazhanov llama "superconductividad": el hecho de que todos los subsistemas sociales reciben sin apenas resistencias las órdenes e instrucciones procedentes del centro (es decir, del Partido Comunista de la Unión Soviética). Aunque este monopolio central de poder y conocimiento ya había comenzado a decrecer en la década de los ochenta, sus efectos se dejaron notar con fuerza hasta el último momento. En semejante sistema monopolista los académicos inconformistas recibían un evidente trato marginal y sus investigaciones y publicaciones tenían muy escasas posibilidades de prosperar en ausencia de mercados libres. Se da la paradójica situación de que los académicos soviéticos mejor situados terminaban leyendo casi exclusivamente obras de autores extranjeros, mientras que las obras publicadas tras pasar el filtro oficial apenas recibían atención auténtica más allá de los círculos del neoescolasticismo soviético.

Ciencia suprimida en la URSS

Los logros de la ciencia e incluso de la tecnología socialista han sido generalmente magnificados (en ocasiones por sus propios oponentes de la guerra fría) y durante mucho tiempo fue bastante complicado distinguir la realidad de una propaganda que consumían sin ningún problema muchos militantes e "intelectuales" occidentales. Es cierto que los bolcheviques destacaron en determinadas áreas del saber; sobresaliento ante todo los cuatro premios nobeles en física (Pavel Cherenkov, Ilya Frank y Igor Tamm, Lev Landau, Nikolay Basov y Aleksandr Prokhorov, y Pyotr Kapitsa). Pero el monopolio de la "ciencia sombría" logró suprimir el libre desarrollo de la ciencia en muchos otros campos de importancia vital.

En biología, los valores "socialistas" invadieron la investigación científica durante 30 años de "lysenkismo", una tentativa fantasiosa por adaptar las premisas lamarkistas a los intereses de la agronomía socialista. A pesar de que la teoría sintética de la evolución se había establecido como un sólido paradigma alternativo al lamarckismo, abrazado inicialmente por el mismo Darwin, la "ciencia sombría" combatió con dureza cualquier desviación del dogma oficial. Muchos biólogos resistentes fueron ejecutados o enviados a campos de trabajo, y la genética auténticamente científica era generalmente conocida como "la puta del capitalismo" (продажная девка капитализма) y fue degradada como "pseudociencia burguesa".

Otras áreas declaradas "pseudociencias burguesas" fueron la cibernética, la semiótica o la lingüística estructural, por no mencionar la paralización de la filosofía en el marco de la neoescolástica del diamat, o los fallidos intentos de formar una "química orgánica" compatible con los principios lysenkistas.

El delirio bolchevique-socialista llegó tan lejos como para que Stalin concibiera la idea de ciertos "superguerreros" híbridos de monos y humanos. 

Bajo el imperio de semejante monopolio, no es de extrañar que ni la ciencia teórica ni la tecnología aplicada soviética estuviera en reales condiciones de competir con la ciencia-tecnología de las naciones liberales o capitalistas. Como ya se apuntó, no es una mera anécdota que la revolución microelectrónica tuviera lugar en California, y no en Moscú o Norilsk, o que la misma bomba atómica no consiguiera desarrollarse en Rusia, sino en el laboratorio nacional de los Álamos. Incluso cuando se trataba de ordenar y planificar, los gestores capitalistas resultaron ser mucho más hábiles que los soviéticos.

 

P.S. En otro momento trataremos, si es posible, el modo completamente desenfocado con el que el fervoroso anticiencista Moa trata hoy las ideas de Steven Pinker, y elude enfrentar otras cuestiones planteadas.

Ideas de la historia, SocialismoMarch 28, 2007 4:57 pm

La distinción arranca de un comentario de Chema en Freelance corner sobre la vuelta al "núcleo sentimental" compartido por las izquierdas y el fascismo.

A pesar del esfuerzo pedagógico de Freelance para mostrar los vínculos entre fascismo e izquierda política, es fácil predecir que su tentativa no tendrá mucho éxito; al menos en el sentido de conseguir la desconexión "sentimental" entre fascismo y derecha política. Las no tan asombrosas homologias entre fascismo y socialismo han sido subrayadas ya muchas veces, sin que muchos "izquierdistas" se den por enterados: origen socialista de los líderes nazis y del fascio, políticas "intervencionistas" y de nacionalización, cuestionamiento del parlamentarismo "burgués", explotación del descontento generado en Versalles, origen común de la teoría del imperialismo y el antisemitismo, utilización sistemática de la violencia política &c.

El nazi-fascismo fué, según muestran las evidencias, una variedad del socialismo.

Y es una ley biológica bien conocida que las variedades de especies emergentes tienden a ser exterminadas por la especie más extendida. La lucha por la existencia entre estas variedades tiende a ser, por la misma razón, enormemente cruenta -como acreditan la noche de los cuchillos largos o las purgas estalinistas, cuando aplicamos el algoritmo darwiniano a la dialéctica política. Si el nazi-fascismo se comprendió a sí mismo como la culminación positiva del socialismo ("el socialismo más el mito nacional", escribía Paul Johnson), el socialismo soviético lo consideró más bien una degeneración suya, la fase postrera del capitalismo o "dictadura terrorista desembozada de los elementos más reaccionarios, chovinistas e imperialistas del capital financiero" (1931). Tanto Hitler como Lenin se preciaban, en cambio, de haber comprendido a Marx mejor que ningún otro. Pero fué la estrategia ideada por el Komintern para simplificar al adversario enjaretándole el título de "fascista", incluso aunque fuera un socialdemócrata (o "socialfascista"), la que resultó victoriosa…

Este fascismo "flotante" aplicado indiscriminadamente a nazis, mussolinianos o socialistas "burgueses" mostraba que desde los años veinte del siglo pasado la distinción entre Derecha e Izquierda había perdido toda la importancia. El "izquierdismo", para Lenin, era una especie de "enfermedad senil" del comunismo que sólo contribuía a oscurecer el verdadero alineamiento de los partidos en función de la "significación internacional" de la revolución rusa. Como es sabido, Lenin reprochaba a los líderes de la II internacional (Otto Bauer, Federico Adler, el "renegado Kautsky" &c) por su "social-traición" y su falta de realismo político. Aunque, en la práctica, la purga de los "izquierdistas" tenía mucho que ver con la necesidad de mantener rígida la dictadura del partido comunista dirigido por los bolcheviques, y quizás la más profunda intención de conservar el dominio del nuevo imperialismo ruso.

Sea como fuere, el caso es que a partir de la afortunada estrategia del Komintern, "fascismo" dejó de ser una categoría política para convertirse, más o menos igual que "comunismo", en una metáfora sentimental.  

II

La utilización de metáforas o ideas sentimentales en la propaganda política no es, desde luego, nada novedosa. El mismo Aristóteles distinguía muy bien los silogismos científicos, propios de los geómetras, de los entimemas o silogismos retóricos empleados en el ágora. Los marxistas, al igual que Platón, consideraron la mentira, como el cine, una herramienta de primer orden para alcanzar el control político. Lenin conocía que el antisemitismo era algo así como "el socialismo de los tontos", lo que no le impidió integrar los elementos de la teoría antisemita sobre el imperialismo, a la manera de J.A. Hobson, en su propia concepción: El imperialismo, fase superior del capitalismo.

Recientemente, George Lakoff ha insistido en la naturaleza metafórica del discurso político. Las metáforas, a diferencia de las ideas, no se expresan en largas cadenas de razonamientos, sino que se organizan en torno a imágenes y estereotipos fácilmente identificables por el público de partido. De aquí que los debates públicos sean meras contiendas entre la "belleza" de metáforas rivales. Los ciudadanos no prestan atención "racional" a los hechos, sino que los interpretan a través de marcos "fijos en las estructuras neurales de sus cerebros" por medio de la repetición. Un ejemplo, según Lakoff, es el "secuestro" de la idea de "libertad" por parte de los republicanos.

Es evidente que esta visión es algo exagerada. Steven Pinker denunció la caricatura que pinta a los izquierdistas (o "liberales", en los términos norteamericanos) como "progresistas sofisticados" y a los conservadores como "tontos malvados". Además, la psicologia cognitiva no ha mostrado un apoyo decisivo a la noción de que la gente absorbe las ideas y "estereotipos" mentales a través de esquemas meramente reiterativos.

Sin embargo, aunque nuestra arquitectura mental esté preparada para la discusión racional (sobre ideas), el debate político continúa siendo un ámbito humano singularmente resistente al examen de las "metáforas rivales", según su distinta competencia para describir la estructura casual (y real) del mundo.

III

El "núcleo sentimental" de las izquierdas nunca ha estado ausente ni siquiera dentro del marxismo más duro. Bohm-Bawerk, en su temprana crítica del "sistema marxiano", ya se dió cuenta de que gran parte de su importante influencia se debía no a la "mente convencida" de sus seguidores, sino a la fuerza metafórica en "sus corazones, deseos y esperanzas".

Carece de sentido sorprenderse porque las izquierdas del siglo XXI hayan hecho suyos los lemas indigenistas y ecologistas, integrándolos en el esquema histórico de la lucha de clases. Paul Johnson (en Tiempos modernos) trazó así la línea que unía la ideología Volkish con el concepto de "alienación" de Marx:

El movimiento alemán del Volk databa de los tiempos napoelónicos, y ya en 1817 estaba quemando libros "extraños" y "extranjeros", que corrompían la "cultura del Volk". Más aún, Marx extrajo del movimiento del Volk su concepto de "alienación" en el capitalismo industrial. Un Volk tenía un alma, que provenía de su hábitat natural. Como escribió Otto Gemlin, autor de novelas históricas, en un artículo publicado en Die Tat, órgano del movimiento romántico Volk: "La campiña es el paisaje peculiar de cada pueblo y cada raza". Si se destruye el paisaje, o el Volk se separa de él, el alma se muere. Los judíos no eran un Volk porque habían perdido el alma, carecían de arraigo.

Hoy sigue sin ser difícil encontrar rastros de las ideas Volkish en la izquierda de todos los signos, incluso aquella que reclama el monopolio de la racionalidad y del universalismo, frente al secular particularismo de la derecha. En la crítica del mercado sigue latiendo la nostalgia por la identidad perdida desde el "núcleo sentimental" original. Así se expresaban desde Izquierda hispánica:

El mercado pletórico de bienes y servicios, el capitalismo desarrollado, atomiza a los individuos hasta hacerles abandonar su identidad. Los tradicionales roles familiares, de género, de clase, religiosos o nacionales pierden su razón de ser gracias al mercado pletórico. La igualdad que el valor-precio de las mercancías experimentan en el mercado produce dos efectos: 1.- que los individuos giren alrededor del son que le marcan las mercancías y sus comportamientos varíen según las mercancías que sean capaces de adquirir (no es lo mismo un indígena con televisor que sin ella); y 2.- las sociedades se fragmentan cada vez más produciéndose una progresiva atomización de los individuos, dando lugar a una masa de consumidores satisfechos gracias al mercado pletórico. Es entonces cuando las identidades pierden su razón de ser. 

¿Y cuál es esa identidad prístina que los individuos han abandonado con el mercado? No puede ser otra que la "cultura" o nación histórica original donde habitaba el hombre des-enajenado y su sociedad des-fragmentada.

Es imposible no reconocer aquí huellas de "la gran transformación", donde Karl Polanyi también criticaba la "destrucción cultural" que provocaba necesariamente el capitalismo comercial. Más aún, imposible no reconocer los restos del idealismo alemán, la lucha de aquellos "hombres del este" por recuperar el vigor amenazado de la Kultur frente a la Zivilisation capitalista, desarraigada y cosmopolita.

Hispanoamérica, SocialismoFebruary 18, 2007 6:03 pm

 

El sistema marxiano tiene un pasado y un presente, pero no puede contar con un futuro duradero (…) En el campo de las ciencias naturales, una obra como la de Marx sería hoy imposible. Ha podido adquirir influencia, una fuerte influencia, sobre las ciencias sociales que aún se encuentran en un estadio infantil, y probablemente la irá perdiendo lentamente, muy lentamente. Lentamente porque sus soportes más sólidos no están en la mente convencida de sus defensores sino en sus corazones, en sus deseos y esperanzas.

Eugen von Böhm-Bawerk, La conclusión del sistema marxiano

A pocos días de cumplirse el 25 aniversario de la proclamación del "embargo" contra Cuba por la administración del entonces presidente John F. Kennedy, Oscar Espinosa recuerda algunos datos de interés.

Pese al "feroz bloqueo", una especie de versión caribeña ampliada de la "pertinaz sequía" franquista, los EE.UU son hoy el sexto socio comercial de Cuba con un volumen de comercio superior a 500 millones de dólares anuales. Los americanos abastecen a la isla de maíz, carne de ave y otros alimentos y medicinas de primera necesidad.

Además, los cubanos residentes en Estados Unidos (que, con notable falta de "anti-imperialismo" decidieron abandonar el paraíso socialista) suministran una cifra de hasta 1.000 millones de dólares al año a sus familias en la isla, hecho que por sí solo supone un definitivo golpe de gracia contra el socialismo "real" cubano. Los exiliados en el Imperio también proporcionan más de 100 millones de dólares anuales en concepto de pago a llamadas telefónicas entre las dos naciones.

Pero el auténtico embargo, como recuerda Espinosa desde el ostracismo, consiste en el totalitarismo socialista impuesto por los pistoleros marxistas en Cuba desde el ya remoto 1 de enero de 1959, fecha de inicio para una "democracia popular" que apenas logra ocultar la verdadera oligarquía de partido culpable del retraso económico y la ignominia política que siguen dominando la ex colonia española.

El socialismo político en Cuba, del mismo modo que el bolchevismo en Rusia, únicamente en las fantasías de los fundamentalistas socialistas puede ser presentado como una especie de camino objetivo hacia la "modernización". La revolución no aceleró, sino que obstaculizó notablemente el proceso hacia una economía capitalista que sólo puede tener lugar allí donde se salvaguardan los derechos de propiedad, donde un régimen constitucional protege la ley de las arbitrariedades políticas y donde se genera un sistema de incentivos económicos para provocar el dinamismo comercial.

Pero estas condiciones son sistemáticamente negadas por los regímenes socialistas. 

Tanto en el caso soviético (con la cébebre "Nueva Política Económica" de Lenin), como en el cubano (en la probable "transición" o reforma que se avecina ¿siguiendo el modelo chino?), la prudencia política obliga a rectificar constantemente esa atroz centralización económica y política que sólo puede generar una monstruosa maquinaria de la escasez. La experiencia histórica demuestra una y otra vez que el socialismo político genera pobreza, descontento, ignorancia y superstición. Aunque otros se empeñen todavía en colocar la irracionalidad en el bando de "la derecha", como si las doctrinas socialistas no fueran ellas mismas piezas maestras de superstición económica que, por cierto, sólo pueden ser sostenidas manu militari.

De otro modo, ¿quién podría realmente tomarse en serio los "sueños y esperanzas" marxistas? Böhm-Bawerk, eso sí, se equivocó al pronosticar un futuro poco duradero al socialismo. Ni la duración es, como pensaba Hegel, un criterio eminente de "racionalidad"; ni la fortuna es el destino de todas las sociedades humanas que se empeñan en ser infortunadas.

Vía Babalú.

España, Ciencia & Paraciencias, SocialismoFebruary 12, 2007 2:56 pm

Lo cuenta Luis Alfonso Gámez, en un párrafo que merece ser guardado y bien custodiado en la memoria. Al lado de las jaculatorias antidarwinianas de los vaqueros de Kansas resulta que teníamos sin saberlo a ¡Eduardo Haro Tecglen!, susurrando la misma letanía:

La alianza de los más conservadores contra Charles Darwin es evidente en Estados Unidos y eso abunda en el tópico de que las conductas irracionales son patrimonio preferentemente de la derecha. Así, Ernesto Carmena recuerda, en su libro El creacionismo ¡vaya timo!, como Eduardo Haro Tecglen escribió en su columna de El País el 5 de octubre de 2002: "Hubo un tiempo en que acepté a Darwin por lo que suponía de oposición y alternativa al teísmo organizado y porque aquí estaba prohibido; pero no tarde mucho en descubrir que era la justificación de todo fascismo y, en general, de todo crimen social". Seguidamente, Carmena califica al escritor de "gran izquierdista ateo" y considera por eso "aún más lamentable su torpe coincidencia con los creatas, ultrarreligiosos y ultraconservadores". Es generoso con Haro Tecglen y con la izquierda en general, por desgracia tan proclive al pensamiento mágico como la derecha, aunque los segundos sean menos astutos a la hora de vender unas supercherías que los primeros suelen disfrazar de modernidad.

Hoy se celebra también en Bilbao el día de Darwin, que no todo iban a ser sucias fiestas populares. Está bien esto del santoral evolucionista, debería aumentar incluso. ¿Por qué no un día de Mendel? ¿Un carnaval de Dobzhansky? ¿Una semana grande de la microbiología?

SocialismoFebruary 1, 2007 3:54 am


Algún día, ¿seremos todos como David Bowie?

Socialismo, FilosofíaJanuary 11, 2007 3:27 pm

 

En otras ocasiones ya nos esforzamos en entender el socialismo como un concepto esencialmente político, algo que tiene que ver con la organización de la vida humana en el estado y que por tanto concierne a la filosofía política y la politología. Este criterio, en primer lugar, nos permite desconectar el socialismo de la antropología cultural: el "socialismo primitivo", a la manera de Morgan y tal como será después tratado por Engels y Marx. El socialismo comienza con la época histórica (que Marx llamaba, sin embargo, "prehistoria" de la humanidad) y aún careciendo de autonomía en el mundo clásico, se diría que los estados de Esparta y Creta tenían ya algo de "socialistas", por cuanto sus constituciones pretendieron extender la mancomunidad a una buena parte de los hombres libres o ciudadanos. Platón mismo propondrá un socialismo parcial (comunidad de mujeres y bienes para la casta guerrera) que recibirá potentes críticas de Aristóteles. En segundo lugar, el socialismo político se diferencia del "socialismo filosófico" y de otras concepciones metafísicas que tratan sobre la solidaridad o "simpatía de todas las cosas", al modo estoico, desbordando incluso el ámbito de la socialidad humana -que nunca debe confundirse con el socialismo.

Una vez delimitado políticamente el socialismo, tampoco cabrá identificarlo con la izquierda. ¿Es que el fascismo o el nacionalsocialismo alemán, o la misma Falange española, no tenían importantes elementos "socialistas"? Sin embargo, normalmente se asocia al fascismo con la derecha política. Quizás por esto Hayek pudo dedicar su libro Camino de servidumbre a los "socialistas de todos los partidos", o dicho en otros términos, a los "socialistas de izquierdas y derechas".

Tampoco debe identificarse el socialismo con el ateísmo o con el materialismo. Al contrario, la mayoría de los socialismos han profesado con entusiasmo algún tipo de espiritualismo. Por eso no hay que sorprenderse de que Hugo Chávez jure solemente su cargo delante de Dios y de la patria (¡de nuevo la justificación divina del Rey!) o de que el dirigente bolivariano considere a Jesucristo "el más grande socialista de la historia". Sin duda, el indigenismo, el espiritualismo y el cristianismo, por la vía de la teología de la liberación, forman parte esencial del socialismo del siglo XXI. No se trata de meras "adherencias" añadidas a un conglomerado caótico, y que una vez "limpiadas" permitan mantener intacta la estructura del todo. Las arengas cristológicas de Chávez no son concesiones al "opio popular" ni astucias de la razón maquiavélica, sino partes formales de su doctrina. Más que atrincherarnos en un marxismo prístino, el Marx de los doctores en filosofía (distinto al Marx de los políticos o al Marx de los militantes de a pie), es preferible emplear una metodología inversa: investigar cómo a partir de un "núcleo marxista", entre otros (núcleos de "socialismo ricardiano", de "socialismo cristiano medieval" &c) han podido generarse versiones socialistas espiritualistas, indigenistas, católicas…

La "cultura cristiana", por otra parte, configura una especie de materia prima para todas las ideologías de la América hispana. Los mismos liberales venezolanos de Zulia tampoco prescinden del cristianismo, sino que han intentado coordinar hermenéutica cristiana y liberalismo económico. Una interpretación, por cierto, acaso aún más forzada que el "Cristo socialista" de Chávez. Aunque la tradición marxista pretendió desconectar el socialismo científico del llamado socialismo utópico y de toda adherencia religiosa, pues la "emancipación humana" dependía esencialmente de la emancipación humana de la religión, los lazos históricos entre socialismo y cristianismo son muy difíciles de ocultar. Es mucho más difícil entender cómo de una doctrina esencialmente ebionita y pobrista (como ha explicado magníficamente Antonio Escohotado -¡Nunca nos cansaremos de recomendarlo!) ha podido desarrollarse una ética del capitalismo liberal y no precisamente alguna clase de "ética socialista".

Viñeta vía Neoconomicón

SocialismoJanuary 6, 2007 5:03 am

El socialismo revolucionario también es una filosofía anti-ruido

Religión, SocialismoJanuary 5, 2007 9:42 pm

BBC (de 2005, pero siempre es lo mismo):

Después de una larga ceremonia y muchos sacrificios de animales, los babalaos o sacerdotes supremos de la santería (religión afrocubana) emitieron sus vaticinios para Cuba y el mundo durante el año 2005.

El Revolucionario

(…) Según la notable antropóloga cubana Natalia Bolívar Aróstegui, más del 70% de los cubanos cree en la santería. Si fuera cierta, la cifra resulta paradójica en un país donde el gobierno pretendió durante décadas imponer el ateismo científico. ¿No compromete la propia lógica de la revolución cubana la tolerancia de estas supersticiones que ponen en peligro la salud pública y la racionalidad?

 

¿48 años de "ateísmo científico" para esto?
 
Ideas de la historia, SocialismoDecember 19, 2006 4:02 pm

 

Niña y manzanas en Llano del Río, Luisiana.

En 1914, Job Harriman y un conjunto de visionarios socialistas americanos establecieron una colonia en Llano del Rio, al norte de Los Ángeles. Al no poder hacer frente a los desastres provocados por un terremoto, en 1917 200 de los 600 colonos originales trasladaron su colonia hasta Stables, cambiando su nombre a New Llano. La cooperativa funcionó durante unos 20 años hasta que en 1939 no pudo enfrentar sus perpetuos problemas financieros y de división interna.

A pesar de ésta fallida experiencia, aún hoy muchos "intelectuales" americanos se refieren a la experiencia socialista de Nuevo Llano como un antecedente del "estado del bienestar". Una interpretación extravagante, pero recurrente en la historia del socialismo, capaz de dejar "semillas" de progreso pese a sus aparentes fracasos.

La Declaración de Principios de la colonia cooperativa en Llano del Rio, publicada en los años 20, constaba de 10 puntos:

- Los derechos de la comunidad prevalecerán sobre los individuales.

- La libertad de acción sólo es permisible cuando no restringe la libertad de otro.

- Las cosas que son usadas productivamente deben ser de propiedad colectiva.

- La ley es una restricción de la libertad y es justa sólo cuando opera por el beneficio de toda la comunidad.

- Los valores creados por la comunidad serán establecidos solo en la comunidad.

- Al individuo no se le adjudicará justamente más tierra que aquella suficiente para satisfacer un deseo razonable de paz y descanso. La tierra productiva mantenida para obtener beneficio  no se mantendrá como propiedad privada.

- El talento y la inteligencia son beneficios que deben ser justamente utilizados en servicio de los demás. El desarrollo de estos mediante la educación es el regalo de la comunidad al individuo, y el ejercicio de una mayor habilidad no justifica a nadie para que sea recompensado con mayores posesiones, sino solo con el gozo de prestar un mayor servicio a los demás.

- Sólo identificando sus intereses y placeres con los de los demás, puede el hombre encontrar una felicidad real.

- El deber del individuo con la comunidad consiste en desarrollar habilidades del grado mayor posible mediante la educación que se proporciona a sí mismo, y en dedicarlas al servicio de todos.

- El deber de la comunidad con el individuo consiste en administrar justicia, eliminar el egoísmo y la avaricia, educar a todos y ayudar en tiempo de infortunio.

Es obvio, repasando este decálogo socialista, que los principios de Llano de Rio colisionaban frontalmente con ciertos puntos clave de la cultura política, económica y jurídica norteamericana, tal como establecía su Declaración de Independencia y su Constitución. Mientras que el decálogo socialista insiste en la primacía de la comunidad, la civilización liberal norteamericana siempre entendió la política como el arte de salvagüardar las libertades individuales. Más que asentarse en principios de "selección de grupo" o "selección comunitaria", el liberalismo norteamericano constituía un sistema mixto, contractualista, por el que el pueblo pactaba una forma de gobierno compatible con sus derechos propietarios y libertades individuales, su "seguridad y felicidad"; Jefferson:

Los reyes son sirvientes, no propietarios del pueblo.

Al igual que los británicos, generaciones de norteamericanos habían sentido que disponían de ciertos derechos naturales inviolables que ni siquiera procedían de un código positivo, sino de la misma "naturaleza humana" universal.

Con todo, la experiencia cooperativa de Llano de Rio también puede situarse en línea con la tradición política americana. Al fín y al cabo, los colonos dispusieron de amplia libertad para adquirir tierras y establecer leyes, su socialismo no era autoritario y su supervivencia económica estaba mejor garantizada precisamente por el hecho de verse rodeados por una economía capitalista de mercado (comerciando desde lugares tan lejanos como Texas).

A diferencia de la independencia del norte, la América hispana siguió mucho más el curso ejemplar de la revolución francesa, una revolución "radical" muy distinta a la angloamericana. Pese al universalismo intrínseco de los "naturalistas" del norte, muchos mostraron desde el principio un franco escepticismo hacia la posibilidad de extender el "Imperio de la libertad" a América del sur; como Lord Greenville:

Sólo los ingleses y sus descendientes saben cómo hacer una revolución.

Y éste escepticismo, para desastre de las naciones hispánicas, no carecía de todo fundamento. Mientras que el socialismo del norte ha sido reducido a la categoría de ruina exótica, el socialismo del sur, con las debidas excepciones en riesgo (Chile, México, Colombia) continúa hoy la senda de la revolución –que no habría porque poner en línea con la tradición española propiamente, con las "ideas de 1812", sino más bien con la revolución radical, las peligrosas "ideas de 1789".

 

Ruinas de un Hotel en Llano del Río

SocialismoDecember 15, 2006 4:30 pm

I 

El marxismo clásico predijo la transformación del ethos capitalista individualista en una nueva conciencia colectiva revolucionaria que daría comienzo a la verdadera historia del comunismo. Décadas de socialismo autoritario y de condicionamiento político para alcanzar el "nuevo hombre" arrojaron, sin embargo, resultados bastante pobres.

II 

Las contradicciones entre el socialismo autoritario soviético, con su sistema económico-político centralizado y las nuevas tecnologías de la información, aceleradas gracias a la revolución tecnológica del silicio californiano, explican una parte importante del colapso definitivo de la Unión Soviética. Entonces se llegó a predecir el fín de la historia: sólo la democracia liberal podría resolver las contradicciones del porvenir.

III

El socialismo suave, a diferencia del socialismo fuerte, no se articula desde un centro de poder ni tiene como base al estado. Borra las diferencias entre proletariado y vanguardia. Difumina y diversifica la planificación. Es transpolítico, no autoritario y descentralizado. La tradición del socialismo suave podría encontrarse en el socialismo anarquista o libertario. Este socialismo digital, heredero de la izquierda libertaria, es hoy la base teórica tanto del socialismo libertario como del anarquismo capitalista. No extraña que se proclame simultáneamente que Linux es Capitalista y Socialista: los libertarios de todos los partidos (procedan de Dunnoyer o de Kropotkin) suelen ser completamente ciegos a sus semejanzas: 

- En la política, suprimiendo el gobierno entendido como un órgano de poder separado de la sociedad y los individuos.

- Independizando la economía del autoritarismo político, y liberalizando los sistemas de moneda y cambio.

- En la justicia, aplicando la misma lógica del "código-abierto" a los tribunales.

IV 

Como alerta Jay Lanier, en un ensayo muy comentado en Edge, este "socialismo suave" podría terminar convirtiéndose en un inesperado "maoísmo digital", esto es, en una mascarada para ocultar el realineamiento de poder de las élites. Lanier y otros alertan sobre el peligro de que el colectivismo digital ahogue, en definitiva, los fundamentos de la propiedad individual privada –y de la democracia liberal.  

Ni siquiera el "anarquismo del conocimiento" en Feyerabend fue tan lejos como para proclamar el fín del estado. Pero hoy son muchas las fuerzas alíadas contra el Leviatán: no sólo los socialistas libertarios o los anarquistas del mercado influídos por el "sofware libre", sino también los islamistas, con su idea tradicional de una comunidad transnacional (Umma), los judíos anti-sionistas recientemente reunidos en Irán, etcétera. No hay que olvidar que el Islam es un colectivismo filosófico desde sus orígenes; para Averroes el intelecto agente residía en un principio colectivo, a diferencia del principio de racionalidad individual que apoyó, precisamente contra los gentiles Tomás de Aquino.