BilbaoPundit

Religión, EurabiaApril 30, 2007 2:59 am

Si en noviembre del año pasado asistimos a la resolución de la crisis de Ratisbona con una sedante visita del monarca romano a Turquía, ahora son otros turcos, estos secularistas, los que toman las calles (unos 700.000) para protestar en una clave muy diferente a la "ira santa" conocida. Los manifestantes, según informaba BBC, están preocupados con los compromisos islamistas que ha tomado el candidato del partido gobernante, Abdullah Gul. Esta respuesta en las calles, además, frente al carácter levantisco del ejército turco, está respaldada también por hombres de negocios alarmados ante la posibilidad de que la islamificación del régimen produzca una merma en la prosperidad del país -y dañe las posibilidades para incorporar Turquía a la Unión Europea. La asociación empresarial TUSIAD, que ya se había significado por su oposición a los ataques islamistas de 2003, reafirma ahora la necesidad de "preservar los inseparables principios de la democracia y el secularismo".

En las actuales circunstancias, casi nadie puede dudar ya del irreparable naufragio de la estrategia religiosa crítica contra el "laicismo", pero inusualmente tolerante con la "espiritualidad política" islámica. Trabajos como el del Padre jesuita Thomas Michel, que comentaban en Noticias de Eurabia, no pueden considerarse anecdóticos o circunstanciales. Por el contrario, los capítulos de ésta agenda basada en el "diálogo religioso" y en el fantasmagórico "ecumenismo" estaban ya escritos en el discurso de Ratisbona, pensado en esencia no tanto para reprochar el fundamentalismo de los musulmanes (el Papa añadió más tarde en Estambul que "La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso" y otros elogios sin cuento a la Umma), cuanto que para criticar la increencia occidental y la "falta de respeto por lo sagrado" en las democracias liberales.

Roma, mucho antes que Zapatero, apoya la estratégica Alianza de civilizaciones (unidos frente al "secularismo" y el naturalismo) y tan sólo debería comenzar a preocuparse cuando pierda el monopolio de la idea. La coincidencia de muchos religiosos "moderados" e izquierdistas indefinidos en su oposición al estado nacional, el liberalismo y el "fundamentalismo ilustrado" (que otros llamarían "ciencismo ateo") deja prácticamente en un segundo plano ulteriores ocasiones para el desacuerdo.

 

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Estoy mudándome a Tabula rasa.

Religión, Ciencia & ParacienciasApril 26, 2007 4:51 pm

No confiamos solamente en la razón y en la ciencia, porque estos son factores necesarios más que suficientes, pero desconfiamos de cualquier cosa que contradiga a la ciencia e indigne a la razón.

- Christopher Hitchens 

 

Uno de los defectos más notables que afectan el desarrollo normal de esta "discusión" sobre los límites de la ciencia viene siendo la escasa claridad y distinción con la que están tratándose los principales términos polémicos. Aunque parte de culpa debería también ser cargado en mi cuenta, lo cierto es que la deuda más cuantiosa cae en el lado, digamos, anticiencista, fervorosamente defendido por don Pío Moa.

I

Difícilmente podremos alcanzar el "fondo del asunto", en efecto, antes de haber resuelto problemas que pertenecen al prólogo, y casi al título de la cuestión.

Pues ocurre no solamente que el antiguo camarada cree saber de qué está hablando, sino que se permite aplicar semejante sabiduría confusionista a determinados periodos históricos; en particular a los "regímenes ateos" nazi-socialistas. Para don Pío, tales ocasiones ("hechos indiscutibles") se nos presentan como experimentos realizados en el laboratorio histórico que corrroboran ya la nefasta moralidad ocasionada por el "ciencismo". Curiosamente, Moa ha insistido bastantes veces en que, sin perjuicio del fracaso humanitario del ateísmo, el avance de la ciencia no sólo no se detuvo, sino que amplió sus horizontes hacia nuevos y quizás asombrosos logros.

Por mi parte, he argumentado en sentido contrario que 1) el periodo nazi-socialista no se caracterizó porque la ciencia tomara posesión de la vida humana, precisamente, como presupone la interpretación "ciencista", sino a la inversa, por la invasión de los valores nacional-socialistas del programa científico esencialmente liberal, 2) propiciando la decadencia general de la ciencia y la filosofía; "ciencia que es una especie de imitación de la ciencia, filosofía que es una especie de imitación de la filosofía" (M.A. Rozov).

II

Pero, ¿qué es entonces esa cosa llamada "ciencismo ateo"? Centrándonos en la experiencia soviética, dado que los nazis jamás pretendieron ser "ateos" y puede discutirse ampliamente en qué sentido eran en realidad anti-cristianos, hay que empezar por admitir que la escolástica soviética no intentó cultivar tanto el "ciencismo ateo", cuanto que un ateísmo científico en línea con el "socialismo científico" (materialismo histórico + diamat).

El diccionario soviético de filosofía culminaba así su entrada dedicada al "ateísmo".

La experiencia de la U.R.S.S., donde el ateísmo ha adquirido un carácter de masas, constituye una confirmación práctica de que estos principios son justos. Al construirse el comunismo, se va formando un nuevo hombre, libre de supervivencias religiosas y de otro tipo, un hombre armado con una concepción atea y científica del mundo.

Pese a este triunfalismo oficial, estamos forzados a reconocer que siete décadas de "ateísmo científico" en la Unión Soviética apenas consiguieron desactivar las supersticiones populares o la base eminentemente religiosa de la sociedad, sustituyéndola por un nuevo hombre "armado" con una visión auténticamente científica del mundo. No es momento de penetrar en honduras, pero el mismo Paul Johson, no precisamente inclinado hacia el ateísmo, explicó de qué modo el nuevo socialismo soviético pudo arraigar en la larga tradición colectivista cristiana-ortodoxa.

Otras experiencias socialistas, como la cubana, acreditan también que las supercherías populares no sólo no pudieron ser suprimidas, sino que proliferaron visiblemente. La "concepción atea y científica del mundo" nunca logró adquirir en realidad un carácter masivo, del mismo modo que las clases no consiguieron ser abolidas, y ello por mucho que Stalin así lo estableciera en la constititución redactada por él para la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Por supuesto, la insistente supervivencia del "hecho religioso" siempre puede interpretarse en el contexto del fracaso socialista para proporcionar sustitutos seculares al misticismo espontáneo de los hombres, pero también pone en solfa la genuina "cientificidad" del ateísmo y de la racionalidad materialista tal como fue sostenida por los marxistas.

El hecho, sin embargo, es que la escolástica pseudocientífica de la URSS tenía ciertamente un marco filosófico militante, aunque ahora estemos en disposición de poder detectar sus fallos, desde el que interpretar e intentar corregir los principales hechos del mundo relativos a la ciencia y la religión. Pero don Pío no nos ha ofrecido ningún marco filosófico explícito alternativo desde el que poder coordinar su postura. En su lugar, se ha limitado a dar por supuesto (¿será esto un ejemplo de la filosofía del "sentido común" a la Chesterton?) que ya sabíamos de qué hablábamos, dejando acá y acullá algunas escuetas definiciones con las que ir saliendo al paso:

El ciencismo consiste en sacar conclusiones excesivas de la ciencia, sobre todo en relación con la creencia religiosa.

Claro está, que semejante definición de sentido común no aclara gran cosa, y hasta se diría que enturbia más la cuestión. Pues, ¿qué es una "conclusión excesiva"?, ¿cómo sabemos cuando una conclusión es "excesiva"? ¿y por qué sobre todo en relación con la creencia religiosa? ¿por qué no también en relación con las creencias sobre agronomía, teatro de títeres o lingüística estructural? La verdad es que desconocemos la respuesta, aunque podemos maliciar los presupuestos implícitos de la pregunta. Como he argumentado ya hasta el cansancio, no se trata de cuestionar la crítica legítima del "cientificismo" (Gustavo Bueno, por ejemplo, al distinguir muy bien entre Ideas y Categorías, puede salvar esta dificultad: el cientificismo será un delito de lesa filosofía, precipitado por la confusión de Ideas y Conceptos), sino los presupuestos irracionalistas y espiritualistas de una versión particular del anticiencismo.

III 

¿Dónde se encuentran entonces los "límites de la ciencia" y cuándo sabemos que los hemos sobrepasado? Uno no puede evitar pensar en que (la denuncia de) semejantes "extralimitaciones" normalmente no ha ocultado mucho más que la lucha por salvaguardar el monopolio teológico (que resumía la divisa medieval: philosophia ancilla theologiae). Si don Pío pretende encontrar "muros bizantinos", deberá buscarlos mejor entre los teólogos que entre los científicos o los filósofos secularistas a los que no siempre se les ha dejado vía libre para investigar. Pues es lo cierto que no pocas ideas y prácticas se han puesto cuidadosamente a salvo del escrutinio científico o filosófico racional ante todo cuando éste ponía en cuestión ciertos supuestos dogmáticos o visión religiosa del mundo.

En caso contrario, cuando la ciencia parece apoyar la verdad de la religión, se diría que ¡no hay ningún problema en absoluto!

Empezando por los escolásticos, que no tenían inconviente en hacer uso de la razón, en el contexto de los preamubla fidei, para defender la verdad (es decir, la "cientificidad") de la teología natural. Aún hoy la teología católica mantiene como un dogma la posibilidad de conocer a Dios con la sola luz de la razón natural, declarando el Concilio Vaticano anatema, la posición contraria (Dz- 1806). Y el mismo Benedicto XVI, en el célebre discurso de Ratisbona, volvió a señalar hace poco que "actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios". En consecuencia, los católicos siguen sin creer que la ciencia se "extralimite", en principio, al probar la existencia de Dios mediante argumentos naturales, y ello aunque todas las vías hayan recibido críticas triturantes -destacando aquí por encima de todas la refutación darwiniana del argumento del diseño. También podemos mencionar el caso de la investigación arqueológica de los "santos lugares", que es fervorsamente apoyada por la curia siempre y cuando apoye la "verdad histórica" del cristianismo católico, o incluso la búsqueda de determinados testimonios "científicos" cuando se trata de acreditar la veracidad de ciertos milagros.

Hay, además, otro sentido importante en que se considera legítimo el escrutinio científico-religioso, y es cuando este ayuda a respaldar, no ya la verdad, sino la bondad de la religión. Sobre todo desde EE.UU recibimos últimamente toda clase de estudios pretendidamente "científicos" que vienen a respaldar los grandes beneficios morales y comuntarios de la religión: la religión es buena para los niños, la oración a través de internet ayuda a los pacientes de cáncer, los asistentes a la Iglesia viven más, etcétera, etcétera. ¿Habrá que considerar tales estudios casos ejemplares de "ciencismo"? ¿Ciencismo religioso tal vez?

Sin embargo, cuando el escrutinio científico tiene la mala pata de romper el conjuro de la bondad, para decirlo a la manera de Daniel Dennett, mostrando pongamos por caso que la religión alimenta la violencia, que las naciones mayoritariamente agnósticas son más solidarias con el tercer mundo, que existe una relación positiva entre laicidad y expectativa de vida, o incluso que los ateos se divorcian menos que los creyentes, entonces ¿comenzaremos a sospechar que nos las habemos con una intolerable extralimitación "ciencista" y atea?

Y esto por lo que se refiere a la bondad de la religión. Puesto que franjas de su verdad, sin perjuicio de la célebre fórmula de Stephen Jay Gould tantas veces recitada para ahorrarse mayores inconvenientes, han sido puestas en evidencia ya en múltiples ocasiones. Por ejemplo, la peligrosa aplicación galileana del atomismo a la teoría de la transubstanciación, parece que empezó también por considerarse una molesta "extralimitación" merecedora de condena -y nótese que el atomismo de Galileo sólo podría considerare "extralimitado" desde el punto de vista de la física aristotélica tal como fué recibida por la teología cristiana. Por no mencionar la vigorosa refutación darwiniana de la quinta vía tomista, cuyo límite vencido nunca ha dejado de reconocerse del todo, ni siquiera en el momento de mayor cercanía a la verdad de la evolución (cuando Juan Pablo II, ante la academia pontificia, tuvo el parcial valor de admitir que el algoritmo darwiniano era algo "más que una hipótesis"…si bien debía circunscribirse a la "evolución material" so pena de apostasía).

IV

Dejando por un momento de lado el "laboratorio" de la historia y los presuntos efectos políticos o humanitarios del ateísmo, creo que las críticas dirigidas por don Pío Moa en contra el "ciencismo", que reflejan a su modo el espiritualismo católico ambiental y quizás un cierto clima de opinión entre la "derecha chestertoniana" en España, han descansado en un presupuesto implícito: la ciencia no sólo limita con otras ciencias u otros saberes comunes, aunque mundanos, sino acaso con el "espíritu" o la sapientia humana, para decirlo también al modo de Chesterton, que solía reprochar a los antropólogos de su época por limitar la ciencia al estudio del hombre como un mero simius o insipiens. En este sentido, sigue siendo corriente que la religión de la bienvenida a la "buena ciencia" que corrobore sus expectativas, mientras que despache normalmente con cajas destempladas a la "mala ciencia" (¿ateísmo ciencista?) que viene a romper el conjuro.

ACTUALIZACIÓN: Como siempre, en su nueva "réplica", Moa repite de nuevo las mismas ideas, sin justificarlas, sin añadir ningún apoyo documental, y sin darse por enterado de las críticas o preguntas a las que alegremente despacha como ejemplos de "bizantinismo". También me reprocha por hablar "en nombre de la ciencia" y por declarar "en dos patadas los más complicados asuntos". Esto realmente tiene su gracia, viniendo de un converso marxista, que hasta hace no tanto practicaba la "lucha armada" en nombre del proletariado y ahora le ha dado por ejercitar un creacionismo de bolsillo más o menos camuflado. La cosa no da más de sí.

Religión, ConservadoresApril 20, 2007 9:24 pm

And the day will come, when the mystical generation of Jesus, by the Supreme Being as His Father, in the womb of a virgin, will be classed with the fable of the generation of Minerva, in the brain of Jupiter.
    

- Thomas Jefferson, en una carta a John Adams, 1823

 
Recapitulando. La línea argumental que ha escogido don Pío Moa para criticar lo que llama "ciencismo ateo" parece ser, más o menos, como sigue: el ateísmo es plenamente consistente con el "totalitarismo", es decir, con la negación de la libertad (religiosa, política, económica y, de "conciencia"), mientras que sólo se encuentra inconsistentemente relacionado con el liberalismo. Los "ateos liberales", si existen, lo hacen sólo a título de meras anécdotas o accidentes históricos flotando sobre la verdadera substancia pía de la sociedad liberal.
 
De suerte que los Richard Dawkins, Wafa Sultan, Fernando Savater, Christopher Hitchens, Gonzalo Puente Ojea, Gustavo Bueno, Sam Harris, Ayan Hirsi Ali, Steven Pinker, Steven Weinberg, David Deutsch, Daniel Dennett, Salman Rushdie &c, por citar algunos ateos, agnósticos y descreídos ilustres que viven hoy bajo régimenes liberales, deben ser declarados automáticamente "ateos irreales", fenómenos o apariencias. Tal vez, "fundamentalistas ilustrados" o extraños naturalistas soportando el peso de su falsa conciencia.
 
Cada vez es más claro que, sin perjuicio de su indecisa conversión (al parecer, "le cuesta mucho creer"), el suelo ideológico en el que arraiga el pensamiento del prolífico propagandista gallego no ha dejado de ser nunca el marxismo o quizás alguna de sus versiones fascistas. Es muy difícil, en efecto, no establecer este vínculo dados los frecuentes piropos que nuestro interlocutor dedica a la economía política nazi-socialista, así como a sus "florecientes" artes y ciencias. No se crea tampoco que tanto ruido y furia contra el peligro ateo se encuentra demasiado lejos del espiritualismo típicamente franquista.
 
Como es sabido, para el marxismo "prístino" (el del propio Marx, Engels y Lenin, sobre todo) sólo contaba el "ateísmo científico" condensado en aquellos manuales soviéticos, y la libertad humana dependía esencialmente de la emancipación humana de la religión que sólo podía llevarse adelante mediante "acción directa", revolución, persecución religiosa, quema de iglesias y turbamulta laicista. En semejante marco filosófico, es obvio que no cabía ningún concepto "liberal" de ateísmo.
 
Ahora bien, ¿quiere decir esto, en primer lugar, que todos los marxismos históricamente desarrollados sean de suyo ateos? En absoluto. De hecho, el marxismo iberoamericano realmente existente en Suramérica no se ha traducido justamente en "regímenes ateos", sino en estados socialistas de raíz cristiana (Hugo Chávez: "Jesús es el más grande socialista de la historia"), y esto sin perjuicio de que también el propio socialismo marxista "prístino" tenga importantes raíces cristianas.
 
Y, en segundo lugar, ¿quiere decir esto que todos los ateos sean de suyo totalitarios, por el hecho de que lo fueran los leninistas? ¡No quiero ni pensar en qué contestaría a esta pregunta Ayn Rand! Por mucho que le cueste entender a nuestro contrincante espiritualista, es forzoso reconocer el derecho que los ateos liberales tenemos hoy a sentirnos más cerca de Jefferson que de Lenin:
Christianity neither is, nor ever was a part of the common law.
    
- Carta a Thomas Cooper, 1814
No contento con estas fantásticas inferencias y asociaciones, el blogger gallego acompaña su "fascismo metodológico" con otra sorprendente afirmación: el número de ateos "abiertamente totalitarios" es mucho mayor que el de ateos liberales. Chupa del frasco, carrasco. Por supuesto, se supone que semejante afirmación se encuentra en la categoría de los "hechos indiscutibles", objetivos, y antibizantinos presentados a lo largo de la discusión por el nada dogmático columnista de Libertad Digital.
 
Ocurre que este hecho no sólo es que no pertenezca esta vez a la categoría de los "hechos indiscutibles" sino que ni siquiera es un "hecho" en absoluto.
 
Si hay que cargar en la cuenta de algún bando los méritos del "totalitarismo" que enfrenta el mundo hoy (como ayer) no será precisamente en el de los ateos, agnósticos o "no afiliados". Si hay alguna amenaza real de despotismo, no la veremos crecer entre los impíos naturalistas de Harvard, sino entre los imanes y devotos islamistas; no entre los partidarios de la "ley común", sino entre los defensores de la Sharia. Si hay algún peligro inminente para la civilización, este viene representado por aquellos que desean restaurar la unidad de lo sagrado en el mundo. Si hay algún importante "auxilio de la tiranía", este procede de la justificación característicamente religiosa con la que muchos espiritualistas "moderados" (no pocos de ellos cristianos) continúan disculpando a los misteriosamente extremistas religiosos.
 
***

 
ACTUALIZACIÓN: En su nueva réplica Moa se centra en un presunto "argumento de autoridad" supuestamente empleado al ennumerar algunos ateos "célebres" en esta misma entrada. Pero elude contestar, o despacha con rapidez y desgana, la mayoría de las cuestiones que se plantean posteriormente.
 
1. Sigue sin admitir inconsistencia alguna en la tesis sobre los "regímenes ateos" (nazi y socialista), que sin embargo Moa presenta, sin intentar justificarla ni hacerse cargo de las críticas, como "hecho histórico" indiscutible. Ya se ha argumentado que el régimen nazi no era, en asboluto, "ateo" (ni tan siquiera emic); y que el "ciencismo" socialista poco tenía que ver con el programa científico genuino. En ningún momento fue la "ciencia" la que invadió el terreno político o social (como presupone la tesis "ciencista"), sino que, al contrario, fué la ideología (el idealismo alemán, los mitos de la Kultur o del proletariado) la que pisó el territorio de la ciencia para justificar un programa totalitario de vida.
 
2. No explica por qué el marxismo "ciencista" evoluciona, en algunos casos, hacia "socialismos cristianos". En efecto, esto será muy difícil de entender para quien ha identificado "racionalidad" (o "ciencismo") con "marxismo" o materialismo histórico; pero muy sencillo para quien pone en duda estas identidades.
 
3. No ofrece ninguna explicación auténticamente crítica (es decir, no dogmática) para el hecho de que una buena parte de los "liberales" sean agnósticos o ateos (Rand, Hayek, Von Mises, Popper, Ortega, el propio Dawkins…) partidarios de la laicidad política, y que no sólo habitan en los régimenes liberales, sino que necesitan ese mismo "liberalismo" para existir. Y esto sin perjuicio de que muchos de ellos -no todos- hayan considerado la utilidad social de la religión. Moa, en soledad, ha presupuesto (de nuevo, dogmáticamente) que el ateísmo o el naturalismo es una postura absolutamente incompatible con el reconocimiento de cierta utilidad política, moral o psicológica de la religión.
 
4.  Por último, last but not least, Moa guarda un estruendoso silencio sobre el significativo hecho de que el principal programa "totalitario", despótico y antiliberal del presente tiene precisamente una raíz espiritualista y religiosa: el islamismo.
 

Religión, Ciencia & Paraciencias, Brights, ConservadoresApril 18, 2007 3:27 pm

Don Pío Moa continúa atrincherado en su posición original, que no ha movido un ápice a pesar de los argumentos presentados, a los que a menudo ha pretendido despachar descalificándolos en cuanto meras "ramificaciones" bizantinas que no atacaban la verdadera raíz de la discusión. Por regla general, el blogger gallego se ha limitado a repetir una y otra vez las hipótesis centrales (1. La "necesidad absoluta" del totalitarismo ciencista y 2. Las "raíces cristianas" de Europa y la civilización), prácticamente sin añadir ninguna novedad dialéctica o mínima rectificación. Eso sí, como lo cortés no quita la valiente, agradezco que esta vez sí inluya el hipervínculo pertinente.

En cuanto a la primera tesis, a mi juicio, la "experiencia del siglo XX" está lejos de indicar "una relación entre regímenes ciencistas-ateos y totalitarismo". Es falso que el nazismo fuera un "régimen ateo", como Moa repite una y otra vez sin ninguna justificación. Y en cuanto al caso soviético, ya se ha repetido muchas veces que su "ciencismo" era puramente nominal, aparente.

Lo único que acredita la historia es una relación positiva entre autoritarismo masivo y una estirpe nueva de dogmatismo político que muy poco tiene que ver con la actitud científica. Una civilización basada en la ciencia, como explicó F.A. Hayek, no puede avanzar allí donde la libre iniciativa individual es sistemáticamente perseguida o donde la reverencia por la tradición es sustituída por un nuevo sistema de dogmas secularizados; como en cierto modo representaban el materialismo histórico o el diamat. La ciencia, como explicó Ortega, es algo más que técnica o ciencia aplicada experimental, es ante todo una forma total de civilización que presupone amplios grados de libertad.

Y si el régimen soviético o el nazi sucumbieron al totalitarismo (compro, sin problemas, la idea de que lo fueron desde el principio), no fué por ser "demasiado razonables" o por un exceso de "liberalismo científico" precisamente.

En este sentido, que las naciones liberales sean más o menos sociológicamente religiosas, como los EE.UU, es algo que ni siquiera se discute. La cuestión no es que los useños sean particularmente más devotos que los decadentes europeos, sino que su marco institucional (político, jurídico, económico) no resulta hostil al verdadero programa científico –contrariamente a lo que sí acontecía en la Unión Soviética o en la Alemania nazi. Sin perjuicio de la proliferación de doctrinas anticientíficas como el llamado "diseño inteligente", que sobreviven en los EE.UU gracias a la iniciativa sectaria privada, los tribunales no apoyan en general la causa creacionista en el ámbito público. El juez John E. Jones III sentenció en diciembre de 2005, pongamos por caso, que el DI no debía enseñarse en las escuelas puesto que sus promotores no eran "nada más que la progenie del creacionismo".

El "ciencismo" como excusa

Habría que empezar por precisar que no es necesario ser creyente para cuestionar legítimamente el "ciencismo", es decir, la pretensión de reducir toda la realidad a ciencia experimental, sin hacerse cargo de que también hay verdades de "sentido común" y verdades morales que no se confunden de suyo con la naturaleza de las verdades científicas –lo que no significa, por cierto, que las verdades de sentido común o morales no puedan ser examinadas "científicamente". Muchos hombres de ciencia y filósofos "racionalistas" no precisamente devotos han criticado a su manera el reduccionismo ciencista: Mario Bunge, Gustavo Bueno, Hilary Putnam…Pero es una cosa bien diferente parapetarse en el rechazo al "ciencismo" para, de hecho, imponer de soslayo límites arbitrarios al programa científico o incluso para tratar de colarnos un programa irracionalista y anticientífico.

No hace mucho tiempo se consideraba a la ciencia de la sexualidad una especie de interrupción "ciencista" de la experiencia humana; y sin embargo hoy sabemos que el estudio científico del sexo ha ampliado no sólo nuestro conocimiento teórico, sino las prácticas más saludables e incluso más felicitarias. Los críticos del "ciencismo" que se oponen hoy al escrutinio científico de la religión (o de otros temas supuestamente más allá de la ciencia: como la moralidad o la libertad) tocando las trompetas de un nuevo apocalipsis inmoralista, están de hecho levantando muros que, de cualquier modo, comienzan a ser derribados. Algunos ejemplos son: Scott Atran, Pascal Boyer, Daniel Dennett, Richard Dawkins, Sam Harris.

Ninguno de estos "nuevos ateos" y naturalistas proyecta prohibir la libertad religiosa o de pensamiento, lo que se intenta es tratar estos temas de un modo científico y acaso favorecer de este modo la purga de la piedad deletérea, distinta de la piedad saludable. Creo, sinceramente, que el columnista de Libertad Digital debería examinar mucho mejor estos trabajos antes de arrojarse a una piscina vacía. Puede que de este modo, citando de nuevo a Ortega, transforme su prejuicio en un postjuicio mucho más razonable y ajustado a la realidad.

La autoridad en la ciencia

Ahora bien, si Moa considera de suyo "autoritario y dogmático" el mero hecho de que la ciencia aborde temas tradicionalmente sustraídos a su examen, no es de extrañar que incluso llegue a identificarla con el totalitarismo (a la manera de Weikart: de Darwin a Hitler). Es un salto que no resulta nada difícil de dar desde premisas tan forzadas.

En primer lugar, que la ciencia no sea precisamente una institución "democrática" (salvo en el extraño caso de la Asociación Americana de Psiquiatría), puesto que la verdad o falsedad de las teorías no es algo que pueda decidirse asambleariamente, no tiene nada que ver con que la ciencia o los científicos sean de suyo "tiránicos" o "autoritarios". En cualquier debate científico riguroso se reconocen determinadas "autoridades", lo que no significa que sus ideas no puedan ser (como de hecho son) sometidas a permanente discusión. Cualquiera que repase la historia de la ciencia, u ojee una publicación científica cualquiera, puede comprobarlo rápidamente. El criterio de verdad científico consiste en la adecuación de las hipótesis teóricas con la realidad extrasemántica. No cabe confundir "autoridad" con "autoritarismo".

¿O es que confunde Moa auctoritas (autoridad) con imperium (mando)?

En segundo lugar, tampoco cabe mezclar indiscriminadamente certeza científica con dogmatismo. Los dogmas religiosos, a diferencia de las hipótesis científicas, no ofrecen ningún criterio de verificación "extrasemántica", no pueden ser "falsados", para decirlo a la manera de Popper, y por contra deben ser simplemente aceptados o rechazados mediante acto de fe. El "dogmatismo" es justamente el espejo invertido de la verdadera actitud científica. Por ilustrarlo con un ejemplo doble, el dogma de la transubstanciación eucarística no puede corroborarse siguiendo ningún método experimental, en cambio el teorema darwiniano de la evolución (o descendencia con modificación de los seres vivos) ha sido corroborado de hecho por la anatomía comparada, la paleoantropología, el registro fósil y la biología molecular entre otras disciplinas. Y cualquiera que esté dispuesto a "falsar" la evolución, debería también disponerse a ofrecer evidencia corroborable.

Con todo, aún Moa podría objetar que él no está poniendo en cuestión el método científico como tal, sino únicamente el "ciencismo", esto es, algo así como la pretensión de que nos gobiernen comités de científicos. Pero, ocurre que este "gobierno de los científicos", como el utópico gobierno de filósofos platónico, no ha existido nunca, y es imposible que exista. Se basa en un simple malentendido semántico e histórico.

Ateísmo, inmoralismo y totalitarismo

Otra línea argumental que reitera don Pío es el vínculo necesario entre ateísmo, inmoralismo y totalitarismo. Resumiendo: el ateísmo es de suyo una forma de tiranía, aunque tal vez utópica, y si los ateos no terminan por formar una masacre colectiva es, sencillamente, porque no pueden: "El ateísmo no puede ser entonces, simplemente un juego de opiniones, sino una necesidad absoluta, un programa para liberar a la humanidad de tales errores y horrores."

Esta creencia tan fantasiosa se apoya en una sospecha general sobre la incompatibilidad entre increencia y moralidad, que el ensayista gallego afirma o insinúa constantemente, pero nunca ha conseguido, o tratado siquiera, de justificar. En realidad, ningún estudio científico respalda hoy que el civismo de los creyentes sea substancialmente superior, o que el juicio moral difiera en un grado significativo dependiendo de la piedad o falta de piedad individual. Remito aquí a la investigación de Marc Hauser y reto a que se ofrezca alguna evidencia en contra de la naturalidad moral del agnosticismo o el ateísmo: ¿cuándo, cómo y por qué son los ateos o agnósticos menos "morales" que los creyentes?.

Este cuestionamiento del orden moral ateo puede fundarse también, además de en un pretendido defecto de naturaleza, en las fuentes históricas que ha aportado Pío Moa durante esta discusión. Por mi parte, he argumentado en sentido contrario que el régimen nazi alemán no fué, en absoluto, ningún "régimen ateo", y que la Unión Soviética sólo fué vicariamente atea y "ciencista", puesto que en realidad se sustentaba en una concepción dogmática que sólo podía paralizar el verdadero programa liberal de la ciencia. Con respecto a las raíces cristianas de la civilización, no he llegado nunca a posicionarme en contra, y me he limitado a recordar el más profundo suelo romano y griego sobre el que arraiga la "civilización cristiana".

Religión, ConservadoresApril 17, 2007 3:44 pm
 
Don Pío Moa responde a la réplica de ayer proporcionando nuevos recursos retóricos, frases lapidarias, y algún que otro argumento ad hominem que, como es bien sabido, nunca viene mal en este tipo de disputas. Por el tono sumamente displicente que ha empleado el propagandista gallego en esta respuesta, tengo que suponer que la intención de fondo no es otra que clausurar la discusión.

Por cierto, hay que subrayar que Moa sigue sin incluir el enlace directo a esta bitácora, como es corriente en cualquier discusión que tiene lugar en la blogosfera, lo que a mi juicio es ya algo más que una pequeña descortesía.

Si en su mensaje inicial se había lamentado por mi extraño "dogmatismo escéptico", ahora el converso gallego pretende cerrar la discusión sobre la base de algunos "hechos indiscutibles" que nos permitan evitar "irse por las ramas". Semejantes hechos indiscutibles son: 1) La "notable" ciencia y tecnología nazi-comunista y 2) Las raíces cristianas de Europa.

La "notable ciencia" socialista

En cuanto al primero de los hechos, mi crítica no iba dirigida tanto a negar que las fuerzas tecnológicas de la URSS o la Alemania nacionalsocialista fueran "notables", cuanto que al hecho no menos indiscutible "para cualquier persona medianamente enterada" de que, ni tan siquiera en este campo lograron los socialistas del partido nazi o bolchevique superar a la tecnología militar aliada. No lo hicieron durante la guerra, y tampoco consiguieron hacerlo después de ella. Salvo los éxitos puntuales en la carrera espacial, de cualquier modo sobrepasados por los Apolo norteamericanos, la "ciencia" socialista no demostró ser superior en prácticamente ningún campo: ni en economía política, ni en ciencias biológicas, ni en tecnología industrial, ni en microelectrónica, etcétera.

Moa, en cambio, sigue considerando "cantidades despreciables" el misticismo hitleriano, la peculiar versión antidarwinista de las ciencias biológicas nazis, adaptadas a la exigencia extracienfíca del racialismo y la Kultur germántica, o las tres décadas de lysenkismo en la Unión Soviética. Que el esoterismo o todo tipo de supercherías florezcan también en occidente, aprovechándose de nuestros mercados libres, no aporta nada, por cierto, a la discusión. La cuestión no es que en España haya muchos curanderos o que en los EE.UU se vendan abundantemente los libros "New Age", sino que el racismo nazi o el diamat marxista se transforamaron en "dogmas oficiales", imponiendo graves frenos al verdadero progreso científico. Tampoco es verdad que, como asegura el amigo Moa, los esoterismos "florezcan" hoy más en los naciones liberales que en las comunistas o ex-comunistas.

En definitiva, Moa tampoco ha logrado probar, y nadie puede hacerlo (porque no es cierto) que la Alemania nazi fuera un "régimen ateo". Si lo fué, sobre el papel, el soviético (también sobre el papel había abolido la lucha de clases). Pero el "ateísmo" soviético nunca se tradujo en una sociedad racionalista y "ciencista" donde la "fe en la ciencia" fuera realemente posible, salvo si consideramos "ciencia" a la escolástica del diamat, el lysenkismo o la ciencia social revolucionaria.
 
El argumento principal sigue en pie: Si los regímenes nazi-socialistas de masas degeneraron en tiranías cruentas no fué, desde luego, debido a un exceso, sino a un defecto de "racionalismo"; no por mucho "ciencismo" sino por demasiado autoritarismo y dogmatismo.
 
Las "raíces cristianas" de Europa 

En cuanto al segundo "hecho", tampoco fué mi intención negar tales "raíces cristianas", sino ampliarlas hasta alcanzar las más profundas raíces griegas y romanas. Pero Moa razona aquí como un converso asediado, temeroso quizás de que un estudio más profundo descubra la insuficiencia de la revelación: "La herencia griega y latina se injertó en Europa a través, principalmente, del cristianismo, y los valores que conforman la cultura europea son creación o adaptación cristiana."

Según este relato de los hechos, de uso corriente últimamente entre conservadores religiosos, el cristianismo aparece como una revelación primigenia que se extiende por Europa haciendo prácticamente "tabla rasa" de los cultos paganos, el derecho romano o la filosofía helénica. Pero las ramas del cristianismo no podrían haberse extendido, lo quiera o no ver Moa, salvo a través de los caminos físicos y filosóficos que el Imperio ya había construído. Como bien apuntaba en un comentario Luis Rivera, el universalismo humanista no puede considerarse una creación cristiana ex novo (Cicerón: "Aparte de esto nada tengo que escribirte, y por Hércules que mientras lo hago estoy profundamente afligido porque ha fallecido un joven alegre, mi lector, Sositeo, y me ha conmovido más de lo que parece adecuado la muerte de un esclavo”), sino que creció en un contexto cristiano ayudándose de los partidos de la libertad que ya comenzaron a existir en Grecia y Roma. Se podría decir incluso que la cultura cristiana es, o ha llegado a ser, "inconscientemente" romana y griega.

Por mucho que don Pío desee evitar complicaciones supuestamente bizantinas, lo cierto es que no cabe cargar primariamente en la cuenta de la "revelación" (como ha explicado, entre otros, John Hartung) el éxito del proceso sumamente complejo e híbrido que consiguió transformar un culto inicialmente particularista, como el cristiano-judío, en un auténtico credo universal. Aunque, dada la premura argumental que ha demostrado nuestro converso interlocutor, se diría que es él quien en realidad "no quiere ver el problema".
 

Religión, Ciencia & Paraciencias, BrightsMarch 25, 2007 1:53 pm

Aunque este texto no recoge todas las opiniones de Darwin sobre Dios, lo muestra paradigmáticamente como un amigo de la razón y un enemigo mortal de la superstición; adelantando las teorías evolucionistas de la religión de hoy mismo. A pesar de que Darwin no apoya un atéismo explícito, sino un prudente y tibio teísmo, uno puede comprender fácilmente el escándalo que causaron sus peligrosas analogías naturalistas sobre el origen de la religión entre los teólogos y la mentalidad creacionista omnipresente.

El "Dios de Darwin" es un creador metafísico del universo que conoce, suponemos que por "ciencia media", el origen y el destino del mundo, pero que no interviene milagrosamente en su evolución. Sin embargo, la religión es un fenómeno natural, gradualmente desarrollado desde el animismo al monoteísmo, y en cuya formación no cabe suponer saltos abpruptos o demasiado misteriosos.

No hay prueba de que el hombre desde su origen creyera noblemente en la exitencia de un Dios omnipotente. Por el contrario, sábese muy bien, no por viajeros de paso, sino por hombres que por mucho tiempo han resisido entre salvajes, que han existido y aún existen muchas razas que no tienen idea alguna de uno o muchos dioses y que carecen de palabras en su lenguaje para expresar esta idea. Esta cuestión, como se ve, es muy distinta de aquella más elevada de saber si existe un creador y providencia del universo, lo cual ha sido siempre resuelta afirmativamente por los entendimientos más elevados de todos los tiempos.

Sin embargo, si bajo la palabra religión comprendemos la creencia en agentes invisibles o espirituales, entonces varía mucho la cuestión, porque esta creencia parece casi universal en las razas menos civilizadas. Mas no es en modo alguno difícil de explicar su origen natural. Tan pronto como las facultades importantes de la imaginación, empezaron a desarrollarse parcialmente, el hombre naturalmente trató de explicarse todo lo que le rodeaba y empezó a especular aunque vagamente, sobre su propia existencia. Como dice Lennan, "el hombre, aunque no sea más que obedieciendo a sus propios impulsos, tiene que inventarse alguna explicación de los fenómenos que le rodean; y a juzgar por su universalidad, la hipótesis más simple, la primera que se le presentó, parece que fuera atribuir los fenómenos naturales a la presencia, tanto en los animales, plantas y demás seres, como enl as mismas fuerzas de la naturaleza, de espíritus prontos a obrar, agentes verdaderos y semejantes como el que el hombre mismo cree poseer". También es probable, como lo demuestra Taylor, "que los sueños hayan dado origen a la primera noción de espíritus, porque los salvajes no saben distinguir apenas las impresiones subjetivas de las objetivas. Cuando un salvaje sueña cree que las figuras que se le representan vienen de lejos y que son superiores, o que el alma del soñador parte a un viaje, y regresa después con el recuerdo de lo que vio." Sin embargo, era menester que llegase a su completo desarrollo las facultades de la imaginación, curiosidad, razón, etc., en el espíritu humano, para que los sueños implusaran al hombre a la creencia de los espíritus, porque de otro modo no le producirían mayor efecto que lo que en el perro vemos.

(…) No hay más que dar un paso de la creencia en agentes espirituales a la de existencia de uno o más dioses. En efecto, los salvajes atribuyen naturalmente a los espíritus las mismas pasiones, el mismo amor a la venganza, la forma más simple de la justicia y las mismas afecciones que ellos experimentan. Los fueguinos en esto parecen representar  un estado intermedio, porque, cuando el cirujano del buque Beagle mató algunas anadejas para enriquecer su colección, Yorck Minster pronunció del modo más solemne las siguientes palabras: "¡Oh M. Mynoe, mucha lluvia, mucha nieve, mucho viento!", con lo que daba a entender que tales calamidades habían de ser el castigo de aquel desperdicio de alimentos; después de lo cual relató al cazador que habiendo matadoun hermano suyo en cierta ocasión a un salvaje, sobrevinieron grandes tormentas, muchas lluvias y abundantes nieves. Sin embargo, nunca pudimos averiguar que los fueginos creyeran en algo que pudiéramos llamar Dios, ni practicaron tampoco rito alguno religioso. Jeremy Button sostenía resueltamente y con cierto orgullo que en su país no había diablos. Esta última afirmación es tanto más notable cuanto que es más común entre los salvajes creer en los malos espíritus que en los buenos.

Más complejo es aún el sentimiento religioso de la devoción, que consiste en el amor, en la completa sumisión a un ser misterioso y superior, en un gran sentimiento de dependencia, temor, reverencia, gratitud, esperanza en lo futuro y quizá otros elementos más. Ningún ser puede experimentar emoción tan compleja sin haber dado grandes pasos en el desarrollo de las facultades intelectuales y morales, llegando por lo menos a un nivel considerablemente elevado. Sin embargo, vemos alguna, aunque poca, analogía con esto en el profundo amor que el perro demuestra a su dueño, amor en que va unida también una completa sumisión, algún temor, y quizá otros sentimientos. La conducta del perro cuando de nuevo ve a su amo después  de una ausencia, y añadirá la de un mono con un guarda, a quien idolatra, son muy diferentes de las que estos animales tienen con sus semejantes. En este último caso los transportes de alegría parecen ser menos intensos y en todas las acciones se echa de ver mayor igualdad. Estas reflexiones son las que han hecho aventurar al profesor Braubach que el perro mira a su amo como a un dios. Las mismas elevadas facultades que condujeron al hombre a creer primero en agentes invisibles y espirituales, después al fetichismo, politeísmo y últimamente al monoteísmo, le hubieran infaliblemente arrastrado, mientras sus facultades permanecían escasamente desarrolladas a otras supersticiones y costumbres raras. Da horror sólo pensar en algunas de éstas: los sacrificios humanos hechos a un dios sediento de sangre, la ordalía por medio del veneno o el fuego, los sortilegios u otros abominables artificios. Con todo, bueno es que algunas veces reflexionemos en tales supersticiones, porque así nos muestran cuán mucho debemos a los progresos de la razón, a la ciencia y a nuestros conocimientos acumulados. Según muy bien observa Lubbock "no es mucho decir que el horrible temor del mal desconocido se cierne como espesa nube sobre la vida del salvaje, acibarando todos sus placeres". Estas desventuras e indirectas consecuencias de nuestras facultades superiores pueden compararse con los errores incidentales y ocasionales que cometen los instintos de los animales inferiores.

Creencia en Dios. Religión en El origen del hombre, capítulo III

ReligiónMarch 15, 2007 3:51 pm

Una de las asunciones más comunes del liberalismo "naïf" es esa extraña idea de que los estados nacionales se están retirado, o deben hacerlo a la mayor brevedad, ante las fuerzas irresistibles del mercado, la globalización y el capitalismo financiero. Sin embargo el activismo liberal favorable a la lamocracia tibetana, frente a China, se nos aparece como un perfecto contraejemplo de la opinión convencional. ¿Desde qué principios "liberales" puede defenderse a una infame teocracia como la tibetana? O bien los "liberales" han decidido hacer una extraña excepción en el caso de esta región autónoma china, pretendiendo que lo mejor para los tibetanos es que permanezcan en una especie de medioevo teocrático, o bien (lo que parece mucho más plausible) es que se han dejado contagiar por la propaganda lamaísta y el eco que encuentra gracias al interés geopolítico de los Estados Unidos u otras potencias rivales del "imperio del centro".

Desde 1959, lo que llaman el "gobierno del Tíbet", con el monarca Tenzin Gyatso a la cabeza, se encuentra exiliado en Dharamsala, al norte de la India. Precisamente hace poco nos desayunábamos con la noticia de que el que llaman "Dalai Lama", una especie de canalla sonriente con "kasaya", protestaba desde su lujoso exilio por la decisión del gobierno chino para que la infraestructura de los ferrocarriles alcance por fín a la región autónoma, llegando concretamente hasta la zona de Shigatse, la segunda ciudad "sagrada" del Tibet.

Pese a todas las idealizaciones románticas y supuestamente "pacifistas", lo cierto es que antes de la llegada de los chinos (sí, y encima comunistas) los carros tibetanos no rodaban por los suelos de la región, porque  pesaba una prohibición sobre la divinidad del círculo o "mandala"; la población de monjes superaba a la mitad de la población en la capital y otras "ciudades sagradas", lastrando toda la economía productiva del país, y el irracionalismo budista llegaba tan lejos como para imponer otro tabú mortal sobre la carne. Afortunadamente, los tibetanos no secundaban este tabú y la carne del Yak permitió que la economía alimentaria del Tibet no alcanzara el grado de la inanición.

Pese a la evidente mejora en las condiciones de existencia de los tibetanos, después de la liberación china, a los frívolos apologistas del lamaísmo les preocupa mucho más el supuesto deterioro de la ecología tibetana y sus objetos sagrados. La horrible visión de un Tíbet lentamente arrancado de la oscuridad teocrática debe provocar el escándalo de Reina Loo, Penélope Cruz o Richard Gere, pero dudamos que sea tan terrible para los propios tibetanos a los que se les abren oportunidades desconocidas durante siglos, y que quizás merezcan tener la ocasión de dedicarse a cosas distintas que recitar mantras o dibujar mandalas en la arena. En Wikipedia, un autor anónimo escribe que "Desde la década de 1980 ha habido una explotación a gran escala del entorno natural tibetano, con técnicas de caza y pesca que pueden conducir a la extinción de varias especies." También se lamenta de la destrucción de los bosques y de la "biodiversidad de la meseta tibetana". Aunque no se ofrece ninguna prueba concluyente, los lamentos ecologistas contra la sociedad abierta y nostálgicos del buen salvaje suenan a la insoportable ligereza de aquel falsificado jefe indio de Seattle. ¡A quién le importa la prosperidad de los chinotibetanos, cuando lo que está en juego es la "biodiversidad de la meseta tibetana"!

La "libertad" de los tibetanos pasa porque alguna autoridad liberal con los tibetanos mantenga lo más lejos posible a la caterva de panchen lama, dalai lama así como a los demás estetas, gurús y hippys extrafalarios que, desde occidente, aún hoy desean mantener el Tíbet en la edad oscura. Su verdadera libertad pasa por el desarrollo de las comunicaciones con sus vecinos naturales, los chinos, con el levantamiento de las restricciones al comercio y la atenuación o supresión definitiva de los tabúes religiosos.

Por fortuna, parece que el infame sonriente tiene escasas posibilidades de restaurar su monarquía teocrática y regresar a Tibet, si no renuncia antes a sus aspiraciones secesionistas.

Artes, Religión 12:25 am

La polémica sobre la autonomía de la vivencia religiosa no termina nunca. Es muy conocida la crítica que el psicólogo suizo Carl Gustav Jung dirigió contra Sigmund Freud, al sustituir radicalmente el significado "sexualista" de la libido por un contenido mucho más "espiritual". Rudolf Otto, más o menos por la misma época, intentaba también salvaguardar la mística religiosa de las categorías de la psicología corriente, aunque a la vez hacía buen acopio de ellas.

Este mismo esquema funciona en la estética religiosa. El arte religioso ha reflejado semejante oscilación entre la materia y la carne, sin terminar nunca de resolver la difícil antítesis: ¿cómo representar el espíritu? ¿cómo tratar con lenguaje terreno la llamada "experiencia mística"?

¿Detenta la Iglesia el monopolio del sensualismo legítimo?:

Guido Reni, san Sebastián

 

Gian Lorenzo Bernini, Éxtasis de santa Teresa 

 

San Bernardo y la Virgen 

Estos días, y aprovechando una poca oportuna publicación fotográfica de parte de un buscador de rentas kitsch quien sabe si seguidor del "accionismo vienés", algunos partidarios de la derecha religiosa en España cursan una denuncia contra el autor e incluso solicitan la "destrucción" (!) de libros pornográficos. La denuncia se fundamenta en el artículo 522 del código penal que prevee el "delito contra los sentimientos religiosos". Al menos en el plano jurídico y de la "guerra cultural", el caso se parece bastante mutatis mutandis a la revuelta en torno a las viñetas "danesas" de Mahoma, para qué ocultarlo…

En paralelo, sabemos que Yahoo clausura arbitrariamente el foro ateo más concurrido en lengua española.

¡Son malos tiempos para el "hate speech"!
 

Religión, Ciencia & ParacienciasMarch 11, 2007 5:18 pm

 

Vía Pharyngula.

Economía política, Religión, Filosofía 2:26 am

Todo un hombre de estado (THE) escribe una nueva entrada en su bitácora intentando rectificar mi última respuesta, Anamnesis y Prólepsis. Comienza con un sedante retórico, tengo que suponer destinado a la tranquilidad de su partido filosófico, en el que me atribuye la "falacia del hombre de paja" de esta guisa:

Ya adelanto que su post es un buen ejemplo de la falacia del hombre de paja y de un sectarismo ciego antiancap que niega cualquier argumento del contrario simplemente por ser contrario. Me temo que Bilbaopundit está más empeñado en reafirmar su esquema ideológico –y reafirmárselo a sus lectores- que en debatir y esclarecer la controversia. O eso o simplemente no ha entendido nada de mi post.

En esta respuesta, de un modo lo más breve y claro posible, me encargaré de intentar probar lo contrario de esto que "adelantaba" un tanto conspiranoicamente THE.

I. Proléptica Subjetiva y Proléptica Institucional

En síntesis, mi artículo anterior se basaba en la crítica de la proléptica subjetiva defendida por THE, que apenas dejaba espacio para el análisis institucional. Esta entrada irá en la misma línea. Sería, desde luego, extraordinariamente ingenuo pretender que este tipo de discusiones, que no sólo enfrentan distintos puntos de vista, sino diversos partidos filosóficos e ideas de ciencia, pudieran resolverse con una suerte de "acuerdo pacífico"; pero al menos aspiro a que logren entenderse los términos del desacuerdo.

Inicialmente, es el hecho de que THE pretende no defender una teoría subjetivista, a la manera de los "ultrasubjetivistas" Lachmann o Shackle, lo que le permite proyectar sobre mi crítica el fantasma del así llamado "hombre de paja". Quizás también por la misma razón puede finalizar su artículo recomendando retóricamente no "marear la perdiz" más, ya que al parecer existía un "acuerdo en lo esencial" que sólo mi mala fe, o mi ignorancia, me impedían observar.

Pero lo que existe, en realidad, es un profundo desacuerdo en lo esencial, ¿o quizás es que simplemente (THE) no ha entendido nada de mi post?

El disenso esencial consiste en que THE no puede reconocer, desde su praxeología (o "proléptica subjetiva"), la existencia de planes institucionales que son lógica, metodológica y ontológicamente distintos a los planes individuales. Desde mi perspectiva, o proléptica institucional, estos planes y programas institucionales no sólo son muy corrientes, sino que son los planes de los que trata específicamente la economía politica. Además, estos planes no se corresponden sólo a las corporaciones públicas (planes ministeriales, de partidos políticos, etc), sino también a las mismas corporaciones privadas.

Se comprenderá, en consecuencia, que semejante desacuerdo no sólo no es "del todo indistinto", y desde luego que no se trata tampoco de ningún "conflicto artificial", improcedente en el curso de la discusión, sino que forma el centro teórico de toda la controversia. El disenso es de tal modo decisivo que ningún plan de la economia política encaja realmente en la definición subjetivista o praxeológica, al menos desde una proléptica institucional.

Mantengo mi primera crítica a la proléptica praxeológica (subjetiva) debido a su carácter cogenérico con la proléptica animal. De hecho, el "supuesto" de que los animales reconocen los medios empleados y "configuran una relación tecnológica para un fin" parece ser consistente con lo que sabemos de la ciencia animal; por ejemplo en el estudio que se citaba de Pruetz y Bertolami sobre el uso de pinchos de caza entre hembras de pan troglodytes verus, para citar sólo un caso reciente y conocido.

Por supuesto, no estoy sugiriendo que la "economía de los chimpancés" sea equivalente a la economia humana, sino sólo que el criterio praxeológico, empleado por THE, es insuficiente para dar cuenta, justamente, de la gran complejidad característica de la economía política humana. Una complejidad que no resulta de la mera agregación de planes individuales, sino de la emergencia de nuevos grados de complejidad, dando lugar al análisis institucional.

No sólo es que la proléptica institucional es distinta a la subjetiva, sino que con frecuencia la proléptica subjetiva sólo logra ser inteligible a través de la proléptica objetiva, es decir, de los planes y programas institucionales, a la manera como hoy podemos comprender la historia de la conquista de América no a través de los Finis Operantis privados de los conquistadores, sino del ortograma imperial (Finis Operis) de la monarquía hispánica y de la tradición española que envolvía a todas las empresas individuales.

Creo que THE sigue sin entender de qué modo tan profundo afecta una correcta comprensión de la distinción entre el Finis Operis y Finis Operantis a la proléptica praxeológica. No se trata de que el Finis Operantis quede excluido como dato del análisis económico, sino de que este queda habitualmente subordinado al Finis Operis, sobreentendiendo que tratamos de planes fundamentalmente institucionales y en consecuencia sólo lejanamente determinados por los planes individuales. Eso sí, THE pretende esquivar el atomismo; pero no se ve cómo es posible eludir la tentación de la aleatoriedad, cuando el análisis de las instituciones queda excluído, dogmáticamente, desde un principio.

Quizás la gran distancia entre las dos posturas (institucional y subjetiva) se ilumine mejor regresando sobre el concepto de ciencia propio de la praxeología.

En este sentido, reconozco que la afirmación de que es en el subjetivismo donde reside la objetividad de nuestra ciencia ¡es cierta!…solo que relativamente trivial para la epistemología de las ciencias humanas. Dilthey, por ejemplo, concebía a las ciencias humanas como la tematización de la subjetividad. Las ciencias humanas tratan de la acción humana, hecho por el cual resulta tan difícil segregar las operaciones subjetivas (del investigador) del campo gnoseológico. Para entendernos: el economista es él mismo un homo economicus, al modo como el etólogo que observa la vida de los chimpancés en los bosques de Senegal pertenece él mismo al orden de los primates, es cazador, e incluso "animal político" &c.

Lo que afirmo es que esta "tematización" de la ciencia económica deberá alcanzar cierta objetividad, si es que pretende merecer el nombre de ciencia. No existe, que yo sepa, ninguna ciencia de lo singular. Una  "teoría del valor" subjetiva nos devuelve al problema del psicologismo o etologismo del que trataba la proléptica subjetiva. El "valor" sólo como entidad psicólogica, es decir, como valoración del precio, es enteramente subjetivo. Pero el valor económico, es decir, cuando el valor se convierte en precio, formando parte de sistemas económicos complejos, resulta ser un dato objetivo, lo que no significa que esté de algún modo "místicamente" incorporado al producto -como le gustaba decir a Rothbard-, ni determinado por la cantidad de trabajo, el "tiempo socialmente necesario" marxiano, etcétera.

No estoy diciendo que en el valor de cambio no influyan las valoraciones subjetivas (¡y comunitarias! –que era al fin y al cabo la idea que mantenían los salmantinos), sino que estamos tratando de dos cosas por entero distintas: el precio como dato objetivo, y el valor como estado mental. Del primero se ocupa la ciencia económica, del segundo, la neuropsicología. Y esto sin perjuicio de que últimamente sea posible tender puentes entre una y otra, cristalizando en una nueva disciplina que llaman "neuroeconomía".

II. Religión

Yo no he dicho que el cristianismo haya sido siempre una religión de adscripción voluntaria, sino que los cristianos (hoy) se adscriben voluntariamente. Lo cual tampoco quiere decir, como Bilbaopundit parece entender, que se adscriban sin ningún tipo de influencia exterior, sino que permanecen en la religión sin que nadie les coaccione a ello. Cuestión distinta es la influencia que la costumbre pueda tener en esto, al fin y al cabo ya dije que muchas veces las instituciones se incorporaban en los planes de manera inconsciente, por lo que acudir a una ceremonia religiosa puede ser un plan voluntario pero influido por la tradición.

Por último, A THE le parecen "extraños" mis comentarios sobre la "adscripción voluntaria" a la religión. Le parece que, a diferencia de tiempos pasados, en la actualidad los cristianos han alcanzado una Nueva Era en la que es posible llegar a Cristo "voluntariamente" –sin que esto signifique que deje de existir alguna "influencia exterior", añade. Muy bien ¿Y cómo discriminar entonces la "coacción" de la "influencia exterior"? ¿Acaso no sigue siendo de algún modo coactivo el método de bautizar a los fieles en una edad todavía incompatible con la responsabilidad moral? Por el contrario, me temo que la diferencia entre el presente y el pasado no es entre Libertad y Coacción, por otra parte una dicotomía tan querida por los ancap, sino entre distintos grados de racionalidad, violencia y coacción.

III. Ideología

Otra cuestión llamativa en el artículo de THE es su insistencia en la distinción Ciencia - Ideología, que se repite de nuevo en los comentarios de la bitácora. Al parecer, THE pretende situarse del lado del enfoque científico riguroso, atribuyendo a sus críticos (al menos, ha repetido este esquematismo con Iracundo y conmigo mismo) el enfoque ideológico, sociológica y psicológicamente condicionado.

Pero en la economía política me temo que no ocurre como en la geometria: "Toda secta es una bandera de error. No hay sectas en la Geometría". - François-Marie Arouet. Precisamente por la especial naturaleza de las ciencias humanas en general, y de las ciencias económicas en particular (sobreentiendo que la economía es una ciencia humana), donde es tan difícil separar los intereses de los sujetos operatorios del campo gnoseológico, y ello no necesariamente debido a la "mala fe" de los investigadores, sino por las dificultades metodológicas en las que está envuelto su trabajo. En otro lugar intenté desarrollar un bosquejo de la economía como ciencia moral humana, cuestionando el presupuesto de algunas escuelas sobre la necesidad de "poner entre paréntesis" las cuestiones morales antes de penetrar en el análisis económico propiamente dicho.

Al igual que ocurre en la antropología cultural, o en la filosofía misma, el conocimiento social científico no se nos ofrece en bloques compactos (como la química, la física o la geometría) sino en escuelas que normalmente se ofrecen mutua beligerancia. No hay una sola ciencia económica rigurosa, sino varios planteamientos de escuela enfrentados entre sí, según presupuestos e intereses diversos: la escuela neoclásica, la escuela marxiana, la escuela keynesiana, la escuela austríaca &c. En la economía humana sí hay sectas, al menos en sentido filosófico. Además, la dialéctica entre escuelas no sólo incluye lucha de ideas, sino una lucha a muerte por ocupar los lugares libres en la economía de las instituciones (universidades, partidos políticos o incluso redes de bitácoras en internet).

En conclusión, el enfoque ideológico difícilmente podrá ser neutralizado cuando se trata de discusiones sobre la ciencia económica, una ciencia moral humana que no se da dentro de un bloque epistemológico compacto, sino a través de bloques escolares enfrentados entre sí. Lejos de encajar en el esquematismo de THE (ciencia rigurosa Vs ideologías), devolvemos la acusación, ampliada: ¿Acaso no es una muestra de la mayor "ideologización" ocultar premeditadamente esta dialéctica de las ideologías, pretendiendo que se habla desde "el risco de la verdad"?

Animal proléptico