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Derechos humanos, Ideas de la historiaApril 2, 2007 5:12 pm

El 25 de marzo se celebró el 200 aniversario de la prohibición del comercio esclavista en el imperio británico. La decisión de acabar legalmente con la esclavitud se fraguó dentro de un proceso complejo en el que las disposiciones morales y religiosas a menudo chocaban con los intereses materiales. Pero fué finalmente una acta parlamentaria (25 de marzo de 1807) la que resolvió prohibir el comercio de esclavos africanos. La historia continuó con una nueva acta que determinaba el fín legal de la esclavitud en todas las colonias británicas con fecha de 28 de agosto de 1833, "una Acta para la Abolición de la esclavitud a través de las Colonias Británicas; para promover la Industria de los Esclavos manumitidos, y para compensar a las personas que hasta entonces disponían del título de tales esclavos".

Pero como se ha hecho costumbre en los últimos tiempos entre las naciones occidentales, la efeméride no ha servido para festejar una empresa moral y política de tanta significación, sino para promocionar lastimosas ceremonias de contricción y furibundo anti-occidentalismo. Ni los arrogantes hijos del Imperio han podido evitar que se abra paso en el discurso público el mismo esquematismo indigenista y nostálgico de la barbarie que tan bien conocemos en España a causa de nuestras relaciones históricas con América.

Sumándose a estas ceremonias de culpabilidad colectiva, Tony Blair declaró que la esclavitud se encontraba entre las "empresas más vergonzosas" de la historia y que la participación de los británicos constitutía un asunto "profundamente triste". La Iglesia anglicana apoya la misma narrativa, solicitando a través del arzobispo de York que el Primer Ministro realizara una declaración formal de perdón por el comercio esclavista.

Se veía venir incluso la interrupción de una ceremonia solemne en Westminster Abbey por parte del activista africanista Toyin Agbetu: "¡Este es un insulto para nosotros!", "¡Ustedes son la desgracia de nuestros ancestros!" Entre los participantes se encontraba el Primer Ministro Blair, el arzobispo de Canterbury Rowan Williams, y la mismísima Reina. Mr Agbetu, tras montar el cirio, volvió a reiterar ante los periodistas que los mandatarios británicos deberían "pedir perdón".

A doscientos años de la abolición formal de la esclavitud, la narrativa del "buen salvaje" goza de excelente salud entre los políticos, los clérigos, los académicos y la gente de la calle. Este relato aún sigue promocionando la visión idealizada de unas "culturas tradicionales" religadas con la naturaleza, pacíficas en esencia, y súbitamente atacadas por las fuerzas de la civilización -a las que ya sólo les resta caer de hinojos para pedir mil perdones por todos los agravios universales.

Éste comentario en Britain & America merece ser resaltado, y puesto en correspondencia con una previa polémica sobre la esclavitud.

There’s a lesson for politicians and clerics alike: Great social evils are not defeated by mere talk. In the case of abolition, new laws demanded not only diplomacy but the threat—and the use—of military power. Without it, the proclamations and legislative victories might have come to nothing.

To this observer, many Britons seem to harbor a deep and nagging guilt—even self-loathing—for their days of empire and the brutalities that sustained it. Americans could probably benefit, at least on occasion, from a stronger sense of shame. But, facing the post-9/11 threat of Islamic fascism, Britain (and America) cannot afford to indulge in self-flagellation. There are too many cheerless voices eager to demean British identity for their own craven reasons.

Aunque muchos políticos, clérigos y activistas aún no se quieren dar por enterados, los males sociales no son derrotados por las meras palabras, el voluntarismo armonioso o las declaraciones de ecumenismo solemne. Las leyes de la libertad necesitan una fuerza coactiva capaz de garantizar un efectivo cumplimiento que la "ética de la libertad" no es capaz de salvagüardar en soledad.
 
 
Esclavos africanos en 1868.
 

Derechos humanos, FilosofíaJanuary 7, 2007 9:58 pm

Señor, hay un punto en el que pienso que esta carrera debería detenerse.

- John Stuart Mill 

Son notables, aunque nada soprendentes, las reacciones de protesta desencadenadas con ocasión del ahorcamiento de Sadam Husein. Entre nosotros, tanto altos representantes de la Unión Europa como el presidente del gobierno de España, además de una larga lista de "artistas e intelectuales", aprovecharon la ocasión para recordar su oposición a la pena capital. Incluso desde el Vaticano se lamentaban porque la soga terminara con la vida del tirano y genocida iraquí, despreciando o pasando por alto una larga tradición cristiana de justificación del tiranicidio, de Tomás de Aquino a Juán de Mariana. Como nota curiosa, aunque no exenta de interés, Richard Dawkins se quejaba no tanto ya por la "vandálica" ejecución, sino porque el cerebro de Sadam quedase definitivamente sustraído al análisis científico, dejando así un hueco más difícil de rellenar para la psicohistoria.

La negación de la pena capital procede de varias fuentes, pero hay dos especialmente pregnantes. En primer lugar, la negación progresista, secular, que pone por delante el valor absoluto del pacifismo y se sustenta en una concepción "reinsercionista" del derecho. Según esta visión, la finalidad de las penas nunca puede consistir en arrebatarle la vida al reo, por horrendos que nos resulten sus crímenes, ya que siempre se contempla la posibilidad de reinsertarlo en la sociedad de personas. Además, y lo que es aún más importante, la negación de la pena capital se hace aquí en nombre de la ética de los derechos humanos, que en su tercer artículo establece el "derecho a la vida" de todo hombre. Las reacciones ante la ejecución de Stanley "Tookie" Williams, un condenado a muerte en los Estados Unidos que se había significado por su activismo pacifista una vez capturado y hecho preso, pueden servir aquí como ilustración. Desde luego, si el pacifismo fundamentalista deriva del mandamiento "No matarás", la idea de reinserción dentro de la doctrina jurídica del "estado de derecho" puede considerarse una secularización del arrepentimiento. En la visión cristiana Dios es un tribunal superior al de los hombres, capaz de reparar y disculpar cualquier clase de ofensas con tal de que se reconozca su autoridad suprema. La gracia santificante puede llegar incluso a convertir (¿por qué no?) los criminales en santos. Desde esta perspectiva, la justicia humana aparece enteramente subalternada a la divina, al igual que el poder político se fundamentó durante tiempo en el origen divino del gobierno. Roger Bartra, en El salvaje en el espejo, narraba enjundiosas historias a cerca de "santos salvajes" a los que Dios otorgaba personalmente el perdón por sus pecados después del ostracismo voluntario de los pecadores. En la antigüedad también era habitual que la pena capital fuera conmutada por el ostracismo – como atestigua el proceso a Sócrates en Atenas.

Sin embargo, y pese a afirmar la superioridad de la justicia divina sobre la terrena, La iglesia no ha condenado nunca explícitamente la pena capital (aunque sí ha rechazado en al menos dos ocasiones su negación: en la la herejía Valdense -Denzinger, 425- y en la herejía luterana -Denzinger, 773-). La negación cristiana de la pena capital puede fundamentarse, en cambio, en una cierto dualismo hipócrita: a la Iglesia no le concierne el gobierno de los cuerpos políticos, sino el de las almas de los creyentes ("A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César"). Por ello los tribunales de la Inquisición no podían ejecutar directamente las penas de herejía, sino que eran relajados al "brazo secular" –al igual que ocurrió en el mismo proceso a Jesús por la justicia romana. Dicho en términos más claros: los herejes eran entregados a los verdugos del rey tanto para satisfacer las demandas de ortodoxia religiosa como para sostener un orden político fundado en la misma unidad política-religiosa.

Frente a esta doble negación de la pena capital, progresista y "sagrada", no faltan buenos argumentos a su favor. Richard Posner y Gary Becker han recalcado los efectos disuasorios que, sin duda, acarrea la pena capital. La posibilidad de permanecer en prisión de por vida es, como afirma el sentido común y confirman los trabajos empíricos de Isaac Ehrlich, mucho menos disuasoria que la posibilidad de morir ajusticiado –pese a que esta posibilidad es, en la práctica, bastante escasa (los 59 ajusticiados en EE.UU contrastaban con los 100.000 fallecidos en accidentes de tráfico en 2004). Estos mismos autores recuerdan que la posibilidad de que un inocente sea ajusticiado es casi nula en los Estados Unidos. Como promedio, los reos pasan una década antes de que su pena sea cumplida, lo que prácticamente hace imposible la ejecución de inocentes.

Pero los argumentos favorables a la pena capital no proceden tanto de la fría economía estadística sino de una razón más profunda que compromete los fundamentos morales de una sociedad política. ¿Puede permitirse una sociedad política dejar impunes crímenes horrendos que no admiten reparación, como el asesinato de seres humanos inocentes? Gustavo Bueno propuso incluso denominar "eutanasia procesual" a la llamada "pena capital", puesto que en un contexto materialista y naturalista carece de sentido suponer que la muerte pueda ser considerada realmente una "pena". Las "penas" se aplican sobre los cuerpos de los hombres, y no sobre sus almas. Pero solo el espíritu del condenado, una vez ajusticiado, podría realmente sufrir una "pena de muerte". Como dijo Epicuro en el siglo III a.C:

La muerte no es nada para nosotros. Cuando se presenta nosotros ya no somos.

Economía política, Derechos humanosNovember 23, 2006 10:19 pm

 

Circula por las redes un Manifiesto a favor de la paz y la justicia firmado, entre otras "personalidades", por Adolfo Pérez Esquivel, Mario Soares, Federico Mayor Zaragoza o Betty Williams.

El documento se encuentra alojado en la Fundación Cultura de Paz junto con un exuberante catálogo de manifiestos angelistas (Carta de la tierra, Declaración y plan de acción para una cultura de paz, Declaración de Madrid &c). Ésta verdadera obra maestra de la mala fe humana realiza el siguiente diagnóstico sobre la situación mundial:

Los gobernantes abdicaron de sus responsabilidades políticas, sustituyendo valores universales por las leyes del mercado. El resultado ha sido la concentración de la riqueza en unas cuantas manos y la ampliación de las brechas sociales y económicas.

Estremece pensar que los ideólogos de las más altas esferas internacionales poseen una capacidad de análisis económico y filosófico a la altura de una clase de párvulos. ¿Cuál se diría que es el camino para regresar a la "universalidad" extraviada? ¿Cuáles son esas "leyes del mercado" y de qué modo se relacionan con la "responsabilidad política"?

En cuanto documento propio de la izquierda indefinida, que ha perdido definitivamente la fé en las leyes de la historia o en el método revolucionario, los promotores de éste manifiesto no nos dan la más mínima pista sobre cómo convertir el erial en paraíso. Se trata sólo de coger el megáfono, albergar en el corazón las más bellas intenciones y gritar ¡No a la guerra!:

¡NO A LA POBREZA!  Hay que exigir a los gobernantes, a través de un auténtico clamor a escala mundial, que den prioridad al cumplimiento de los Objetivos del Milenio. Ha llegado el momento de la no resignación, de la implicación personal.  

Finalmente, los firmantes amenazan con movilizarse voz en grito los próximos 10 y 11 de diciembre, en conmemoración de los "derechos humanos" y exhortando a la liberación de "los pueblos". En efecto, "ha llegado el momento de la no resignación" e interrogarse :¿Cómo es posible que hayamos llegado a ésto? ¿Cómo es posible que esta caterva de burócratas forrados manipulen y monopolicen el sufrimiento humano y pretendan convertir la ciencia económica y política en poco más que piezas de literatura infantil? ¿Dónde se encuentran los límites del infantilismo?

En cierto modo, la noticia de éste manifiesto a favor de que nazcan cien flores, parafraseando a Mao, apenas se distingue un ápice de la iniciativa pos-hippy de dos jubilados californianos, que recogían en Magonia:

Donna Sheehan, de 76 años, y Paul Reffell, de 55, son una pareja de pacifistas californianos que han convocado "un orgasmo global por la paz" para el 22 de diciembre. El fin es "efectuar un cambio en el campo de energía de la Tierra mediante la inserción de la mayor carga posible de energía humana" precisamente ahora, "cuando dos flotas más de Estados Unidos se dirigen hacia el golfo Pérsico con armamento antisubmarino que sólo puede usarse contra Irán", dicen en su web. Para alcanzar su objetivo, Sheehan y Reffell, que viven felices en una casa flotante en Marshall (California), invitan a la gente a "concentrar sus pensamientos en la paz, durante y después del orgasmo". Y la explicación que dan de los efectos es de lo más divertida: "La combinación de alta energía orgásmica con la intención mental puede tener un efecto mucho más grande que las meditaciones y las oraciones en masa intentadas anteriormente"

¿Es qué se diferencia algo la iniciativa de Mayor y los suyos de éste orgasmo colectivo a favor de la "energía humana"? Frente a aquellos que pretenden desprender la voluntad de cualquier conexión con la racionalidad, de nuevo: más razón y menos fe

 

También en Disculpen las molestias

ACTUALIZACIÓN: La "Alianza de civilizaciones" ya tiene página web (Vía Doce Doce), por si no se sabía, aunque aquí ya habíamos descubierto su referente cinematográfico directo.

Religión, Derechos humanosOctober 30, 2006 2:33 am

 

Nadie duda a estas alturas de que India es ya un actor importante de la economía mundial. Sin embargo, y pese a este saludable avance, el gran progreso económico de algunos centros urbanos (al estilo de Bangalore) y de una minoría relativa técnicamente muy cualificada continúa siendo compatible con estados de miseria y discriminación escasamente tolerables.

Muchos bobos (bourgois & bohemian) pos-hippys y ecumenistas occidentales apenas son capaces de resistirse al encanto del incienso oriental. No siempre se destaca, en cambio, el papel negativo que aún juegan las estructuras religiosas y sociales de las "culturas hindúes". Por más que se insista en la necesidad de instituciones democráticas, en el diseño de una burocracia eficiente o en la apertura de mercados, todas las reformas serán insuficientes en tanto y cuanto no encarnen adecuadamente en la estructura cultural profunda de la nación, como nos recordó Francis Fukuyama, en un excelente trabajo de síntesis sobre las estrategias internacionales de construcción del estado.

Uno de los agujeros negros de la cultura hindú, en amplios sectores suyos, es la práctica muerte social que sufren todavía muchas viudas que sobreviven en la sociedad tradicional. Dado que carecen de posibilidades auténticas para participar en la "economía producitiva", y dadas las magras ayudas que reciben de la familia extendida, muchas de ellas son literalmente obligadas por sus mismas familias a trasladarse a la ciudad sagrada de Vrindavan, al norte de India, donde existen miles de templos dedicados a Krishna. Vindravan es popularmente conocida como "la ciudad de las viudas", un asilo para miles de mujeres dedicadas íntegramente a la oración como práctica de liberación (moksha). Me pregunto en qué sentido deberíamos aún ser "respetuosos con lo sagrado", por mencionar el contenido de uno de los últimos discursos de Benedicto XVI. Ninguna de estas oraciones informa sobre la estructura patriarcal de la sociedad y su sanción "sagrada" en la religión organizada, que consagra extraordinarias diferencias entre las personas que enviudan:

  • A diferencia de los varones indios, a las viudas de Vrindavan apenas se las permite volver a casarse.
  • A diferencia de los varones indios, a las viudas de Vrindavan se las despoja de sus derechos de propiedad.
  • A diferencia de los varones indios, a las viudas de Vrindavan la condición de viudas les proporciona un status social y religioso de segundo grado.
  • A diferencia de los varones indios, las viudas de Vrindavan reciben un escaso beneficio en el reparto de los bienes familiares.

En este informe puede consultarse un estudio de caso muy detallado, y aquí pueden encontrarse más datos sobre la explotación sexual que sufren las mujeres viudas en la "ciudad sagrada". 

Pensarlo la próxima vez que leáis el Bagavad Gita. Fazal Sheikh ha realizado algunas impresionantes fotografías (Vía The Globalist).

 

Paralelamente en Disculpen las molestias.

Religión, Derechos humanosOctober 21, 2006 3:03 am

Una imagen que recoge Richard Dawkins Foundation. Y no es un caso aislado de abuso infantil.

 

For our civilization to advance, for the sake of the security of all of us on this tiny planet, this abuse of children’s minds must end. It is unrealistic to try to stop parents raising their children in their religion (their religions command that they do so), but what we can do is stop religious schools perpetuating this endless cycle of mental abuse. Through our school system let us strive to produce young adults who are free-thinking and who have a healthy skepticism of any institution that would attempt to brainwash them.

De John Plummer.   

Derechos humanosSeptember 7, 2006 7:02 pm

Pocos ejemplos como el del psicópata aficionado al tuning automovilístico Wolfgang Priklopil secuestrando durante ocho años a la joven austríaca Natascha Kampusch (ahora, 18), ilustran mejor metáforas literarias y cinematográficas bien conocidas, como Boxing Helena, o El coleccionista (la propia afectada afirmó que su fuga fué "como una película de acción"). Pero la realidad siempre está delante, y detrás, de las ficciones. Si en la ficción cinematográgica se mutilaba y encajonaba el cuerpo de una mujer, para colmar los deseos inveterados de "dominio masculino", en la realidad extracinematográfica y extratelevisiva (que existe, aunque parezca que no), un aficionado al tuning encerraba a una niña durante casi una década para convertirla en su compañera aparente.

La emisión de una entrevista a Natascha Kampusch en la televisión austríaca ha causado gran impresión y batido récords de audiencia (más de 2.500.000 de personas en la cadena ORF). La imagen de la joven austríaca condensaba y evocaba arquetipos muy poderosos (Caperutica, Hansel y Gretel, el rapto de Europa…), de gran presencia en nuestra historia y en nuestra literatura. No es de extrañar que haya logrado arrancar a la audiencia del aburrimiento masivo.
 
Aunque la emisión de la entrevista ha dejado sin resolver muchas dudas, casi todos los medios destacan la gran fortaleza de Natascha. Ocho años de cautiverio, sometida a un adiestramiento forzoso, si bien no exento de resistencia (la propia joven narró que obligaba al secuestrador a celebrar los cumpleaños, navidades y Pascua) no han socavado su firmeza moral ("Yo era más fuerte que él") o los deseos de libertad ("Siempre pensaba en huir"). Casi una década de condicionamiento skinneriano brutal, no ha conseguido arrebatar a Natascha los sentimientos de socialidad elementales que son la base de la moralidad humana. No consiguieron encajonar la naturaleza humana; como predice la segunda ley de la genética de la conducta: el efecto de criarse en una misma familia es menor que el efecto de los genes. Y de este modo, porque no somos "tablas rasas", fué posible dar muerte al monstruo del centro del laberinto.
 

Derechos humanos 12:04 am

Earthlings es un documental ecologista radical de crítica del "especieísmo" (es decir, la suposición de que sólo la especie humana puede ser sujeto de derechos éticos), narrado por Joaquin Phoenix y estrenado en 2005. Continuación, a su manera, de las pelícuas quatsi. Con música de Moby, la película intenta despertar la conciencia de pertenencia a la tierra, "expandiendo el círculo" de la moral hasta los animales no humanos. Una buena ocasión para certificar cuál viene siendo la táctica de los movimientos llamados de "liberación animal": argumentos filosóficos "animalistas" junto con un carrusel de imágenes destinadas a impactar en los sentimientos morales de la gente. En cierto modo, una forma sofisticada de arte basura destinado a desvelar la "basura" que habitualmente los ciudadanos de las democracias satisfechas y carnívoras no suelen tener a la vista.

¿Realmente pueden tener "derechos humanos" los simios, las focas árticas, los toros…es decir, cualquier sistema vivo capaz de experimentar dolor? ¿Y por qué "discriminar" a los mosquitos o los microorganismos? Cuando comparamos los mataderos con los campos de concentración, y a los matarifes con los nazis…¿no estamos comparando a los judíos con los bueyes? ¿Acaso los activistas "animalistas" no saben, o no desean saber, que la "liberación animal" es incompatible con la emancipación humana, puesto que semajante "liberación" nos devolvería a la esclavitud de la naturaleza, cuando el ser humano era una víctima asustada de los animales numinosos? Los ecologistas animalistas recuerdan a la prohibición budista-lamaísta del consumo de carne. Afortunadamente, los habitantes del Tibet sobreviven gracias a la transgresión sistemática del tabú -es decir, gracias a la carne del Yak.

Si alguna vez has ido al Zoo, o has comido una hamburguesa, no deberías ver esta película. Vía Rebeldemule.

 

Derechos humanosAugust 27, 2006 10:01 pm

Si en WebIslam lo entendieran así…

Más información, aquí.

Derechos humanosAugust 25, 2006 1:23 pm

A menudo la izquierda y el progresismo son caracterizados casi angélicamente por el universalismo, y en consecuencia por su oposición al racismo y todo tipo de opresión de clase. Por contra, la "derecha", los conservadores, aparecen vinculados con el privilegio y la defensa de "intereses particulares" que no tienen en cuenta el "todo social" (por usar la expresión de Horkheimer). La superioridad de la doctrina progresista supone abarcar tanto el área de la epistemología como el de la moral y la reforma política. Una bella, voluntarista y persistente construcción teórica, pero que oculta el dibujo del particularismo y racismo más atroz en el retrato escondido -o no tanto, del "Dorian Grey" socialista.

Se mire por donde se mire, el antisemitismo del marxismo, o al menos una base profundamente judeófoba para el desarrollo de la teoría de la explotación imperialista y del capitalismo financiero internacional, es algo bastante bien establecido. ¿Sólo judeofobia? Aunque muchos sindicalistas y partidarios de la inmigración mexicana en los EE.UU hoy afirman continuar el legado "marxista", la actitud de Marx hacia los mexicanos -como recordaba Walter E. Willilams- nunca fué muy benevolente. Más bien todo lo contrario. Al igual que el español Sepúlveda justificó el imperialismo depredador -el imperio heril- en el Nuevo Mundo, Marx y Engels apoyaron entusiásticamente la anexión de California por los EE.UU: "Sin violencia, nada se consigue en la historia". Se preguntaba: "¿Es una desgracia que la magnífica California fuera ocupada por vagos méjicanos que no sabían nada que hacer con ella?". Engels añadió: "En América hemos sido testigos de la conquista de méixco y nos hemos alegrado por ello. Es por el interés de su propio desarrollo que México sea ocupado por la tutela de los EE.UU". La misma teoría se aplicó en la ocupación china del Tíbet.

En realidad, a los izquierdistas no sólo les movía un ánimo civilizador universalista -es cierto, por ejemplo, que la teocracia lamaísta matenía en la edad media a los tibetanos-; muchos de entre los más notables progresistas han sido también notables racistas. Thomas Carlyle sostenía que los negros eran "subhumanos" -no tan lejos de la opinión de Bartolomé de las Casas, "ganado bípedo" necesitado de la guía de la raza blanca.

Nathaniel Weyl desarrolló estas ideas en "Karl Marx, Racist" (1979).

José Carlos Rodriguez alertaba, hace no mucho, sobre el racismo en la era progresista (basándose en la obra de David Southern). Después, insistía de nuevo en esa otra entrada.

¿Y qué decir sobre la política de Stalin sobre las minorías étnicas y las nacionalidades, inicialmente vinculada con el "derecho de autodeterminación"? Amnistía Internacional

La política soviética respecto a las nacionalidades adoptó formas distintas en diferentes periodos. En los años que siguieron a la revolución de 1917 (fecha del nacimiento de la Unión Soviética), se puso el acento en la autonomía cultural de las minorías, si bien podía detectarse el uso de la estrategia política de «divide y vencerás». Bajo el man-dato del comisario de las Nacionalidades José Stalin, el derecho a la autodeterminación se vio menoscabado, hecho que se agravó con las detenciones generalizadas de personalidades políticas y culturales en todo el territorio soviético. Durante la Segunda Guerra Mundial, los dirigentes de la Unión Soviética emprendieron una política de traslados forzosos a gran escala de personas a las que se consideraba enemigos potenciales internos, sin más razón que su origen étnico o nacional, o políticamente «inconvenientes» a causa de su situación geográfica. La población afectada por las expulsiones a otros puntos de la Unión Soviética eran chechenos, inguches, karachayes, balkares, mesjetios, tártaros de Crimea, griegos pónticos, kurdos, coreanos y kalmukos, así como alemanes del Volga y de Ucrania. Hasta la muerte de Stalin, en 1953, las personas deportadas estaban sometidas a severas restricciones a la libertad de circulación: estaban obligadas a personarse en comisarías de policía todas las semanas y recibían duras sanciones por cualquier desplazamiento fuera de la zona en la que estaban inscritas en registro. Aunque se eliminaron estas restricciones en 1953, la aplicación práctica de su derecho a regresar a sus luga- res de origen resultó imposible para muchos de los desplazados y se reprimió el deba-te público sobre los traslados forzosos.

El antisemitismo se convirtió a menudo en la política oficial en la ex Unión Sovié-tica, tanto durante el gobierno de Stalin como tras su muerte, en 1953. Esta actitud se solía ocultar bajo la etiqueta de «antisionismo» y a menudo se servía de versiones modificadas del duro simbolismo de la Rusia zarista o incluso de la Alemania nazi.

En La russophobe vienen alertando sobre el resurgimiento del racismo en la Rusia neo-sovietizada. ¿Acaso estos fenómenos no tienen nada que ver con siete décadas de comunismo? En el mismo informe de AI lo advierten: "Si bien el derecho nacional e internacional garantiza a quienes residen en la Federación Rusa equidad y protección contra la discriminación, tanto los procedimientos y conductas en la práctica como las leyes locales dan lugar a que la discriminación racial quede a menudo impune y sin constancia."

Pero si queréis algo más alegre y vivaz, aquí está Pamela bloggeando en remojo. 

ACTUALIZACIÓN: Una reflexión paralela en Neoconomicón sobre las sionuosas relaciones entre izquierda y antisemitismo. 

Israel & Oriente medio, Religión, Derechos humanosJuly 23, 2006 10:22 pm

I

Para intentar determinar la situación de la infancia en el Islam debemos empezar por entender cuál es su concepción de la persona humana. Quizás el mejor modo de hacerlo no es tanto enfrentarnos directamente al estudio de la teología del hombre, o de la antropología filosófica islámica –si es que puede hablarse propiamente de “filosofía islámica” tras la muerte de Avicena y Averroes-, cuanto que investigar su plasmación jurídico-positiva en las leyes musulmanas y en el derecho internacional.

En este sentido, constatamos inmediatamente una actitud diferencial del mundo islámico con respecto a los derechos humanos. La tradición occidental del derecho internacional, que encontró un sólido fundamento en la concepción del derecho de gentes según el salmantino Francisco de Vitoria en el siglo XVI, se ha ido desplegando sobre todo en torno a los derechos individuales y personales. Los derechos humanos de “primera generación”, de orientación individualista, arrancan en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, fruto de la revolución francesa, pero no culminarán hasta la proclamación solemne (10 de diciembre de 1948) en la Asamblea General de las Naciones Unidas de una verdadera Declaración Universal de los Derechos Humanos. A partir de las así llamadas “segunda y tercera generación de derechos”, estos adquieren un rumbo no necesariamente incompatible con el individualismo inicial, pero de un tono mucho más comunitario (Gross Espiell: Community oriented rights); aquí figurarían la Declaración de los Derechos de los Pueblos proclamada en Argel el 4 de julio de 1976 así como el Pacto Internacional de Derechos Económicos y Culturales que entra en vigor el 3 de enero de 1976 dando carta de naturaleza, desde entonces, al denominado “Derecho al desarrollo”.

Los derechos “islámicos” se inscribirán dentro de esta tradición comunitarista que no olvida, ante todo, la prioridad del “derecho divino” condensado en la autoridad de la Sharia (una ley islámica que divide de hecho el mundo entre los fieles al Islam, Dhar-Al-Islam y los “cafres” o infieles, Dhar-Al-Kafer). Así, y pese a que la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue ratificada por muchos países musulmanes, sin embargo en 1981 se firma un texto específico: la Declaración de los Derechos humanos en el Islam, y en 1990 se acuerda en El Cairo una nueva declaración de los Derechos Humanos.

Dada la creencia de las naciones árabes en la dignidad humana desde que Dios la honró al convertir al Mundo Árabe en el lugar del nacimiento de religiones y civilizaciones que confirman su derecho a una vida de dignidad basada en la libertad la justicia y la paz, Siguiendo los principios eternos de la hermandad e igualdad entre todos los seres humanos establecidos firmemente por la Sharia íslámica y las demás religiones de revelación divina.

Finalmente en 1994, la Carta Árabe de los Derechos humanos. Así daba comienzo su preámbulo. 

¿Cuál es hoy la posición del Islam sobre los derechos infantiles? Según la información de UNICEF, la Convención de los Derechos del Niño ha sido ratificada por la Organización de la Conferencia Islámica (OIC), que representa a la parte más significativa de la población musulmana mundial, e incluye en su seno al estado de Palestina, Afganistán, la república islámica de Irán, la república árabe de Siria, la república del Líbano, o el reino de Arabia Saudí.

Según también UNICEF, los más de 600 millones de niños que viven en países islámicos representan más del 40 por ciento de la población total musulmana ( y hasta un cuarto de la población infantil global). Muchos de estos niños se encuentran hoy entre los más marginados y empobrecidos del planeta.

Otro reto importante al que se enfrenta el mundo islámico es la práctica de la ablación del clítoris tolerada en muchas naciones musulmanas, que aún amenaza gravemente cada año la libertad de más de tres millones de niñas y mujeres, muchas de ellas dentro incluso del territorio europeo.

Estos son algunos de los hechos: Hasta 11 de los 16 países con mayor tasa de mortalidad infantil se encuentran entre los países miembros de la OIC. Unos 4.3 millones de niños por debajo de cinco años mueren cada año de enfermedades prevenibles y de malnutrición, y hasta un 60% fallece tras su primer cumpleaños. Con alguna excepción (14 de los 57 estados), casi todos los miembros de OIC fracasan a la hora de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas.

La educación de muchas naciones musulmanas aún se encuentra bajo mínimos. En muchas naciones árabes y africanas la participación en la escuela primaria se sitúa por debajo del 60%. 4 de cada 10 niños en las regiones del África sub-sahariana está fuera de las escuelas, así como hasta un cuarto de los niños en los países árabes. Solamente 26 de los 57 miembros de OIC se encontraban, en 2005, en curso de alcanzar los objetivos para la igualdad de género en la educación primaria.

El discurso de UNICEF, como es de fácil comprobación, resulta bastante templado, diplomático, casi tibio. En general, guarda silencio sobre el abuso flagrante de la infancia que están cometiendo los yihadistas, y confía en que sean los propios países islámicos los que implementen las medidas adecuadas para que se cumplan las condiciones establecidas en la Carta para los derechos infantiles.

The OIC countries (…) They have ratified the Convention on the Rights of the Child and other international human rights instruments; now the challenge is to implement them.

II

On the faceA raíz de la guerra abierta (y no tanto “escalada” o “crisis”, meros eufemismos mediáticos) en julio de este año entre las milicias libanesas de Hezbolá e Israel se ha reavivado con fuerza el debate sobre la utilización y el sufrimiento al que se somete a los niños en el oriente próximo. Desde medios europeos o afines al Islam(ismo) se recuerdan, por ejemplo, las violaciones al derecho internacional de Israel en su tratamiento a los niños árabes y palestinos. También se nos advierte, una y otra vez, sobre la desgracia que corren muchos niños libaneses durante los bombardeos israelíes.

Israel es un estado signatario de la Convención de los Derechos del Niño de 1989. Sin embargo, al igual que lo visto en el caso de los Convenios de Ginebra, Israel no ha respetado sus responsabilidades como parte de esos acuerdos [7]. Particularmente, el artículo 37 de la convención establece que ningún niño puede ser privado de su libertad de forma arbitraria, mientras que en el caso de que el niño sea sometido a arresto, debe asegurarse su acceso a protección legal [8] El 2004 ha sido el año en que mas niños palestinos fueron hechos prisioneros por Israel, el 83% estudiantes, a los cuales en gran porcentaje se les ha negado el derecho a la educación mientras se han mantenido en cárceles israelíes [11]. El rango de edad fluctúa entre los 12 y 18 años, habiendo un importante número de prisioneros entre los 15 y 16 años.

Esto sin duda es cierto, pero en Webislam ocultan o minusvaloran, en cambio, la pesada responsabilidad que cae sobre el lado yihadista, al hacer un uso sistemático de los niños en su estrategia de lucha. Quienes ahora se escandalizan por la lamentable pérdida de vidas inocentes, deberían también hacerlo cuando los inocentes caían en el lado judío. El autor del artículo citado debería aplicar esos mismos principios para criticar la actitud de las autoridades palestinas y de las organizaciones terroristas islamistas, puesto que también el estado de Palestina, la república islámica de Irán o la república del Líbano son firmantes de la convención de 1989. Desde Human Rights Watch, pongamos por caso, se viene advirtiendo seriamente sobre el uso y la justificación que los islamistas vienen haciendo del martirio infantil.

Semejante uso aberrante que de la infancia hacen estos grupos terroristas depende de una concepción de la persona que, lejos del armonismo cultural, parece bastante alejada de la posición judeocristiana.

(…) Santo Tomás sostiene que la razón, el entendimiento agente, es individual. Dicho de otra manera, sostiene que es corpóreo. Mientras que Averroes sostiene que es supraindividual. Que nos envuelve a todos los hombres. Que alguien piensa por nosotros. Es la revelación. Es Mahoma. Es el fanatismo. Un terrorismo como el que hemos visto estos días en EE UU es de unos individuos que ponen entre paréntesis su vida. Eso sólo sucede entre los budistas, sean los bonzos que se queman o los kamikazes, y entre los musulmanes. Nunca se da en un europeo o en un americano. Así como el terrorismo individual o el de ETA es, hablando en términos matemáticos, propio de cantidades despreciables, el terrorismo musulmán es de otro orden, no se trata de cantidades despreciables. Eso es lo que aterra. El Islam no tiene faz visible. Pero la red está extendida por todos los países islámicos.

Los orígenes remotos de esta distinción pueden encontrarse, como ha recordado el filósofo Gustavo Bueno, en la disputa medieval sobre el origen del intelecto agente que enfrentó a los partidarios de Averroes y los partidarios de Tomás de Aquino.

Pese a que, con ocasión del episodio de las fotografías de las niñas de Kyrit Shmona escribiendo mensajes en proyectiles, se ha intentado “ecualizar” o equiparar la actitud judía a la islamista en la cuestión del tratamiento infantil, en realidad no encontramos en el mundo judío (o en el cristiano) nada remotamente análogo a la glorificación islamista de la "shahada" (sacrificio, martirio) aplicada incluso a los niños (en esta web encontraréis abundante material fotográfico). Sí encontramos, por el contrario, lamentables situaciones en las que algunos niños hebreos participan de la violencia y el ambiente fanatizado tras décadas de encarnizamiento religioso y conflicto territorial. Éste es el caso de muchas familias palestinas asentadas en Rumeida que vienen sufriendo realmente el acoso violento de colonos hebreos situados más allá incluso del control policial.

Stop Palestinian AbuseStop Palestinian Abuse es una iniciativa dirigida a Naciones Unidas, su Consejo de seguridad, los líderes mundiales, Amnistía Internacional y el Observatorio para los Derechos Humanos donde se intenta denunciar el trato que el islamismo dispensa a la infancia. Las autoridades y las organizaciones terroristas palestinas vienen adoctrinando a la infancia en lemas virulentamente anti-semitas que incluyen a menudo netas apologías del sacrificio (Ajopringue reseña un vídeo que no deja lugar a dudas: “De mayor quiero matar judíos”). Notables autoridades palestinas, como Abu Mazen, ya habrían reconocido que los niños palestinos recibían $1 por cada bomba incendiaria arrojada (según la misma fuente, al menos 40 niños habrían resultado mutilados a consecuencia de estos mismos lanzamientos). La incitación a la violencia terrorista arraigaría en las propias escuelas palestinas, donde los libros de texto habitualmente ensalzan y promueven el martirio (Shahada). Los culpables:

- Saddam Hussein, que habría incrementado su ayuda financiera a las familias de terroristas suicidas desde  $10,000 a $25,000.

- Un comité cuasi-gubernamental de Arabia Saudí que habría proporcionado ayudas de hasta $5,333 a las familias de mártires.

- Los pagos y las ceremonias de homenaje proporcionadas por las mismas autoridades palestinas, con la especial responsabilidad de Yassir Arafat.