BilbaoPundit

Ciencia & Paraciencias, ConservadoresApril 23, 2007 3:32 pm

Uno de los rasgos que caracterizan al sofista es que siempre debe eludir reconstruir el pensamiento del oponente, conformándose con hacerse un "muñeco de la imaginación", como comentaba Engels refiriéndose a Dühring, contra el que dirigir los golpes según una agenda casi del todo predeterminada. 

El procedimiento seguido por Pío Moa, a lo largo de este "debate", ha sido eminentemente "sofístico" en este sentido. Nuestro pundit fervoroso (¿el fervor contra el ciencismo convierte a su vez en pío?) ha eludido siempre el engorroso esfuerzo de reconstruir el pensamiento de su interlocutor y ha continuado en todo momento propinando el mismo género de golpes a su muñeco imaginado; por ejemplo, en la fantasiosa consideración "ciencista" del hombre como una máquina, una peligrosa metáfora en la que según la peculiar erudición humorística del blogger gallego, confluyen nada menos que La Mettrie, Nietzsche, Weinberg y Pinker, entre otros (¡¡??).

En lugar de esforzarse en comprender, Moa el sofista ha escogido sustituir los argumentos por la presentación insistente de ideas e hipótesis sin justificar, así como por descalificaciones y alguna que otra salida de tono. Ésta táctica con la que alimenta a su parroquia don Pío, a la vez que le ayuda a desentenderse del meollo dialéctico (considerando "bizantino", pongamos por caso, cualquier curso de argumentos que se desvíe del plan original), ya era perceptible en los anteriores mensajes, pero en el último se ha encarnizado. Así, don Pío me acusa ahora de acumular citas sin sentido y emplear constantemente "argumentos de autoridad" compatibles con una "actitud infantil". Además, identifica semejante actitud con una especie de plasma intelectual español al que el blogger gallego pretende enfrentarse, casi como un héroe solitario. De este modo, Moa cree distinguirse de la inercia ambiental elevándose hasta riscos de la verdad y la piedad que los intelectuales a la moda desconocemos. Y no hay que dudar, en efecto, que este espléndido aislamiento, como escribía Freman, "suele reconfortar mucho".

Muy bien, puede que esta mezcla de deshonestidad intelectual, malditismo, originalismo y uso de la fuerza más que de la razón (y no digo que razón y fuerza sean antitéticas) sea relativamente exitosa. Dependerá, en cualquier caso, de las tragaderas del auditorio. Un estudio de Kahneman ya acreditaba hace no mucho que existen docenas de fundamentos favorables al conflicto en los procesos humanos de toma de decisión (ahora es cuando debería pedir disculpas por respaldar mi punto de vista en una opinión científica, aunque, por supuesto, no lo haré).

Pero el caso es que las cuestiones que el columnista pío continúa eludiendo y los temas que continúa desfigurando a su gusto, siguen en el mismo lugar. A saber:

1) Pío Moa no ha hecho el más mínimo esfuerzo por justificar su tesis de que los regímenes nazi socialistas eran, objetivamente (y no sólo siguiendo el enfoque ideológico), civilizaciones basadas en la ciencia. Esto es lo que importa e interesa al debate, y no el dichoso "ciencismo ateo". A pesar de que ya se ha argumentado hasta la saciedad el tipo de terribles daños infringidos al programa científico por marxistas y hitlerianos, Moa se ha limitado a presentar su tesis como un "hecho indiscutible", apresurándose a taparse los oídos ante cualquier argumento en sentido contrario.

2) Pío Moa no ha explicado, significativamente, por qué el principal programa autoritario y "totalitario" del presente no procede precisamente del "ateísmo ciencista", sino del irracionalismo islamista contrario a la actitud científica y al régimen liberal.

3) Pío Moa nunca ha argumentado con un mínimo de poder convictivo por qué los ateos liberales iban a preferir el autoritarismo al régimen liberal (es decir, por qué iban a sentir como "necesidad absoluta" la idea del ciencismo totalitario) que es de hecho el único compatible con el desarrollo de la ciencia, tal como argumentaba Bazhanov.

4) Pío Moa no ha comprendido la auténtica diferencia entre el "ciencismo" y su muñeco de la imaginación. Lo que aquí se ha criticado es el ciencismo como excusa; es decir, la ridícula idea de que la ciencia debe excluir de antemano los temas religiosos, la libertad, la moralidad, etc, dejando estos asuntos al monopolio exclusivo de los humanistas (la "primera cultura" de Snow) y los clérigos. El anticiencismo de Moa sólo se explica cómo modo de proteger estos temas del escrutinio científico y filósofico racional. De hecho, las opiniones de Moa y las del islamista Yahya, cada vez aparecen como más mutuamente consistentes.

5) Pío Moa ha establecido, como un dogma a seguir, que la "ciencia demuestra que la religión es un conjunto de supercherías". Pero con esta caricatura, necesaria para formar su muñeco de la imaginación, sólo demuestra ignorancia de la amplia literatura científica, antigua y moderna, sobre la religión.

En tanto nuestro pío comentarista no haga el menor esfuerzo en adaptar su agenda, con más estudio y menos ira, a las exigencias de la argumentación, este intercambio de mensajes no puede realmente tomarse más que como un pasatiempo de café. Eso sí, seguirá teniendo su interés para desvelar por donde van los tiros en ciertos focos de opinión conservadores.

La "máquina".

ACTUALIZACIÓN. No se pierdan por nada los comentarios de Freman Bregg sobre la nueva "ciencia moeña". 

Religión, ConservadoresApril 20, 2007 9:24 pm

And the day will come, when the mystical generation of Jesus, by the Supreme Being as His Father, in the womb of a virgin, will be classed with the fable of the generation of Minerva, in the brain of Jupiter.
    

- Thomas Jefferson, en una carta a John Adams, 1823

 
Recapitulando. La línea argumental que ha escogido don Pío Moa para criticar lo que llama "ciencismo ateo" parece ser, más o menos, como sigue: el ateísmo es plenamente consistente con el "totalitarismo", es decir, con la negación de la libertad (religiosa, política, económica y, de "conciencia"), mientras que sólo se encuentra inconsistentemente relacionado con el liberalismo. Los "ateos liberales", si existen, lo hacen sólo a título de meras anécdotas o accidentes históricos flotando sobre la verdadera substancia pía de la sociedad liberal.
 
De suerte que los Richard Dawkins, Wafa Sultan, Fernando Savater, Christopher Hitchens, Gonzalo Puente Ojea, Gustavo Bueno, Sam Harris, Ayan Hirsi Ali, Steven Pinker, Steven Weinberg, David Deutsch, Daniel Dennett, Salman Rushdie &c, por citar algunos ateos, agnósticos y descreídos ilustres que viven hoy bajo régimenes liberales, deben ser declarados automáticamente "ateos irreales", fenómenos o apariencias. Tal vez, "fundamentalistas ilustrados" o extraños naturalistas soportando el peso de su falsa conciencia.
 
Cada vez es más claro que, sin perjuicio de su indecisa conversión (al parecer, "le cuesta mucho creer"), el suelo ideológico en el que arraiga el pensamiento del prolífico propagandista gallego no ha dejado de ser nunca el marxismo o quizás alguna de sus versiones fascistas. Es muy difícil, en efecto, no establecer este vínculo dados los frecuentes piropos que nuestro interlocutor dedica a la economía política nazi-socialista, así como a sus "florecientes" artes y ciencias. No se crea tampoco que tanto ruido y furia contra el peligro ateo se encuentra demasiado lejos del espiritualismo típicamente franquista.
 
Como es sabido, para el marxismo "prístino" (el del propio Marx, Engels y Lenin, sobre todo) sólo contaba el "ateísmo científico" condensado en aquellos manuales soviéticos, y la libertad humana dependía esencialmente de la emancipación humana de la religión que sólo podía llevarse adelante mediante "acción directa", revolución, persecución religiosa, quema de iglesias y turbamulta laicista. En semejante marco filosófico, es obvio que no cabía ningún concepto "liberal" de ateísmo.
 
Ahora bien, ¿quiere decir esto, en primer lugar, que todos los marxismos históricamente desarrollados sean de suyo ateos? En absoluto. De hecho, el marxismo iberoamericano realmente existente en Suramérica no se ha traducido justamente en "regímenes ateos", sino en estados socialistas de raíz cristiana (Hugo Chávez: "Jesús es el más grande socialista de la historia"), y esto sin perjuicio de que también el propio socialismo marxista "prístino" tenga importantes raíces cristianas.
 
Y, en segundo lugar, ¿quiere decir esto que todos los ateos sean de suyo totalitarios, por el hecho de que lo fueran los leninistas? ¡No quiero ni pensar en qué contestaría a esta pregunta Ayn Rand! Por mucho que le cueste entender a nuestro contrincante espiritualista, es forzoso reconocer el derecho que los ateos liberales tenemos hoy a sentirnos más cerca de Jefferson que de Lenin:
Christianity neither is, nor ever was a part of the common law.
    
- Carta a Thomas Cooper, 1814
No contento con estas fantásticas inferencias y asociaciones, el blogger gallego acompaña su "fascismo metodológico" con otra sorprendente afirmación: el número de ateos "abiertamente totalitarios" es mucho mayor que el de ateos liberales. Chupa del frasco, carrasco. Por supuesto, se supone que semejante afirmación se encuentra en la categoría de los "hechos indiscutibles", objetivos, y antibizantinos presentados a lo largo de la discusión por el nada dogmático columnista de Libertad Digital.
 
Ocurre que este hecho no sólo es que no pertenezca esta vez a la categoría de los "hechos indiscutibles" sino que ni siquiera es un "hecho" en absoluto.
 
Si hay que cargar en la cuenta de algún bando los méritos del "totalitarismo" que enfrenta el mundo hoy (como ayer) no será precisamente en el de los ateos, agnósticos o "no afiliados". Si hay alguna amenaza real de despotismo, no la veremos crecer entre los impíos naturalistas de Harvard, sino entre los imanes y devotos islamistas; no entre los partidarios de la "ley común", sino entre los defensores de la Sharia. Si hay algún peligro inminente para la civilización, este viene representado por aquellos que desean restaurar la unidad de lo sagrado en el mundo. Si hay algún importante "auxilio de la tiranía", este procede de la justificación característicamente religiosa con la que muchos espiritualistas "moderados" (no pocos de ellos cristianos) continúan disculpando a los misteriosamente extremistas religiosos.
 
***

 
ACTUALIZACIÓN: En su nueva réplica Moa se centra en un presunto "argumento de autoridad" supuestamente empleado al ennumerar algunos ateos "célebres" en esta misma entrada. Pero elude contestar, o despacha con rapidez y desgana, la mayoría de las cuestiones que se plantean posteriormente.
 
1. Sigue sin admitir inconsistencia alguna en la tesis sobre los "regímenes ateos" (nazi y socialista), que sin embargo Moa presenta, sin intentar justificarla ni hacerse cargo de las críticas, como "hecho histórico" indiscutible. Ya se ha argumentado que el régimen nazi no era, en asboluto, "ateo" (ni tan siquiera emic); y que el "ciencismo" socialista poco tenía que ver con el programa científico genuino. En ningún momento fue la "ciencia" la que invadió el terreno político o social (como presupone la tesis "ciencista"), sino que, al contrario, fué la ideología (el idealismo alemán, los mitos de la Kultur o del proletariado) la que pisó el territorio de la ciencia para justificar un programa totalitario de vida.
 
2. No explica por qué el marxismo "ciencista" evoluciona, en algunos casos, hacia "socialismos cristianos". En efecto, esto será muy difícil de entender para quien ha identificado "racionalidad" (o "ciencismo") con "marxismo" o materialismo histórico; pero muy sencillo para quien pone en duda estas identidades.
 
3. No ofrece ninguna explicación auténticamente crítica (es decir, no dogmática) para el hecho de que una buena parte de los "liberales" sean agnósticos o ateos (Rand, Hayek, Von Mises, Popper, Ortega, el propio Dawkins…) partidarios de la laicidad política, y que no sólo habitan en los régimenes liberales, sino que necesitan ese mismo "liberalismo" para existir. Y esto sin perjuicio de que muchos de ellos -no todos- hayan considerado la utilidad social de la religión. Moa, en soledad, ha presupuesto (de nuevo, dogmáticamente) que el ateísmo o el naturalismo es una postura absolutamente incompatible con el reconocimiento de cierta utilidad política, moral o psicológica de la religión.
 
4.  Por último, last but not least, Moa guarda un estruendoso silencio sobre el significativo hecho de que el principal programa "totalitario", despótico y antiliberal del presente tiene precisamente una raíz espiritualista y religiosa: el islamismo.
 

Ciencia & Paraciencias, ConservadoresApril 19, 2007 2:37 pm
 
A Pío Moa le parece mal el título de mi penúltima entrada, Ciencia, moral y civilización, y le parece además que se despacha con exceso de pompa y brevedad el asunto. Podría ser, pero el caso es que idénticos temas son tratados por él mismo con una premura, retórica y aún dogmatismo muy superiores, y esto, por mucho que presente sus especulaciones como modestas hipótesis necesitadas de contrastación.

También presume Moa que muchos marxistas podrían considerarme un "ateo de pacotilla". Esto sin duda se lo concedo, aunque ocurre que no pocos marxistas en la historia tienen esa manía de considerar "pacotilla" cualquier doctrina que se aleje un ápice de sus principios. ¿No se da cuenta don Pío, por otra parte, de que el mismo iracundo materialista seguramente le consideraría a él un "espiritualista de pacotilla"?

El blogger gallego también me acusa de producir unas peculiares "figuraciones":
A fin de que la discusión sea más fructífera, también aconsejaría a mi amable contradictor que no cambiara mis palabras. Yo no he dicho, por ejemplo, que "los esoterismos florezcan hoy más en los naciones liberales que en las comunistas o ex-comunistas". Tampoco es cierto que "Moa considera de suyo "autoritario y dogmático" el mero hecho de que la ciencia aborde temas tradicionalmente sustraídos a su examen". Eso son solo figuraciones suyas, quizá porque su fervor le lleva a fijarse poco o a no entender lo que yo digo.
 
Lo que dijo literalemente don Pío fué que "los esoterismos y demás florecen también notablemente en los países occidentales de hoy, que no son nazis ni comunistas." En efecto, no dijo que florecieran más, aunque es el caso que las supercherías en las naciones comunistas o ex comunistas no sólo no han disminuído sino que han proliferado notablemente. En cuanto a la segunda parte, nuestro interlocutor se ha quejado en muchas ocasiones, paradójicamente, de que la ciencia excluya y a la vez rechace la hipótesis del alma, la libertad o la "dignidad". Con respecto a la libertad, escribía esto hace muy poco:
La base del problema está en que la ciencia excluye nociones como las de libertad o dignidad. Un científico no se preocupa de ello, porque no es su asunto (en cuanto científico; lo es en cuanto persona y ciudadano); pero un ciencista sí.
 
Es decir, que ocuparse de la libertad o de los temas morales es, de suyo, un ejemplo de ciencismo sospechoso. Pero, si se "excluyen" estos temas, se trataría entonces de un ejemplo de indiferentismo no menos culpable. ¿En qué quedamos? Sin embargo, da la casualidad de que estos temas forman parte de las tareas corrientes de los neurocientíficos, filósofos y etólogos "liberales" que tanto parece despreciar nuestro modesto hacedor de hipótesis.

También cuestiona don Pío las tesis de Ortega y Hayek sobre el liberalismo científico y pone como contraejemplo el florecimiento de las artes bajo el zarismo o la inquisición española. Y será verdad que el arte prosperó bajo la monarquía hispánica, o que la música lo hizo bajo el patronazgo de Luis II de Baviera. Sin duda así es. Ayer tuve la ocasión de comprobarlo yo mismo en una espléndida exposición itinerante sobre el retrato español que alojaba un museo bilbaíno. Pero lamento recordar que aquí no se estaba tratando ni de Wagner, ni de Velázquez, sino de ciencia y libertad. Una ciencia que no cabe confundir ni identificar con la técnica. De hecho, ya conocerá don Pío que la técnica puede prosperar vicariamente bastante después de que todo empeño en la ciencia teórica o en la filosofía se haya desvanecido. Incluso determinada tecnología puede dar buenos frutos sin que sean respaldados necesariamente por una ciencia teórica de altos vuelos; tal era la enseñanza que puede sacarse a raíz del clásico estudio de Needham sobre la ciencia china. Permita, entonces, que ponga de nuevo en cuestión los grandes "avances" de la ciencia china: ¿Se refiere a la presa de las tres gargantas o la Gran Muralla de censura en Internet? ¿No será, más bien, que si la ciencia avanza hoy en China es porque también lo hace, lentamente, el liberalismo en contra de la tradición socialista y autoritaria?

Realmente, resulta más que singular este desmedido afán del blogger gallego en resaltar las grandes empresas científicas o tecnológicas de las naciones socialistas, y en denostar la idea de que la libertad favorece, de hecho, la empresa científica.
Conservadores 3:13 am

Este es el mayor peligro que hoy amenaza la civilización: la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos. Cuando la masa siente alguna desventura, o simplemente algún fuerte apetito, es una gran tentación para ella esa permanente y segura posibilidad de conseguirlo todo -sin esfuerzo, lucha, duda ni riesgo- sin más que tocar el resorte y hacer funcionar la portentosa máquina. La masa se dice: "El estado soy yo", lo cual es un perfecto error. El Estado es la masa solo en el sentido en que puede decirse de dos hombres que son idénticos porque ninguno de los dos se llama Juan. Estado contemporáneo y masa coinciden solo en ser anónimos. Pero el caso es que el hombre-masa cree, en efecto, que él es el Estado, y tenderá cada cez más a hacerlo funcionar con cualquier pretexto, a aplastar con él toda minoría creadora que lo perturbe -que lo perturbe en cualquier orden: en política, en ideas, en industria.

El resultado de esta tendencia será fatal. La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre para la máquina de Gobierno.

José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas (1930)

 

Religión, Ciencia & Paraciencias, Brights, ConservadoresApril 18, 2007 3:27 pm

Don Pío Moa continúa atrincherado en su posición original, que no ha movido un ápice a pesar de los argumentos presentados, a los que a menudo ha pretendido despachar descalificándolos en cuanto meras "ramificaciones" bizantinas que no atacaban la verdadera raíz de la discusión. Por regla general, el blogger gallego se ha limitado a repetir una y otra vez las hipótesis centrales (1. La "necesidad absoluta" del totalitarismo ciencista y 2. Las "raíces cristianas" de Europa y la civilización), prácticamente sin añadir ninguna novedad dialéctica o mínima rectificación. Eso sí, como lo cortés no quita la valiente, agradezco que esta vez sí inluya el hipervínculo pertinente.

En cuanto a la primera tesis, a mi juicio, la "experiencia del siglo XX" está lejos de indicar "una relación entre regímenes ciencistas-ateos y totalitarismo". Es falso que el nazismo fuera un "régimen ateo", como Moa repite una y otra vez sin ninguna justificación. Y en cuanto al caso soviético, ya se ha repetido muchas veces que su "ciencismo" era puramente nominal, aparente.

Lo único que acredita la historia es una relación positiva entre autoritarismo masivo y una estirpe nueva de dogmatismo político que muy poco tiene que ver con la actitud científica. Una civilización basada en la ciencia, como explicó F.A. Hayek, no puede avanzar allí donde la libre iniciativa individual es sistemáticamente perseguida o donde la reverencia por la tradición es sustituída por un nuevo sistema de dogmas secularizados; como en cierto modo representaban el materialismo histórico o el diamat. La ciencia, como explicó Ortega, es algo más que técnica o ciencia aplicada experimental, es ante todo una forma total de civilización que presupone amplios grados de libertad.

Y si el régimen soviético o el nazi sucumbieron al totalitarismo (compro, sin problemas, la idea de que lo fueron desde el principio), no fué por ser "demasiado razonables" o por un exceso de "liberalismo científico" precisamente.

En este sentido, que las naciones liberales sean más o menos sociológicamente religiosas, como los EE.UU, es algo que ni siquiera se discute. La cuestión no es que los useños sean particularmente más devotos que los decadentes europeos, sino que su marco institucional (político, jurídico, económico) no resulta hostil al verdadero programa científico –contrariamente a lo que sí acontecía en la Unión Soviética o en la Alemania nazi. Sin perjuicio de la proliferación de doctrinas anticientíficas como el llamado "diseño inteligente", que sobreviven en los EE.UU gracias a la iniciativa sectaria privada, los tribunales no apoyan en general la causa creacionista en el ámbito público. El juez John E. Jones III sentenció en diciembre de 2005, pongamos por caso, que el DI no debía enseñarse en las escuelas puesto que sus promotores no eran "nada más que la progenie del creacionismo".

El "ciencismo" como excusa

Habría que empezar por precisar que no es necesario ser creyente para cuestionar legítimamente el "ciencismo", es decir, la pretensión de reducir toda la realidad a ciencia experimental, sin hacerse cargo de que también hay verdades de "sentido común" y verdades morales que no se confunden de suyo con la naturaleza de las verdades científicas –lo que no significa, por cierto, que las verdades de sentido común o morales no puedan ser examinadas "científicamente". Muchos hombres de ciencia y filósofos "racionalistas" no precisamente devotos han criticado a su manera el reduccionismo ciencista: Mario Bunge, Gustavo Bueno, Hilary Putnam…Pero es una cosa bien diferente parapetarse en el rechazo al "ciencismo" para, de hecho, imponer de soslayo límites arbitrarios al programa científico o incluso para tratar de colarnos un programa irracionalista y anticientífico.

No hace mucho tiempo se consideraba a la ciencia de la sexualidad una especie de interrupción "ciencista" de la experiencia humana; y sin embargo hoy sabemos que el estudio científico del sexo ha ampliado no sólo nuestro conocimiento teórico, sino las prácticas más saludables e incluso más felicitarias. Los críticos del "ciencismo" que se oponen hoy al escrutinio científico de la religión (o de otros temas supuestamente más allá de la ciencia: como la moralidad o la libertad) tocando las trompetas de un nuevo apocalipsis inmoralista, están de hecho levantando muros que, de cualquier modo, comienzan a ser derribados. Algunos ejemplos son: Scott Atran, Pascal Boyer, Daniel Dennett, Richard Dawkins, Sam Harris.

Ninguno de estos "nuevos ateos" y naturalistas proyecta prohibir la libertad religiosa o de pensamiento, lo que se intenta es tratar estos temas de un modo científico y acaso favorecer de este modo la purga de la piedad deletérea, distinta de la piedad saludable. Creo, sinceramente, que el columnista de Libertad Digital debería examinar mucho mejor estos trabajos antes de arrojarse a una piscina vacía. Puede que de este modo, citando de nuevo a Ortega, transforme su prejuicio en un postjuicio mucho más razonable y ajustado a la realidad.

La autoridad en la ciencia

Ahora bien, si Moa considera de suyo "autoritario y dogmático" el mero hecho de que la ciencia aborde temas tradicionalmente sustraídos a su examen, no es de extrañar que incluso llegue a identificarla con el totalitarismo (a la manera de Weikart: de Darwin a Hitler). Es un salto que no resulta nada difícil de dar desde premisas tan forzadas.

En primer lugar, que la ciencia no sea precisamente una institución "democrática" (salvo en el extraño caso de la Asociación Americana de Psiquiatría), puesto que la verdad o falsedad de las teorías no es algo que pueda decidirse asambleariamente, no tiene nada que ver con que la ciencia o los científicos sean de suyo "tiránicos" o "autoritarios". En cualquier debate científico riguroso se reconocen determinadas "autoridades", lo que no significa que sus ideas no puedan ser (como de hecho son) sometidas a permanente discusión. Cualquiera que repase la historia de la ciencia, u ojee una publicación científica cualquiera, puede comprobarlo rápidamente. El criterio de verdad científico consiste en la adecuación de las hipótesis teóricas con la realidad extrasemántica. No cabe confundir "autoridad" con "autoritarismo".

¿O es que confunde Moa auctoritas (autoridad) con imperium (mando)?

En segundo lugar, tampoco cabe mezclar indiscriminadamente certeza científica con dogmatismo. Los dogmas religiosos, a diferencia de las hipótesis científicas, no ofrecen ningún criterio de verificación "extrasemántica", no pueden ser "falsados", para decirlo a la manera de Popper, y por contra deben ser simplemente aceptados o rechazados mediante acto de fe. El "dogmatismo" es justamente el espejo invertido de la verdadera actitud científica. Por ilustrarlo con un ejemplo doble, el dogma de la transubstanciación eucarística no puede corroborarse siguiendo ningún método experimental, en cambio el teorema darwiniano de la evolución (o descendencia con modificación de los seres vivos) ha sido corroborado de hecho por la anatomía comparada, la paleoantropología, el registro fósil y la biología molecular entre otras disciplinas. Y cualquiera que esté dispuesto a "falsar" la evolución, debería también disponerse a ofrecer evidencia corroborable.

Con todo, aún Moa podría objetar que él no está poniendo en cuestión el método científico como tal, sino únicamente el "ciencismo", esto es, algo así como la pretensión de que nos gobiernen comités de científicos. Pero, ocurre que este "gobierno de los científicos", como el utópico gobierno de filósofos platónico, no ha existido nunca, y es imposible que exista. Se basa en un simple malentendido semántico e histórico.

Ateísmo, inmoralismo y totalitarismo

Otra línea argumental que reitera don Pío es el vínculo necesario entre ateísmo, inmoralismo y totalitarismo. Resumiendo: el ateísmo es de suyo una forma de tiranía, aunque tal vez utópica, y si los ateos no terminan por formar una masacre colectiva es, sencillamente, porque no pueden: "El ateísmo no puede ser entonces, simplemente un juego de opiniones, sino una necesidad absoluta, un programa para liberar a la humanidad de tales errores y horrores."

Esta creencia tan fantasiosa se apoya en una sospecha general sobre la incompatibilidad entre increencia y moralidad, que el ensayista gallego afirma o insinúa constantemente, pero nunca ha conseguido, o tratado siquiera, de justificar. En realidad, ningún estudio científico respalda hoy que el civismo de los creyentes sea substancialmente superior, o que el juicio moral difiera en un grado significativo dependiendo de la piedad o falta de piedad individual. Remito aquí a la investigación de Marc Hauser y reto a que se ofrezca alguna evidencia en contra de la naturalidad moral del agnosticismo o el ateísmo: ¿cuándo, cómo y por qué son los ateos o agnósticos menos "morales" que los creyentes?.

Este cuestionamiento del orden moral ateo puede fundarse también, además de en un pretendido defecto de naturaleza, en las fuentes históricas que ha aportado Pío Moa durante esta discusión. Por mi parte, he argumentado en sentido contrario que el régimen nazi alemán no fué, en absoluto, ningún "régimen ateo", y que la Unión Soviética sólo fué vicariamente atea y "ciencista", puesto que en realidad se sustentaba en una concepción dogmática que sólo podía paralizar el verdadero programa liberal de la ciencia. Con respecto a las raíces cristianas de la civilización, no he llegado nunca a posicionarme en contra, y me he limitado a recordar el más profundo suelo romano y griego sobre el que arraiga la "civilización cristiana".

Religión, ConservadoresApril 17, 2007 3:44 pm
 
Don Pío Moa responde a la réplica de ayer proporcionando nuevos recursos retóricos, frases lapidarias, y algún que otro argumento ad hominem que, como es bien sabido, nunca viene mal en este tipo de disputas. Por el tono sumamente displicente que ha empleado el propagandista gallego en esta respuesta, tengo que suponer que la intención de fondo no es otra que clausurar la discusión.

Por cierto, hay que subrayar que Moa sigue sin incluir el enlace directo a esta bitácora, como es corriente en cualquier discusión que tiene lugar en la blogosfera, lo que a mi juicio es ya algo más que una pequeña descortesía.

Si en su mensaje inicial se había lamentado por mi extraño "dogmatismo escéptico", ahora el converso gallego pretende cerrar la discusión sobre la base de algunos "hechos indiscutibles" que nos permitan evitar "irse por las ramas". Semejantes hechos indiscutibles son: 1) La "notable" ciencia y tecnología nazi-comunista y 2) Las raíces cristianas de Europa.

La "notable ciencia" socialista

En cuanto al primero de los hechos, mi crítica no iba dirigida tanto a negar que las fuerzas tecnológicas de la URSS o la Alemania nacionalsocialista fueran "notables", cuanto que al hecho no menos indiscutible "para cualquier persona medianamente enterada" de que, ni tan siquiera en este campo lograron los socialistas del partido nazi o bolchevique superar a la tecnología militar aliada. No lo hicieron durante la guerra, y tampoco consiguieron hacerlo después de ella. Salvo los éxitos puntuales en la carrera espacial, de cualquier modo sobrepasados por los Apolo norteamericanos, la "ciencia" socialista no demostró ser superior en prácticamente ningún campo: ni en economía política, ni en ciencias biológicas, ni en tecnología industrial, ni en microelectrónica, etcétera.

Moa, en cambio, sigue considerando "cantidades despreciables" el misticismo hitleriano, la peculiar versión antidarwinista de las ciencias biológicas nazis, adaptadas a la exigencia extracienfíca del racialismo y la Kultur germántica, o las tres décadas de lysenkismo en la Unión Soviética. Que el esoterismo o todo tipo de supercherías florezcan también en occidente, aprovechándose de nuestros mercados libres, no aporta nada, por cierto, a la discusión. La cuestión no es que en España haya muchos curanderos o que en los EE.UU se vendan abundantemente los libros "New Age", sino que el racismo nazi o el diamat marxista se transforamaron en "dogmas oficiales", imponiendo graves frenos al verdadero progreso científico. Tampoco es verdad que, como asegura el amigo Moa, los esoterismos "florezcan" hoy más en los naciones liberales que en las comunistas o ex-comunistas.

En definitiva, Moa tampoco ha logrado probar, y nadie puede hacerlo (porque no es cierto) que la Alemania nazi fuera un "régimen ateo". Si lo fué, sobre el papel, el soviético (también sobre el papel había abolido la lucha de clases). Pero el "ateísmo" soviético nunca se tradujo en una sociedad racionalista y "ciencista" donde la "fe en la ciencia" fuera realemente posible, salvo si consideramos "ciencia" a la escolástica del diamat, el lysenkismo o la ciencia social revolucionaria.
 
El argumento principal sigue en pie: Si los regímenes nazi-socialistas de masas degeneraron en tiranías cruentas no fué, desde luego, debido a un exceso, sino a un defecto de "racionalismo"; no por mucho "ciencismo" sino por demasiado autoritarismo y dogmatismo.
 
Las "raíces cristianas" de Europa 

En cuanto al segundo "hecho", tampoco fué mi intención negar tales "raíces cristianas", sino ampliarlas hasta alcanzar las más profundas raíces griegas y romanas. Pero Moa razona aquí como un converso asediado, temeroso quizás de que un estudio más profundo descubra la insuficiencia de la revelación: "La herencia griega y latina se injertó en Europa a través, principalmente, del cristianismo, y los valores que conforman la cultura europea son creación o adaptación cristiana."

Según este relato de los hechos, de uso corriente últimamente entre conservadores religiosos, el cristianismo aparece como una revelación primigenia que se extiende por Europa haciendo prácticamente "tabla rasa" de los cultos paganos, el derecho romano o la filosofía helénica. Pero las ramas del cristianismo no podrían haberse extendido, lo quiera o no ver Moa, salvo a través de los caminos físicos y filosóficos que el Imperio ya había construído. Como bien apuntaba en un comentario Luis Rivera, el universalismo humanista no puede considerarse una creación cristiana ex novo (Cicerón: "Aparte de esto nada tengo que escribirte, y por Hércules que mientras lo hago estoy profundamente afligido porque ha fallecido un joven alegre, mi lector, Sositeo, y me ha conmovido más de lo que parece adecuado la muerte de un esclavo”), sino que creció en un contexto cristiano ayudándose de los partidos de la libertad que ya comenzaron a existir en Grecia y Roma. Se podría decir incluso que la cultura cristiana es, o ha llegado a ser, "inconscientemente" romana y griega.

Por mucho que don Pío desee evitar complicaciones supuestamente bizantinas, lo cierto es que no cabe cargar primariamente en la cuenta de la "revelación" (como ha explicado, entre otros, John Hartung) el éxito del proceso sumamente complejo e híbrido que consiguió transformar un culto inicialmente particularista, como el cristiano-judío, en un auténtico credo universal. Aunque, dada la premura argumental que ha demostrado nuestro converso interlocutor, se diría que es él quien en realidad "no quiere ver el problema".
 
Ciencia & Paraciencias, ConservadoresApril 16, 2007 6:12 pm

Pío Moa me dedica una amable entrada en su bitácora a raíz de las críticas de sus comentarios sobre "ciencismo" y "ateísmo" que ha venido publicando los últimos meses en Libertad Digital.

Moa cita en su artículo el nombre de esta bitácora, Bilbaopundit, aunque significativamente no proporciona el enlace directo a los artículos concretos que han tratado éste asunto. Ya que él no lo hace, vulnerando la lógica y hasta la ética corriente del diálogo en red (todos debiéramos tomar nota del diálogo tranquilo y civilizado entre Sam Harris y Andrew Sulllivan), incluiré yo mismo las referencias:

- Y ahora…Pío Moa (28 de julio de 2006)

- La materialidad del espíritu (29 de septiembre de 2006)

- Pío Moa, o la charlatanería (29 de diciembre de 2006)

- Pío Moa y el ciencismo (18 de febrero de 2007)
 
A su vez en cada artículo pueden encontrarse enlaces directos a los comentarios originales del mismo Moa.
 
En su sintética y apresurada respuesta, Moa me acusa en falso de "dogmatismo", así como de utilizar presuntos "argumentos de autoridad" que en ningún momento explicita. Estas acusaciones muestran una estrategia de retirada de la dialéctica a la retórica, puesto que yo nunca he utilizado "argumento de autoridad" alguno, e ignoro a qué clase de "dogma" puede referirse el historiador gallego. Si las hipótesis de Moa se disuelven, será en todo caso por su menor potencia para explicar el encadenamiento histórico que enlazaba Darwinismo, Ateísmo y Totalitarismo, y no desde luego, por quedar arbitrariamente encerrradas en "dogmatismo" de ninguna clase.
 
Entrando ya en materia, Moa organiza su defensa a través de tres puntos.
 
1. El ateísmo no totalitario es inconsecuente, puesto que se basa en concepciones de "origen cristiano".
 
El tema de las "raíces cristianas de Europa" se ha convertido en un cliché del conservadurismo religioso desde que Benedicto XVI utilizara este argumento contra la exclusión de semejantes "raíces" en el cuerpo de doctrina de la constitución europea.
 
Por mi parte, no niego una parte de verdad a esta crítica de la monarquía vaticana. En efecto, la formación de Europa es incomprensible sin estas "raíces cristianas", aunque también lo sea sin las "raíces romanas" o las "raíces griegas" del continente. Como ya se ha discutido en otros lugares, las ideas cristianas ni siquiera hubieran podido extenderse por Europa a no ser porque circularon a través de las calzadas del Imperio, después de recibir el respaldo de Constantino y la influencia universalista de la filosofía helénica tras el "Concilio de Jerusalén".
 
Además, cuando hablamos del "origen cristiano" de los valores debemos guardar una gran cautela con respecto a la clase de "cristianismo" al que nos referimos. En primer lugar, y de modo muy general, porque la moralidad humana no puede considerarse de ningún modo un producto exclusivamente religioso. Actuar devotamente, como ya explicó Kant, no se identifica con actuar moralmente. En segundo lugar, porque el mismo ateísmo filosófico y el proceso de Ilustración europeo no es algo ajeno a la "cultura cristiana", sino que se desarrolla dentro de ella misma. Como explicaba Jonathan Miller en un documental bastante reciente de la BBC, la mayor parte de los argumentos a favor de la laicidad o el ateísmo se encuentran en los mismos textos de la tradición cristiana. Algunas de las mejores críticas de la religión nos la han dejado los propios filósofos y teólogos cristianos. Como muestra, y por poner solo un ejemplo, la minuciosa demolición crítica del sistema religioso romano llevado adelante por Agustín de Hipona, en La ciudad de Dios.
 
2. El nazismo, implícitamente ateo, así como el comunismo, explícitamente ateo, desarrollaron ciencias notables sin perjuicio de su "totalitarismo".
 
Ciencias muy "notables", eso sí, que sin embargo no pudieron resisitir el empuje de la ciencia y la tecnología desarrollada en las naciones occidentales libres del esoterismo hitleriano o del diamat marxista. Por ejemplo, el desarrollo de la bomba atómica no tuvo lugar precisamente en la Alemania nazi, sino en el laboratorio nacional de los Alamos y en el laboratorio nacional de Oak Ridge, Tennessee, EE.UU. Y la "notable" ciencia soviética asombrosamente no pudo impedir que el lysenkismo infectara las aulas comunistas durante más de ¡30 años!, al menos desde los años treinta hasta mediados de los sesenta (y por cierto, que el propio Darwin fuera lamarckista, no constituye ninguna prueba a favor de que la teoría de la evolución lo sea también, al menos a partir de la fusión de la biología molecular y los principios de la herencia en la "teoría sintética", conocida ya en tiempos soviéticos). Finalmente, por completar este sumario brevísimo, la notable ciencia y tecnología bolchevique tampoco estuvo a la altura de la revolución microelectrónica, que no menos sorprendentemente tampoco se desarrolló en los complejos industriales de Norilsk, sino en Sillicon Valley, California del norte.
 
Aunque a Moa le parece anecdótico que "algunos cayeran en el vegetarianismo o en el esoterismo", la verdad es que el ocultismo y la superchería constituían una parte consubstancial de las doctrinas alemanas. Por otra parte, tampoco es verdad que el esoterismo nazi repugnara a todo "concepto tradicional", puesto que las ideas nacionasocialistas sobre la raza y la cultura arraigaban en una larga tradición Volkish, así como en la filosofía idealista alemana del siglo XIX. Más que una ruptura con la anámnesis histórica, el nacionalsocialismo fué una continuación agónica, pero consistente, de la tradición de la Kultur germánica. La creencia de que la raza aria no descendía de los primates, la confianza en poderes mágicos ocultos o incluso en la "telepatía", como en el caso de Himmler, no eran en absoluto "cantidades despreciables" dentro de la filosofía nazi sino características supersticiosas ampliamente compartidas por los ideólogos y los adeptos comunes del socialismo germánico. Si el nazismo rechazó el cristianismo y abrazó una concepción despótica de la política, no fué desde luego en nombre del racionalismo, del "ciencismo" o de la Zivilisation, sino de Sigfrido, Wotan y el irracionalismo vitalista del Volk.
 
Haría bien don Pío en desarrollar en una próxima oportunidad su idea sobre los "notables" logros derrotados de la ciencia soviética o alemana. ¿Se refiere a logros en ciencia económica, cosmología, tecnología militar, ciencias humanas, biología…?
 
En cualquier caso, queda en pie la cuestión histórica y filosófica general: ¿Desde cuando una sociedad demasiado razonable o "ciencista" puede decirse que haya desarrollado el monstruo del despotismo? Más bien, cabe cargar en la cuenta de la sinrazón, la superchería, el fanatismo a menudo de raíz religioso, y la deshonestidad intelectual, los orígenes del totalitarismo histórico, tanto en su estirpe fascista como socialista.
 
3. El enlace entre las tesis creacionistas islámicas de Harun Yahya y las del propio Moa son meramente "casuales".

Puede ser, pero ciertamente ambos (Yahya y Moa) han partido de una posición compatible con respecto al "ciencismo". Ambos han caminado por el puente imaginario que vincula "totalitarismo" y "ateísmo", siguiendo las tesis de Weikart ampliamente divulgadas por los creacionistas evangélicos, y ambos se han mostrado (y siguen haciéndolo) muy escépticos con la idea de una moralidad no religiosa.

Tendrá que ser el columnista de Libertad Digital quien se libere discretamente del berenjenal en que él mismo se ha metido, o bien razone con mayor enjundia su posición, pero en todo caso sin reprochar "dogmatismo" a quien lo único que ha hecho es señalar la naturaleza del terreno que pisa, que da la infame casualidad que se parece demasiado al fango irracionalista hollado, entre otros, por Yahya.

 ¿Otro "ciencista ateo"?

Ciencia & Paraciencias, ConservadoresApril 11, 2007 3:53 pm
 
Miguel Pedrero forma parte de la ralea de periodistas hispanos dedicados a la misteriología y a otras "cuestiones relacionadas con lo heterodoxo". Es autor de títulos tan enjundiosos como Contacto, El druida de Compostela, o el modestísimo Claves ocultas del poder mundial. Ahora amenaza con publicar La conspiración del mesías, un refrito de teorías conspirativas y especulaciones mesiánicas al que el incansable magufo Bruno Cardeñosa dió la bienvenida en su programa radiofónico del pasado lunes.

Si no fuera porque ya estamos curados de horror y espanto, resultaría realmente asombrosa la ilimitada credulidad con la que Pedrero y Cardeñosa recibían las más fantasiosas hipótesis conspirativas de la "secta straussiana" (Gregorio, ¡manifiéstate!) en Washington. En el relato de la conspiración todo debe encajar: Bush voló las torres gemelas, la fatwa contra Rushdi en realidad la dictó el Weekly Standard y quién sabe si fué Ayan Hirsi Ali la que asesinó a Theo Van Gogh. El relato de un selecto puñado de discípulos maquiavélicos del "filonazi" Leo Strauss diseñando subrepticiamente la agenda para el Nuevo Siglo Americano, se adapta como la mano al guante de esta conspiración silenciosa.

Importa muy poco considerar que, en realidad, Leo Strauss huyera de Alemania precisamente para escapar de los nazis. Recordemos que Strauss pertenecía a la Academia de Estudios Judíos de Berlín y que recaló en los EE.UU en 1937 (ayudado por Harold Laski) después de una estancia de dos años en Gran Bretaña.

El misterioso Spengler se ocupaba hace tiempo de demoler el mito de la "secta straussiana" (muy popularizada en los escritos de Shadia B. Drury) recordando que las preocupaciones teóricas de Strauss poco tenían que ver con los objetivos típicos de la política exterior norteamericana del siglo XXI, concentrada sobre todo en cómo integrar a millones de musulmanes dentro de repúblicas democráticas favorables a los EE.UU. Por contra, lo que a Strauss le quitaba el sueño era el debilitamiento de las democracias occidentales que pudiera convertirse en antesala de un nuevo Hitler o Stalin. Además, frente al mesianismo que Pedrero y los conspiracionistas imputan a los theocon, Strauss veía en la religión poco más que una superstición desacreditada. Sus fuentes de inspiración oscilaban en algún confuso lugar entre el nihilismo heroico de Nietzsche y la racionalidad clásica griega.

Como ya recordaba Gustavo Bueno en 1978, un volumen de Euclides dejado en la vía pública puede considerarse un libro "clandestino" incluso en tiempos de la democracia coronada, al lado del libro rojo de Mao en tiempos de Franco. Al margen de una reducida élite de geómetras, nadie se ocupará realmente de él. Lo mismo pasaría si dejan en un andén de metro Natural right and history, de Leo Strauss.

Ideas de la historia, ConservadoresApril 9, 2007 4:47 pm

Sin duda existía un fuerte componente utópico en la empresa española del "descubrimiento", como lo había en el ambiguo "imperio de la libertad" estadounidense, y lo hay en los planes neoconservadores del siglo XXI para la democratización forzosa de oriente medio. Pero el caso es que, pese a muchas tentativas idealistas fracasadas, la conquista militar, la colonización y la apertura de nuevas rutas comerciales, por iniciativa privada o política, constituyeron el camino objetivo de América y las colonias ultramarinas hacia una nueva civilización.

No todos comparten esta idea, en cambio. Desde el "liberalismo híbrido" (subjetivista y anarquista) se defiende últimamente la idea de que el verdadero soberano de la historia universal no son las organizaciones políticas (imperios y estados) sino el sujeto humano individual. Los orígenes de este rampante "idealismo subjetivo", que cabe rastrear en Kant, son en cambio más remotos; hasta alcanzar la misma época del "descubrimiento" y las disputas que enfrentaron a los clérigos y juristas españoles del siglo XVI. En rigor, se podría considerar a los "jóvenes liberales" como los herederos de aquellos clérigos católicos protestando contra la brutalidad encomendera, y al liberalismo ancap una especie de secularización de la "paz evangélica" (o aquella "paz de la fe" de Nicolás de Cusa).

Pero, ni España ni el imperio anglosajón fueron exclusivamente imperios depredadores ("heriles", en la terminología de Sepúlveda), tal y como hoy coinciden en señalar "liberales" e izquierdistas. Unos y otros no se limitaron simplemente al expolio y la esclavización, sino que desde el principio quedaron comprometidos con un propósito civilizador, aunque de distinto signo en ambos bandos.

Los jóvenes Estados Unidos pretendían llevar a la historia universal aquello en lo que los ingleses habían fracasado: un imperio de la libertad basado en la religión de la propiedad (Jefferson: "Una vez que tengáis propiedad, querréis leyes y magistrados para proteger vuestras personas y propiedades…Encontraréis que nuestras leyes son buenas para este propósito") y los principios del republicanismo liberal.

La monarquía hispánica diseñó su utopía civilizadora en América desde los presupuestos universalistas del catolicismo español y del "imperio civil", como lo llamó Sepúlveda. Los teólogos y juristas castellanos apoyados por la monarquía presumían que era posible crear en América una nueva sociedad sin mercaderes (o al menos, sin mercaderes europeos), pues sería la Casa de la contratación (Sevilla, 1503) la encargada de despachar todos los asuntos. Se trataba también de transformar los indios ágrafos en pobladores alfabetizados y cristiandades de campesinos regidos por el mismo orden jurídico castellano; Juan de Solórzano Pereyra: "los reinos y provincias que se adquieren de nuevo, pero uniéndose e incorporándose accesoriamente a otras atiguas se han de gobernar, regir y juzgar por unas mismas leyes".

Tanto el "Imperio de la libertad" anglosajón como el Imperio católico universal de España tropezaron con graves dificultades prácticas que obligaron a ir rectificando el utopismo inicial. El "destino manifiesto" que un día llamaba a envolver todo el continente americano con los principios del republicanismo jeffersoniano quedó frenado en la frontera mexicana. El Imperio Español encontró la resistencia de los indios, y la belicosidad del vecino estadounidense, junto con el continuo asedio de las potencias europeas, logró terminar con la última aventura colonial en 1898. Pero España dejó un idioma hablado hoy por cuatrocientos millones de hablantes, las Iglesias y las Universidades que permitieron al continente abandonar la barbarie y el salvajismo.

Ni la expansión española ni la anglosajona tuvieron lugar exclusivamente a través de los carriles del individualismo caótico. Sin perjuicio de que fueran individuos los que llevaran adelante la conquista americana, soportando la carga de sus esfuerzos, sacrificios y crueldades personales, estos colonos, emprendedores y conquistadores actuaban dentro de un marco histórico y político mucho más amplio que el determinado por el "finis operantis" de cada actor individual. En el caso de los españoles, sin contar con otras consideraciones mucho más generales sobre la ideología católica o la cultura castellana del honor, el descubrimiento, población o rescate de nuevos territorios debía pasar por las capitulaciones que los colonos y encomenderos firmaban con la Corona. En el caso de los anglosajones, si bien el ritmo de la expansión no podía ser determinado por ningún plan político, las nuevas colonias arrancadas a los nativos debían ser post facto reconocidas por el gobierno federal, a menudo saltándose contratos previos con los indígenas.

La contradicción entre el Hombre y el Ciudadano, o entre los pueblos históricos y el "pueblo de Dios" produjo reacciones críticas en ambos Imperios. La conquista nada pacífica de Norteamérica, así como la esclavitud de los afroamericanos, discutía severamente los presupuestos igualitarios y universalistas de la Declaración de Independencia. Henry Knox, como hiciera Las Casas en la América española, se apresuró muy pronto a defender los "derechos naturales" de los indios, entre los que incluía el derecho a la tierra, a venderla o no venderla. En un informe al congreso de 1787 argumentó que la resistencia india era tan "comprensible" como "legítima".

En España conocimos la controversia especialmente gracias a la disputa en torno a la "guerra justa" y el papel del Imperio que enfrentó a Sepúlveda y Las Casas ante el Consejo de Valladolid (1550). Las Casas, una de las principales fuentes de la "leyenda negra" (junto con los relatos de Antonio Pérez, últimamente resucitados por el bate-historiador Gala) defendió la causa indígena frente a la brutalidad de los encomenderos en una obra incendiaria y exacerbada: La destrucción de las indias. Contra este pacifismo "evangélico", Sepúlveda defendió posturas mucho más realistas que pretendían conciliar la milicia con la cristiandad, y el Imperio con la base de la cristiandad: "Cuando la república es atacada por sus enemigos o la Religión por los impíos, el que, pudiendo, no resiste a la violencia hostil, ese tal no será alavado como tolerante, sino que por timido y desertor se ganará la aversión de las personas sabias religiosas".

Ahora bien, este sublime humanismo de Las Casas, después de escuchar a su "conciencia" en una de esas primeras prédicas de los dominicos contra los abusos de la encomienda, tuvo resultados prácticos algo más que discutibles. Por una parte, las Leyes Nuevas (1543) fueron en buena medida un efecto de su influencia. Pero la experiencia del dominico como obispo de Chiapas (en Guatemala) sólo puede ser calificada como desastrosa. Las normas absurdas y draconianas promulgadas desde su Confesionario sólo lograron provocar disturbios continuos que le obligaron a evacuar el obispado en solo unos meses. Antes, el primer ensayo de "colonización pacífica" diseñada por Las Casas había concluído con el desastre de Cumaná (1521) en el que resultaron asesinados todos los colonos españoles. Pero ni tan siquiera estas crudas experiencias consiguieron enseñar al monje dominicio que ninguna "evangelización" era realmente viable sin algún grado de coacción y cobertura militar. Del mismo modo que la cristiandad sólo pudo extenderse en los primeros tiempos a través de las calzadas romanas, tampoco en América fue posible separar los caminos del Imperio de los de la Iglesia. La misma pregunta que cuestiona los orígenes del "liberalismo europeo" tras la liberación militar llevada a cabo por los generales norteamericanos planeaba en las controversias del siglo XVI: ¿cómo hubiera podido progresar el "imperio de la conciencia" de los clérigos españoles o anglosajones de no ser por la cobertura del Imperio Político? ¿Y cómo podrían permitirse los europeos y jóvenes "liberales" elogiar la virtud superior del acuerdo pacífico y la diplomacia, a no ser porque la flota americana se asegura de preservar una posición de fuerza?

P.S. Todo un hombre de estado ha contestado a los últimos comentarios de Iracundo echando mano, ante todo, de una batería de citas textuales con las que pretende deslegitimar la postura "imperialista", desconectándola urgentemente del "liberalismo pacífico" -y separando la cuestión "miniarquista" del debate sobre el imperio. La táctica empleada por Rallo es, como de costumbre, tan endeble como retóricamente agresiva. Pues, aunque quedase demostrado doxográficamente que Von Mises no fuera ningún partidario del Imperio, este conglomerado de citas y anotaciones típicamente sectarias no constituyen de por sí ninguna demostración auténticamente dialéctica de que Imperio y Liberalismo sean real e históricamente incompatibles. El verdadero debate filosófico es sobre la realidad de las cosas, y no sobre quién dijo qué o qué dijo quién, o si son galgos, podencos o anarcopodencos.

 

John Gast - American progress.

Economía política, Conservadores, FilosofíaApril 6, 2007 3:29 pm

De neocones y liberales, que firma Alberto Esplugas, forma parte de la lucha llevada adelante por el IJM para "purgar" el liberalismo español de influencias conservadoras y lograr establecer un significado legítimo definitivo, desde su perspectiva ancap, del témino "liberal".

I 

El rechazo de los neocon se fundamenta en dos suposiciones básicas: 1) el "pacifismo individualista" que obliga a mostrarse "escéptico" con la política exterior a la vez idealista y belicista de los EE.UU, y 2) la crítica anarcocapitalista del estado como una forma peculiarmente ineficiente para el cálculo económico y la asignación de recursos.

De modo muy general, lo que se critica en el fondo no es otra cosa que la estrategia fusionista que, desde hace más de medio siglo, asegura la alianza de liberales y conservadores en un bando político unificado, frente a los partidos del bando "progresista". "Conservadurismo", en cambio, ha llegado a alcanzar dos sentidos netamente distintos. Por una parte, el conservadurismo religioso aboga por la preservacion de la moral y las costumbres religiosas, vinculadas con ciertas sectas o iglesias en posición dominante. Por otra, el conservadurismo político y económico revela la insuficiencia del análisis liberal en cuanto al "estado del bienestar" y el marco institucional de la economía capitalista, así como sobre el papel del estado nacional en las relaciones internacionales.

Como bien apuntaba el comentarista Coase, este liberalismo prístino es defendido por el IJM (y por los bloggers más autorizados de Red Liberal) desde una posición marginal, aunque joven, entusiasta y casi "iluminista" (Valín: "escudarse en el pensamiento dominante no demuestra nada" y comparación posterior entre la causa abolicionista y la ancap), comparada con el fusionismo de hecho que pactican medios mejor posicionados, si bien afines, como Libertad Digital, por no mencionar los planes y programas del Partido Popular o el nuevo Partido de la ciudadanía, únicas plataformas políticas realmente existentes en España que se declaran "liberales".

Quizás espoleados por el clásico imperativo de Hayek: "Si pretendemos el triunfo en la gran contienda ideológica de esta época, es preciso, sobre todo, que nos percatemos exactamente de cual es nuestro credo", los jóvenes liberales españoles están sustituyendo el tipo de pensamiento escéptico y pragmático que debería identificar a una visión científica del mundo por una neoescolástica tan simplista como excluyente.

Desde luego, cualquier individuo tiene el derecho e incluso la obligación de promocionar su propio interés y asociarse con otros que le ayuden a lograr sus objetivos; pero no habría por qué presuponer sin más que el IJM es el legítimo custodio de la "causa liberal" en España. Mas bien, ciertas ideas "liberales" (anarcocapitalistas) son utilizadas para promover la preservación de la Institución y, a su modo, instrumentalizadas para asegurar la promoción de algunos individuos concretos. Lo que los liberales del IJM achacan a los neocon, nosotros, escépticos y políticamente conservadores, deberíamos achacárselo a su vez a ellos: asumir la "causa liberal" cuando su significado legítimo se ha identificado con el anarcocapitalismo, nos arriesga a ser confundidos con el liberalismo extravagante, aunque de "carne y hueso", defendido desde el IJM.

II 

Una de las marcas de fábrica de este liberalismo extravagante es, por cierto, la asunción sobre el "pacifismo individualista de los hombres", sin duda una versión sui generis del "buen salvaje" corrompido por las instituciones (Ortega: "La guerra no es un instinto sino una invención"). En este caso, se trataría más bien del empresario natural humano corrompido por el estado, e incluso por la misma república democrática que Hoppe (frente a la tesis de Elias) contemplaba horrorizado como estimulando un proceso de de-civilización.

Pero los verdaderos datos científicos no apoyan (véase, Steven Pinker, A history of violence, o el capítulo dedicado a la violencia en La tabla rasa), ni la teoría del buen salvaje pacífico, ni el mito del empresario natural pacífico corrompido por el estado. Pese a algunas evidencias de intuición propiciadas sin duda por la socialización del conocimiento y la retransmisión en directo de los conflictos, de acuerdo con Human Security Brief (2006) el número de muertos a causa de guerras entre estados ha declinado notablemente desde 1950, así como el número de conflictos bélicos, golpes militares y disturbios étnicos, tanto en Europa como en América. No cabe ni la menor duda de que ese  "poder común que atemoriza a todos" (Hobbes) es decir, el Estado, ha jugado un papel importantísimo en la moderación de la violencia "natural" humana. Los antropólogos calculan que entre el 10% y el 60% de los hombres fallecían a manos de otros hombres dentro de las sociedades pre-estatales.

Sólo el progreso y perfeccionamiento de la común autoridad, del gobierno liberal limitado, y de los tribunales penales, a partir del medioevo, explican la decadencia espectacular en la tasa de homicidios en las sociedades europeas. Incluso a pesar de que unos 170 millones de personas fueron asesinadas por sus gobiernos durante el siglo XX, en general tanto la tasa de muertes violentas, como de fallecidos por inanición, así como el porcentaje de caídos en combate, ha continuado la tendencia declinante de los siglos anteriores.

ACTUALIZACIÓN: Una nueva iracunda reflexión (pero iracunda de verdad…) sobre esta usurpación de conceptos.

y ellos se juntan