BilbaoPundit

Cine & PolíticaApril 4, 2007 2:48 pm

Dog Day Afternoon (Una tarde de perros) es un film dirigido en 1975 por Sidney Lumet y escrito por Frank Pierson basado en un robo real de banco acaecido tres años antes. La historía poseía todos los ingredientes necesarios para convertirse en un emblema de la posrebeldía sucia de los setenta. Al Pacino encarnaba a John Wojtowicz, un ex combatiente de la guerra del Vietnam que combinaba la bigamia (se "casó" en una ceremonia fantasmagórica con el transexual Elizabeth Eden) con la actividad delictiva, y que falleció el año pasado víctima de un cáncer.

El Wojtowicz construído por Pacino lograba el sensacional efecto de producir en el espectador una empatía instantánea por el socialmente desviado. Su grito "¡Attica, Attica!", refiriéndose a los disturbios en unas prisiones de Nueva York, llegó a convertirse incluso en una divisa de rebeldía callejera, y hoy está incluído entre las cien líneas de texto cinematográfico más populares.

Aunque de algún modo prefigurada por el cinismo de Bogart y el Film Noir, este posheroísmo típicamente americano había oscurecido sus rasgos, tenía más arrugas y era mucho más escéptico. Los tipos creados por Steve McQueen (Ralph ‘Papa’ Thorson), Robert de Niro (Travis Bickle), Clint Eastwood (Harry Callahan) o el mismo Pacino (Frank Serpico) estaban tan lejos del heroísmo ascensional clásico como lo estaría el Nueva York idealizado de The Fountainhead de Saigón.

La corrupción de la década "prodigiosa" casi había logrado obrar el "suicidio", según Paul Johnson, de la sociedad americana, cuyos nuevos modelos antiheroicos el cine ayudó a globalizar rápidamente. El signo característico era la ambiguedad del mal, junto con la impotencia del bien para obrar, como muestra el turbio amor al destino de Harry Callahan. Los personajes de los nuevos tiempos mostraban una actitud ambivalente hacia el sexo. Callahan odiaba la pornografía mientras que Wojtowicz arengaba a la sociedad transexual. Las supuestamente sexys chicas Bond no tenían ya lugar en el mundo pre-Punk. Por la misma época, Woody Allen consolidaba su arquetipo de neoyorquino tibiamente neurótico, aunque acomodado, capaz de sentir fascinación por un modelo de mujer tan poco clásico como Diane Keaton.

Tres décadas después el mundo sigue pareciéndose mucho a Attica: es imposible creer demasiado en nada, ni siquiera en Attica

Bandera blanca

Artes, Cine & PolíticaMarch 19, 2007 4:32 am

 

Este dios, esta sola palabra: "Yo".

- ¡Vivir!, Ayn Rand 

A través de los siglos hubo hombres que dieron los primeros pasos por nuevos caminos apoyados solamente en su visión. Los grandes creadores, los pensadores, los artistas, los científicos, los inventores lucharon contra sus contemporáneos. Se oponían a todos los nuevos pensamientos, todos los nuevos inventos eran denunciados y recusados pero los hombres con visión de futuro salieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron por ello, pero vencieron.

- El manantial (King Vidor, 1949)

A The fountainhead (El manantial), la novela que la misma Ayn Rand adaptó para el cine, y que dirigió King Vidor en 1949, puede considerársela uno de los documentos canónicos del objetivismo. La película se encuentra entre los escasos textos cinematográficos, junto con We the living, y la futura Attlas Shrugs, que representan esa vigorosa combinación de "egoísmo racional" naturalista y laissez faire que fundamenta la "filosofía para vivir en la tierra" de Rand.

Concebida en el apogeo histórico del colectivismo fascista y comunista, entonces predominante entre los gobiernos, la opinión pública y las academias, el tema principal de El manantial es la revuelta del individuo contra la colectividad. Aunque Rand describe el conflicto en varios niveles; (propiedad pública frente a propiedad privada; intelectuales independientes frente a opinión pública &c), el tema específicamente estético posee una gran revelancia ética en el conjunto armónico de la obra.

Howard Roark (Gary Cooper), un trasunto ficticio de Frank Lloyd Wright, es un arquitecto-artista insobornable al que Rand pinta con todos los caracteres del genio. La singularidad heroica de su "supremo egoísmo" se enfrenta a los arquitectos-funcionarios (encarnados por Peter Keating -Kent Smith) del mainstream, meros siervos del sistema que sacrifican su individualidad en el altar de las exigencias sociales. Rand lleva incluso a una versión más extrema el tema clásico del héroe; si el genio romántico era una individualidad histórica sólo en el sentido en que era capaz de interpretar con mayor clarividencia el "espíritu de la época", el artista randiano concibe la creación como una actividad estrictamente individual donde la historia y las tradiciones son meros cuadros en blanco o bien lienzos sucios que deben ser limpiados por sublimes héroes.

Hay que reconocer que semejante "heroísmo" estético, asistido en la película por el énfasis melodramático de Vidor, alcanza en el texto de Rand cotas involuntariamente humorísticas, como cuando el "arquitecto-artista" se escandaliza gravemente porque los burócratas hayan conseguido emplazar una serie de balcones en el duro diseño original -una serie de perversas modificaciones que terminarán provocando la voladura final de las obras, por parte de Roark.

La aportación de Rand, por lo que se refiere a las ideas estéticas, consiste en haber logrado formar esta interpretación de la estética romántica del genio según las categorías del capitalismo económico "sin trabas". Un esquema heroico que, en lo esencial, se basa en la antagonía del Individuo y la Sociedad. El objetivismo individualista de Rand aparece como casi la exacta inversión del colectivismo y su "selección de grupo": sólo el individuo racional es capaz de planear, pensar y actuar creativamente; el verdadero proceso creativo (un símbolo del trabajo capitalista) es en sí mismo una forma de praxis revolucionaria dirigido contra las "reglas del arte". Roark es una especie de artista-tirano nietzschano que, a diferencia de la dependencia wagneriana de la generosidad de Luis II, no pretende sostener su obra en la búsqueda de rentas reales, sino en la ética capitalista de la libertad basada en la voluntariedad de los contratos.

Como sintetiza la escena final en que Dominique Francon (Patricia Neal) sube al encuentro de Roark, The fountainhead continúa siendo hoy un símbolo ficticio de aquel liberalismo progresista, heroico y ascensional, joven y emocionante, pero lastrado precisamente por su esquematismo romántico contrario al sentido histórico e inevitablemente limitado de la libertad.

*** 

Por cierto, como ocasional transeúnte bilbaíno, espero que el "arquitecto-artista" Santiago Calatrava no se tome demasiado en serio la ética randiana y decida no volar por los aires su puente sobre la ría.

Cine & PolíticaJanuary 27, 2007 3:55 am

 

- Con la libertad, supongo. 

- ¿Libertad? Usted debe ser un poeta. Si son hombres sueñan con mujeres. ¿Qué soñaba cuando era soltero? ¿Con los caminos del Imperio? ¡Lo dudo!

La condición humana - Ningen no joken I (Masaki Kobayashi, 1959)

Cine & Política, ReligiónJanuary 23, 2007 6:21 pm

 

Quien desordena su casa, hereda viento, el insensato será esclavo del sabio.

Proverbios 11-29 

Heredarás el viento es una película que dirigió en 1960 Stanley Kramer, basada en la obra teatral que se estrenó solo cinco años antes, escrita por Robert Edwin Lee y Jerome Lawrence. Pese a que el texto trata del juicio Scopes de 1925 (the "Monkey" trial), por el que un profesor de instituto resultó demandado por enseñar en una escuela pública de Tennessee las peligrosas ideas de Darwin, la obra fué generalmente interpretada como una advertencia contra los peligros del McCarthysmo.

La película no pretende ser una obra documental, periodística o de registro histórico. Significativamente, se cambiaron todos los nombres de las personas reales involucradas en el juicio, mientras que se añadieron algunos detalles dramáticos (por ejemplo, Scopes no tenía novia en la vida real). Esta obvia dramatización ha sido convenientemente aprovechada por los intérpretes fundamentalistas, que aún hoy insisten en la falsificación de los caracteres religiosos; por ejemplo, presentando al abogado "fundamentalista" William Jennings Brian, como un progresista preocupado por combatir los peligros del darwinismo social -¡una especie de antecedente norteamericano de Pío Moa!

Pese a sus elementos espectaculares, Inherit the wind continúa arrojando luz sobre la polémica entre ciencia y religión casi cincuenta años después. No es un manifiesto "laicista" sino un alegato por la tolerancia religiosa y la libertad de expresión. De modo significativo, la escena final muestra a Clarence Darrow (en el film, Henry Drummond, interpretado magistralmente por Spencer Tracy) abrazando los dos libros: la Biblia y The descent of man. Una imagen ideal para los partidarios del NOMA.

Casi definitivamente, eran otros tiempos.

Cine & PolíticaDecember 1, 2006 3:35 pm

Lo bueno que tenían las “bombas para la paz” (Antonio Román, 1958) es que lo mismo servían para apacigüar la asamblea de la ONU que para llevar a la razón a un café atestado de existencialistas.



“Lo que usted pretende…es algo tan grande, la paz, ¡hay que conseguir la paz a toda costa!.”

Necesitamos algo parecido para combatir el Pensamiento Alicia.

Cine & Política, SocialismoNovember 14, 2006 11:48 pm

En 1958 Antonio Román rodó una extravagante comedia llamada Bombas para la paz. El científico interpretado por Fernando Fernán Gómez (¿Quién dijo que la ciencia española estaba atrasada?) descubría un dispositivo explosivo con sorprendentes efectos: volvía pacíficos a los hombres. Una vez en la asamblea de las Naciones Unidas (con un inolvidable Pepe Isbert en el papel de portero), la explosión de la bomba apacigüa espontáneamente a los representantes internacionales en contienda -por aquel momento comprometidos por la ansiedad nuclear típica de la guerra fría.

Los representantes de la Alianza de Civilizaciones, y el altísimo comisionado de la ONU, ya tienen su referente cinematográfico:


“He aquí nuestro lema: menos pum y más pan.”

ACTUALIZACIÓN I: ABC no cita sus fuentes digitales.
ACTUALIZACIÓN II: Cómo acabar de una vez por todas con el existencialismo.

Artes, Cine & PolíticaOctober 29, 2006 4:10 am
 
Esto viene a ser una especie de segunda parte de Match Point. Otra parodia ácida del aristocratismo inglés de cuyo imperio en ruinas se ríe el joven tahúr americano. Allen no cree en los trascendentales del ser: la belleza puede ser el trasunto de la maldad. Platón le habría expulsado, con viento fresco, de su ciudad perfecta.
 
 
Scarlett, ¡qué empalagosa eres! 
 

Moda & Antimodas, Cine & PolíticaOctober 3, 2006 4:50 pm


Todo un ejemplo de moralidad progresista y conciencia revolucionaria.

Del film, Aurora de esperanza (Antonio Sau, 1936)

Cine & PolíticaJuly 19, 2006 12:08 pm
Gran superficie es un documental de 52’ producido por Ecologistas en acción y la web Consume hasta morir. Se trata de una película anti-consumista, en cierto modo paralela a Surplus, terrorized into being consumers, donde también nos alertaban sobre las agonías y enajenaciones del capitalismo. La crítica del sistema de consumo, de su unidimensionalidad, y del "modelo neoliberal" se articula en torno a la oposición entre el saber epistémico, en poder sobre todo de los especialistas (psicólogos, sociólogos, nutricionistas) y la opinión vulgar, propia del consumidor aterrorizado, función pasiva de necesidades creadas. Otra cosa es que estos saberes expertos puedan considerarse realmente "científicos", y no más bien expresiones filosóficas e ideologías disfrazadas (por ejemplo, un cierto estoicismo místico al modo ecologista-naturalista). Uno de los "expertos", en este sentido, evocaba una mítica "ciudad tradicional" donde las clases sociales se mezclaban y encontraban, frente al espacio comercializado del presente. Otro ecologista exégeta afirmaba, sin perder la compostura, que el agua era plenamente accesible al hombre tradicional (evocando la "abundancia de la edad de piedra" de Sahlins), mientras que la privatización habría producido una escasez artificial. Por supuesto, ambas aseveraciones son notoriamente contrafácticas: era precisamente en la "ciudad tradicional" donde los límites entre las clases estaban más claramente marcados, y era precisamenente en la "aldea tradicional", donde el pueblo dependía de los recursos acuíferos del río, cuando este bien natural resultaba más escaso.

Ah, y la película está acompañada por una música muy vanguardista, nada de tonterías comercialoides y alienantes.
 
Hacía tiempo que no actualizábamos Cine Político Hispano. En los días y semanas sucesivas caerán más.