Don Pío Moa responde a la réplica de ayer proporcionando nuevos recursos retóricos, frases lapidarias, y algún que otro argumento ad hominem que, como es bien sabido, nunca viene mal en este tipo de disputas. Por el tono sumamente displicente que ha empleado el propagandista gallego en esta respuesta, tengo que suponer que la intención de fondo no es otra que clausurar la discusión.

Por cierto, hay que subrayar que Moa sigue sin incluir el enlace directo a esta bitácora, como es corriente en cualquier discusión que tiene lugar en la blogosfera, lo que a mi juicio es ya algo más que una pequeña descortesía.

Si en su mensaje inicial se había lamentado por mi extraño "dogmatismo escéptico", ahora el converso gallego pretende cerrar la discusión sobre la base de algunos "hechos indiscutibles" que nos permitan evitar "irse por las ramas". Semejantes hechos indiscutibles son: 1) La "notable" ciencia y tecnología nazi-comunista y 2) Las raíces cristianas de Europa.

La "notable ciencia" socialista

En cuanto al primero de los hechos, mi crítica no iba dirigida tanto a negar que las fuerzas tecnológicas de la URSS o la Alemania nacionalsocialista fueran "notables", cuanto que al hecho no menos indiscutible "para cualquier persona medianamente enterada" de que, ni tan siquiera en este campo lograron los socialistas del partido nazi o bolchevique superar a la tecnología militar aliada. No lo hicieron durante la guerra, y tampoco consiguieron hacerlo después de ella. Salvo los éxitos puntuales en la carrera espacial, de cualquier modo sobrepasados por los Apolo norteamericanos, la "ciencia" socialista no demostró ser superior en prácticamente ningún campo: ni en economía política, ni en ciencias biológicas, ni en tecnología industrial, ni en microelectrónica, etcétera.

Moa, en cambio, sigue considerando "cantidades despreciables" el misticismo hitleriano, la peculiar versión antidarwinista de las ciencias biológicas nazis, adaptadas a la exigencia extracienfíca del racialismo y la Kultur germántica, o las tres décadas de lysenkismo en la Unión Soviética. Que el esoterismo o todo tipo de supercherías florezcan también en occidente, aprovechándose de nuestros mercados libres, no aporta nada, por cierto, a la discusión. La cuestión no es que en España haya muchos curanderos o que en los EE.UU se vendan abundantemente los libros "New Age", sino que el racismo nazi o el diamat marxista se transforamaron en "dogmas oficiales", imponiendo graves frenos al verdadero progreso científico. Tampoco es verdad que, como asegura el amigo Moa, los esoterismos "florezcan" hoy más en los naciones liberales que en las comunistas o ex-comunistas.

En definitiva, Moa tampoco ha logrado probar, y nadie puede hacerlo (porque no es cierto) que la Alemania nazi fuera un "régimen ateo". Si lo fué, sobre el papel, el soviético (también sobre el papel había abolido la lucha de clases). Pero el "ateísmo" soviético nunca se tradujo en una sociedad racionalista y "ciencista" donde la "fe en la ciencia" fuera realemente posible, salvo si consideramos "ciencia" a la escolástica del diamat, el lysenkismo o la ciencia social revolucionaria.
 
El argumento principal sigue en pie: Si los regímenes nazi-socialistas de masas degeneraron en tiranías cruentas no fué, desde luego, debido a un exceso, sino a un defecto de "racionalismo"; no por mucho "ciencismo" sino por demasiado autoritarismo y dogmatismo.
 
Las "raíces cristianas" de Europa 

En cuanto al segundo "hecho", tampoco fué mi intención negar tales "raíces cristianas", sino ampliarlas hasta alcanzar las más profundas raíces griegas y romanas. Pero Moa razona aquí como un converso asediado, temeroso quizás de que un estudio más profundo descubra la insuficiencia de la revelación: "La herencia griega y latina se injertó en Europa a través, principalmente, del cristianismo, y los valores que conforman la cultura europea son creación o adaptación cristiana."

Según este relato de los hechos, de uso corriente últimamente entre conservadores religiosos, el cristianismo aparece como una revelación primigenia que se extiende por Europa haciendo prácticamente "tabla rasa" de los cultos paganos, el derecho romano o la filosofía helénica. Pero las ramas del cristianismo no podrían haberse extendido, lo quiera o no ver Moa, salvo a través de los caminos físicos y filosóficos que el Imperio ya había construído. Como bien apuntaba en un comentario Luis Rivera, el universalismo humanista no puede considerarse una creación cristiana ex novo (Cicerón: "Aparte de esto nada tengo que escribirte, y por Hércules que mientras lo hago estoy profundamente afligido porque ha fallecido un joven alegre, mi lector, Sositeo, y me ha conmovido más de lo que parece adecuado la muerte de un esclavo”), sino que creció en un contexto cristiano ayudándose de los partidos de la libertad que ya comenzaron a existir en Grecia y Roma. Se podría decir incluso que la cultura cristiana es, o ha llegado a ser, "inconscientemente" romana y griega.

Por mucho que don Pío desee evitar complicaciones supuestamente bizantinas, lo cierto es que no cabe cargar primariamente en la cuenta de la "revelación" (como ha explicado, entre otros, John Hartung) el éxito del proceso sumamente complejo e híbrido que consiguió transformar un culto inicialmente particularista, como el cristiano-judío, en un auténtico credo universal. Aunque, dada la premura argumental que ha demostrado nuestro converso interlocutor, se diría que es él quien en realidad "no quiere ver el problema".