De neocones y liberales, que firma Alberto Esplugas, forma parte de la lucha llevada adelante por el IJM para "purgar" el liberalismo español de influencias conservadoras y lograr establecer un significado legítimo definitivo, desde su perspectiva ancap, del témino "liberal".
I
El rechazo de los neocon se fundamenta en dos suposiciones básicas: 1) el "pacifismo individualista" que obliga a mostrarse "escéptico" con la política exterior a la vez idealista y belicista de los EE.UU, y 2) la crítica anarcocapitalista del estado como una forma peculiarmente ineficiente para el cálculo económico y la asignación de recursos.
De modo muy general, lo que se critica en el fondo no es otra cosa que la estrategia fusionista que, desde hace más de medio siglo, asegura la alianza de liberales y conservadores en un bando político unificado, frente a los partidos del bando "progresista". "Conservadurismo", en cambio, ha llegado a alcanzar dos sentidos netamente distintos. Por una parte, el conservadurismo religioso aboga por la preservacion de la moral y las costumbres religiosas, vinculadas con ciertas sectas o iglesias en posición dominante. Por otra, el conservadurismo político y económico revela la insuficiencia del análisis liberal en cuanto al "estado del bienestar" y el marco institucional de la economía capitalista, así como sobre el papel del estado nacional en las relaciones internacionales.
Como bien apuntaba el comentarista Coase, este liberalismo prístino es defendido por el IJM (y por los bloggers más autorizados de Red Liberal) desde una posición marginal, aunque joven, entusiasta y casi "iluminista" (Valín: "escudarse en el pensamiento dominante no demuestra nada" y comparación posterior entre la causa abolicionista y la ancap), comparada con el fusionismo de hecho que pactican medios mejor posicionados, si bien afines, como Libertad Digital, por no mencionar los planes y programas del Partido Popular o el nuevo Partido de la ciudadanía, únicas plataformas políticas realmente existentes en España que se declaran "liberales".
Quizás espoleados por el clásico imperativo de Hayek: "Si pretendemos el triunfo en la gran contienda ideológica de esta época, es preciso, sobre todo, que nos percatemos exactamente de cual es nuestro credo", los jóvenes liberales españoles están sustituyendo el tipo de pensamiento escéptico y pragmático que debería identificar a una visión científica del mundo por una neoescolástica tan simplista como excluyente.
Desde luego, cualquier individuo tiene el derecho e incluso la obligación de promocionar su propio interés y asociarse con otros que le ayuden a lograr sus objetivos; pero no habría por qué presuponer sin más que el IJM es el legítimo custodio de la "causa liberal" en España. Mas bien, ciertas ideas "liberales" (anarcocapitalistas) son utilizadas para promover la preservación de la Institución y, a su modo, instrumentalizadas para asegurar la promoción de algunos individuos concretos. Lo que los liberales del IJM achacan a los neocon, nosotros, escépticos y políticamente conservadores, deberíamos achacárselo a su vez a ellos: asumir la "causa liberal" cuando su significado legítimo se ha identificado con el anarcocapitalismo, nos arriesga a ser confundidos con el liberalismo extravagante, aunque de "carne y hueso", defendido desde el IJM.
II
Una de las marcas de fábrica de este liberalismo extravagante es, por cierto, la asunción sobre el "pacifismo individualista de los hombres", sin duda una versión sui generis del "buen salvaje" corrompido por las instituciones (Ortega: "La guerra no es un instinto sino una invención"). En este caso, se trataría más bien del empresario natural humano corrompido por el estado, e incluso por la misma república democrática que Hoppe (frente a la tesis de Elias) contemplaba horrorizado como estimulando un proceso de de-civilización.
Pero los verdaderos datos científicos no apoyan (véase, Steven Pinker, A history of violence, o el capítulo dedicado a la violencia en La tabla rasa), ni la teoría del buen salvaje pacífico, ni el mito del empresario natural pacífico corrompido por el estado. Pese a algunas evidencias de intuición propiciadas sin duda por la socialización del conocimiento y la retransmisión en directo de los conflictos, de acuerdo con Human Security Brief (2006) el número de muertos a causa de guerras entre estados ha declinado notablemente desde 1950, así como el número de conflictos bélicos, golpes militares y disturbios étnicos, tanto en Europa como en América. No cabe ni la menor duda de que ese "poder común que atemoriza a todos" (Hobbes) es decir, el Estado, ha jugado un papel importantísimo en la moderación de la violencia "natural" humana. Los antropólogos calculan que entre el 10% y el 60% de los hombres fallecían a manos de otros hombres dentro de las sociedades pre-estatales.
Sólo el progreso y perfeccionamiento de la común autoridad, del gobierno liberal limitado, y de los tribunales penales, a partir del medioevo, explican la decadencia espectacular en la tasa de homicidios en las sociedades europeas. Incluso a pesar de que unos 170 millones de personas fueron asesinadas por sus gobiernos durante el siglo XX, en general tanto la tasa de muertes violentas, como de fallecidos por inanición, así como el porcentaje de caídos en combate, ha continuado la tendencia declinante de los siglos anteriores.
ACTUALIZACIÓN: Una nueva iracunda reflexión (pero iracunda de verdad…) sobre esta usurpación de conceptos.

…y ellos se juntan.


La verdad es que sacan de quicio sus estrategias de usurpación tan goebbelsianas en lo repetitivo. Comenta un tal Aeri en mi blog que “Bush no es un adalid de la libertad sino todo lo contrario”. Creo que es discutible efectivamente que Bush sea adalid de la libertad pero en absoluto creo que sea “todo lo contrario”: eso van camino de ser, por sus obsesiones y sus tics acerca de Israel y EEUU…, los propios ancaps. Unos tipos, recordemos, que condenan la intervención de EEUU en la segunda guerra mundial y, como digo, es de suponer que considerarían como lo único justo el que el Tsahal se disolviese.
Salud y libre comercio
PD: gracias por sus atemperadas reflexiones, disfruto mucho leyéndole: pese a que sea un nefasto protector de los herejes católicos
Comment by Iracundo — April 6, 2007 @ 8:25 pm
Yo creo que el fusionismo es necesario y debe estar abierto a los cristianos (esto no te va a gustar).
Por lo demás, el artículo de Isidoro Lamas abre Red Liberal y esto es indicativo. En mi opinión, los bloggers más autorizados de RL son preciamente los que no pertenecen al IJM. ¿De dónde sacas lo contrario?
Comment by Emilio Quintana — April 6, 2007 @ 10:19 pm
Creo que Isidoro refleja exactamente el problema, o la diferencia entre ambas posturas: “Creo que es discutible efectivamente que Bush sea adalid de la libertad pero en absoluto creo que sea “todo lo contrario”. Ya ni siquiera se trata de discutir el papel del Estado o la teoría del Derecho, eso vendría después: es que este idealismo, esta ideología cerrada, este maximalismo, no tienen gran cosa que ver con el liberalismo. No, desde luego, con la tradición clásica del liberalismo que a mí me interesa.
Comment by Chema — April 7, 2007 @ 12:03 am
Eduardo, te copio el comentario que acabo de colgar en respuesta a las reacciones a mi artículo. Casi todo lo que digo creo que es aplicable a tu post.
Coase, Ángel, Iracundo: por si no os habéis dado cuenta este artículo no trata, ni siquiera tangencialmente, sobre anarcocapitalismo. Ya sé que a algunos os gusta relacionar cualquier cosa que diga con el tema ancap, para así poder desacreditar mis razones con consignas o aglutinarlo todo bajo la rúbrica de vuestra personal vendeta anti-ancap. La verdad es que muy pocos de mis artículos en el IJM (y en Liberalismo.org) son sobre anarcocapitalismo. Por lo general defiendo posiciones que no exigen un punto de vista o unas premisas ancap, y este artículo me parece un ejemplo bastante claro (otra cosa es que no estéis de acuerdo con su contenido).
Así que quitaros el chip con el que me leéis porque, sinceramente, resulta un poco cansino acabar desviando siempre el tema en esa dirección como si el argumento original lo estuviera pidiendo. Al final lo que se consigue es asociar al anarco-capitalismo una serie de posiciones que no tienen nada de anarquista en particular, como hace Ángel con el aislacionismo (ya expuse mis razones sobre el intervencionismo en política exterior en el artículo “No a la guerra”; se puede estar de acuerdo o no pero no sé qué es lo que tiene de anarquista en particular ese planteamiento).
Entropía, el propósito del artículo no es ver quién la tiene más larga. Los que me leen habitualmente (no sé si es tu caso) ya saben que paso bastante de etiquetar a la gente, suelo conceder a los demás el título que ellos mismos se atribuyen y no busco purgar personas sino ideas a través del debate. Aquí solo reflexiono en torno a las implicaciones que puede tener emplear el término neocón si se tienen ideas liberales (influencia de ideas que no me parecen coherentes con el liberalismo y asociación, por parte de los demás, con ideas, autores, gobierno y políticas que tampoco son coherentes, bajo mi punto de vista, con los principios liberales). No he dicho que el que defienda conscientemente ciertas políticas neocones no es liberal, a lo máximo a que he llegado es a decir que veo “serias incompatibilidades” y “contradicciones entre la identidad liberal y la identidad neoón”. Es lógico que piense que hay incompatibilidades si el neoconservadurismo es, según sus propios voceros, una serie de cosas que no creo que sean coherentes con los principios liberales. Eso no quiere decir que alguien no pueda ser neocón en algunos aspectos y liberal en otros. Sobre si esta persona merece un calificativo u otro, si tenemos que escoger uno, pues supongo que dependerá de lo que defienda en general, pero tampoco tengo especial interés en averiguar cuál es. Relacionado con esto, una última nota importante: al definir el neoconservadurismo y oponerlo a liberalismo (en políticas domésticas o en política exterior) no estoy intentando inventar nada, me atengo a las posiciones que los propios neocones dicen defender y evito adjudicarles un título (liberal/libertarian) que ellos no se adjudican a sí mismos (¿alguien ha oído a Kristol o a Podhoretz declararse neocones a fuer de liberales (o libertarians en USA)?¿Alguien cree que el Commentary o The Weekly Standard definirían su línea editorial como liberal o minarquista?)
Mi artículo, como debería quedar claro a la luz del anterior párrafo, no es una crítica al fusionismo entre liberalismo y conservadurismo, a no ser que por conservadurismo (por conservadurismo politico) entiendas neoconservadurismo, en cuyo caso tendríamos una discrepancia previa: yo no reduzco el conservadurismo al neoconservadurismo, de hecho me parecen en buena medida tan distintos que estoy tentado a decir que el neoconismo se acerca más al progresismo que al conservadurismo. También puede verse como un continuum, en un extremo los neocones más “puros”, halcones y conformistas con el Estado del Bienestar, en el otro los paleocones, la vieja derecha más tradicionalista, aislacionistas y ferozmente anti-Estado del Bienestar, y en el medio, con distintos matices, una masa con rasgos tradicionalistas y neocones. Para poner unos referentes orientativos: el Weekly Stardard sería el primer caso, el American Conservative el segundo y en el medio podríamos poner, no sé, a Mark Steyn, el National Review o la Heritage Foundation.
Con respecto al apartado II de tu post, veo varios problemas. En primer lugar, estaría bien que probaras con alguna referencia o cita textual relevante eso de que el anarco-capitalismo (no alguno de sus autores en particular sino en general) asume el “pacifismo natural de los hombres” o que estos son buenos por naturaleza (escribí un artículo relacionado con este punto). En segundo lugar, no sé por qué razón empiezas a contar el número de muertos por guerras a partir de los años 50 y no a partir de principios de siglo (bueno, sí lo sé, para que te salgan las cuentas, pero no me parece una razón de peso
. En tercer lugar, dices que solo “el progreso y el perfeccionamiento en la común autoridad, el gobierno liberal limitades etc.” explican el descenso de la tasa de homicidios, pero una correlación no explica una causalidad por sí sola, tienes que explicarla por otros medios. En este sentido puede ser que solo progreso explique ese descenso (no lo sé, yo solo digo que la correlación no prueba lo contrario), o aun cuando el Estado haya perfeccionado sus técnicas (aunque no pueda autocorregirse en un marco competitivo algo puede aprender con el tiempo) eso no quita que la pregunta fundamental no sea “¿estamos mejor que antes?” sino “¿estamos mejor de como estaríamos ahora si hubiéramos tomado este o aquél camino?” (a lo cual no puede contestarse acudiendo a los datos).
Ya para terminar, me gustaría saber tu opinión sobre este punto que comento en el artículo: “El Estado es ineficiente y actúa movido por grupos de presión, lo mismo en política interior que en política exterior. La guerra es el programa estatal de mayor magnitud y un liberal no puede sino mostrarse, como mínimo, escéptico y cauto ante las promesas de traer seguridad, paz y democracia al mundo manu militari.” O en general sobre la tesis que desarrollo con más detalle en mi artículo sobre la guerra (link arriba). Siento curiosidad por saber hacia qué lado cae el escepticismo en este tema
Un saludo
Comment by Albert Esplugas — April 7, 2007 @ 12:10 am
Hola, Alberto y demás comentaristas
Cuando escribí el post tuve en cuenta, no sólo el texto del artículo, sino también el comentario de Jorge Valín, en donde se hablaba explícitamente del “pacifismo individualista de los hombres”, además de la trayectoria conocida del IJM (su “anámnesis“). He precisado también que la versión del naturalismo pacifista típica del anarcocapitalismo no se identifica con la versión del “buen salvaje” (en la tradición, digamos izquierdista, que inaugura Rousseau). No obstante, para mí es más que evidente que el artículo representa in actu exercito la doctrina del anarco-capitalismo: “El Estado es ineficiente y actúa movido por grupos de presión, lo mismo en política interior que en política exterior. La guerra es el programa estatal de mayor magnitud y un liberal no puede sino mostrarse, como mínimo, escéptico y cauto ante las promesas de traer seguridad, paz y democracia al mundo manu militari.”
Un conservador “escéptico” puede compartir este juicio (de hecho aquí mismo me he hecho eco de las críticas de Fukuyama a los “neocon”), pero no precisamente porque desee sustituir el gobierno por el no gobierno, o los tribunales comunes por el “liberalismo judicial” no común, y tampoco porque pretenda sustituir la necesaria “cautela” ante la guerra por ningún idealismo pacifista. Un conservador, o un “liberal clásico”, como recordaba Chema, reconoce en cualquier caso el gobierno como un mal necesario -a veces incluso como un bien positivo, y esto sin perjuicio de su ineficacia “natural”. Reconoce igualmente la necesidad de la defensa nacional y de la guerra en determinadas circunstancias.
No, las cuentas salen tanto si empiezas en la primera como en la segunda guerra. De hecho, la peor guerra de exterminio no fué la primera gran guerra, sino la guerra civil americana, una contienda desencadenada precisamente, y con justicia, por la ideología “liberal” abolicionista. Durante el siglo XX el porcentaje de bajas en combate ha descendido con respecto al siglo XIX. A partir de los años cincuenta esta tendencia lo único que hace es acelerarse aún más. Puede parecer sorprendente, pero es así. Me remito a los trabajos que refiere Pinker, que no es ningún socialista o “estatista” sospechoso, creo.
Es evidente, y así se reconoce, que millones de muertes durante el siglo XX hay que cargarlos en la cuenta de los gobiernos totalitarios. Pero nunca ha existido una alternativa entre “Libertad” y “Estado”. La alternativa histórica mediaba entre estados más o menos liberales, entre gobiernos más o menos limitados. Y si estamos “mejor que antes”, en buena medida, es porque los estados “liberales” se impusieron manu militari. Aún reconociendo su ineficacia política y económica, hay que admitir que el derribo del socialismo real necesitó algún que otro “empujón” político y militar. De hecho, la decisión (política) de la administración Reagan de acelerar el programa militar fué determinante para terminar con la guerra fría -frente a las tesis que mantuvo en su día Rothbard.
Salud.
Comment by Eduardo — April 7, 2007 @ 12:44 am
Bueno, si. Las bajas en combate han descendido notablemente, toda vez que los ejércitos también son más reducidos. Pero no así las víctimas de la guerra. Porque claro, en el siglo XIX no existía por ejemplo, el agente naranja, que ha causado decenas o cientos de miles de víctimas en Vietnam, ni existía la radiactividad que ha causado otras tantas víctimas en Hiroshima y Nagasaki, o el aumento de más del 55% de casos de cáncer en Iraq (cifra que llega a casi el 300% en ciudades como Basora) por el uso de armamento de uranio empobrecido como el que emplea el A-10.
Y si estamos mejor que antes, es, ante todo y sobre todo por el progreso de la ciencia, más que de la política. Por la creciente laicización de nuestras sociedades (esa es nuestra ventaja real frente al tercer mundo), y por el mayor acceso a la cultura, auspiciado por el progreso económico. Dificilmente se puede aplicar ese estar mejor que antes a la mayoría de países de la tierra, donde están mejor en algún aspecto y peor en otros. Sería estúpido por mi parte bramar contra el colonialismo como fuente de todo mal. Algo tiene que ver, pero no es el factor decisivo. Otra cosa es el neocolonialismo, tanto económico como político. Por desgracia, ese estar mejor hoy, puede que no sea definitivo, si las cosas siguen por el camino que van. Ellos son más y cada vez más envalentonados. Y por mucho que los militaristas occidentales digan y hagan vanos esfuerzos por intentar eliminarlos, tarde o temprano no podrán hacerlo. Y me veo como los nobles franceses en la época de la Revolución. Debemos impedir que eso ocurra, y no es la militar la solución, aun cuando pueda parecerlo al muy corto plazo. A largo, medio o incluso corto plazo otras medidas tendrán que ser tomadas. Y lamentándolo mucho, creo que esa es una obra de aquellos que consideran la doctrina social (socialdemócrata o democrata-cristiana, a mi me da igual, aunque prefiero la segunda), como la piedra angular del nuevo sistema. Ya llegará su hora. Y espero que no sea demasiado tarde. Siendo demasiado tarde cuando Estados Unidos tenga que retirarse de Iraq porque entonces puede que el problema se nos venga encima sin poder pararlo de ninguna manera.
Comment by Libertad Dactilar — April 7, 2007 @ 3:33 am
“Bueno, si. Las bajas en combate han descendido notablemente, toda vez que los ejércitos también son más reducidos. Pero no así las víctimas de la guerra.”
¿Algún dato concreto? ¿O es una intuición?
Comment by Chema — April 7, 2007 @ 6:02 pm
Digamos que es una intuición razonada. Sin disponer de cifras concretas (tampoco creo que nadie maneje sino cifras aproximadas), y conociendo la mortalidad residual de las guerras decimonónicas y anteriores, uno puede sacar algunas conclusiones que, a riesgo de ser imprecisas, no por ello han de ser incorrectas. En cualquier caso yo, que soy persona razonable y racional, siempre estoy dispuesto a asumir mi error cuando me convencen de él. Entienda que a las 3:33 tampoco tenía muchas ganas de buscar cifras. Tan pocas como las que tenía usted de buscarlas para sacarme de mi error.
Comment by Libertad Dactilar — April 7, 2007 @ 8:57 pm
De lo que se está hablando aquí es de un descenso general de la violencia en el siglo XX, en el porcentaje de caídos en combate, la tasa de homicidios, de muertos a manos de otros hombres, etcétera. Si usted tiene alguna información en sentido contrario a la proporcionada, aporte las fuentes de una vez y déjese de “intuiciones”.
Comment by Eduardo — April 8, 2007 @ 1:36 pm
Por cierto, Iracundo, con respecto a la “herejía católica”, aunque con retraso. Todas las sectas cristianas son relativamente “heréticas” con respecto a las demás. Y si la “ética del capitalismo” se desarrolló dentro del cristianismo protestante no fué precisamente porque se volviera más “evangélica”, con la carga de pobrismo que eso indica (remito al trabajo de A. Escohotado), sino por todo lo contrario.
Comment by Eduardo — April 8, 2007 @ 2:04 pm
Eduardo, la ética del capitalismo se desarrolló en las ciudades católicas de Italia, no seas cateto. Ese ramalazo anticatólico te pierde. Por cierto, J. Norberg está pasando las vacaciones de Pascua allí: http://www.johannorberg.net/?page=displayblog&month=4&year=2007#2229
Comment by Emilio Quintana — April 8, 2007 @ 2:23 pm
Primero me llaman “protector” del catolicismo y ahora “cateto” anticatólico. ¿Pero ésto qué es?
Lo que yo he dicho, y la próxima vez ahórrese descalificaciones prematuras e indocumentadas, es que la ética del capitalismo, al margen de que se iniciara en las ciudades italianas católicas (Norberg se basa en la historia de la economía de Rothbard), se desarrolló forzando el “pobrismo” evangélico, y no precisamente siendo coherente con él.
Comment by Eduardo — April 8, 2007 @ 2:33 pm
Oh, Catepundit, varón singular, entre los antisistema de derechas, los demócrata-cristianos islamistas y las licencias poéticas, esto de los comentarios se está desmadrando. ¡Con lo bien que vivíamos con el papel!
Comment by Chema — April 8, 2007 @ 4:38 pm
Eduardo,
En el post dices que mi artículo “forma parte de la lucha llevada adelante por el IJM para (…) lograr establecer un significado legítimo definitivo, desde su perspectiva ancap, del término liberal”, pero como ya he dicho mi artículo no está escrito desde una perspectiva ancap ni trata siquiera tangencialmente sobre este tema, así que no veo por qué tienes que incluirlo como parte de esa presunta “lucha” (no sé cuantas veces hemos dicho que en el IJM convivimos liberales de diversas corrientes sin que la cosa trascienda las discusiones de café, y un reflejo de ello es la variedad de artículos que publicamos –cuenta tú mismo los que están escritos desde una perspectiva ancap; en mi caso un par, y eso que yo soy ancap-. Bajo mi punto de vista estáis persiguiendo fantasmas). Si para ti este fragmento (el Estado es ineficiente y actúa movido por grupos de presión, lo mismo en política interior que en política exterior. La guerra es el programa estatal de mayor magnitud y un liberal no puede sino mostrarse, como mínimo, escéptico y cauto ante las promesas de traer seguridad, paz y democracia al mundo manu militari) es una muestra de ancapismo es que has leído a muy pocos liberales clásicos / minarquistas, a muy pocos conservadores paleos o incluso a pocos izquierdistas antiwar.
Un conservador “escéptico” puede compartir este juicio (de hecho aquí mismo me he hecho eco de las críticas de Fukuyama a los “neocon”), pero no precisamente porque desee sustituir el gobierno por el no gobierno, o los tribunales comunes por el “liberalismo judicial” no común, y tampoco porque pretenda sustituir la necesaria “cautela” ante la guerra por ningún idealismo pacifista. Un conservador, o un “liberal clásico”, como recordaba Chema, reconoce en cualquier caso el gobierno como un mal necesario -a veces incluso como un bien positivo, y esto sin perjuicio de su ineficacia “natural”. Reconoce igualmente la necesidad de la defensa nacional y de la guerra en determinadas circunstancias.
Sobra la parte en negrita. Aquí no estoy discutiendo sobre la necesidad o la bondad del Estado ni te he preguntado por eso, solo por tu opinión sobre la guerra en un contexto estatal (y en un contexto estatal también los ancaps entendemos que la guerra es necesaria en determinadas circunstancias –para repeler una invasión etc.- Supongo que sabemos distinguir entre aislacionismo y pacifismo).
En relación con la violencia en el siglo XX, esta base de datos es lo más completo que conozco, bebe de cientos de fuentes y siempre me ha parecido neutral en sus evaluaciones. Aquí los datos sobre el siglo XX (el capítulo más completo), sobre el siglo XIX y siglos precedentes (selección no exhaustiva). No sé si los datos apoyan una u otra conclusión, el autor también se muestra indeciso: Maybe the 20th Century really was more barbaric than previous centuries (as some people say), but you’ll need more complete statistics to prove it (véase también la nota n1). Supongo que también vale en sentido inverso, ¿no? (“puede que el siglo XX haya sido menos violento, pero no hay datos suficientes para demostrarlo”). Sea como fuere no sé muy bien a dónde llegamos con esto. Mi punto es simplemente que el hecho demostrar que ahora estamos mejor que antes (ahora hay más paz, o ahora hay más prosperidad) no prueba que el Estado actual es mejor que un Estado más pequeño o incluso que una sociedad sin Estado (para que se entienda: con un Estado mínimo o un sistema policéntrico podría ser que aún hubiera más paz y fuéramos más ricos. No puedes probar lo contrario remitiéndote al pasado porque estoy hablando de un “presente alternativo” que no se ha materializado). Por lo tanto no veo qué clase de objeción estás planteando en contra del anarco-capitalismo.
Y si estamos “mejor que antes”, en buena medida, es porque los estados “liberales” se impusieron manu militari. Aún reconociendo su ineficacia política y económica, hay que admitir que el derribo del socialismo real necesitó algún que otro “empujón” político y militar. De hecho, la decisión (política) de la administración Reagan de acelerar el programa militar fué determinante para terminar con la guerra fría -frente a las tesis que mantuvo en su día Rothbard.
De nuevo estás recurriendo a correlaciones para explicar causalidades. No estoy seguro sobre la contribución que tuvo la aceleración de la carrera armamentista en la caída de la URSS, pero no creo que “determinante” sea la palabra que lo describa. ¿Cómo sabes que no se hubiera colapsado igualmente? El problema de cálculo económico e incentivos derivados de la planificación central sumieron a la URSS en una profunda miseria a pesar de sus aires de superpotencia. Creo que es razonable pensar que un modelo económico que mata de hambre a la gente o la priva sistemáticamente de oportunidades de mejora es inostenible a medio o largo plazo (que era lo que pensaban Rothbard, Mises, Hayek etc. en su momento).
Un saludo
Comment by Albert Esplugas — April 8, 2007 @ 9:45 pm
Querido Eduardo, lo que has dicho es que la ética del capitalismo se desarrolló dentro del cristianismo protestante. Eso es una patochada weberiana que sólo se entiende en un anticatólico visceral, porque estoy seguro de que has leído a Grice-Hutchinson, a Raymond de Roover o a tantos otros que han desmontado ese mito. Porque Novak y los de su cuerda supongo que ni te interesan. Quizá porque he pasado algunos años en Italia he podido estudiar la importancia del catolicismo en la aparición del capitalismo libre e individualista. Pero en fin ya sé que doy en hueso, porque uno de tus dogmas es que el catolicismo es “caca”.
Lo de “cateto” es una forma informal de hablar, tómatelo con calma porque está dicho con afecto. Excepto por tu visceral anticatolicismo este blog es de lo más riguroso que se puede encontrar en la blogosfera.
Comment by Emilio Quintana — April 8, 2007 @ 10:24 pm
Emilio: lo que yo dije, y creo que es inútil insistir más, fué, literalmente que “si la ética del capitalismo se desarrolló dentro del cristianismo protestante (…)”; no negué que una ética capitalista se desarrollara dentro del catolicismo, como de hecho se desarrolló. Mi comentario iba dirigido, no contra la compatibilidad de capitalismo y catolicismo, sino contra la interpretación de la ética capitalista en clave exclusivamente “evangélica”.
A no ser que identifique “ateísmo” con “anticatolicismo”, en cuyo caso no habría mucho más que añadir, ignoro de donde puede sacarse aquello de mi “anticatolicismo visceral”, buen hombre. Como generalmente se me tiene por “católico”, bien que en sentido cultural y filosófico (en el blog de Iracundo ataqué precisamente a Weber y defendí la racionalidad superior del cristianismo católico frente a los luteranos), se comprenderá que quede risueñamente perplejo por semejante empecinamiento en enjaretarme una disposición tan ajena a mi ánimo y mi formación.
A Albert le responderé más tarde.
Comment by Eduardo — April 8, 2007 @ 10:57 pm
Albert:
1 - Permite que ponga en cuestión, y con no poca perplejidad de ánimo, esa insistencia tuya en intentar desvincular el IJM de la versión ancap del liberalismo. A mi juico la crítica del fusionismo se sigue desde el IJM en prácticamente todos los frentes, atacando el “conservadurismo religioso” (por ejemplo, Libertad y moral religiosa, F. Capella) y minando también las posturas típicas de lo que llamamos antes “conservadurismo político o económico” (véase J.R. Rallo, ¿Puede el estado calcular?). Esto por mencionar solo un par de referencias. Desde luego, será muy legítimo que el Instituto conserve la agenda que estime oportuna; pero parece muy bizarro intentar negar ahora que esta tendencia existe, y de hecho es dominante.
2 - También veo con asombro que, a fuer de ancap, reconoces la necesidad de la guerra “en determinadas circunstancias”. Pero ¿en qué circunstancias podría ser superior la defensa nacional a la defensa privada? Incluso a pesar de su “circunstancialidad”, un reconocimiento de este calibre mina casi del todo la crítica anarco-capitalista de la defensa nacional. Puesto que siempre habría que reservar una parte del presupuesto nacional para la defensa común, no privada, y ello debido a la peligrosa eventualidad de una excepción tal.
3 - No niego la veracidad de la base de datos que proporcionas, aunque en cualquier caso sus resultados no son inconsistentes con la posición de Steven Pinker en los dos trabajos que se han citado -mucho más modernos, por cierto. ¿A dónde llegamos con esto? En primer lugar, se niega la cómoda “ficción del buen salvaje” o incluso ese fantasioso “pacífico individualismo de los hombres” previo a la formación del estado. Lo que aquí se discute no es que el Leviatán (e incluso los “leviatanes democráticos”) dejen mucho que desear, sino de qué buenas alternativas al gobierno limitado disponemos, en la medida en que los “leviatanes” sí han servido eficazmente en la moderación general de la violencia y el proceso de civilización. Además, siempre que se especula sobre una sociedad anarquista hipotética, aunque organizada de acuerdo con los criterios del capitalismo individualista, a menudo se olvida que no necesitamos ningún laboratorio especial, sino que basta con echar un vistazo a la historia de lo realmente ocurrido: “Cuando la fuerza de la ley decae aparece todo tipo de violencia, el pillaje, el saldar viejas cuentas, la limpieza étnicay las pequeñas guerras entre bandas, señores de la guerra y mafias” (S. Pinker).
4 - A continuación me adjudicas la “falacia de contigüidad” (llamémosla así) o, como decían los latinos, post hoc, ergo propter hoc. Así, la decisión de la administración Reagan para aumentar el presupuesto de defensa, acabando con la tradición anterior de distensión, y el colapso de la economía de guerra soviética que le siguió, te parece una mera “correlación”, pero no causal, ni “determinante” en la desaparición de la Unión Soviética. Muy bien, pero esto quizás sea algo parecido a afirmar que el desembarco de Normandía y la liberación de Francia son meros “correlatos” acausales. Por su puesto que el modelo socialista, marxista-leninista, era antiecónomico e ineficaz, en comparación con los modelos liberales occidentales (que no sólo eran más eficaces “liberalizando” la economía, sino también planificándola en otro sentido). Coincido con que la crítica de Von Mises es legítima, aunque limitada lógica e históricamente. Sea como fuere, el caso es que el régimen soviético se conservó mucho más tiempo de lo previsto, y que se precisaron muchos empujones políticos, y aún militares, para desencarrilarlo definitivamente.
Comment by Eduardo — April 9, 2007 @ 12:04 am
Risueñamente perplejo quedo yo también.
Comment by Emilio Quintana — April 9, 2007 @ 11:08 am
Creo que Albert confunde la imposibilidad del desarrollo económico en el comunismo con la imposibilidad de su existencia. Efectivamente muchos autores, como Mises, mostraron las debilidades del sistema comunista. Pero que un sistema empobrezca a sus ciudadanos hasta hacerles caer en la miseria no impide que pueda seguir existiendo.
La carrera armamentística de Reagan no solo propició el derrumbe del sistema comunista, sino más importante aún: impidió su expansión a un mayor número de países.
Comment by Coase — April 9, 2007 @ 11:47 am
Además, continuando el comentario de Coase, no cabría identificar simplemente “socialismo” y “Unión Soviética”. Incluso aunque la tesis de Von Mises fuera teóricamente correcta, todavía habría que salvar las rectificaciones “liberales” (empezando por la NPE de Lenin) que los comunistas emplearon para evitar el colapso del sistema. Aquí es donde la decisión político-militar de Reagan cobra toda la importancia.
Comment by Eduardo — April 9, 2007 @ 1:45 pm
Eduardo,
1. Aparte de tus afirmaciones en sentido contrario no veo que aportes ninguna otra referencia que me empuje a matizar lo que ya he dicho: en el IJM convivimos liberales de diversas corrientes sin que la cosa trascienda las discusiones de café, y un reflejo de ello es la variedad de artículos que publicamos –cuenta tú mismo los que están escritos desde una perspectiva ancap; en mi caso un par, y eso que yo soy ancap-. Por lo demás empiezo a pensar que tienes la mala costumbre de leernos según tus esquemas preestablecidos. De ahí que un post más adelante infieras que Rallo habla de la incompatibilidad del liberalismo e imperialismo cuando se limita a dejar en evidencia a Iracundo en un punto muy concreto (lo que opinaba Mises sobre esa incompatibilidad). De ahí que un artículo de Capella crítico con la religión sea prueba de la cruzada del IJM contra el fusionismo, en este caso contra el conservadurismo religioso (¿dónde estabas cuando Rallo habló de las encíclicas en Iglesia Digital o defendió al Papa y la Iglesia católica desde un punto de vista liberal en su bita y en LD?). De ahí que un artículo de Rallo sobre el cálculo económico sea una prueba de la lucha del IJM en contra del conservadurismo político (¿?). De ahí que sigas mareando la perdiz en lugar de rectificar y admitir que el artículo que ha motivado este post no estaba escrito desde una perspectiva ancap, como he explicitado y argumentado por activa y por pasiva.
2. No voy a extenderme aquí porque veo que no nos distancia solo el hecho de que tengamos puntos de vista divergentes sino el desconocimiento sobre la naturaleza y las implicaciones de la postura contraria. Por las mismas podrías decir que es contradictorio que un ancap defienda que el Estado actual ejecute los contratos o encarcele a asesinos (como en efecto suscribo y, hasta donde yo sé, todos los demás ancaps). La respuesta a esta objeción es que el hecho de considerar ilegítimo el Estado no significa que no podamos exigirle, tras expoliarnos y monopolizar la ley y la fuerza, que al menos no añada al agravio escarnio, y que nos restituya mínimamente en especie proporcionando ese servicio en lugar de dilapidar por entero nuestros recursos. Es como si un asaltante te quita parte de tu dinero en el camino, te desarma y no deja que acudas a nadie más. ¿De qué premisa ancap se sigue que ahora no puedes exigirle que al menos, puesto que te ha robado y no te permite acudir a la competencia, al menos te proteja de otros asaltantes? Con respecto a la defensa exterior, el argumento es el mismo. ¿Pero qué pensabas?¿Que el anarco-capitalismo propugna algo así como el sacrificio de los puros en tanto no se haga el paraíso en la tierra? Quizás también te provoque desconcierto saber que los ancaps conducimos sin sentimiento de culpa por carreteras públicas y escuchamos la radio pese a la titularidad pública del espacio radioeléctrico. Antes de escandalizarte por nuestras supuestas contradicciones y dejar que yo te aclare que no son tales deberías conocer un poco más a fondo la postura que estás criticando.
3 “Cuando la fuerza de la ley decae…” De nuevo nos estás atribuyendo posiciones que no defendemos, ya no sé si por desconocimiento o deliberadamente. Aquí explico que el anarco-capitalismo no propugna la supresión de la ley, sino la privatización/descentralización de la misma. No es un simple detalle accesorio, es el MEOLLO de la cuestión. Sigo sin ver que es lo que prueban, en relación con el anarco-capitalismo, tus cifras.
4. Yo no he dicho que no haya una relación causal, lo único que he señalado es que tú no la has demostrado. Lo que sí he dicho es que, sea lo que fuere, no creo que “determinante” sea el calificativo adecuado para describirlo, porque lo determinante a mi juicio es la naturaleza intrínseca del sistema. Llevas razón en que el régimen soviético aguantó más de lo esperado, precisamente porque la planificación central no lo abarcaba todo y el mercado negro jugaba un papel importante (Rothbard, por ejemplo, lo explica aquí).
Coase: Creo que Albert confunde la imposibilidad del desarrollo económico en el comunismo con la imposibilidad de su existencia. Efectivamente muchos autores, como Mises, mostraron las debilidades del sistema comunista. Pero que un sistema empobrezca a sus ciudadanos hasta hacerles caer en la miseria no impide que pueda seguir existiendo.
ok, es cierto que la imposibilidad del cálculo económico no implica que no pueda existir el comunismo. Mi comentario iba más en el sentido de que a medio/largo plazo no es sostenible porque “cabe esperar” que la población, harta de tantas privaciones e injusticia, lo acabe derribando.
Un saludo
Comment by Albert Esplugas — April 11, 2007 @ 1:00 am
Albert:
1. Valín, Rallo, Capella o tú mismo os declaráis abiertamente anarcocapitalistas pero, sin embargo, insistís en que es necesario separar esta cuestión cuando se trata de asuntos mucho más finamente concretos. Pues permite que ponga de nuevo en duda esta “neutralización”. Aunque ciertas circunstancias exijan al debate, en ocasiones, ceñirse a unos aspectos mejor que a otros, es muy difícil segregar completamente el marco teórico general o “paradigma” desde el que se piensa. Esto, por supuesto, no es un defecto especial de los ancap, sino un requisito genérico de cualquier partido o escuela filosófica que desee dar beligerancia al pensamiento de otras escuelas.
En consecuencia, como también yo he repetido por activa y por pasiva, el último artículo de Rallo estaba enmarcado, y no podía dejar de estarlo, dentro de una contienda partidaria mucho más amplia que aquel detalle “doxográfico” particular. Un detalle en el que, por cierto, al menos yo nunca he pretendido quitarle la razón.
Por último, será verdad que en el IJM conviven liberales, ancaps y algún que otro conservador que debería darse pronto a conocer, pero por lo que yo tengo leído, y no dispongo ni del tiempo ni de la voluntad de hacerme con el título de “observador” permanente vuestro, la tendencia ancap es, como poco, sobresaliente.
2. En este punto hemos pasado de un asunto bastante concreto y peliagudo (¿cómo integra el anarcocapitalismo en su filosofía política la cuestión de la “circunstancialidad” de la guerra?) a una especie de ingeniosa caricatura (¿acaso los ancap deben conducir sus vehículos solo por vías privadas?) acompañada de un argumento ad hominem (el “desconocimiento” de la postura contraria), que nunca viene mal en estos casos.
Pero la cosa de la que se trataba, sigue intacta: es muy dudoso que sea posible coordinar dentro de una verdadera filosofía política anarcocapitalista la cuestión de la “guerra excepcional”, una singularidad que determinará excepcionalmente nada menos que el recurso a la defensa nacional. La acusación que me diriges te la devuelvo yo ampliada: no has entendido bien el argumento anterior. Mi preocupación no tenía nada que ver con qué tipo de vida civil deben llevar los ancap, si deben vulnerar la ley o retirarse al desierto, sino con cómo integrar teóricamente esta prodigiosa “excepcionalidad” de la guerra y la defensa nacional.
3 – Las “cifras” nos hablan sobre el papel de la política general en la disminución progresiva de la violencia. Creo que está muy relacionado con la discusión, ya que una postura radicalmente “individualista” o “anarquista” debería interpretar la historia del estado en el sentido de un aumento de la violencia política humana, mientras que los datos alumbran una verdad contraria.
En cuanto a la segunda cuestión, por supuesto que el anarcocapitalismo no propugna la supresión de “la ley”, pero sí de los tribunales comunes y del marco de coacción estatal que, a mi entender, constituyen precisamente el marco que hace posible que la ley no sea suprimida. No pretendo “probar” ahora esta tesis, pero sí especificar lo que quería decir cuando incluí la cita de Pinker.
4. Quizás deberíamos empezar averigüando qué constituiría para tí una auténtica prueba de “relación caual” (histórica). Lo que sí podemos asegurar es que a la decisión de aumentar el presupuesto defensivo por Reagan (asesorado por Luttwak y otros), rompiendo con la previa tradición basada en la distensión-desarme, le siguió el colapso efectivo del imperio soviético, incapaz de hacer frente a un presupuesto defensivo intolerablemente elevado. Puedes seguir sin ver ninguna causalidad entre estos hechos y, como te dije, hasta cierto punto sería posible decir lo mismo del desembarco de Normandía con respecto a la liberación de Francia…Lo que sí quiero remarcar es que esta relación política causal no repugna a la crítica de Von Mises al “sistema” capitalista. Ambas explicaciones, como apuntó Coase, son compatibles.
De todos modos, y pese a las diferencias de interpretación, aprecio tu tentativa de aclarar la discusión.
Salud.
Comment by Eduardo — April 11, 2007 @ 2:36 am
Te contesto rápidamente a los puntos 2 y 3; creo que son los únicos en los que aún podemos avanzar un poco:
2. Mi respuesta tampoco tiene que ver principalmente con el tipo de vida civil que deben llegar los ancaps, sino en la ausencia de contradicción al rechazar que quienes nos agreden (el Estado) añada al agravio escarnio. Repito la analogía: Es como si un asaltante te quita parte de tu dinero en el camino, te desarma y no deja que acudas a nadie más. ¿De qué premisa ancap se sigue que ahora no puedes exigirle que al menos, puesto que te ha robado y no te permite acudir a la competencia, al menos te proteja de otros asaltantes? En otras palabras, ¿qué hay de contradictorio en exigirle al asaltante que, tras de robarnos/agredirnos, como mínimo nos compense proporcionando el servicio que monopoliza? En el caso de la ejecución de los contratos, por ejemplo, los ancaps defendemos que el Estado se retire de este área, pero en tanto la monopolice y nos robe para sufragar la actividad, entendemos que al menos debe ejecutarlos (porque eso nos restituye, a las víctimas/ciudadanos, mínimamente, mientras que prohibir la ejecución de los contratos por parte de terceros y negarse éste a ejecutarlos perjudicaría todavía más a los agraviados). En el caso de la defensa exterior, los ancaps propugnamos (en general) lo mismo: ya que el Estado monopoliza la defensa y nos roba para financiarla, si nos atacan/nos invaden, al menos que nos restituya mínimanente defendiéndonos del ataque. De ahí que los ancaps aceptemos la defensa frente ataques externos (por parte del Estado, en tanto monopolice estos servicios) pero rechacemos, por motivos de prudencia y escepticismo (desconfianza frente a las intenciones del gobierno, consciencia de la inherente eficiencia de la Adminitración etc.) y considerando cuestiones éticas (la muerte y la destrucción “colateral” que las guerras ocasionan), el intervencionismo militar galopante (léase promoción de la democracia manu militari, guerras “humanitarias”, ataques “preventivos”, reconstrucciones nacionales etc.). En el artículo “No a la guerra”, escrito desde una perspectiva aislacionista, no ancap, profundizo un poco más en las razones de ese posicionamiento. Espero haberme explicado mejor esta vez.
3. Creo que está muy relacionado con la discusión, ya que una postura radicalmente “individualista” o “anarquista” debería interpretar la historia del estado en el sentido de un aumento de la violencia política humana, mientras que los datos alumbran una verdad contraria. Ya te he respondido a esto pero permítime que insista utilizando otra analogía. En el último siglo el aumento de la riqueza ha ido en paralelo al crecimiento del Estado, ¿crees que la tesis liberal (menos Estado mayor riqueza), para ser cierta, debería mostrar una correlación histórica negativa entre aumento del Estado y aumento de la riqueza? Tu respuesta, en coherencia con tu anterior comentario, debería ser SI. Pero esto es fruto de una confusión (que deriva del hecho de inferir causalidad de una simple correlación, en lugar de establecer la causalidad por otra vía y entender que esta correlación no tiene un nexo causal). La tesis liberal no queda invalidada por estos datos, porque esos datos no invalidan la tesis de que hoy somos más ricos a pesar del crecimiento del Estado y no gracias a él (la explicacíon económica es que somos más ricos gracias a la acumulación de capital y mayor división del trabajo, no al crecimiento del Estado; la tesis liberal es que, si el Estado hubiera sido más pequeño -o inexistente, versión ancap-, aún seríamos más ricos). Por tanto, carece de rigor utilizar simples datos para demostrar una causalidad como la que estamos tratando. Tú puedes decirme que la violencia ha disminuido y el Estado ha aumentado. Dos interpretaciones válidas de esta correlación: ha disminuido gracias al aumento del Estado, ha disminuido a pesar (o con independencia) del aumento del Estado. Las dos son, a priori, congruentes con los datos, y por lo tanto no cabe dirimir cuál es la tesis acertada apelando a los datos mismos, que es lo que estás intentando hacer tú.
Un saludo
Comment by Albert Esplugas — April 15, 2007 @ 9:03 pm
Creo que una parte importante del desacuerdo procede de la frase “en un contexto estatal también los ancaps entendemos que la guerra es necesaria en determinadas circunstancias”, que no entiendo que pueda referirse al hecho de que el estado, una vez constituído, tenga que ejercer la violencia defensiva contra los agresores como una especie de mal menor, sino a que existen determinadas circunstancias en las cuales será absolutamente precisa la defensa nacional. Lo cual es cierto siempre que las naciones enfrentan amenzas colectivas por parte de otros estados. De hecho, el mismo concepto de guerra parece muy comprometido con la existencia de estados organizados. Difícilmente la violencia entre grupos de individuos políticamente desorganizados podrá considerarse siquiera bajo la categoría de “guerra”, salvo en un sentido prepolítico (por ejemplo, como “guerras tribales”) que en todo caso no se acerca a la realidad histórica de la guerra.
En el punto tercero creo que hay un fondo de acuerdo sin perjuicio de que una vez más intentas llevar el agua de la “tesis liberal” al molino “ancap”. En primer lugar, parece obvio que los estudios sí respaldan la idea de que el Estado, en general, juega un papel importante en la mejora de las condiciones de existencia humana. En segundo lugar, también es cierto que las reformas liberales han incrementado el bienestar y ayudado a prevenir el despotismo político, introduciendo sistemas de contrapoder y “check and balances”. De otra parte, cuando se habla de “crecimiento del estado”, como ya se ha discutido en otros lugares, hay que tener mucho cuidado en no confundir el crecimiento de la fuerza o el alcance del estado. El crecimiento del estado en temas como la seguridad jurídica o la defensa son precondiciones, no obstáculos, para la formación de una economía capitalista en evolución. Estados Unidos es una de las naciones más liberales del mundo, y sin embargo es uno de los lugares donde la “fuerza” jurídica es más potente; sin perjuicio de que el alcance de su estado sea mínimo -o inferior al menos al modelo del “capitalismo social” europeo.
Salud.
Ekonomía de la politika belika, en dos viñetas.
Comment by Eduardo — April 15, 2007 @ 11:54 pm