Entre medias de la polémica sobre el "fundamentalismo ilustrado", la declaración de St. Petersburg, y el siempre difícil camino hacia la laicidad en la Umma o comunidad islámica, cabe preguntarse qué posibilidades tienen los ideales de la Ilustración de abrirse paso en el mundo bajo el área de influencia mahometana.

I 

Estos días hemos vuelto a recibir noticias sobre la subterránea difusión del creacionismo islámico entre algunos profesores de biología en las facultades españolas, tras de que otras miles de copias del así llamado Atlas de la creación fueran gratuitamente distribuidas en escuelas de Francia. Sin embargo, el lujoso tratado del que ya disponen nuestros académicos (se calculan unos 150 euros por unidad) tiene bastante poco de "misterioso". La versión mahometana del creacionismo llevada adelante por el turco Harun Yahya se trata poco más que de un calco del "Diseño Inteligente", típicamente promocionado entre los cristianos evangélicos norteamericanos, sin faltar la tan delirante como habitual asociación entre "evolucionismo, fascismo y comunismo".

Muchos han imaginado la Ilustración como el destino histórico de la humanidad. Darwin mismo entendía que la evolución biológica progresaba más o menos inflexiblemente hacia la reforma de las costumbres y la victoria final de la virtud. Kant entendió la Ilustración como el entusiasmo de la voluntad humana en pugna contra la tradicional "pereza y cobardía" que aún osaban tutelar la razón naturalmente autónoma. Platón también conoció ésta salida de las tinieblas, pero conservando poca confianza en que los prisioneros (ciudadanos) resistieran la vista de la luz, terminó recomendando el retorno del filósofo a la caverna (ciudad). Karl Popper, siglos más tarde, era mucho más optimista y soñaba incluso con una sociedad de naciones en las que pudiera realizarse el ideal remotamente kantiano de la "sociedad abierta". 

Pero, ¿Tiene algo que ver el Islam con la Ilustración? 

II 

Abdelwahab Meddeb trae buenas y malas noticias. En primer lugar, es cierto que un periodo histórico del Islam puede asociarse de algún modo con el espíritu de la Ilustración. Desgraciadamente, este periodo crítico no se prolongó mucho más allá del siglo XII d.C., al menos hasta que una segunda recepción de las ideas científicas y filosóficas independientes tuviera lugar después de la invasión napoleónica de Egipto y posteriormente bajo el imperio otomano.

Coincidiendo con la inicial expansión del Islam, la confrontación de éste con los principales sistemas de creencias de la época (judaísmo, cristianismo, maniqueísmo y zoroastrismo) formó el embrión de una posible "Ilustración islámica" que nunca llegó a materializarse del todo. Ibn al-Muwaffa’ (720-756) fué el creador de la primera prosa literaria en árabe al traducir varios volúmenes de fábulas orientales. Veía al mulhid o ateo ("hombre que se desvía de la línea recta") como alguien que puede llegar a ser virtuoso, ya que concebía la moralidad como una disposición humana independiente de la fe, adelantando así los postulados kantianos de la "razón práctica". Y en la Carta sobre la amistad llegó a sugerir, como después lo harían Spinoza o Dante, que la esfera religiosa debía estar controlada por la esfera política.

Lo que omite Meddeb es que al-Muwaffa fué ejecutado por órdenes del califa abasida Al-Mansur debido a su tentativa herética de importar ideas zoroástricas al Islam.

Más tarde, durante el siglo IX d.C, Bagdad conoce la emergencia de los Mu’tazila ("aquellos que se retiran"), una escuela principalmente preocupada por la recuperación de la absoluta trascedencia de Dios que, al mismo tiempo que reivincidaba la responsabilidad del hombre, suprimía el espíritu de la Ilustración aliándose con el poder del Califato. Sin embargo, durante la misma época otros "librepensadores", como Ibn Ishaq (808-873) y Isa al-Qarraq disfrutarán de una libertad limitada para transmitir en el ambiente árabe la cultura científica griega y extender las dudas sobre la relevación. En particular, será Abu Bakr Al-Razí (conocido en latín como Rhazes) quien lleve más lejos el ácido del racionalismo: para Rhazes no hay necesidad de creer en una revelación particular, que siempre resultan ser motivo de guerras y disputas.

Sin embargo, la tradición de tolerancia y "racionalismo" no duró mucho más allá del siglo XI. A partir de entonces, la corriente mayoritaria estableció la rigidez textual, el ritualismo y la supresión de toda connotación positiva en el concepto de innovación (o bid’a) dentro del Islam. En este viraje hacia la ortopraxis juega un papel central la reivindicación que Abu Hamid Ghazali (1058-1111) hace de las "ciencias religiosas" (Ihya’ ‘ulum ad-Din). Difícilmente la obra de Algazel podrá ponerse en línea con la tradición escéptica occidental de Descartes, Berkeley o Hume. La incoherencia de los filósofos marca, de hecho, un punto de no retorno en la nunca cristalizada del todo "filosofía islámica", al rechazar vehementemente la tradición científica que la escuela Falasifa recicibió, de los siglos octavo al onceavo, a través de Platón o Aristóteles. En esta obra, que será severamente criticada por Averroes (En La incoherencia de la incoherencia), Algazel niega terminantemente la posibilidad de que los filósofos puedan probar la existencia de Dios (cerrando el camino hacia la teología natural islámica, que la escolástica cristiana sí desarrollará) y, ante todo, clausura toda vía hacia la causalidad natural:

Nuestros oponentes afirman que el agente de lo que se quema es el fuego exclusivamente; "esto es algo natural, no está causado por un agente voluntario, y no puede abstraerse de lo que es en su naturaleza cuando se le pone en contacto con un substrato receptivo". Esto lo negamos nosotros diciendo: El agente de lo que se quema es Dios (…) es Dios quien hace arder al algodón y lo lo convierte en cenizas a través de la intermediación de ángeles, o sin intermediación (…) los filósofos no poseen otra prueba que la observación de que está ocurriendo el fuego, cuando hay contacto con el fuego, pero la observación prueba solo una simultaneidad, no una causación, y, en realidad, no hay ninguna otra causa que no sea Dios.

A partir de Algazel el sobrenaturalismo absoluto (la idea de que toda la realidad es, en último análisis, sobrenaturalmente causada) se incorporará de forma definitiva a la ortodoxia islámica. Ibn Taymiyya (muerto en 1328) radicalizará el temor mahometano a toda novedad (bid’a) y cualquier tipo de contaminación filosófica o religiosa procedente de judíos, cristianos, griegos, maniqueos o hindúes.

Después de la victoria de Algazel y Taymiyya sobre Averroes será difícil regresar de nuevo sobre la idea de una Ilustración islámica que libere a la actitud científica del yugo teológico. 

III

De los siglos IX al XII d.C la ciencia astronómica y matemática vivió un periodo de esplendor en el mundo islámico. Ésta es la razón por la que todavía hoy la mayoría de las estrellas más brillantes, y muchos de los cráteres lunares, tengan un nombre árabe.

Ahora bien, por mucho que desde WebIslam se encarguen de recordarnos estos viejos laureles de la ciencia islámica, lo cierto es que la "Ilustración musulmana" resultó gravemente derrotada por las fuerzas del fideísmo, el tribalismo y la sociedad cerrada. El declive de la ciencia en el Islam coincidió con la destrucción del califato abasí por los mongoles, por la llegada sucesiva de los pueblos turcos a oriente medio y, con posterioridad, por los episodios de la colonización anglosajona y el victimismo sistemático que la teoría izquierdista del imperialismo ha alimentado persistentemente entre los islamoárabes desde el final de la Gran Guerra.

Para encontrar una nueva visión positiva de la innovación (bid’a) es necesario remontarse hasta la élite otomana, que también recuperará la noción de la malasha, el principio del público interés como antesala de la libertad política. Los todavía escasos musulmanes que hoy reclaman la compatibilidad entre Islam y laicidad, como la entusiasta Irshad Manji, pueden encontrar inspiración en la obra de Sheikh Ali Abderraziq (1888-1966) que, en L’Islam et les foundaments du pouvoir, ya rechazó la misma idea del "estado islámico" que ha fundado las repúblicas islámicas del siglo XX; empezando por la "espiritualidad política" del régimen de los imanes que cautivó al "posmoderno" Michel Foucault.

Si la primera recepción de la Ilustración tuvo lugar en el mundo islámico desde los siglos VIII a XI, la élite otomana tuvo una breve segunda oportunidad que se esfumó con los nuevos alineamientos geopolíticos tras las guerras mundiales del siglo XX. Hoy, aunque es dudoso pensar en una verdadera "reforma" del Islam, quizás no sea tan aventurado especular sobre una hipótetica transformación futura.

 

صرة الفرس


 
ACTUALIZACIÓN: El artículo de Fatima Agha Al-Hayani Islam and science: contradiction or concordance, aparte de poder analizarse desde una perspectiva mucho más genérica de "contradicción o concordancia" (entre Ciencia y Religión), más que como la muestra de una recepción abierta de la Ilustración, podría interpretarse como un modo de rebajar el sobrenaturalismo absoluto, a la manera de Algazel, hasta un sobrenaturalismo limitado capaz de negociar mejor con el mundo moderno. De hecho, el pie de página en el comentario de WebIslam ya delata su intención: "El Corán invita a los creyentes a razonar sobre los milagros de la vida que les rodea". Vía El Revolucionario.