¡Deber! Maravilloso pensamiento que no obra por insinuación, por lisonja ni por ninguna suerte de amenaza, más tan solo manifestándose al alma en su desnuda autoridad, imponiendo el respeto, cuando no siempre la obediencia; ante tu vista enmudecen los apetitos todos, por tenaces que sean; en secreto, dime, ¿dónde, dónde tienes tu origen?

- Manuel Kant (citado por Darwin)

De acuerdo con la visión clásica, la moralidad humana consistía en una propiedad superior, incluso trascendente, que encontraba su asiento en el alma creada por Dios. Pero desde que Kant criticó la heteronomía religiosa, los filósofos morales se han afanado en encontrar un lugar más seguro para alcanzar una "fundamentación de la moral" no teológica. Apel y Habermas lo intentaron recurriendo a la "razón dialógica" humana. Sin embargo, en buena medida la hermenéutica continuaba apoyando un origen anímico, racionalista, idealista y "clásico" de la moral.

¿Tiene mucho sentido decir que la moralidad procede del alma o algún sucedáneo suyo? Empezando por la "peligrosa" recomendación de Wilson en el célebre último capítulo de Sociobiología ("Ha llegado la hora de que la ética sea temporalmente arrebatada de las manos de los filósofos, y sea biologizada") una generación de etólogos, neurólogos, psicólogos evolutivos y filósofos naturalistas han intentado fundamentar la moralidad humana no tanto en el alma creada, o en el "lenguaje" como trasunto secular, sino en la racionalidad social, característicamente manual, que compartimos en especial con el orden de los primates.

No cabe duda que la competencia ética implica un cerebro sano y bien desarrollado, pues está muy bien documentada la relación positiva entre lesiones cerebrales y empatía moral, pero suele perderse de vista la centralidad que tiene la evolución de la mano en muchos temas típicamente "morales". Gustavo Bueno ha repetido hasta el cansancio, aunque a decir verdad sin encontrar mucho eco en las "cabezas" de la academia o del foro político, que para enfrentar la resolución de conflictos no basta con la razón dialógica; es necesario emplear también la racionalidad operatoria: no siempre hablando se entiende la gente. La moralidad, como la música, o incluso el lenguaje, las matemáticas, etc…se origina en las manos.

La "razón" no se reduce a discurso, y en la imagen encontramos una expresión muy bella de esta misma idea: una chimpancé arrebata una piedra de la mano de otro macho para intentar reprimir una escalada de agresión.

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Las ilustraciones de Edel Rodríguez, basadas en el trabajo de Frans de Waal, las publica New York Times