La polémica sobre la autonomía de la vivencia religiosa no termina nunca. Es muy conocida la crítica que el psicólogo suizo Carl Gustav Jung dirigió contra Sigmund Freud, al sustituir radicalmente el significado "sexualista" de la libido por un contenido mucho más "espiritual". Rudolf Otto, más o menos por la misma época, intentaba también salvaguardar la mística religiosa de las categorías de la psicología corriente, aunque a la vez hacía buen acopio de ellas.

Este mismo esquema funciona en la estética religiosa. El arte religioso ha reflejado semejante oscilación entre la materia y la carne, sin terminar nunca de resolver la difícil antítesis: ¿cómo representar el espíritu? ¿cómo tratar con lenguaje terreno la llamada "experiencia mística"?

¿Detenta la Iglesia el monopolio del sensualismo legítimo?:

Guido Reni, san Sebastián

 

Gian Lorenzo Bernini, Éxtasis de santa Teresa 

 

San Bernardo y la Virgen 

Estos días, y aprovechando una poca oportuna publicación fotográfica de parte de un buscador de rentas kitsch quien sabe si seguidor del "accionismo vienés", algunos partidarios de la derecha religiosa en España cursan una denuncia contra el autor e incluso solicitan la "destrucción" (!) de libros pornográficos. La denuncia se fundamenta en el artículo 522 del código penal que prevee el "delito contra los sentimientos religiosos". Al menos en el plano jurídico y de la "guerra cultural", el caso se parece bastante mutatis mutandis a la revuelta en torno a las viñetas "danesas" de Mahoma, para qué ocultarlo…

En paralelo, sabemos que Yahoo clausura arbitrariamente el foro ateo más concurrido en lengua española.

¡Son malos tiempos para el "hate speech"!