BilbaoPundit

ReligiónMarch 15, 2007 3:51 pm

Una de las asunciones más comunes del liberalismo "naïf" es esa extraña idea de que los estados nacionales se están retirado, o deben hacerlo a la mayor brevedad, ante las fuerzas irresistibles del mercado, la globalización y el capitalismo financiero. Sin embargo el activismo liberal favorable a la lamocracia tibetana, frente a China, se nos aparece como un perfecto contraejemplo de la opinión convencional. ¿Desde qué principios "liberales" puede defenderse a una infame teocracia como la tibetana? O bien los "liberales" han decidido hacer una extraña excepción en el caso de esta región autónoma china, pretendiendo que lo mejor para los tibetanos es que permanezcan en una especie de medioevo teocrático, o bien (lo que parece mucho más plausible) es que se han dejado contagiar por la propaganda lamaísta y el eco que encuentra gracias al interés geopolítico de los Estados Unidos u otras potencias rivales del "imperio del centro".

Desde 1959, lo que llaman el "gobierno del Tíbet", con el monarca Tenzin Gyatso a la cabeza, se encuentra exiliado en Dharamsala, al norte de la India. Precisamente hace poco nos desayunábamos con la noticia de que el que llaman "Dalai Lama", una especie de canalla sonriente con "kasaya", protestaba desde su lujoso exilio por la decisión del gobierno chino para que la infraestructura de los ferrocarriles alcance por fín a la región autónoma, llegando concretamente hasta la zona de Shigatse, la segunda ciudad "sagrada" del Tibet.

Pese a todas las idealizaciones románticas y supuestamente "pacifistas", lo cierto es que antes de la llegada de los chinos (sí, y encima comunistas) los carros tibetanos no rodaban por los suelos de la región, porque  pesaba una prohibición sobre la divinidad del círculo o "mandala"; la población de monjes superaba a la mitad de la población en la capital y otras "ciudades sagradas", lastrando toda la economía productiva del país, y el irracionalismo budista llegaba tan lejos como para imponer otro tabú mortal sobre la carne. Afortunadamente, los tibetanos no secundaban este tabú y la carne del Yak permitió que la economía alimentaria del Tibet no alcanzara el grado de la inanición.

Pese a la evidente mejora en las condiciones de existencia de los tibetanos, después de la liberación china, a los frívolos apologistas del lamaísmo les preocupa mucho más el supuesto deterioro de la ecología tibetana y sus objetos sagrados. La horrible visión de un Tíbet lentamente arrancado de la oscuridad teocrática debe provocar el escándalo de Reina Loo, Penélope Cruz o Richard Gere, pero dudamos que sea tan terrible para los propios tibetanos a los que se les abren oportunidades desconocidas durante siglos, y que quizás merezcan tener la ocasión de dedicarse a cosas distintas que recitar mantras o dibujar mandalas en la arena. En Wikipedia, un autor anónimo escribe que "Desde la década de 1980 ha habido una explotación a gran escala del entorno natural tibetano, con técnicas de caza y pesca que pueden conducir a la extinción de varias especies." También se lamenta de la destrucción de los bosques y de la "biodiversidad de la meseta tibetana". Aunque no se ofrece ninguna prueba concluyente, los lamentos ecologistas contra la sociedad abierta y nostálgicos del buen salvaje suenan a la insoportable ligereza de aquel falsificado jefe indio de Seattle. ¡A quién le importa la prosperidad de los chinotibetanos, cuando lo que está en juego es la "biodiversidad de la meseta tibetana"!

La "libertad" de los tibetanos pasa porque alguna autoridad liberal con los tibetanos mantenga lo más lejos posible a la caterva de panchen lama, dalai lama así como a los demás estetas, gurús y hippys extrafalarios que, desde occidente, aún hoy desean mantener el Tíbet en la edad oscura. Su verdadera libertad pasa por el desarrollo de las comunicaciones con sus vecinos naturales, los chinos, con el levantamiento de las restricciones al comercio y la atenuación o supresión definitiva de los tabúes religiosos.

Por fortuna, parece que el infame sonriente tiene escasas posibilidades de restaurar su monarquía teocrática y regresar a Tibet, si no renuncia antes a sus aspiraciones secesionistas.

Artes, Religión 12:25 am

La polémica sobre la autonomía de la vivencia religiosa no termina nunca. Es muy conocida la crítica que el psicólogo suizo Carl Gustav Jung dirigió contra Sigmund Freud, al sustituir radicalmente el significado "sexualista" de la libido por un contenido mucho más "espiritual". Rudolf Otto, más o menos por la misma época, intentaba también salvaguardar la mística religiosa de las categorías de la psicología corriente, aunque a la vez hacía buen acopio de ellas.

Este mismo esquema funciona en la estética religiosa. El arte religioso ha reflejado semejante oscilación entre la materia y la carne, sin terminar nunca de resolver la difícil antítesis: ¿cómo representar el espíritu? ¿cómo tratar con lenguaje terreno la llamada "experiencia mística"?

¿Detenta la Iglesia el monopolio del sensualismo legítimo?:

Guido Reni, san Sebastián

 

Gian Lorenzo Bernini, Éxtasis de santa Teresa 

 

San Bernardo y la Virgen 

Estos días, y aprovechando una poca oportuna publicación fotográfica de parte de un buscador de rentas kitsch quien sabe si seguidor del "accionismo vienés", algunos partidarios de la derecha religiosa en España cursan una denuncia contra el autor e incluso solicitan la "destrucción" (!) de libros pornográficos. La denuncia se fundamenta en el artículo 522 del código penal que prevee el "delito contra los sentimientos religiosos". Al menos en el plano jurídico y de la "guerra cultural", el caso se parece bastante mutatis mutandis a la revuelta en torno a las viñetas "danesas" de Mahoma, para qué ocultarlo…

En paralelo, sabemos que Yahoo clausura arbitrariamente el foro ateo más concurrido en lengua española.

¡Son malos tiempos para el "hate speech"!