Jean Baudrillard (1929-2007) reunía en una sola persona dos condiciones letales para la vida humana en la tierra: ser francés y posmoderno. Alguien malicioso podría decir que la realidad ha desparecido para aquel que hablaba de la desaparición de la realidad. O que el fín ha alcanzado a aquel que solía decir que el fín era una ilusión. Siguiendo el ejemplo de una buena parte de sus colegas, su desaparición o el simulacro de su desaparición han acaecido después de una "larga enfermedad", según refería ayer su editor, Michel Delorme.

Precisamente lo pensaba esta noche, después de echar un vistazo a Al di là del bene e del male, la película de Liliana Cavani, de 1977. Meretrices con el "mal francés", músicos románticos que sólo pueden componer rodeados de telas de seda, mujeres liberadas contra la monogamia, rentistas hablando sobre el fín de la moral convencional…y de Dios.

El posmodernismo nació en la corte de Luis de Baviera.

Baudrillard fué uno de ellos. Su sociología del consumo incluía fragmentos memorables, como aquel en que denunciaba la frivolidad de los limpiaparabrisas con doble velocidad. ¡Eso sí que es un ataque en toda regla al "pensamiento científico tradicional"! 

Heath y Potter:

¿Qué saca en claro Baudrillard llamándonos "ingenuos" por creer que necesitamos limpiaparabrisas de velocidad variable? Al leer La sociedad de consumo, es fácil imaginarle con un traje negro mal planchado, fumando un Gauloise, sentado en la terraza de Les Deux Magots, quejándose del tráfico, ironizando sobre los estadounidenses y esos limpiaparabrisas estrafalarios que han inventado.