Todo un hombre de estado dedica hoy una entrada a criticar algunos aspectos de mi crítica a uno de los últimos artículos que publicaba el Instituto Juán de Mariana. Por el momento me referiré a la cuestión de los planes y al breve capítulo de la discusión sobre la evolución de las instituciones, en particular, de la religión.
I. Prólepsis
Para denunciar ciertos "errores flagrantes", Rallo empieza proponiendo una definición de "Plan" que, según argumentaré, es netamente insatisfactoria:
Un plan es una relación programada entre fines y medios. Un curso subjetivamente concebido de acción con el que pretendemos realizar nuestro objetivo. Todo individuo planifica constantemente: escoge medios y los dispone en una determinada estructura tecnológica.
El inconveniente aquí surge de que los "planes" a los que se refiere el blogger son puramente subjetivistas, y se mueven por consiguiente en el plano de la psicología o la etología, de los sentimientos (como el "asco" o el "miedo") pero no tanto en el plano de la economía política. En este sentido, los "planes" (subjetivos) del homo economicus resultan ser cogenéricos con los "planes" que también siguen individuos de otras especies no humanas. A no ser que sostengamos alguna versión de la trasnochada teoría del automatismo de las bestias, a la manera de Descartes o Gómez-Pereira, deberemos admitir que los individuos de la especie sapiens sapiens no son los únicos capaces de actuar de acuerdo con planes, al menos en este sentido tan genérico. Por ejemplo, el "plan" que siguen algunas aves para elaborar rudimentarias herramientas y alcanzar así frutos en lugares poco accesibles, o el plan de algunas hembras de chimpancé, descubiertos recientemente, para cazar gálagos utilizando pinchos de madera.
La definición inicial (de Rallo), por tanto, no es que sea errónea, sino que es dramáticamente incompleta.
Además, el blogger no discrimina en ningún momento entre los diversos tipos de "fines" de la acción humana. Los escolásticos sí distinguían el Finis Operis, intrínseco a la misma obra, del Finis Motivus, referido a las motivaciones que mueven a la acción, el Finis Operantis, aquel que pretende extrínsecamente el que obra, y el Finis Impulsivus, aquel que excita a obrar con más gusto, según ciertos incentivos.
Ocurre que el plano del Finis Operis difícilmente podrá reducirse a los fines individuales, cuando nos referimos a la acción política humana.
En el siguiente sentido: los planes propios de la economía política son planes objetivos por cuanto desbordan esta perspectiva subjetivista y cogenérica. Dicho de otro modo, los planes y programas se convierten en programas de la economía política en la medida en que dejan de ser subjetivistas. Precisamente para entender como evolucionan el lenguaje, o el dinero, para referir dos ejemplos que menciona Rallo, es indispensable el análisis político e institucional -por ejemplo, estudiando el papel del sello regio en el crédito concedido a la moneda, la difusión de los lenguajes nacionales a través de la fuerza imperial, etcétera. Y todo esto, tanto si tratamos sobre programas de la corporación privada, como de la corporación pública o Estado. Ni los llamados "planes quinquenales", que aún siguen poniéndose en marcha en la República Popular China, ni los planes y estrategias comerciales más corrientes entre las corporaciones de capital privado, pueden reducirse a la mera agregación de planes individuales.
¿Cuál es entonces la distinción entre fines privados y colectivos?
La relación entre estas obras públicas y privadas con los fines individuales puede entenderse, en principio, o bien de un modo instrumentalista, o bien de un modo mutualista. Según el enfoque instrumentalista, los fines de los individuos resultan ser simples instrumentos (medios) empleados en función de la obra, del Finis Operis. Esta suele ser la perspectiva preferida para lo que Popper llamó "Holismo" y también conforma la ideología del estado totalitario. Según el enfoque mutualista, por el contrario, la participación de los individuos como medios en el Finis Operis de la ecomomía política puede ser comprendida como un "good trick", dado que les permite desarrollar su propia individualidad precisamente en la medida en que pueden evolucionar ellos mismos colaborando al curso objetivo del fín (como Finis Operis) de la economía política, o incluso alterando los cursos inicialmente planeados, creando nuevos planes, etcétera.
Podríamos considerar a Aristóteles un buen representante del mutualismo político, mientras que Platón representaría el enfoque instrumentalista clásico. En su tratado sobre la política (Política - Libro III, Capítulo V) el estagirita rechaza tanto la perspectiva subjetivista extrema, dado que descarta que la ciudad pueda fundamentarse en una relación entre individuos aislados, como la perspectiva holista, totalitaria, puesto que reconoce que el fin de la vida política no es sólo el bien genérico de la comunidad, sino la felicidad específica de los individuos. Tampoco Hayek andaría muy lejos de este mutualismo político, desde su liberalismo templado que permitía distinguir entre el "falso" y el "verdadero" individualismo.
II. Anamnesis
En el resto del artículo Rallo desarrolla la misma perspectiva subjetivista para intentar dar cuenta de la evolución de las instituciones y los así llamados "órdenes espontáneos": "La génesis de la institución es el plan individual", escribe. Un aserto que no sólo tiene a toda la historia económica en su contra, sino incluso a asunciones muy elementales sobre la naturaleza humana. Si las instituciones humanas fueran realmente la simple agregación de distintos planes individuales, entonces es muy poco probable que el ser humano hubiera desarrollado un institucionalismo muy superior al de los chimpancés. El hecho de que no llevemos más de 5 millones de años machacando nueces con las piedras, como otros primates, tiene mucho que ver con el desarrollo de la intencionalidad compartida que da lugar a la evolución de las instituciones.
Mi posición aquí no se diferencia mucho de la adoptada por el materialismo filosófico. Los "planes objetivos" son esencialmente diferentes de los fines de los operantes o agentes individuales (humanos o animales). El comportamiento proléptico específicamente político de los seres humanos está, además, determinado en buena parte por las tradiciones y el pasado histórico (algo paralelo a la "anamnesis" platónica). De aquí que los planes y programas humanos (políticos) conduzcan muchas veces a resultados inesperados o errores con respecto al curso inicialmente planeado. La historia no es un proceso autodirigido conscientemente diseñado por el hombre, y no parece muy realista la pretensión de tomar algún día "las riendas de nuestro destino", como pronosticaron Marx o el mismo Popper.
La evolución de las instituciones, en contra de la opinión "libertaria", no es de ninguna manera el fruto de la "construcción racionalista" y tampoco de las interacciones de los planes individuales (Chema, por cierto, ha escrito muy oportunamente sobre esto hace poco).
El institucionalismo religioso es un ejemplo de evolución no planeada conscientemente y sometida a una continuo proceso de ensayo & error. La siguiente autocita elabora la idea de Daniel Dennett, a quien me remito:
La religión en evolución no se nos aparece como el producto del diseño humano (o divino) inteligente. En buena medida las ideas religiosas son "free floating rationale"; las religiones no son "creadas" por Dios, o por sus intermediarios fundadores (Mahoma, Jesús, san Pablo, Ronald Hubbard, John Frum &c); y tampoco son deliberada o arbitrariamente impuestas por los gobernantes (edicto de Constantino, constituciones de Licurgo y Solón, constitución americana &c). El mismo proceso político tampoco es deliberado: si las sociedades primitivas de personas llegaron a convertirse, en algún momento, en sociedades políticas, es decir, en sociedades de ciudadanos, ello no se debe únicamente a la genialidad de los legisladores o a fundadores míticos realizando trabajos heroicos, sino a la codeterminación y concatenación de muchos procesos materiales.
Constituiría, creo yo, una burda caricatura de la historia del cristianismo, una pintura de la historia de los concilios que los mostrase como el resultado de muchas pinceladas individuales "armonizando sus propios planes". La "adscripción voluntaria" de los fieles a las religiones realmente existentes es una idea que, sencillamente, no tiene lugar. Los católicos no se adscriben voluntariamente al credo de Nicea, una vez que son sumergidos en agua bautismal mucho antes de alcanzar una edad compatible con la responsabilidad, y ni siquiera los reformados y protestantes podían escoger un credo diferente al que decidiera por ellos el príncipe. La idea de "libertad religiosa", rechazada tradicionalmente por las iglesias que estuvieran en posición de poder (como acredita el caso actual del Islam), es una novedad histórica que sólo puede asentarse en un estado laico que asegure legalmente este inestable "pluralismo religioso".
El misticismo aleatorio sigue siendo la única alternativa plausible que se me ocurre para quien no reserva para el institucionalismo religioso un lugar diferente al del "basurero de la historia".
ACTUALIZACIÓN: Continúa en Prolépticas.



