El fusionismo, como explica Edward Feser, representa el intento de combinar en un mismo programa político y filosófico la variante económicamente "liberal" y la moral "conservadora" de raíz judeocristiana. A pesar del último descalabro electoral, y de las desavenencias con la administración Bush por su tendencia hacia el Big Government, este delicado equilibrio entre liberales y conservadores parece bastante estable si tomamos en cuenta que ya ha transcurrido más de medio siglo desde que Frank Meyer propusiera la agenda "fusionista".
La alianza de libertarios y conservadores es, de hecho, muy coherente con el "equilibrio político de Nash" que fuerza la formación de partidos grandes, finalmente distribuídos en dos grandes bloques. Hay que recordar que también la izquierda tuvo que soportar su propia "fusión" al combinar la crítica socialista del capitalismo junto con la necesidad de aceptar ciertos principios del mismo capitalismo y las democracias burguesas. El "fusionismo" socialista es muy explícito en las versiones británicas del "market socialism" o de la tercera vía, así como en el mismo "capitalismo social europeo". En España, el PSOE es de facto un partido de tercera vía socialdemócrata una vez que el marxismo fué desplazado en Suresmes.
Por contra, el fusionismo del partido conservador español, a la manera liberal americana, es un fenómeno muy reciente. La derecha tradicionalista española tuvo un marcado carácter antiliberal durante buena parte del régimen franquista. Un periodo que se inicia con la "fusión" promovida por Franco en el Movimiento de principios falangistas y tradicionalistas conservadores, pero en buena medida contradictorios con el liberalismo.
La fusión política casi siempre es vulnerable, a pesar de su relativa duración y estabilidad. Feser ilustra estas contradicciones con el ejemplo de Hayek, "fusionista" austríaco (y no 100% liberal) que se consideraba a sí mismo un "whig burkeano". Es decir, si bien Hayek alertaba sobre el peligro de la centralización y la burocratización política, nunca compartió los festejos libertarios del capitalismo ni llegó a cuestionar la necesidad de un gobierno limitado, o incluso de una red de seguridad social para asistir a los pobres.
A mi parecer, todavía hay dos amenazas para sostener una fusión viable y racional. De una parte, el liberalismo extravagante y casi "anti-sistema" que apenas deja espacio para ningún compromiso político que no sea autodestructivo. De la otra, un partido conservador obsesionado por mantener fundamentos sobrenaturalistas que, con la intención de oponerse al supuesto "materialismo" de la izquierda, termina por cuestionar la visión científica del mundo -Larry Arnhart, por cierto, proporciona buenas pistas sobre como superar este espiritualismo conservador a través de un "nuevo fusionismo" darwiniano.
Fusionismo, de otro estilo.


