El sistema marxiano tiene un pasado y un presente, pero no puede contar con un futuro duradero (…) En el campo de las ciencias naturales, una obra como la de Marx sería hoy imposible. Ha podido adquirir influencia, una fuerte influencia, sobre las ciencias sociales que aún se encuentran en un estadio infantil, y probablemente la irá perdiendo lentamente, muy lentamente. Lentamente porque sus soportes más sólidos no están en la mente convencida de sus defensores sino en sus corazones, en sus deseos y esperanzas.

Eugen von Böhm-Bawerk, La conclusión del sistema marxiano

A pocos días de cumplirse el 25 aniversario de la proclamación del "embargo" contra Cuba por la administración del entonces presidente John F. Kennedy, Oscar Espinosa recuerda algunos datos de interés.

Pese al "feroz bloqueo", una especie de versión caribeña ampliada de la "pertinaz sequía" franquista, los EE.UU son hoy el sexto socio comercial de Cuba con un volumen de comercio superior a 500 millones de dólares anuales. Los americanos abastecen a la isla de maíz, carne de ave y otros alimentos y medicinas de primera necesidad.

Además, los cubanos residentes en Estados Unidos (que, con notable falta de "anti-imperialismo" decidieron abandonar el paraíso socialista) suministran una cifra de hasta 1.000 millones de dólares al año a sus familias en la isla, hecho que por sí solo supone un definitivo golpe de gracia contra el socialismo "real" cubano. Los exiliados en el Imperio también proporcionan más de 100 millones de dólares anuales en concepto de pago a llamadas telefónicas entre las dos naciones.

Pero el auténtico embargo, como recuerda Espinosa desde el ostracismo, consiste en el totalitarismo socialista impuesto por los pistoleros marxistas en Cuba desde el ya remoto 1 de enero de 1959, fecha de inicio para una "democracia popular" que apenas logra ocultar la verdadera oligarquía de partido culpable del retraso económico y la ignominia política que siguen dominando la ex colonia española.

El socialismo político en Cuba, del mismo modo que el bolchevismo en Rusia, únicamente en las fantasías de los fundamentalistas socialistas puede ser presentado como una especie de camino objetivo hacia la "modernización". La revolución no aceleró, sino que obstaculizó notablemente el proceso hacia una economía capitalista que sólo puede tener lugar allí donde se salvaguardan los derechos de propiedad, donde un régimen constitucional protege la ley de las arbitrariedades políticas y donde se genera un sistema de incentivos económicos para provocar el dinamismo comercial.

Pero estas condiciones son sistemáticamente negadas por los regímenes socialistas. 

Tanto en el caso soviético (con la cébebre "Nueva Política Económica" de Lenin), como en el cubano (en la probable "transición" o reforma que se avecina ¿siguiendo el modelo chino?), la prudencia política obliga a rectificar constantemente esa atroz centralización económica y política que sólo puede generar una monstruosa maquinaria de la escasez. La experiencia histórica demuestra una y otra vez que el socialismo político genera pobreza, descontento, ignorancia y superstición. Aunque otros se empeñen todavía en colocar la irracionalidad en el bando de "la derecha", como si las doctrinas socialistas no fueran ellas mismas piezas maestras de superstición económica que, por cierto, sólo pueden ser sostenidas manu militari.

De otro modo, ¿quién podría realmente tomarse en serio los "sueños y esperanzas" marxistas? Böhm-Bawerk, eso sí, se equivocó al pronosticar un futuro poco duradero al socialismo. Ni la duración es, como pensaba Hegel, un criterio eminente de "racionalidad"; ni la fortuna es el destino de todas las sociedades humanas que se empeñan en ser infortunadas.

Vía Babalú.