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España, Hispanoamérica, Ideas de la historiaFebruary 15, 2007 11:24 pm

Arturo Schopenhauer caracterizó la época del idealismo alemán como "la edad de la deshonestidad", y K. Heiden tildó a la época posliberal del totalitarismo como la "edad de la irresponsabilidad".

Quizás podríamos conocer nuestro presente como la "edad de la estupidez".

Los efectos devastadores de la estupidez humana se han dejado notar con fuerza en el libro de memorias de Jacques Chirac (recopilando unas entrevistas con la periodista Pierre Péan), el presidente de una de las naciones más detestables del mundo.

Sus declaraciones públicas sobre el descubrimiento de América no son sólo un perfecto ejemplo de mala fe política, suministrando un episodio más de la ancestral antipatía de Españoles y Franceses, sino un monumento a la Ignorancia histórica y la falta de rigor filosófico, al que por otra parte nos tienen tan acostumbrados los habitantes de la nación vecina.

Para el gabacho, el "descubrimiento de América" no es algo que pueda ser colocado en el haber de los españoles, porque ¡los vikingos! llegaron antes. Además, añade el indocto, estos devotos de Odin, a diferencia de las "hordas" hispánicas, "no montaron tanto alboroto y tuvieron la elegancia de destruirse ellos mismos". Éste apunte necrológico, por cierto, no debiera pasar desapercibido. Quizás el inconsciente nacional traicionó en el último momento al premier francés, dada la familiaridad histórica de los franceses con la "cultura de la muerte". Alberto Camus, Juan Pablo Sartre, Miguel Foucault, Juán Genet, por mencionar sólo unos pocos, todos se han significado por un gusto inequívoco por la necrología y la autodestrucción. Tampoco haría falta recordar la horrible muerte que han sufrido una parte considerable de los filósofos franceses.

A unos dos siglos de la Revolución más sangrienta de la época moderna, no hay que sorprenderse de que una cultura que apenas ha sido capaz de producir algo más que toneles de vino y Gilles Deleuze…aún continúe obsesionada con el mito de Sísifo.

Pero, ¿realmente descubrieron los españoles "América"? Luis Gámez nos recuerda que los siberianos llegaron antes, atravesando el estrecho de Bering, pero de este evento prehistórico saca la no del todo correcta conclusión de que "Ni Colón ni los vikingos descubrieron América".

Existen, desde luego, distintos tipos de descubrimiento y, al menos de modo inmediato, también es obvio que Cristobal Colón no pudo "descubrir" ni política ni geográficamente (supuesto que pueda existir alguna geografía "no política") un continente al que no creía haber llegado. Pero la presencia de Colón, y de la empresa de la corona española, en Santo Domingo (o Guanahani, en idioma nativo) el 12 de octubre de 1492, marcó de hecho el camino objetivo hacia la posterior conquista y descubrimiento político-histórico del continente llamado injustamente "americano". Las bandas siberianas no descubrieron "América", sino un ámbito muy limitado geográfica y culturalmente. Si hoy podemos fingir que los siberianos, o los vikingos, o los chinos…"descubrieron" aquel continente, es precisamente porque partimos del descubrimiento y la justificación histórica que sólo proporcionaron los españoles, en primer lugar, y más tarde las demás naciones europeas.

Ni Cristobal Colón ni la corona española tenían por qué ser filosófica o políticamente conscientes, en aquellos primeros momentos, de que se trataba realmente de un descubrimiento  genuino, por el que las culturas precolombinas iban a ser absorbidas por la civilización histórica de los españoles, a los que después siguieron portugueses, ingleses y, por supuesto, franceses. Aquel "choque de civilizaciones" no iba a ser meramente militar ni llevado a cabo por "hordas" de conquistadores, tal y como ladra el canalla francés, puesto que la drástica entrada del nuevo continente en la Historia Universal traía también, junto con la indispensable milicia, toda clase de comerciantes, misioneros, así como los primeros académicos e historiadores propiamente "americanos".

Frente a la traumática pero inevitable penetración de las ideas, personas e instituciones hispánicas, la presencia de las primeras bandas de cazadores-recolectores siberianos en América del norte, o la episódica presencia de los vikingos en el siglo X, no pasan de ser meras anécdotas para la antropología cultural, pero jamás verdaderos capítulos de la Historia Universal. 

¿Cuántas Iglesias y universidades fundaron los vikingos en América? ¿Dónde podemos encontrar los restos de la influencia de los lenguajes siberianos en el nuevo continente? ¿Qué vestigios quedan del culto a Odín entre los mexicanos, los argentinos, o los chilenos?

Acaso las confusiones del presidente francés, y de quienes participan de una visión de la historia tan ingenua y fantasiosa, pueden ser aclaradas recordando, por analogía, la distinción entre el "contexto de justificación" y el "contexto de descubrimiento" en los hallazgos científicos. Según Reichenbach no es lo mismo descubrir que justificar. El "descubrimiento" interesa sobre todo al análisis psicológico y sociológico, atañe a las circunstancias especiales en las que tiene lugar el nuevo hallazgo, mientras que la "justificación" interesa sobre todo al científico y al filósofo (por extensión, al historiador), pues trata de comprender la estructura lógica del descubrimiento. Ahora bien, como ha argumentado Gustavo Bueno, cabe matizar que las verdades de la ciencia son "descubiertas" en el proceso de ser "justificadas". Sin justificación no hay, propiamente hablando, ningún descubrimiento. Llevado al terreno de la historia, sin la justificación política, jurídica y cultural que proporcionaron los españoles (y vicariamente los ingleses, franceses y portugueses) no podría ni tan siquiera hablarse de ningún "descubrimiento" americano. Una "América descubierta" en primer lugar como parte formal de la monarquía hispánica y, posteriormente, en función de las nuevas oleadas de colonizadores europeos, como partes del Imperio Francés o de los Estados Unidos de América -que un día soñaron con recubrir todo el continente bajo el dominio de un "destino manifiesto" angloprotestante.

Es decir, tanto el "manifest destiny" como la idea de la Monarquía Hispánica Universal permanecen en el plano de la "justificación" histórica que envuelve necesariamente a la idea de descubrimiento. Y este es el procedimiento frecuente tanto en la historia de las sociedades políticas como en el análisis de los descubrimientos científicos. En efecto. Si permaneciéramos atados a la perspectiva del "contexto de descubrimiento", acaso el mismo Darwin no podría ser considerado sensu stricto el "descubridor" de la teoría de la evolución. No únicamente porque existían antecedentes bastante elaborados de la idea de evolución, y no sólo en la Filosofía zoológica de Lamarck, sino en otros naturalistas que Darwin no se olvida de mencionar en su "noticia histórica" que abre El origen de las especies: Herbert, Grant, Von Buch, Haldeman, d’Omalius, Powel &c, sino porque el mismo Darwin no utilizó nunca la expresión "Teoría de la evolución", prefiriendo los términos de "transformismo" o "teoría de la derivación" (Derivative theory, de Candolle).

En definitiva, la afirmación de que los españoles no descubrieron política o históricamente el continente americano, no sería muy distinta a suponer que Darwin no fué el "descubridor" de la teoría de la evolución moderna (y ello sin perjuicio de que su "contexto de justificación" debiera de ser completado por las leyes de la herencia genética de Mendel y por la biología molecular, arribando a la "teoría sintética" ya en el siglo XX) únicamente porque no expresó el término "evolución" en sus escritos, o porque Lamarck ya había prefigurado, en un cierto sentido, la idea del transformismo de las especies.

En la misma lógica infantilista del presidente francés, podríamos concluir que los méritos de la evolución no deberían apuntarse en la cuenta de Carlos Darwin, sino en la de Hesiodo, por ejemplo, que siglos antes de la estirpe darwiniana ya hablaba de ciertas "transformaciones" en las sociedades de los seres humanos vivos.

En fín, una estupidez.

 
Pieza de folklore francés.
 
Religión, Ciencia & Paraciencias, Brights 8:22 pm
 
Dado que los seguidores de los Cultos del Cargo no poseen una presencia significativa en los Estados Unidos, pero si la tienen los creacionistas, sugiero que nos apropiemos de este día festivo y lo llamemos Día del Diseño Inteligente. No se molesten en celebrarlo, todo lo que tienen que hacer es pretender que lo están celebrando, del mismo modo que los creacionistas del Diseño Inteligente pretenden que están haciendo ciencia.
 
In John we trust. Vía Pharyngula.
Religión 4:05 pm

Alice Walker llama a Dios "Mamá":

(…) siempre ha conocido a Dios. Pero prefiere el término "Diosa" y "Mamá" para describir lo divino, que para ella está en todas partes, desde los arces japoneses tras su ventana al lento yoga que practica. Un sentimiento palpable de la riqueza de Mamá atraviesa sus siete novelas, incluyendo la ganadora del premio Pulitzer de 1982 "El color púrpura", y muchos ensayos y poemas que tratan multitud de temas -desde el feminismo, a la raza, la clase o el amor.