La diferencia entre el "pensamiento 100%" y el gradualista o pragmático no tiene por qué ser paralela a la que media entre el fanatismo y la moderación, o entre el dogmatismo y el eclecticismo. Ahora bien, si es cierto que no todo "pensamiento 100%" se identifica con el dogmatismo, es evidente que todo dogmatismo deberá empezar por el "pensamiento 100%".

Aunque Francis Bacon se reía de aquellos que negaban la "evidente verdad" de que el sol y las estrellas giraban en torno a la tierra, sin embargo no podríamos considerarlo un dogmático en el sentido fuerte, puesto que tenemos derecho a suponer que el filósofo británico habría rectificado su absolutismo, con respecto a la "evidencia" geocéntrica, si se le hubieran presentado suficientes evidencias favorables al heliocentrismo. En cambio, la teología dogmática sí puede considerarse un caso claro de dogmatismo fuerte. Ninguna "evidencia" o razonamiento disuadirá jamás al teólogo dogmático de que Dios es una unidad de tres personas, padre, hijo y espíritu santo, y de que el hijo es consubstancial al padre, a la manera como difícilmente ningún crítico marxista disuadirá al dogmático del diamat de que la segunda ley de la termodinámica no es una norma "burguesa", o de que las leyes de la historia no conducen inexorablemente a la sociedad socialista.

Hace unos meses el agregador de bitácoras Pajamas Media organizó un concurso de nombres para tratar de caracterizar a aquellos norteamericanos que no se sienten satisfechos con la identificación partidaria habitual: Republicanos & Demócratas. El ganador fue FreeRangers. Los "freerangers" no se consideran 100 % liberales o conservadores, y sin embargo, su posición está muy alejada del eclecticismo o de la actitud posmoderna con respecto a la equivalencia de todas las "narrativas" políticas.

Pero incluso cuando nos mantenemos dentro de la escala de partidos, por el casi inevitable "equilibrio de Nash" político e incluso neuro-psicológico, nunca es imprescindible suscribir la versión más fuerte de adhesión o "pensamiento 100%".

La actitud escéptica, que es la mejor previsión contra el absolutismo y la "filosofía oracular" (por decirlo a la manera de Popper), no es idéntica al nihilismo moral o al escepticismo epistemológico fuerte, que niega toda naturaleza de verdad al programa científico. Por el contrario, el escepticismo saludable es únicamente la lógica reserva que cualquier persona instruída debería guardar tanto sobre las afirmaciones extraordinarias como sobre el pensamiento dogmático, no crítico.

La traducción política de esta actitud se parece a cierta versión del pragmatismo, siempre que no se confunda con su versión posmoderna (Anything goes!). El pragmatismo político es una crítica del pensamiento 100 % por cuanto sospecha de los excesos del teoreticismo o las "políticas del libro", al modo de Oakeshott. La actitud política pragmática no se guía por la persecución del sumum bonum, sino por la huída prudente del sumum malum. Desconfía de la perfectibilidad humana, y en cambio, afirma la imperfectibilidad del ser humano, sin que esto suponga un rechazo absoluto del progreso social o político. El mismo Aristóteles escribía lo siguiente:

Casi todos los animales están sometidos solamente al imperio de la naturaleza; algunas especies, pocas, están también sometidas al imperio del hábito, el hombre es el único que lo está a la razón, a la vez que a la costumbre y a la naturaleza. Es preciso que estas tres cosas se armonicen; y muchas veces la razón combate a la naturaleza y las costumbres, cuando cree que es mejor desentenderse de sus leyes.

Política, Libro IV - Capítulo XII 

En definitiva, un espíritu pragmático no sueña tanto con alcanzar la democracia perfecta o alguna otra clase de regímen político copia de modelos eternos, sino que intenta antes que ninguna otra cosa prevenir el despotismo, la tiranía y el desorden criminal. Karl Popper propuso, en este sentido, mantener una "ingeniería social gradual" opuesta a otra "ingeniería social utópica". No hay nada en este pragmatismo incompatible con el liberalismo, al menos en el sentido que le dió en su día Jean François Revel:

Cuando digo que el liberalismo jamás ha sido una ideología quiero decir que no es una teoría basada en conceptos previos a toda experiencia, ni un dogma invariable ni independiente del curso de las cosas o de los resultados de la acción.

en La gran mascarada 

Se comprende, desde aquí, el escepticismo frente a un neoescolasticismo liberal que ha dejado de ser pragmático; que separa la realidad política entre liberales leales y "estatólatras", que habla de "leyes económicas" separadas de cualquier otra consideración moral ("La moral representa el modo en que a las personas nos gustaría que funcionase el mundo, mientras que la economía representa cómo funciona éste en realidad"), y que se atreve a reescribir la historia de la filosofía económica considerando "100% liberales" a personajes tan sumamente diversos como Alexis de Tocqueville, Ludwig Von Mises, John Locke o Domingo de Soto.

Por supuesto, el activismo nunca he tenido mucho que ver con la filosofía…

Finalmente. Otro campo interesante al que aplicar esta misma actitud escéptica es la creencia en Dios. También aquí será deseable eludir el "pensamiento 100%" y preferir una posición más pragmática que, sin embargo, no se confunda con el agnosticismo dubitativo. Me refiero a la misma crítica probabilística sobre la existencia de Dios que propone Richard Dawkins que, sin perjuicio de su franco ateísmo, no obstante no está fundado en un temible y dogmático "pensamiento 100%".