Lo cuenta Luis Alfonso Gámez, en un párrafo que merece ser guardado y bien custodiado en la memoria. Al lado de las jaculatorias antidarwinianas de los vaqueros de Kansas resulta que teníamos sin saberlo a ¡Eduardo Haro Tecglen!, susurrando la misma letanía:
La alianza de los más conservadores contra Charles Darwin es evidente en Estados Unidos y eso abunda en el tópico de que las conductas irracionales son patrimonio preferentemente de la derecha. Así, Ernesto Carmena recuerda, en su libro El creacionismo ¡vaya timo!, como Eduardo Haro Tecglen escribió en su columna de El País el 5 de octubre de 2002: "Hubo un tiempo en que acepté a Darwin por lo que suponía de oposición y alternativa al teísmo organizado y porque aquí estaba prohibido; pero no tarde mucho en descubrir que era la justificación de todo fascismo y, en general, de todo crimen social". Seguidamente, Carmena califica al escritor de "gran izquierdista ateo" y considera por eso "aún más lamentable su torpe coincidencia con los creatas, ultrarreligiosos y ultraconservadores". Es generoso con Haro Tecglen y con la izquierda en general, por desgracia tan proclive al pensamiento mágico como la derecha, aunque los segundos sean menos astutos a la hora de vender unas supercherías que los primeros suelen disfrazar de modernidad.
Hoy se celebra también en Bilbao el día de Darwin, que no todo iban a ser sucias fiestas populares. Está bien esto del santoral evolucionista, debería aumentar incluso. ¿Por qué no un día de Mendel? ¿Un carnaval de Dobzhansky? ¿Una semana grande de la microbiología?

