¿Es el Islam un Imperio Universal?
Según ReligiousTolerance.org la población musulmana podría oscilar entre 700 y 1200 millones de individuos. Hoy es la segunda religión mundial, tras las distintas variantes de cristianismo que agrupan a 2100 millones (el tercer grupo consta de agnósticos, ateos y no alineados, con más de 1000 millones). Daniel Pipes estimaba recientemente que el número de musulmanes comprometidos con la causa islamista podría ser tan amplio como 200 millones. No son pocos, pero ¿son suficientes?
A pesar del último crecimiento del Islam, ¿estaría el credo de Muhammad próximo a alcanzar su "techo malthusiano"? Esto es lo que opinaba hace poco un optimista pero bien informado Daniel Dennett: el progreso del Islam se debería más a su demografía exitosa (y a los mecanismos de control que prohiben la apostasía) que a la capacidad para lograr atraerse nuevos conversos. Las conversiones de occidentales al Islam son, en realidad, sucesos bastante extravagantes, aunque nunca falta un Cat Stevens, un Blas Infante o un Mansur Escudero. La mayoría de los musulmanes europeos, a pesar de las preocupantes noticias de Eurabia, son también emigrantes o hijos de emigrantes.
Sin perjuicio de la ideología imperialista expansionista del Islam (según la ex-nazi Sigrid Hunke el "Sol de Alá" está destinado a brillar tarde o temprano sobre todo occidente) su área de influencia histórica parece limitada por los territorios que van desde Damasco a la "península de Mahoma" (Al-Andalus). El islamismo, o al menos la ideología yihadista, parece marcado por esta impronta trágica que separa al mundo en dos mitades, según se encuentre o no dominado por la Sharia: el Dar al-Harb y Dar al-Islam; y así de amenazante se mostraba Osama Bin Laden en su mensaje tras el 11 S.
Les digo a todos esos que estos acontecimientos han dividido el mundo en dos frentes, el frente de los creyentes y el frente de los infieles. Que Alá nos proteja a nosotros y a vosotros de ellos. Cada musulmán debe levantarse para defender su religión. El viento de la fe está soplando y el viento del cambio está soplando para expulsar al demonio de la Península de Mahoma, ¡que la paz sea con él!
Ibn Warraq, autor de Por qué no soy musulmán, desarrollaba una interesante línea de argumentación sobre el islamismo, presentándolo no ya como vanguardia de una civilización verdaderamente universal, genérica, sino como un trasunto de las culturas árabes específicas. El Islam caería, según esto, del lado de la Kultur, más que de la Zivilisation; por utilizar un binomio muy familiar en la historia europea. No decimos que en el Islam falten elementos universalistas (¿es que alguna otra religión, algún estado o imperio puede realmente arrogarse la representación del género humano?), sino que estos se encuentran recortados sobre un fondo fuertemente particularista. De hecho, el concepto de barbarie (la "era de barbarie e ignorancia" o jahiliyya) que pretenden superar los seguidores de Mahoma se refería antes al tribalismo árabe y hoy señala al "paganismo" y la impiedad de los occidentales. El Islamismo habría de convertirse, según esto, en una especie de "arabismo extendido", y esto sin negar las diferencias con otros "panarabismos" de raíz política, como el movimiento que lideró Abdel Nasser, o incluso el panturanismo de los otomanos turcos.
A diferencia del arabismo islámico, la religión cristiana no estuvo confinada, desde el principio, al particularismo de una sola cultura, etnia o lenguaje. En la formación del cristianismo habrían comparecido dos tendencias contradictorias. En primer lugar, la que postulaba continuidad con la "vieja alianza" del Antiguo Testamento establecida entre Yavé y los judíos, en cuanto "pueblo escogido". Esto explica el esfuerzo de los evangelistas para asegurarse de que Jesús es el mesías esperado por los hebreos. Jesús nace de una virgen (Mateo 1 y Lucas 1), tal y como profetiza Isaías (7:14), en Belén (Mateo 2:15 y Miqueas 5:2). Además, se añade el probable mito de la matanza de los inocentes (Jeremías 31:15 y Mateo 2:17-18) o la huída hacia Egipto (Oseas 11:1 y Mateo 2:15). Se comprende así, por ejemplo, que la traducción al griego del hebreo almah (mujer joven) a parthenos (virgen), no sea algo así como una mutación misteriosa o una equivocación casual. En segundo lugar, otra tendencia aseguraba la discontinuidad con esta misma tradición judía y sus expectativas mesiánicas históricas. Tal y como explicaba Robert Gillooly, las historias que conciernen a la estrella de Belén, el nacimiento virginal, la veneración del niño por los reyes, los milagros, la ejecución, o la ascensión al cielo y resurrección de Jesucristo tienen raíces profundas en las narrativas heroicas y en las mitologías paganas conocidas en la antigüedad. En una edición de Free Enquiry de 2004 (citado por Richard Dawkins), Tom Flynn documentaba la tensión que existe entre los deseos de Mateo por hacer cumplir las expectativas mesiánicas judías, y el plan de Mateo (y no digamos el de Pablo de Tarso) para adaptar el cristianismo a los gentiles, recogiendo todo el "potencial semántico" de las religiones helenísticas. En efecto, si Jesús es el Cristo, y este ha nacido de una virgen, su linaje real que lo conecta con David (por la vía paterna de José) pierde mucha de su vieja relevancia.
Pero quizás la fuente principal de diferencias entre los "universalismos" cristiano e islámico sea el lenguaje escogido por Dios para comunicar su texto sagrado. Mientras que Alá habla -a través de su amanuense terrenal- en árabe, el Dios cristiano lo hace simultáneamente en hebreo, arameo, griego, latín…y a partir de la reforma, en todas las demás lenguas nacionales. El q’ran es la principal fuente de legitimidad de la práctica religiosa arabo-islámica, ello sin perjuicio de que existan otras tradiciones orales y escritas (sunna, hadith) en un sentido mucho más fuerte en que la Biblia es la fuente de legitimidad de los credos cristianos.
La naturaleza literalista específicamente árabe del Islam explica por qué, desde su origen, se convierte en un Imperio esclavista, extendido gracias a la espada y a los mecanismos de "cerrojo teológico" (sin que por ello suscribamos la tesis naif sobre el "pacifismo" de las otras "religiones del libro"). En efecto, aunque el Islam pudiera llegar a "tolerar" otras religiones y culturas en sus dominios, como es sabido el estatuto jurídico y político de los "cafres" (infieles) era parecido al de los esclavos o, a lo sumo, el de los clientes romanos. En buena medida la idea de una convivencia pacífica de las "tres religiones", por decirlo al modo de Américo Castro, es un mito (y Serafín Fanjul tiene un volumen indispensable sobre este tema). Finalmente, y proyectando esta historia de siglos en el porvenir inmediato, "un imperio universal islámico sin infieles sometidos es difícilmente concebible, e imposible en la práctica". Es difícilmente concebible, teniendo en cuenta la estructura teológica e histórica del credo islamista (que, entre otras cosas, produce hoy una literatura jurídica universal diferenciada, a través, por ejemplo, de la Declaración de los Derechos humanos en el Islam de 1990, o la Carta árabe de derechos humanos de 1994) y quizás imposible en la práctica, puesto que implicaría la eliminación física de una población millonaria de "cafres" impíos. Tal y como sentenció el imán Jomeini:
El islamismo dice: matad a todos los no creyentes tal como ellos os matarían a vosotros.
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Este artículo procede de una discusión en Neoconomicón sobre agravios y la lucha entre Cultura y Civilización.


Sólo una puntualización: cuando hablo de la imposibilidad de un imperio islámico sin infieles me refiero a la insostenibilidad de todos los estados islámicos observantes, que eran crónicamente deficitarios desde el punto de vista fiscal. Como en el caso de un estado socialista puro -y es exactamente la analogía que emplea Daniel Pipes-, un estado islámico observante se ve abocado al colapso, es insostenible. Eso propició lo que también Pipes llama la “síntesis medieval”, una solución prudencial que permitía a los gobernantes islámicos recaudar entre los fieles con diversas excusas, pero siempre ante la mirada desaprobatoria de los alfaquíes. La tensión entre la síntesis y la observancia hacia que, cuando la última dominaba, los cafres sufrieses mayor presión e incluso persecuciones, y que se tensasen las prohibiciones coránicas, como la del alcohol, etc. Esta dinámica está bien atestiguada, por ejemplo, en Córdoba.
Bueno, en un hipotético imperio futuro, también quedaría el recurso al “islamic banking” y artefactos similares que pudieran desarrollarse, pero no me parece que sean esos precisamente los terrenos donde más a la vanguardia está el yihadismo. Sin petróleo, volverán a sumirse en la anomia de los últimos siglos.
Comment by Chema — February 7, 2007 @ 10:12 pm
Sí, es posible, aunque habría que ser muy prudente con aquello de la “imposibilidad” del socialismo o, por analogía, la imposibilidad del islamismo económico. En un cierto sentido es obvio que el socialismo no se lleva bien con el cálculo económico, pero aún así la URSS sobrevivió decenios a los vaticinios de Von Mises…hasta que Reagan (siguiendo la estrategia aconsejada entre otros por Luttwak) decidió acelerar la carrera armamentística, provocando el colapso soviético finalmente.
También cabría la tortuosa y siniestra posibilidad de que los estados islámicos conservaran cierta estructura del capitalismo económico…pero manteniendo la jefatura política y religiosa, a la manera como en China aún se conserva el partido comunista único. Supongo que por ahí van los derroteros de la “síntesis”.
En realidad, los imperios esclavistas no solo caen de maduros….muchas veces hay que darles grandes y decididos empujones (véase, por ejemplo, la historia de EE.UU; la derrota del sur no tuvo que ser solo ideológica, o económica, sino militar).
Comment by Eduardo — February 7, 2007 @ 10:49 pm
Sí, cuando me refiero a la imposibilidad tanto del socialismo como del islamismo me refiero -y también Pipes- a formas doctrinalmente puras, que son inaplicables, como los bolcheviques tuvieron ocasión de comprobar tras la revolución y como bien sabían los gobernantes islámicos tradicionales. La URSS sobrevivió, y podría haber durado más, pero fue a costa de convertirse en un modelo casi mixto, una especie de capitalismo monopolista de Estado. En ese sentido, es interesante lo que planteas, una especie de modelo chino aplicado al islam que cazase tanto los ratones económicos como los ideológicos y donde “islamic banking” y “ONG islámicas” podrían tener un papel destacado. De todas formas, creo que hay algo en el islam que es esencialmente incompatible con el Leviatán -de ahí su eclipse en la era de los Estados modernos y su resurgimiento con el debilitamiento de éstos.
Comment by Chema — February 8, 2007 @ 12:56 am
Ah, se me olvidaba, hay un libro de Efraim Karsh que habla de esto, Islamic imperialism, lo tengo que pedir a amazon un día de estos.
Comment by Chema — February 8, 2007 @ 10:31 am
Y sobre la “globalización” del imperio wahabi saudi:
http://comment.independent.co.uk/columnists_a_l/johann_hari/article2248747.ece
Comment by Eduardo — February 8, 2007 @ 2:54 pm
Solo un comentario breve para añadir a los occidentales conversos a Roger Garaudy, que pasa del marxismo al Islam de manera sorprendente.
Comment by Luis Rivera — February 9, 2007 @ 11:10 am
O no tan sorprendente. Es un poco como cuando los socialistas se hacían fascistas (Mussolini) o los nazis se hacían islamistas (Hunke); hay muchos vasos comunicantes.
Comment by Eduardo — February 9, 2007 @ 3:33 pm