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Moda & AntimodasFebruary 5, 2007 7:36 pm
 
 
Economía política 5:51 pm

Lo cita Carlos Madrid, en un estudio sobre las relaciones entre Socialismo y Capitalismo. Excelente munición contra el liberalismo (y el socialismo) esencialista, y a favor -al menos a mi juicio, del liberalismo gradualista:

El Estado no sólo establece la moneda como parte formal del sistema económico. También, en su papel de Estado gendarme, hace posible que se mantengan a salvo los mercados de los asaltos de los que permanecen fuera de las cadenas de producción o distribución. Mediante la escolarización obligatoria hace posible la conformación de los individuos como productores y consumidores; mediante la política de seguridad social permite la subsistencia (incluyendo el panem et circenses) de una población que de otro modo causaría el desplome del sistema. El Estado crea además las infraestructuras (ferrocarriles, autopistas, líneas de alta tensión) sin las cuales la economía de mercado no podría funcionar. En resolución, lo que se llama «Estado liberal» o «economía libre» (del Estado) es una ficción que sólo tiene un sentido comparativo (respecto de los Estados llamados intervencionistas o socialistas) en el contexto de la gradación de las involucraciones de las categorías económicas en las categorías políticas. La diferencia entre un Estado liberal y un Estado socialista no es una diferencia entre economía libre y economía intervenida; más bien, es una diferencia entre «economías intervenidas» [o «economías libres»], según determinadas proporciones.» (Gustavo Bueno, La vuelta a la caverna, págs. 207-208, cc. nn.)

España, Terrorismo, Conservadores 3:04 am

Un hombre que oculta su cara con un pasamontañas entra en algún restaurante de alguna ciudad de alguna nación europea. Se detiene delante de una mesa en donde un grupo de personas disfrutan de una comida. Saca un revólver del bolsillo y descerraja dos tiros contra uno de los comensales. Inmediatamente después de impactar en su destino, la bala consigue desfigurar el rostro de un hombre que tardará pocos segundos en morir. Mientras sus compañeros se horrorizan por la escena dantesca, el hombre del pasamontañas huye.

¿Cómo debe reaccionar una sociedad política ante un acto semejante? ¿Qué diferencia hay en que los comensales sean representantes públicos o personas privadas? ¿Y entre que el asesino pertenezca a una banda organizada o actúe siguiendo los impulsos de su psicopatía o de la venganza personal? Lo normal, en todos los casos, sería esperar que se iniciara la búsqueda del criminal, este fuera sometido a un juicio justo y, tras probar su participación en los actos, se hiciera aplicar sobre el asesino la sentencia correspondiente (y con violenta represión si es necesario). Todo ello sólo sería posible en una sociedad construída bajo dos importantes condiciones: buenas leyes y un gobierno dispuesto a cumplirlas. Sin embargo, el ethos socialdemócrata europeo parece dispuesto a hacer varias excepciones. ¿Qué clase de estado, en efecto, es aquel donde las buenas leyes no son cumplidas, aunque existan? Aristóteles (y Platón antes) lo advertía en los comienzos de nuestra civilización: no hay buen gobierno salvo allí donde se hace obedecer la buena ley (Política, Libro VI, Capítulo VII).

Hace un tiempo Gregorio Luri nos recordaba, citando un artículo de Irving Kristol, la necesidad de mantener el concepto de Virtud Pública (manliness, hombría, andreia) para no descender al "desierto de la voluntad impotente". Sostener esta Virtud Pública, única digna de imperar entre hombres libres, es quizás la mayor de las preocupaciones para toda República. Incluso para la más "liberal" de las naciones, los EE.UU, este principio fué muy bien comprendido como límite frente al exceso del falso individualismo y el imperio de los deseos privados. Washington, Adams, Jefferson y compañía sabían que no hay Virtud Republicana, ni verdadero gobierno popular, allí donde las preferencias privadas anteceden absolutamente a las necesidades públicas. Por cierto, que no se ve cómo los nuevos libertarios y anarcoholics en red, para los que no hay más dominio legítimo que el del antojo de la subjetividad, podrían contribuir a esta Virtud Pública, sin la cual no hay propiamente república, ni justicia, ni sociedad política. Aristóteles también percibió este hecho con toda claridad:

Lo que sucede es que cuando una asociación es tal que cada uno sólo ve el Estado en su propia casa, y la unión es sólo una simple liga contra la violencia, no hay ciudad, si se mira de cerca; las relaciones de la unión no son en este caso más que las que hay entre individuos aislados. Luego, evidentemente, la ciudad no consiste en la comunidad del domicilio, ni en la garantía de los derechos individuales, ni en las relaciones mercantiles y de cambio; estas condiciones preliminaries son indispensables para que la ciudad exista; pero aún suponiéndolas reunidas, la ciudad no existe todavía. La ciudad es la asociación del bienestar y la virtud, para bien de las familias y de las diversas clases de habitantes, para alcanzar una existencia completa que se baste a sí misma.

Política - Libro III, Capítulo V 

Conviene destacar que la "virtud" romana y griega difiere bastante de las virtudes cristianas, a cuyos principios sublimes (en la mítica "ciudad de Dios" al menos) debía quedar subalternado el conjunto de las virtudes políticas. Esta tendencia anarquizante del cristianismo se aprecia con toda claridad en el tratamiento "eticista" de muchos temas políticos del presente, orientados por una moralidad "compasiva", no violenta, basada en la idea de perdón y de reconciliación en una "paz de la fe" del porvenir celeste, por decirlo a la manera de Nicolás de Cusa. Esta ética compasiva, a menudo en franca contradicción con la ética de la virtud política, se transparentó nítidamente en la concentración que el obispado de Bilbao ("Muévete por la paz") convocó este sábado, coincidiendo con otra manifestación en Madrid organizada en torno, no tanto a aquella "ética compasiva", sino a la idea de Virtud Política. Ahora bien, lo que el obispo de Bilbao y su devota parroquia no pueden ignorar, y si pretenden ignorarlo es con mala fe manifiesta, es que, mientras que unos se "mueven por paz", otros deben moverse en dirección opuesta precisamente para evitar que se cometan más crímenes, o bien para castigar a los criminales que ya los han cometido. La actitud "pacifista" del obispado en esta cuestión, exigiendo que ETA desparezca por propia voluntad, equivaldría a una situación imaginaria en la que unos médicos, en lugar de intervenir de urgencia a un paciente aquejado por apendicitis, exigieran la "desaparición" espontánea del proceso inflamatorio de la apéndice.

Será verdad que, mientras la primera guerra mundial se pensó que formaría un "mundo para los héroes", después de la segunda guerra mundial sólo cabe un "mundo para las víctimas".

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Tras la virtud (After virtue), es el título de la obra más conocida de Alasdair MacIntyre, de inspiración aristotélica. 

ACTUALIZACIÓN: Neoconomicón tiene un excelente artículo cuestionando la "inocencia" del pacifismo incivil. 

 

Palas Atenea, protectora de la ciudad.