Richard Carrier, autor de Sense and goodness without god. A defense of metaphysical naturalism (y a quien conocíamos por su entrevista en The god who wasn’t there), ha criticado en su bitácora la inconsistencia de algunas definiciones jurídicas y filosóficas de "sobrenaturalismo" que pretenden situar lo sobrenatural en algún lugar más allá de la ciencia y sus métodos de verificación racional. Por ejemplo, el juez Jones había definido la "intervención sobrenatural" como una intervención "que no puede ser explicada por causas naturales, o probada a través de investigación empírica, y por ello no es testable ni verificable".
Aunque Carrier tiene razón en señalar que los así llamados fenómenos paranormales, religiosos o sobrenaturales en general no deben quedar situados más allá del escrutinio científico, yerra en el modo como este escrutinio debe ser intepretado.
En opinión de Carrier, que habla desde un naturalismo "pragmático" o "suave", la ciencia puede investigar legítimamente lo sobrenatural. Aunque reconoce la probable "pérdida de tiempo" que supondría dedicarse a "investigar lo sobrenatural", su posibilidad científica no se niega terminantemente, puesto que la "hipótesis sobrenatural" es verificable, en contra de la definición jurídica. Incluso, la misma comunidad científica podría verse obligada a rechazar su "naturalismo metodológico" si llega a evidenciarse algún día la realidad de lo sobrenatural.
Carrier define lo paranormal como aquel conjunto de fenómenos que caen, en principio, fuera del dominio de la "ciencia plausible". En este sentido, podría ser que tales fenómenos fueran simplemente fenómenos naturales aún no descubiertos, o -y aquí es donde Carrier da un peligroso saltum, pudiera ser también que abrazaran efectivamente alguna causa sobrenatural.
A mi juicio, el principal defecto del planteamiento de Carrier radica en la propia esencia del "naturalismo suave" o pragmático que obliga a establecer distinciones muy poco operativas, como la que media entre lo paranormal como fenómeno, y lo paranormal como explicación. Carrier no acierta a apreciar la solidaridad que hay entre las paraciencias y el sobrenaturalismo, paralela a la profunda solidaridad entre el sentido moderno de ciencia y el naturalismo (o materialismo). La idea de ciencia, en efecto, como ha explicado Gustavo Bueno en su Teoría del cierre categorial, no es unívoca, sino análoga: existen diversas ideas de ciencia. La idea antigua de ciencia incluía, junto con la geometría o la teoría del silogismo, a la misma teología (que Tomás de Aquino consideraba "subalternada" a la "ciencia de los bienaventurados"). Pero la revolución copernicana y, ante todo, la mecánica newtoniana, vino a romper la tranquilidad y armonía clásica del bloque Ciencia-Filosofía, del que Kant dio muy buena cuenta en su Crítica de la razón pura. A partir de Newton, se diría que la teología abandona la "república de las ciencias" (de la que siempre quiso ser monarca) y comienza a hacerse más nítida la distinción entre Ciencia y Paraciencia, verdaderas y falsas ciencias (por ejemplo, astronomía frente a astrología, alopatía frente a homeopatía, alquímica frente a química &c). Todo el edificio de la ciencia moderna se levantaría sobre esta dialéctica naturalismo/sobrenaturalismo: la teoría heliocéntrica empezó por cuestionar la centralidad de la tierra en el drama de la salvación cósmica, la mecánica de Newton continuó despejando la intervención de fuerzas misteriosas en el movimiento del cosmos, unificando la física Celeste y Terrestre, mientras que la ciencia darwiniana terminó por hacer el descubrimiento más peligroso de todos: el origen natural de la vida, unificando a la especie humana con el resto de seres vivos "naturales" y socavando la "hipótesis" del diseño divino inteligente.
No se trata tanto de que el sobrenaturalismo sea falso, sino de que no hay tal "hipótesis sobrenatural" genuina. La hipótesis sobrenatural no es, sencillamente, ninguna hipótesis (científica). Del mismo modo que las explicaciones (sobrenaturales) no son en absoluto "explicaciones", a la manera como lo entiende la ciencia moderna. "Explicación" (explicare: des-plegar, sacar hacia afuera) es un término dialógico más que epistemológico, tiene que ver con el procedimiento de transmitir conocimientos entre las personas. La teoría mítica sobre Atlas sosteniendo la esfera del mundo puede considerarse "explicación" solo en este sentido genérico, pero no es ciertamente una "explicación" de carácter científico. La ciencia de las "explicaciones sobrenaturalistas" sería, acaso, no simplemente una "ciencia revolucionaria", sino un nuevo tipo absoluto de ciencia que obligaría a romper todas nuestras concepciones previas. ¿Es que la ciencia moderna no es, en sí misma, una crítica del sobrenaturalismo? ¿No es la ciencia, justamente, una crítica de los fenómenos, de las apariencias del mundo, en el sentido de que nos descubre permanentemente lo sobrenatural (o paranormal) como apariencia, como falsedad?
Desde nuestra perspectiva, que podríamos llamar "naturalismo fuerte", lo "paranormal" no es solo aquello que queda fuera de la "ciencia normal", de la ciencia paradigmática (por decirlo al modo de Kuhn), y que Carrier llama "ciencia plausible", sino también más alla de todo recinto científico posible. Lo paranormal forma parte del dominio de la paraciencia. Cuando tratamos de las "psicofonías", pongamos por caso, ¿cómo distinguir entre "fenómeno" y "explicación"? No puede ocultarse que el propio "fenómeno paranormal" está ya contaminado por metafísica sobrenaturalista; ¿acaso no significa psicofonía "sonidos de las almas"?. No cabe separar lenguaje teórico y observacional, como hace Carrier, pasando por alto las críticas más elementales a la concepción empirista de la ciencia. El lenguaje teórico "paranormal" no es, ni puede ser, científica o filosóficamente neutral. Por eso escandaliza aún más la ignorancia -o la mala fe- de conocidos "investigadores" y "periodistas" dedicados al "mundo del misterio" que, bajo pretexto de proporcionar información "imparcial", enjaretan al público un sobrenaturalismo tan partidario como acrítico y grosero.

