I
En el último artículo de su bitácora Berta García Faet ha dedicado un extenso artículo a tratar la relación entre ideas, política y religión, ocupándose específicamente del viejo caso del "Cristo socialista" nuevamente devuelto a la circulación mediática debido al reciente juramento constitucional de Hugo Chávez. Aquí me ocuparé solo de la cuestión más general: la filosofía de la religión y sus alternativas.
II
Cuando nos enfrentamos a esta discusión, lo primero que resulta difícil de precisar es de qué hablamos cuando hablamos de "religión". "Religión", en efecto, abarca en realidad un conjunto bastante heterogeneo de fenómenos: ¿Qué tienen que ver el animismo, la santería, el budismo, el cristianismo, la "New Age" o el Islam?
Una teoría espiritualista supondría que la religión es la relación verdadera de los seres humanos con entidades no humanas, normalmente sobrenaturales, que se manifiestan de algún modo en la historia y en la naturaleza. Por ello, Mircea Eliade pudo hablar de "hierofanías"; manifestaciones de lo sagrado en la historia humana, o Rudolf Otto, que pretendía organizar los materiales religiosos en torno a la categoría de lo "numinoso". Una teoría materialista partiría también del reconocimiento de esta fenomenología religiosa, según la cual los seres humanos se relacionan de un modo específico con otros agentes considerados no humanos, sino sobrehumanos, solo que esta relación se declararía falsa, ya que no existen Dios, los ángeles, los demonios, Apolo o los númenes. El sobrenaturalismo sería un puro "fenómeno", una apariencia que oculta la verdadera esencia de la religión. Por ello, Marx -después de que Feuerbach invirtiera los predicados de la antropología y la teología- pudo hablar de la religión como "opio del pueblo" -aunque no es esta la única teoría materialista posible.
Es necesario tomar partido filosófico: o materialismo (naturalista) o espiritualismo (sobrenaturalista). La alternativa a la filosofía es, por otra parte, una vieja conocida: la sofística y sus distintos pseudónimos: ideología, particularismo, eclecticismo, relativismo…
III
Roma no habría evitado su ruina conservando sus dioses, sino más digno de fe me parece que éstos habrían perecido mucho antes si Roma no hubiera hecho lo imposible por conservarlos a ellos.
- san Agustín
Dada la implantación prácticamente universal del fenómeno religioso en el mundo, parece bastante obvio que las ideas religiosas poseen alguna "
liquidez", en el término que prefiere Berta García Faet, y algún "valor adapativo". Sin embargo existe un dilema sobre cuál es realmente el sujeto de esa "adaptación". O bien este sujeto son las mismas ideas religiosas, que establecerían una relación parasitaria con las sociedades de personas: las religiones, o algunas entre ellas, no se preocuparían por la supervivencia o el bienestar de los hombres, sino que tomarían al ser humano como un mero huésped para favorecer la reproducción del "meme" religioso, a la manera como el
toxoplasma gondii invade el estómago de los gatos para lograr reproducirse. O bien las religiones establecerían una relación mutualista con los hombres, favoreciendo la adaptación de las sociedades de personas junto con la reproducción diferencial de las ideas (memes) religiosas. Aquí, por tanto, encontramos más posibilidades teóricas:
teorías parasitarias y
teorías mutualistas de la religión, o bien una combinación de ambas -que parece la opción más razonable.
En tercer lugar, es necesario tomar partido por una
teoría política de la religión, o una teoría, digamos,
existencialista, de la misma. La forma "existencialista", individualista, por antonomasia, la podemos encontrar en William James (
Variaciones de la experiencia religiosa), que entendía la religión en referencia a las "experiencias" religiosas de los individuos. Por contra, la forma política, considerando que el hombre es un animal social y político, intenta explicar la religión como un fenómeno fundamentalmente social y, en último análisis, también político. Ésta es la opción de Daniel Dennett, y la que yo mismo defenderé frente a la teoría religiosa que podríamos llamar "
individualista":
Lo cierto es que es muy difícil valorar la liquidez de una idea que se ha impuesto coactivamente, pero es posible preguntarnos por los orígenes: 1. ¿por qué fue relativamente sencillo imponerla? Y 2. ¿por qué tuvieron más liquidez las ideas de Cristo que otras más o menos coetáneas y de igual carácter profético? En este sentido, tanto la atroz Inquisición, como el edicto de Constantino, me son indiferentes, porque ambas necesitan de una previa expansión de ideas mínimamente cristianas. Lo que hay que analizar es 1. por qué el cristianismo fue más líquido que cualquier otra corriente de la época y 2. por qué, a la hora de marcar unas pautas de comportamiento moral, históricamente se ha recurrido a la idea de Dios y no se ha implantado de forma espontáneamente laica.
Para nosotros, materialistas, la política cuenta, y contra la opinión de García Faet, la coacción sí puede hacer crecer o decrecer la fe. Por supuesto, no toda Ley crea su Orden correspondiente, y es difícil imaginar que la Ley pueda imponer cualquier orden religioso. Pero hay un clarísimo Non Sequitur en la afirmación de que, dado que la Ley no puede imponer cualquier credo, entonces no puede imponer ninguno. Además, no podemos partir de un escenario religioso adialéctico, como si se tratara de escoger entre una sociedad atea y una sociedad religiosa. No existe una sola religión, o una sola fe, sino muchas que compiten constantemente entre sí. ¿Por qué entonces unas progresan (tienen más liquidez) mientras que otras retroceden o desaparecen? La pregunta es legítima. Más aún ¿Por qué la religión no desaparece absolutamente? La experiencia soviética y cubana (donde 48 años después los babalaos siguen haciendo "predicciones" tirando conchas sobre un tablero) acredita que es muy difícil arrebatar cualquier fe, cualquier sobrenaturalismo, de las sociedades de personas. Pero, por supuesto, las religiones evolucionan.
Admitir esta naturaleza evolutiva de la religión implica rechazar la idea de la religión como un programa que pueda ser diseñado de antemano. La religión
en evolución no se nos aparece como el producto del diseño humano (o divino) inteligente. En buena medida las ideas religiosas son "free floating rationale"; las religiones no son "creadas" por Dios, o por sus intermediarios fundadores (Mahoma, Jesús, san Pablo, Ronald Hubbard,
John Frum &c); y tampoco son deliberada o arbitrariamente impuestas por los gobernantes (edicto de Constantino, constituciones de Licurgo y Solón, constitución americana &c). El mismo proceso político tampoco es deliberado: si las sociedades primitivas de personas llegaron a convertirse, en algún momento, en sociedades políticas, es decir, en sociedades
de ciudadanos, ello no se debe únicamente a la genialidad de los legisladores o a fundadores míticos realizando trabajos heroicos, sino a la codeterminación y concatenación de muchos procesos materiales. Entre ellos, el propiamente político. Cuando hablamos de las "ideas de Cristo", es necesario tener en cuenta (como hace
Eric Kauffman) las ventajas competitivas que el credo cristiano ofrecía con respecto a los demás "oferentes" espirituales. Pero, ¿sugiere quizás García Faet que las "ideas de Cristo" que finalmente se establecieron en Nicea, y sólo pudieron ser preservadas manteniendo constantemente a raya a una bulliciosa competencia de herejías (gnósticos, arrianos, maniqueos, donatistas &c) coinciden con las
ipssisima verba Iesu? Dado que la fé cristiana se da
ya en un contexto político, y precisamente por eso se distinguía del paganismo (del
pagus, campo), no cabe la menor duda de que el Leviatán fué un factor condicionante de primera categoría en la codeterminación de la ideología cristiana (frente a los gentiles, frente a los paganos y frente a los herejes). El sello regio de la "moneda religiosa" incrementa y garantiza su liquidez ante sus competidores (gentiles, apóstatas, herejes).
Es difícil imaginar como el Islam, por ejemplo, podría sobrevivir sin un aparato político de coacción muy refinado, que incluye la pena capital de los apóstatas, la prohibición de levantar cualquier edificación profana sobre una mezquita y un severo monopolio de culto. El Islam no suprime, sino que espiritualiza la política, al intentar refundir las "dos ciudades" (celeste y terrena) en una unidad universal bajo la misma Ley o Sharia. Y si miramos más cerca, al cristianismo católico, ¿acaso el catolicismo español hubiera sobrevivido hasta la fecha sin la coacción decisiva de la Inquisición, que implicaba la eliminación sistemática de los focos heréticos más peligrosos, como aquellos luteranos de Valladolid que amargaron los últimos días de Carlos I? A los protestantes de Valladolid, en efecto, no les resultó nada "indiferente" la coacción política del Rey. En efecto, ¿Acaso las sentencias de la Inquisición hubieran podido cumplirse a no ser porque eran relajadas al brazo secular? Sin embargo, una teoría individualista de la religión se ve obligada a considerar todos estos hechos históricos cantidades despreciables a la hora de pesar la verdadera esencia religiosa.
En definitiva, reconocemos que sin el Rey, sin el Leviatán, la liquidez religiosa (la católica europea, frente a la animista americana) no podría haberse mutiplicado como lo hizo. Y en cuanto a la persuasión religiosa "pacífica", ¿Es que los misioneros españoles hubieran podido evangelizar a alguien en América
a no ser porque contaban con la cobertura de los conquistadores? ¿Qué "liquidez" hubieran alcanzado las pacíficas "ideas de Cristo" en América a no ser por el imperialismo español, que obligaba a los conquistadores a firmar capitulaciones previas con el Rey, y a la "atroz" inquisición española, que se aseguraba de mantener cierta pureza de la doctrina? Otro tanto,
mutatis mutandi, se diga del
caso anglosajón, y ello pese a su
ethos liberal. Gustavo Bueno, sobre
frailes y
conquistadores:
Pero no parece, por ello, que pueda "cargarse en la cuenta de la Iglesia", de los frailes, la gloria de la defensa de los derechos humanos. Podríamos incluso arriesgarnos a decir que había una "mala fe" en los dominicos aún más perversa que la brutalidad de los encomenderos; porque los frailes sabían (y si no lo sabían es porque no querían saberlo) que sin las tropas de cobertura ellos no podían seguir catetuizando sin violencia en sus dogmas y ritos a unos indios supersticiosos. En todo caso, afirmamos que la racionalidad estaba más del lado de los encomenderos y juristas que del de los frailes defensores de los indios inocentes (al menos si es que estos frailes buscaban mantenerlos en un estado de inocencia). Más aún, la racionalización no tenía (ni ha tenido jamás) otra vía de llevarse adelante (y eso ocurre ya en la educación de los individuos) que la de la coacción, con mayor o menor prudencia utilizada. La contraposición entre razón y violencia es metafísica, porque la razón carece por sí misma de capacidad orgnizativa y la razón sólo se hace presente como forma de administración de unos modos y maneras de violencia frente a otros.
en España frente a Europa, Pág. 331-332