El optimismo de Daniel Dennett
La Evaporación de la Poderosa Mística Religiosa
What are you optimistic about? Why? - EDGE
Soy tan optimista que espero vivir para ver la evaporación de la poderosa mística religiosa. Creo que en alrededor de venticinco años casi todas las religiones habrán evolucionado hasta ser fenómenos diferentes, de un modo tal que en la mayoría de los lugares la religión ya no producirá el respeto que hoy produce. Por supuesto mucha gente –quizás una mayoría de gente en el mundo- aún se apegará a su religión con la clase de pasión que puede suministrar violencia y otros comportamientos intolerantes y reprensibles.
Pero el resto del mundo verá este comportamiento como lo que es, y aprenderá a trabajar con él hasta que amaine, como ciertamente lo hará. Estas son las buenas noticias. Las malas noticias son que necesitaremos cada pedacito de semejante actitud razonable para tratar de un modo efectivo con problemas globales tan complejos como el cambio climático, el agua natural, y la desigualdad económica. En mi ánimo pesimista pienso que el Señor Martin Rees puede que tenga razón: algunas religiones desafectas o grupos (políticos) pueden desatar una catástrofe biológica o nuclear que detendrá todos nuestros buenos esfuerzos. Pero sí creo que tenemos los recursos y el conocimiento para anticiparnos a tales calamidades si nos mantenemos vigilantes.
Recuerden que sólo hace cincuenta años fumar era una actividad de clase alta y no se veía bien pedir a alguien que dejara de fumar en nuestra presencia. Hoy hemos aprendido que no debemos caer en el error de intentar prohibir que se fume, y por ello aún tenemos cantidad de cigarrillos y fumadores, pero ciertamente hemos mantenido los aspectos nocivos dentro de unos límites aceptables. Fumar ya no es algo de buena nota, y llegará el día en el que la religión sea, primero una opción de "o tomas o lo dejas" y, más tarde no sea considerada ya de buena nota excepto dentro de sus formas socialmente valoradas, en donde será un tipo de lealtad entre otras muchas. ¿Descenderán estas instituciones de la religión? ¿O las religiones se abocarán a la extinción? Todo depende de lo que usted crea que es la clave o los elementos definitorios de la religión. ¿Están extinguidos los dinosaurios o sus lijanes siguen vivos como pájaros?
¿Por qué confío en que sucederá esto? Principalmente por la asimetría en la explosión de información. Con la expansión mundial de la tecnología de la información (no solamente internet, sino los teléfonos móviles, las radios portátiles y la televisión), ya no resulta factible que los guardianes de las tradiciones religiosas protejan a sus jóvenes de la exposición a la clase de hechos (y, sí, por supuesto, a la información y a la estupidez de todo género) que mina suave e irresistiblemente el sistema mental del fanatismo y la intolerancia religiosa. El fervor religioso de hoy es, al fín y al cabo, un intento desesperado de nuestra generación para tapar los ojos y los oídos a las generaciones venideras, y no está funcionando. Para cada victoria bien publicitada –la inundación de evangélicos en la administradción Bush, el número creciente de académicos domésticos en los Estados Unidos, el auge del Islam radical, el muy exagerado “regreso” de la religión en Rusia tras el colapso de la Unión Soviética, por mencionar los casos más obvios –existen muchas derrotas menos dramáticas, como las de la gente joven que abandona silenciosamente la fe de sus padres y sus abuelos. Esta tendencia continuará, especialmente cuando la gente joven lleguen a averiguar que muchos de sus compañeros están decantántose por esta opción de perfil bajo. Alrededor del mundo, la categoría de “no religioso” está creciendo más rápido que los Mormones, más rápido que los evangélicos, más rápido incluso que el Islam, cuyo crecimiento se debe casi enteramente a la fecundidad, no a la conversión, y encontrará su límite pronto.
Aquellos que son secularistas pueden animar a sus propios hijos a beber de la fuente de la sabiduría hasta dondequiera les lleve, confiados en que sólo un pequeño porcentaje se rebelará contra su educación secularista para regresar a una u otra religión. Los cultos crecerán y disminuirán, tal como lo hacen hoy y lo han venido haciendo desde hace milenios, pero solamente aquellos que puedan transformarse en organizaciones socialmente benignas estarán en condiciones de florecer. Algunas religiones ya han hecho la transición, des-enfantizando los elementos irracionales de sus herencias, abandonando sus prohibiciones xenófobas y sexistas del pasado reciente, y cambiando su atención desde la pureza doctrinal a la efectividad moral. El hecho de que estas religiones adaptativas son despreciadas como antiguas religiones por los impertérritos puristas muestra lo frágil que se ha vuelto su lealtad desesperada. A medida que el mundo se informe a sí mismo sobre estas transiciones, aquellos que sean devotos al viejo estilo deberán trabajar contra el reloj para proporcionar atracciones, distracciones –y trucos culpables- para mantener la atención y la lealtad de sus hijos. No tendrán éxito, y no será una transición sin dolor. Las familias se separarán, y las generaciones se acusarán unas a otras de deslealtad y de algo peor: los jóvenes se espantarán por el descubrimiento de la desinformación deliberada de sus mayores, y sus mayores se sentirán abandonados y traicionados por sus descendientes. No tenemos que subestimar las angustias que engendrarán estas transformaciones culturales; debemos intentar anticipar los principales efectos y estar preparados para proporcionar ayuda y esperanza para los que se encuentren afligidos.
Creo que el problema principal que enfrentamos hoy es la reacción exagerada de la gente que desea desesperadamente convertirse en mártir. Lo que se precisa es paciencia, buena información y una demanda firme para la educación universal a cerca de las religiones mundiales. Eso favorecerá la evolución de las formas no virulentas de religión, a las que podremos recibir como continuaciones de la herencia cultural de nuestro planeta. Eventualmente, la verdad nos hará libres.
The Evaporation of the Powerful Mystic of Religion, Daniel Dennett.

