El historial de las experiencias "místicas", aunque sin Dios, no cuenta sólo con adeptos entre las personas religiosas, sino también entre muchos científicos, filósofos e increyentes. En particular, la tradición existencialista, empezando por Kierkegaard, ya había descrito pasajes en los que la conciencia experimentaba asombrosas transformaciones. Sartre en especial subrayó la discontinuidad que tales experiencias establecían con la vida corriente, al enfrentar al hombre con la extraña certeza de la existencia y de su libertad.

Hace unos años se hizo muy popular un libro de Ken Wilber, Cuestiones cuánticas, en donde se trataba de la relación entre los físicos y la mística. Aunque Wilber, contra la interpretación habitual (repetida ayer mismo en la prestigiosa "Tertulia de las cuatro C"), no afirmaba que la ciencia moderna, ni siquiera la teoría cuántica, proporcionase apoyo alguno a la mística, destacaba en cambio que muchos científicos habían alcanzado cierta concepción "mística" de la realidad.

Sam Harris, supuestamente uno de los "nuevos ateos", va algo más lejos con uno de sus últimos artículos titulado "Conciencia sin fe" y en donde nos revela una suerte de "rapto místico" en Tierra Santa. Aunque la experiencia no parece tener el mismo rango que la conversión paulina camino de Damasco, la iluminación de Vincennes de Rousseau, camino del castillo donde Diderot estaba preso, o la experiencia del "eterno retorno" de Nietzsche, merece ser reseñada como ejemplo de "espiritualismo ateo". Dicho brevemente, el pensamiento de Sam Harris, muy crítico con las religiones organizadas y las dogmáticas de las "religiones del libro", es cada vez más inconsistente con una visión naturalista y materialista del mundo (traducción mía):

Recientemente pasé una tarde en la orilla noroccidental del Mar de Galilea, sobre la montaña donde se cree que Jesús había pronunciado su más famoso sermón. Era un día de calor infernal, y el santuario estaba abarrotado con peregrinos cristianos de varios continentes. Muchos se reunieron silenciosamente en la sombra, mientras que otros permanecieron bajo el sol del mediodía, tomando fotografías.

Cuando me senté y divisé las colinas circundantes bajando suavemente hasta una isla del mar, un sentimiento de paz me invadió. Pronto se transformó en una quietud deliciosa que silenció mis pensamientos. En un instante, la sensación de ser un yo separado – un "Yo" o un "mí", despareció. Todo fue del modo en que había sido –el cielo sin nubes, los peregrinos sosteniendo sus botellas de agua –pero ya no me sentí como si estuviera separado de la escena, mirando el mundo desde detrás de mis ojos. Solo permeneció el mundo. La experiencia duró solo unos momentos, pero volvió varias veces a la vez que observaba la tierra donde se cree que Jesús caminó, reunió a sus apóstoles, y obró muchos de sus milagros.

Poco después Harris califica su vivencia como "conciencia sin yo" (selfessness of consciousness) y se apresura a distinguirla de las experiencias "organizadas" en torno a algún credo particular (budista, musulmán, cristiano &c). Semejante experiencia, que William James habría considerado un elemento esencial de la visión religiosa del mundo, y Ken Wilber (principal promotor de la psicología y la sociología trascendental) clasificaría seguramente en el marco de las "experiencias cumbre", plantea al menos tres grandes dificultades.

En primer lugar, podemos sospechar que la "experiencia" de Tierra Santa bascula entre lo trivial y lo extraordinario. ¿De qué se trata cuando se trata de la "conciencia sin yo"? ¿No podría tratarse, en el fondo, de una experiencia más bien corriente? El propio Suzuki, que introdujo el Zen en occidente, solía afirmar que el "satori" podía tener lugar en cualquier momento y en cualquier lugar, incluso sin seguir una disciplina espiritual especial.

En segundo lugar, ¿por qué precisamente en Tierra Santa, en los mismísimos santos lugares donde Jesús pronunció su más famoso sermón? ¿Por qué ha experimentado Harris la "conciencia sin yo" en Galilea y no en el metro de Nueva York? ¿No cuestiona esta localización hiperreligiosa las afirmaciones del propio Harris contra las "religiones del libro"?

En tercer lugar, la "experiencia espiritual" vivida por Harris, por mucho que él mismo desee desconectarla de cualquier afirmación metafísica, es en sus propios términos una afirmación metafísica. ¿Cabe más metafísica que hablar de "conciencia sin yo"? Si la conciencia no reside en el "yo", es decir, en el cerebro individual, ¿en donde se encuentra entonces? ¿En el intelecto agente objetivo de Averroes? ¿En el inconsciente colectivo junguiano? ¿En el "ego trascendental"?, ¿Y en qué "ciencia" puede apoyar Harris su narrativa mística?

En definitiva, Harris parece sugerir la posibilidad de que existan ¡"formas sin materia"! De hecho, su "espiritualismo ateo" ya estaba incoado en el capítulo donde se ocupaba de la mística en The end of faith, y ha quedado aún más subrayado en su defensa reciente de la investigación "paranormal" "injustamente estigmatizada".