El ruido tiene muy mala prensa. Wikipedia denuncia el ruido ambiental, el informático, el electrónico y, por nueva metáfora, el ruido o "perturbación que sufre la señal en el proceso comunicativo". El ruido parece tener mucho que ver, en efecto, con la comunicación, y esta con el lenguaje articulado. Desde el punto de vista "homínido", el primate se convirtió en hombre cuando transformó el sonido de su boca en palabra. Y la palabra, en música.
La filosofía misma tendría, desde Platón, una clara vocación musical: solo eliminando el sonido indeseado del alma podría apreciarse la verdadera música de las esferas (hoy hablaríamos de la radiación cósmica de fondo). El ruido procede de las mismas fuentes del caos, y sólo un logos musical podría evitar su entropía. La música adquiere para Platón (siguiendo el ejemplo egipcio) una gran importancia política.
La propia palabra del Dios cristiano se recibe, ante todo, a través de la escucha. El oído es el sentido religioso por excelencia, a pesar de que este Dios -a diferencia del de Aristóteles- también puede verse, tocarse, olerse e incluso degustarse -en la eucaristía. San Pablo recomendó que los cristianos taparan sus oídos a las "necias filosofías" para escuchar La Palabra. Se insiste también en rechazar el ruido secular ("lejos del mundanal ruido"), en afirmar la música sagrada sobre la profana, y en la huída de las mismas "conversaciones" (como recomendaba Fray Luis de Granada a los pecadores). La mística exacerba siempre esta sed de silencio; algo que Heidegger y sobre todo Wittgenstein llegaron a descubrir casi espontáneamente: "de lo que no se puede hablar, más vale callar". Y de hecho, se calló unos años.
En nuestra tradición, la mala fama del ruido procede de un Platón influído por la mística orfista. En su madurez (Sofista 263e) llega a identificar razón y conversación, afirmando al mismo tiempo la identidad de Filosofía y Silencio, pues la conversación filósofica consiste en un "diálogo silencioso del alma consigo misma" (Teeteto, 189e-190a). La filosofía anti-ruido de Platón es inseparable de su rechazo general del comercio y de todas las artes prácticas, tan alejadas del ideal theoretikós. Sin embargo, ¿acaso la filosofía no ha aparecido precisamente en el ruido bullicioso del ágora y del mercado, entre los tratos de los mercaderes, los discursos políticos, las lecciones de los sofistas y, en general, entre los rumores de la ciudad?


Claro, pero es que no es lo mismo rumor que ruido. El rumor (lluvia, cucharillas en un bar) acompaña la actividad o el reposo y nos ayuda. El ruido (OMS: ruido es todo sonido no deseado) se impone, destruye, impide la actividad y el reposo. Y si nos acostumbramos a él, peor. Estamos ya perdidos.
Comment by claudio — January 4, 2007 @ 9:05 pm
Pero, Claudio, es que el rumor es una especie de ruido, tiene su misma raíz.
Comment by Eduardo — January 4, 2007 @ 9:13 pm
Ya sé que es muy largo, pero es interesante y no dispongo de enlace.
El ruido y la furia. Félix de Azúa
Entre las muchas virtudes turísticas que adornan a Barcelona quizás la más valiosa sea la de haber sido elegida “Ciudad más ruidosa de Europa” en sucesivas ocasiones. Supera a Nápoles. El ruido de la capital catalana es un signo de identidad muy valorado por los sucesivos gobiernos, incluido el último, el más ruidoso de todos.
El ruido de Barcelona tiene imagen de marca. Tiene diferencia. Es un ruido grasiento, mohoso, estercolario, apesta a alcohol de garrafa, a calzoncillos sudados, a chotuno, a duchas de barracón. Tiene una calidad pegajosa, mucosa, con abundantes lagrimones y pitido deportivo. Es un ruido que te golpea con un tubo de escape rajado, te pincha con una lata oxidada, te abrasa con lejía carcelaria.
El ruido es un ente de difícil definición. Se opone al silencio, pero también a la música, la cual sería sonido inteligente frente al ruido como sonido absolutamente idiota. Sin embargo, mucha música podría ser considerada ruidosa. Por ejemplo, Varése para un devoto de Julio Iglesias (aunque no siempre), o Julio Iglesias para un devoto de Lachenman (aunque no todos). De modo que dejemos la música fuera de este asunto. El ruido se opone, pues, estrictamente, al silencio.
Ahora bien, el silencio no es el sonido del desierto y de la muerte. No hay actividad humana y común que sea silenciosa, excepto en los conventos (algunos) y bibliotecas (casi ninguna). Hay en cambio un silencio ameno que es el de las conversaciones sin gritos, el estudio con el runrún de otros lectores, el de un paseo por lugares con poca o nula circulación, y así sucesivamente. Este silencio ameno es el más feroz enemigo de los ayuntamientos los cuales ponen ruido incluso en las cimas de los montes.
Un malvado podría decir que los ayuntamientos tienen intereses económicos muy importantes en la producción de ruido. Las discotecas, terrazas, bares, restaurantes al aire libre, chiringuitos, fiestas de barrio, jaranas populares, motos cutres, quads, motitos de agua, motonas de bosque, motazas de pueblo, celebraciones públicas, toda actividad ruidosa, en fin, genera dinero municipal. Así que de un modo natural, los ayuntamientos se ponen del lado del productor de ruido.
Durante las últimas fiestas del barrio de Gracia de Barcelona, los grupos de hombres y mujeres que aporreaban tambores, contenedores de basura, cubos, botellones o bombonas de butano, pudieron armar gresca hasta el amanecer. La policía local (mossos d’esquadra) les protegía maternalmente de cualquier protesta vecinal por orden expresa de los políticos socialistas. La policía tenía orden rigurosa de no interrumpir el estruendo. La prensa afín al gobierno aplaudió este comportamiento diciendo que ha sido la celebración más pacífica en muchos años. Para algunos.
Es cierto que los vecinos del barrio de Gracia son gente de clase media baja y baja, gente humilde, trabajadores. Impedir que un trabajador descanse es tarea prioritaria para un ayuntamiento socialista: el trabajador no genera dinero municipal. Más bien lo gasta. Que lo proteja su padre.
Consecuencia de todo lo anterior es que los desalmados y asociales que luchan contra el ruido no tienen más remedio que acudir a la justicia. Es como si los ayuntamientos apoyaran a los ladrones y castigaran a sus víctimas. Éstas no tendrían otro recurso que pedir auxilio a los jueces. La justicia: el recurso de los desesperados en éste país. Casi un suicidio.
Pues tampoco era suficiente. Los ayuntamientos catalanes (cuyo caso es el que conozco, aunque supongo que en el resto de España no será distinto), desobedecían, no ejecutaban las sentencias, miraban al cielo y silbaban, juraban no tener medios (sólo fines), seguían protegiendo el ruido y cobrando de los productores de ruido.
Ahora, por fin, los tribunales han comenzado a condenar a los ayuntamientos catalanes por no cumplir las sentencias. Ya han sido empapelados más de veinte ayuntamientos, según informa La Vanguardia del 26 de agosto. Veinte. Arsa Manela! En las sentencias se les acusa de ineficacia y prevaricación. Entre el ruido y las inmobiliarias, los ayuntamientos están reuniendo lo mejor de cada familia.
Pero la información más importante es que ahora ya puede acudirse a la vía penal, mucho más rápida que la administrativa, para protegerse de los ayuntamientos. Así, por ejemplo, el responsable del restaurante “El Porter” de Barcelona ha sido condenado a cuatro años de cárcel. Ya pueden imaginar la tortura que este hombre ha infligido a sus vecinos para que le caiga semejante palo.
Gracias a la nueva vía penal se están descubriendo complicidades entre políticos municipales corruptos y empresas productoras de ruido. Pronto aparecerá una sentencia que atañe al barrio de Ciutat Vella de Barcelona, en donde dos concejales parecen estar detrás de negocios de producción masiva de ruido que hasta ahora han salvado todas las inspecciones.
Hace unos años, oí al marido de una concejala alabar los chiringuitos, las discotecas, los bares ilegales de la zona vieja de Barcelona, con la célebre razón de que “los jóvenes han de divertirse” y otras majaderías. Al salir de la reunión, uno de los invitados me susurró al oído, aterrado, que este personaje era dueño de chiringuitos, bares y discotecas. Un mafioso de cuidado con esposa intocable.
La lucha contra esta prevaricación municipal la lleva a cabo desde hace años la Associació Catalana contra la Contaminació Acústica (ACCA). Les han acusado, como siempre que alguien denuncia una corrupción en Cataluña, de ser del PP, de odiar a los jóvenes, de ultracatólicos, de españoles, en fin, de lo habitual en nuestro peronismo blando. En realidad se trata de gente que considera inadmisible que los munícipes se enriquezcan torturando a los vecinos que les pagan el sueldo.
Pueden hacerse socios, vivan o no vivan en Cataluña.
Comment by claudio — January 5, 2007 @ 12:34 am
Este es un pais , con una legislacion exhaustiva , incluidas las ordenanzas municipales , le reseño don claudio , que el limte en madrid son 30 decibelios , hasta el ladrido de un perro puede ser sancionado con este nivel de exigencia , pero con los concejles topamos .hasta ahora en este asunto de ruidos era demasiado onerosa la via penal …pero a la larga es la unica efectiva , eso de la coercion de carcel es lo mas disuasorio .
Comment by peggy — January 5, 2007 @ 12:46 am
El ruido se expande sin equilibrio, el que sin embargo sí puede acompañar al rumor. Bien visto, a cualquier alma con un mínimo de sensibilidad le suscitará más aversión un ruido que un rumor. Bien lo sabe quien trabaja con sonidos siete horas al día…”y sólo un logos musical podría evitar su entropía”.
Dice Claudio que el ruido se opone ‘estrictamente’ al silencio y creo que es incierto.Incluso interpreto, quizá erróneamente, que en las dos frases siguientes él mismo relativiza el adverbio.
El silencio puro no existe , ni siquiera, creo, en una cámara anecóica e, incluso, ahí está el sonido del silencio.
Y, en cuanto a la relación con los dioses me pregunto si, en este deslizante ‘juego’ de analogías, ¿son los dioses ruido para el hombre ó viceversa?
Sugerente ’sonido’ el de este post, Eduardo.
Por cierto, es positivo que el ruido (el concreto y el filosófico) soporten cierta ‘mala prensa’. Lo que ya no me parece tan positivo es que ese halo de rechazo se extienda al silencio, que es el fundamento para escuchar ruidos a tu pesar, murmullos, susurros, música…
Desde luego hay un ruído que detesto casí más que el de los tubos de escape recortados, como escopetas: ese que dice ‘Oe,oe,oe,oe…oeee,oeee…Es el sonido de la marabunta.
Comment by avanti — January 5, 2007 @ 1:37 am
Y disculpa que abuse pero no quiero dejar de señalar el siguiente comentario que me dijo un inválido sobre silla de ruedas,-además de diputado nacional-, cuando le pregunté cuál es a su juicio la minusvalía menos llevadera:”La sordera”. Me sorprendió. En algunos casos, como telefonistas y radiofonistas, la hipoacusia severa ha sido causada por un exceso de ruido.El mal deriva en pérdida de orientación,suspicacias indeseadas con deterioro de las relaciones personales e incluso en accidentes por ausencia de percepción auditiva.
Si esto ocurre en el mundo físico ¡qué no hará el ruido en el mundo de las ideas¡ Seré atrevido:No hay más que ver el ruido de/en muchísimos medios de comunicación. Frente a ellos está la ‘música’ del conocimiento equilibrado.
Comment by avanti — January 5, 2007 @ 1:46 am
En la “Apología de Sócrates”, de Platón, el filósofo acusado ante el tribunal de la ciudad tiene como enemigo principal, al que no es posible rebatir con ningún argumento, el “thóribos”, el ruido de la protesta colectiva, el “oé oé oé” que tras lanzar la acusación como una pedrada, inmediatamente patalea para sepultar con el ruido los argumentos defensivos del acusado.
La educación liberal es una educación contra el ruido, en sus diversas formas.
Comment by Gregorio Luri — January 6, 2007 @ 1:23 pm