A Jeff Jacoby (en Libertad Digital) le molesta que el mercado de postales navideñas con motivos religiosos esté en crisis en el Reino Unido. Y no solo eso…
La polarización política entre personas religiosas por un lado y agnósticos, no afiliados y ateos por otro, es cada vez mayor. Una encuesta mostraba que la distancia entre las "dos ciudades" no hacía más que aumentar desde 2002 en EE.UU. Lo escribíamos el 11 de diciembre.
La increencia aumenta entre los votantes demócratas, mientras que la práctica religiosa lo hace entre los republicanos. Un dato muy llamativo: el porcentaje de votantes demócratas que no acudían nunca a la Iglesia aumentó en 13 puntos desde 2002, mientras que disminuyó en 11 puntos entre los republicanos: un cambio neto de 23 puntos. El porcentaje de votantes no afiliados a ningún credo religioso aumentó entre los demócratas un 12%, mientras que disminuyó 9 entre los republicanos. En suma, los datos indican un claro reagrupamiento de la "nación cristiana" en el partido republicano, mientras que agnósticos, creyentes o "no afiliados" crecientemente apoyan a los demócratas.
La encuesta confirmaba la tendencia que había observado el informe American Religious Identification Survey (de 1991 a 2001): el número de cristianos evangélicos aumentaba, mientras que también lo hacía el de ateos, agnósticos y secularistas. Rodney Stark y Roger Fink ya habían lanzado la hipótesis de que sólo haciendose más "costosos", los distintos credos religiosos podrían adquirir ventajas comparativas en un contexto de competencia y "libertad religiosa" -que implica también la libertad para la increencia. Un resultado paradójico del escrutinio abierto de las religiones, y de esta "libertad religiosa", es que los religiosos moderados podrían convertirse en especie en extinción.
No conozco ningún estudio similiar para el electorado político español, pero no sería extraño que las tendencias llegaran a acercarse. No hay más que verificar el sesgo religioso de los principales creadores de opinión para el sector político "conservador" en España: Libertad Digital y COPE.
La influencia de la derecha religiosa está llegando tan lejos que ya no resulta difícil encontrarse con argumentos netamente agresivos contra la "moralidad atea" o la "moralidad agnóstica". Jacoby utiliza un argumentario pre-kantiano (es decir, pre-moderno), que a mí personalmente me hubiera resultado asombroso escuchar incluso en una clase de religión solo hace unos pocos años.
Lo que está en juego en todos los casos no son solamente ángeles en tarjetas de Navidad. Lo que pierde la sociedad al descartar la fe judeocristiana y la creencia en Dios es algo mucho más difícil de reemplazar: el sistema de valores que es más probable que promueva el comportamiento ético y sostenga una sociedad decente. Eso se debe a que, sin Dios, la diferencia entre bien y mal pasa a ser puramente subjetiva. Lo que hace que el crimen esté inherentemente mal no es uno se sienta mal al cometerlo, sino que un Creador trascendente al que tenemos que rendir cuentas ordenara aquello de "no matarás". Lo que hace inherentemente buena la amabilidad con otros no es que la razón humana lo diga, sino que Dios lo dice: "Ama al prójimo como a ti mismo".
Como es sabido, para Kant el fundamento de la moralidad consistía en el mismo hecho del deber, es decir, en la determinación moral de la voluntad de acuerdo con el imperativo categórico: actúa de tal modo que hagas de tu máxima un principio de legislación universal. Hoy somos mucho más suspicaces con respecto a que la moralidad pueda determinarse "racionalmente" -sin tener en cuenta la intersección de los sentimientos y emociones-, pero lo interesante del argumento "teísta" kantiano es que Dios sólo aparecía al final de la crítica de la razón pura práctica: como postulado de la razón moral. Por contra, la homilía fideísta de Jacoby sitúa a Dios en el principio de la moralidad, de modo tan franco que el propio Kant hubiera considerado un caso ejemplar de heteronomía moral: los juicios morales fundados en recompensas ultraterrenas no serían categóricos, sino, a lo sumo, hipotéticos, condicionados.
Sin embargo, los conservadores religiosos consideran que sólo un "Dios" puede servir como antídoto del relativismo moral. Dicho rápidamente, nada nos disuade de actúar de un modo inmoral a no ser que demos por sobreentendido un "Creador trascendente" que suministra premios y castigos más allá de la vida. La fundamentación podría tomarse en serio de no ser porque existen en el mundo varios conceptos inconsistentes sobre la naturaleza de este "creador". Donde quiera que busquemos el fundamento de una moral humana objetiva, nunca lo encontraremos en las distintas mores (costumbres) religiosas. La Sharia islámica permite y aún recomienda la pena capital para los homosexuales, o las mujeres infieles. Las costumbres hindúes santifican la separación de castas y el ostracismo de las viudas. La misma tradición judeocristiana prescribió durante mucho tiempo la muerte para los apóstatas (Deuteronomio 13:7-11) y sólo un largo y costoso proceso de ilustración y "vaciamiento secular de lo sagrado", por decirlo a la manera de Marcel Gauchet, fueron alumbrando los principios de una moral natural.
Porque, sea quién sea Dios, no ha escrito un sólo libro ni ha recomendado una sola moral. ¿Cómo extraer, entonces, un principio de legislación universal, no relativista, dentro de esta pluralidad de morales religiosas? Es precisamente la fundamentación teológica de la moral la que nos aboca al subjetivismo de los creyentes o las iglesias, al menos hasta el momento en que los distintos credos no resuelvan eliminar sus diferencias positivas, alcanzando de una vez el ideal del Ecumenismo, de la "Religión Natural".
Ciertamente, en la polémica religiosa actual no están en juego meras "tarjetas de navidad", sino los conceptos fundamentales que configuran lo que llamábamos Occidente: Modernidad, Ilustración, Laicidad.


Permíteme, primero, la provocación (que sólo quiere ser irónica): “Porque, sea quién sea La Verdad, no ha escrito un sólo libro ni ha recomendado una sola moral. ¿Cómo extraer, entonces, un principio de legislación universal, no relativista, dentro de esta pluralidad de morales laicas? Es precisamente la fundamentación racional de la moral la que nos aboca al subjetivismo de los creyentes (en las diversas escuelas filosóficas) o las escuelas filosóficas, al menos hasta el momento en que los distintos sistemas filosóficos no resuelvan eliminar sus diferencias positivas, alcanzando de una vez el ideal del Ecumenismo, de la “Ley Moral Natural”.
Tomemos como ejemplo a Kant y aceptemos la posibilidad de enderezar el fuste de la humanidad y, en consecuencia, de conseguir que todo hombre encuentre, primero, el perfecto sentido a su finitud y, segundo, que no se sienta frustrado por ese sentido hallado (y en consecuencia no necesite paliativos de ningún tipo para sobrellevar su frustración), entonces la ley moral podría triunfar siempre y cuando:
1) Todos los hombres fuesen igualmente racionales
2) Todos los hombres estuviesen dispuestos a orientar su vivir por su racionalidad
3) No hubiese ningún wittgensteiniano dispuesto a alzar la malo y preguntar: ¿Y por qué es mejor obrar así que no de otra manera? Es decir, si se eliminase radicalmente la posibilidad de la filosofía.
No puedo evitarlo, me parece entender que propones la restauración de la la diosa razón.
Comment by Gregorio Luri — January 2, 2007 @ 9:45 pm
Debemos partir no tanto del “hecho” sino de los “hechos religiosos”. Será verdad que es muy difícil encontrar una “moral universal”, no relativista, pero es seguro que jamás la hallaremos en la religión misma -como piensa Jacobi. La religión se caracteriza por la heterogeneidad, por la pluralidad de credos que no son siempre consistentes entre sí. El llamado “ecumenismo” religioso sólo tendría sentido dando por supuesta una “religión natural”; pero semejante religión sólo aparecería en el momento en que hemos eliminado las diferencias religiosas positivas (es decir, el catolicismo, el protestantismo, el islamismo, el hinduísmo &c). Nada de lo que hasta ahora sabemos sobre el “diálogo religioso” permite presagiar que los credos van a disolverse en esta “religión universal”.
Luego, la “moral religiosa” es efectivamente, como Kant entendió, inconsistente entre sí y fundamentalmente heterónoma, predispuesta para los egoísmos místicos y de grupo. De la religión en sí misma no puede deducirse ningún imperativo categórico -y ello aunque, por decir algo favorable a la religión…este imperativo haya crecido precisamente en las tradiciones religiosas, y no de espaldas a ellas, o en algún lugar secreto de las cabezas de los filósofos.
La “moral natural” está en otra parte y no es conocida por la especulación filosófica, sino por las ciencias. Unas ciencias naturales en la que no hay propiamente “escuelas”. Nada tiene sentido en biología excepto bajo el prisma de la evolución: No existe una “escuela” darwinista enfrentada a una “escuela” creacionista, lo que -por supuesto, no significa que exista ya una plétora unánime de saberes sobre la naturaleza en general, y sobre la naturaleza humana en particular.
Con todo, las ciencias son realmente ecuménicas, es decir, universales. En este punto no cabe escepticismo: la biología evolutiva (darwiniana) es realmente la oikoumene de la humanidad, un lugar habitado por todos. Tampoco existe una geometría hindú, una lógica formal musulmana o una mecánica newtoniana cristiana. Este faktum puede que no sea definitivo para eliminar la disputación filosófica, o para borrar las luchas religiosas, pero es un buen modo de empezar cualquier discusión “racional”.
La Ilustración significó esencialmente la elevación del uso público de la razón. Contra la ilustración actúan todos los que pretenden elevar sus razones privadas, subjetivas, a la categoría de verdades universales. Por ello agitar el fantasma de la “Diosa razón” no debería ser una excusa para eliminar la deliberación y el escrutinio público de estas razones privadas.
Por eso asombran tanto los argumentos de Jacobi, claramente pre-modernos, que sólo hace unos años ni siquiera los teólogos o los ulemas menos sofisticados se habrían atrevido a emplear.
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En las islas Andaban y Nicobar del océano índico habitan aún hoy gentes que viven en la edad de piedra. Muchos “conservacionistas” y antropólogos, preocupados por conservar esta preciosa “diversidad”, han evitado junto con el gobierno indio cualquier contacto occidental con los Sentinelese y los Jarawa. ¿Y si la vida de estos hombres no se conduce por la razón? Supongo que Wittgenstein no tendría nada que decir al respecto. Si la vida de los jarawa es “pobre, desagradable, brutal y corta”, allá ellos…y sus juegos de lenguaje.
Comment by Eduardo — January 2, 2007 @ 10:39 pm
Gregorio, ¿me equivoco mucho si pienso que ves el neoconservadurismo como una forma de superar la postmodernidad no negándola, sino conteniéndola, integrándola, asumiéndola siquiera en parte?
Eduardo, suena a paradoja, pero mi sensación respecto a la cuestión religiosa es que son los propios hallazgos de la ciencia sobre la naturaleza y la socialidad humanas -o quizás mi limitada percepción de los mismos- los que no me permiten ser optimista sobre la posiblidad de fundar una moral fuerte sin contenido religioso. Y en cuanto a un “pensiero debole”, doy por hecho que no le das más crédito que yo.
Comment by Chema — January 3, 2007 @ 1:22 am
Yo creo que estás pidiendo el principio, Chema. Lo que no puede existir es una “moral fuerte” fundada en la religión. Actuar moralmente no tiene nada que ver con actuar devotamente. La moralidad no se fundamenta en la religión, sino en otro lugar. Regreso de nuevo a Kant: el lugar de la moral reside en el sujeto trascendental, cuando es capaz de determinar racionalmente su voluntad a través del deber, como imperativo categórico. La religión aporta “materiales” y tradiciones para la moralidad, pero el juicio y la acción moral son otra cosa.
No digo que Kant acertara en todo, porque no hay tal sujeto trascendental: lo que hay son sujetos históricos limitados por la selección natural, la arquitectura neurológica del cerebro, etc…pero sí acertó en señalar la autonomía de la moralidad con respecto a la religión.
Lo del neconservadurismo “asumiendo” la posmodernidad me lo tenéis que explicar despacito…
Comment by Eduardo — January 3, 2007 @ 1:40 am
De acuerdo. Entonces será que soy pesimista respecto a la posibilidad de una verdadera moral. Es decir, no respecto a la existencia puntual de elecciones auténticamente morales, por supuesto; sino de que dichos “hábitos” morales tengan un verdadero peso en la sociedad más allá del horizonte de la coacción (sobrenatural o jurídica).
Cada vez más sombrío y hobbesiano, en fin…
Lo de la postmodernidad, que responda Gregorio; yo ya he lanzado la intuición a ver si pica. Ya sabes que ha dicho más de una vez que para él la clave de interpretación de Strauss está en Nietzsche.
Comment by Chema — January 3, 2007 @ 1:52 am
Mi posición es algo más intermedia (entre el positivismo absoluto y el naturalismo ingenuo), creo. Sobre este tema te recomiendo “Primates y filósofos”, de De Waal.
Comment by Eduardo — January 3, 2007 @ 2:02 am
Lo apunto. Se me va a desfondar la cesta de amazon.
Comment by Chema — January 3, 2007 @ 2:07 am
Hay anzuelos demasiado tentadores. El otro día hacía referencia aquí mismo al debate de Davos entre Heidegger y Cassirer. No fue una mera anécdota. Allí se asistió al entierro del neokantismo. El resto es Heidegger como radicalización de Nietzsche. A partir de aquí podemos simplemente ignorar todo esto, despreciar a Heidegger y a Nietzsche y tirar en linea recta desde Kant a la ciencia moderna, introduciendo las modificaciones estéticas que se crean oportunas. No es -como creo que ya os habéis dado perfecta cuenta- mi opción.
Desde mi punto de vista a Heidegger hay que tomárselo en serio. Y creo que se lo puede tomar en serio con argumentos nietzscheanos, especialmente los de “Más allá del bien y del mal”. Es en esta obra (que Strauss tiene permanentemente como referencia de su pensar) donde a la dicotomía verdadero-falso se le opone la de salud-enfermedad. ¿Es posible -me estoy conteniendo para no soltar aquí una perorata- afirmar a Heidegger aceptando el dato central de la finitud humana y decidirse por la salud?
Según mi modo de ver, vista la duda que se cierne desde Nietzsche sobre la verdad de la verdad, la única manera de fertilizar el nihilismo (porque el nihilismo está ahí, configurando nuestro paisaje intelectual) es afirmando la salud.
Y hasta aquí llego hoy.
Pero, evidentemente, estoy a vuestra disposición.
Comment by Gregorio Luri — January 3, 2007 @ 4:44 pm
Personalmente, Heidegger me parece el prototipo de filosofía mística, de espaldas a las ciencias, desde la que me resulta muy difícil incluso justificar una filosofía política cualquiera: lo importante no es el Hombre (contra Sartre), ni siquiera la Polis (contra Platón), sino el “Ser”, el horizonte de verdad de cualquier ente desde el que se supone que hay que reescribir nada menos que toda la historia de la filosofía -aunque el hombre es el único capaz de hacerse la pregunta, etc.
Tonterías. Estoy convencido de se entiende mejor a Heidegger entendiendo antes a Suzuki que a Nietzsche. Y si vamos a Nietzsche, regresemos entonces a Wagner, un revolucionario romántico extravagante a quien plagió prácticamente toda su doctrina.
Un comentario de Chema que pasé por alto antes. Con respecto a la posibilidad de que el escrutinio de las ciencias naturales respaldaran al “homo religiosus”, dos apuntes. Aquí es urgente distinguir el plano político o sociológico del ontológico. Las ciencias naturales no apoyan la “verdad” de la religión, sólo proporcionan explicaciones sobre sus condiciones naturales de existencia: sobre su evolución. Pudiera ser que las religiones fueran beneficiosas, terapéuticas y mutualistas para los hombres y las sociedades políticas (este es un objeto de investigación en marcha), pero esta “adaptabilidad” no dice nada sobre la verdad interna de la religión. Por otra parte, la visión evolutiva de la religión no deja nunca de ser muy corrosiva para las pretensiones de verdad de la propia religión -creo que Arnhart y otros minusvaloran este punto. Al fín y al cabo lo que descubrimos con las ciencias de la evolución religiosa es que esta no es el producto de un “diseño inteligente”…y que la providencia no es lo que parece.
Comment by Eduardo — January 3, 2007 @ 5:08 pm
Concluyo. Leer moderadamente a Heidegger y a Marzoa (la verdad, no pude con su historia de la filosofía) me han servido para saber cuál es el tipo de filosofía que, definitivamente, no me interesa nada.
Comment by Eduardo — January 3, 2007 @ 7:58 pm
Por encima de las normas dictadas por los hombres , tanto religiosas como juridicas , hago la pregunta del millon ,¿ existen un conjunto de normas morales universalemente validas e inmutables que establecen criterios de justicia y derechos fundamentales inscritos a la verdadera naturaleza humana ? .lo llamaremos derecho natural , hay leyes eternas y con esta lay tendremos que castigar los abusos con justo castigo .o ,los juicios morales son subjetivos o relativos .Una esceptica como yo , observa la historia , la antropologia la sociologia y evidentemente se nos muestra que varian las pautas morales en distintas sociedades y etapas historicas, lo que un pueblo considero notablemente abominable en una epoca , otro pueblo lo juzga razonable y legitimo .Creo que no hay ningun procedimiento objetivo para para demostrar la validez de ciertos juicios maorales y la invalidez de otros A mi la moralidad universal me parece una vana ilusion, a no ser que la razon humana demuestre que estos juicios morales derivan de la verdadera naturaleza humana …y en eso estamos , dando vueltas al tema ..
Comment by peggy — January 4, 2007 @ 11:54 pm
Creo que no se trata tanto de que no existan universales morales como de hasta dónde se aplican (familia, familia extensa, tribu, nación étnica, raza, humanidad…), hasta dónde se “expande el círculo” de la moralidad. Quizás la falacia esté en pensar que los valores morales son relativos y los conceptos de “humanidad”, “prójimo” o “semejante” son universales cuando es exactamente al contrario.
Me refiero, claro está, a unos valores “mínimos”, existenciales, no a costumbres reproductivas, formas de educación, modalidades económicas, etc.
Comment by Chema — January 5, 2007 @ 1:17 am
quizas se refiera chema , a “valores ” no cambiantes con la cultura , porque sigo sin ver lo inmutable de la moralidad .
Comment by peggy — January 5, 2007 @ 1:48 am