Pío Moa (se parte de un oportuno recordarorio en un comentario anterior) ha dedicado las últimas entradas de su bitácora a comentar las relaciones entre Ciencia y Religión, tomando como punto de inicio ciertos pasajes de las jornadas Beyond Belief –que alcanzaron una amplia repercusión en la blogosfera, incluyendo esta misma bitácora. Steven Weinberg y Richard Dawkins, en particular, han servido el blanco para el pundit gallego. El físico y el biólogo habían confesado en La Jolla, en efecto, su deseo de librarse algún día de la "pesadilla religiosa".

Pero construir un discurso crítico sobre la base de un exceso retórico o verbal, no parece la vía más adecuada hacia la honestidad intelectual.

A pesar de la brevedad de las entradas, la acumulación de inconsistencias, aberraciones ópticas y simples frivolidades en los textos de Moa es tan grande que no resulta nada fácil responderlas una por una. Éste fragmento llama en especial la atención:

Dicho en otras palabras: la ciencia no puede discutir el concepto de Dios, pero sí puede (y quizá debe) examinar los efectos de la creencia y del ateísmo. Eso tendría verdadero interés.

Y en otro lugar, la misma idea:

Lo cual demuestra, una vez más, cómo la mentalidad científica no impide la charlatanería cuando se sale de la especialidad. Una actitud científica exige constatar, en primer lugar, que el fin de la religión lleva varios siglos anunciándose (y muy posiblemente seguirá siendo anunciado dentro de otros cuantos). Y, en segundo lugar, que entre tanto se han impuesto en el mundo sistemas basados en la liquidación de la religión, y no estaría de más examinar sus consecuencias antes de hablar de pesadillas.

Se queja don Pio Moa de que los científicos se salgan de su "especialidad" para criticar el concepto de Dios. Un lamento paradójico tratándose justamente del "historiador" gallego, que se había significado por mantener una justa querella contra los "especialistas" de la historiografía española. Si para disertar sobre la guerra civil no es necesario el título de historiador: ¿Habrá que ser teólogo para hablar de Dios? Más aún, ¿es necesario ser un hombre devoto para comprender qué es esa cosa llamada religión?

No le reprochamos a Moa, cayendo en su propia trampa, que se aventure a elevar juicios sobre el ateísmo o la religión sin ser él mismo un "especialista" en lo sagrado, sino que sus juicios sean tan apresurados y mal fundamentados. Quizás habría que recordar aquí la célebre divisa humanista, en boca de Terencio:

Nihil humanum a me alienum puto. 

Nada de lo humano nos debe ser ajeno. Por ello no cabe imaginar un cerrojo más impenetrable al tratamiento crítico de la religión que la reducción de su análisis al gremio de los "especialistas": sacerdotes, monaguillos, teólogos, fabricantes de pan ácimo, académicos de las humanidades &c. No puede esperarse que el conocimiento del fenómeno religioso avance dos pasos si se confía en exclusiva a la profesión de las comunidades religiosas, o a las "experiencias" de los creyentes. El dogma de estudiar la religión qua religión no ha hecho más que entorpecer su comprensión auténticamente científica y filosófica. Daniel Dennett –a quien es casi seguro que Moa no ha leído- destacaba la necesidad de ampliar el campo de estudio científico religioso precisamente contra el gremialismo de los humanistas y teólogos. Durkheim, por ejemplo, había insistido en que nadie podía siquiera proferir una palabra sobre religión si no poseía algún "sentimiento religioso". Y, en especial, Mircea Eliade:

Un fenómeno religioso solo puede ser reconocido como tal si es comprendido dentro de su propio nivel, esto es, si es estudiado como algo religioso. Intentar comprender la esencia de tal fenómeno mediante los medios de la psicología, la fisiología, la sociología, la economía, la lingüística, el arte o cualquier otro estudio, es falso; se pierde su elemento único e irreductible – el elemento de lo sagrado (citado por Dennett).

Establecer, por principio, que un fenómeno determinado sólo puede ser comprendido dentro de sus claves internas sería tanto como afirmar que sólo las mujeres pueden practicar una auténtica crítica "feminista", o que sólo los pederastas con "sentimientos pedófilos" pueden entender realmente la esencia de la paideia. Ni la religión, ni el feminismo, ni la pedofilia pueden ser reducidos a "juegos de lenguaje" (por recurrir a la idea del segundo Wittgenstein) cuyos misterios sean únicamente conocidos por los jugadores. Esta idea es un fraude puro y simple. Dios es un tema científico como cualquier otro, aunque ésto no significa que su "esencia" se agote en un campo categorial concreto (por ejemplo, en la física cosmológica). 

*** 

Lo más preocupante es que las "críticas" de Moa se basan más en un posicionamiento partidista que en un verdadero escrutinio racional. Recogen también un peligroso movimiento del "conservadurismo" español hacia un sobrenaturalismo que permita añadir munición a la lucha ideológica contra la izquierda. Quizás no lleguen tan lejos como algunos católicos polacos, que desean coronar a Cristo como rey de Polonia, pero si estas tendencias fructifican -y están fructificando, quizás no tardaremos demasiado en que los conservadores españoles propongan el estudio del Diseño Inteligente en las escuelas públicas. Una propuesta que, a tenor de comentarios anteriores, puede que no perturbara mucho a Moa.

Tampoco habría que pasar por alto que la izquierda hoy es mayoritariamente favorable a la religión, pese a las incesantes letanías sobre el supuesto avance del "laicismo" en occidente. Y no sólo por la inane fascinación que sienten los progresistas hacia el Islam. De hecho, este "progresismo" o socialismo del siglo XXI le debe mucho más al cristianismo posconciliar (tras el Vaticano II) que a Marx, Lenin o Stalin. El socialismo hispanoamericano se declara también hoy indigenista y "cristiano", siguiendo la tradición de los monjes españoles y sus reproches a la brutalidad de los conquistadores. Y las raíces que unen a la Izquierda con el Cristianismo, por cierto, pueden ser rastreadas en una espléndida publicación reciente de Antonio Escohotado.

Al fín y al cabo, puede que la táctica "espiritualista" o sobrenaturalista no sea la más franca para ganar la guerra de la ideología. 

ACTUALIZACIÓN: Parte de lo que se dijo en Beyond Belief: Steven Weinberg: Sobre la verdad en la ciencia y la religión. Richard Dawkins: Respuesta a la "hermenéutica" de Joan Roughgarden.
 
ACTUALIZACIÓN II: Radikales libres amplían.