Cuando el fundador del judaísmo jasídico, el gran rabino Israel Shem Tov, veía que el infortunio amenazaba a los judíos, era su costumbre acudir a una cierta parte del bosque para meditar. Allí encendía un fuego, decía una oración especial, se hacía el milagro y el infortunio se evitaba. Más tarde, cuando su discípulo, el celebrado Maggid de Mezertich, tuvo ocasión, por la misma razón, de interceder con el cielo, iba al mismo lugar del bosque para decir: "¡Maestro del universo, escucha! Yo no sé como encender el fuego, pero aún soy capaz de decir la oración", y de nuevo se hacía el milagro. Más tarde aún, el rabí Moshe-leib de Sasov, para salvar a su pueblo una vez más, iba al mismo bosque para decir, "Yo no sé cómo enceder el fuego. Yo no sé la oración, pero conozco el lugar, y eso debe ser suficiente." Fué suficiente, y el milagro se hizo. Entonces le tocó al rabí Israel de Rizhin superar el infortunio. Sentado en su silla, con la cabeza en sus manos, le habló a Dios: "Soy incapaz de encender el fuego, no conozco la oración, y ni siquiera puedo encontrar el lugar en el bosque. Todo lo que puedo hacer es contar la historia, y esto debe ser suficiente." Y fue suficiente. Dado que Dios hizo al hombre porque Él ama las historias.
de Elie Wiesel, citado por Daniel Dennett(Breaking the spell, Pág 252-253)
William Blake - Ancient of days
I
Los griegos conocieron en la physis la idea de una materia que se daba a sí misma el principio del desarrollo. El orden eterno de las naturalezas, sin embargo, se completaba con una primera causa, un "motor" del movimiento cósmico al que no le afectaba este movimiento.
El Dios de Abraham, por el contrario, se caracteriza por la afección. La naturaleza es un orden creado, diseñado y supervisado por Él. Dios mismo tiene un "plan", que, sin embargo no puede ser conocido del todo por los hombres –salvo en el caso de Hegel.
Al orden natural opone el cristiano un orden sobrenatural; el de la gracia, posteriormente transformado en "cultura". El Dios monoteísta y trinitario es un entusiasta "intervencionista". Aunque los cristianos no dejan de conocer principios naturales, autónomos, el milagro introduce siempre una brecha. Dios puede "intervenir" en cualquier instante.
Los mahometanos llevarán la intervención divina hasta su límite. Para Al-Ghazali, autor de La incoherencia de los filósofos, el fuego no es el producto de la combustión natural del aire, sino una apariencia manufacturada personalmente por el mismo Allah. La naturaleza es heterónoma, una estricta manualidad divina cuyo logos es inefable.
II
Cuatro géneros de sobrenaturalismo:
- Sobrenaturalismo ontológico. Donde Dios es el principio de la existencia, el ipsum esse que da respuesta a la pregunta por el Ser (¿por qué el ser y no más bien la nada?).
- Sobrenaturalismo cosmológico. Donde Dios es el "motor" del cosmos, pero no parece tener un interés especial sobre la materia. Dios es únicamente el autor de las "Leyes naturales", el ingeniero de las inteligencias.
- Sobrenaturalismo providencialista. Es el propio de las religiones "personales": el "Dios de los creyentes", distinto al "Dios de los filósofos". Dios no es sólo el "creador", sin que desarrolla afecto personal hacia lo creado. Sin embargo, se mantiene la autonomía parcial de los seres naturales. La naturaleza tiene una autonomía limitada (por el milagro), del mismo modo que el libre albedrío humano debe ser compatible con la omnisciencia divina.
- Sobrenaturalismo absoluto. Dios no es sólo el primer motor, el diseñador y el creador. Propiamente hablando, no existe una idea de "naturaleza". Comparado con el Creador, concebido como Persona Absoluta, todo lo demás es heteronomía, dependencia y sumisión (Islam). Toda la realidad es milagrosa y, en último análisis, sobrenatural.
En los tres primeros "sobrenaturalismos" (ontológico, cosmológico y providencialista) las ciencias naturales son posibles, aunque siempre limitadas. En el primer caso, porque el razonamiento se detiene en un punto dogmático: el de la subsistencia divina. En el segundo, porque la perspectiva de evitar el "regreso al infinito" impone otro límite arbitrario sobre la razón de ser de ese primer motor. En el tercero, porque introduce un peligroso "principio de incertidumbre" milagroso en la naturaleza. Solamente en el último sobrenaturalismo (absoluto) la ciencia de la naturaleza es imposible por principio.

