Conservadores, FilosofíaDecember 26, 2006 6:06 pm
No siendo ni una religión ni una ideología, el cuerpo de opinión denominado conservadurismo no posee ningún texto sagrado o Das Kapital para proporcionar dogmática.
- Russell Kirk
Cuando hablamos de "naturalismo" y queremos vincularlo con alguna visión moral del ser humano compatible con una tradición "conservadora" debemos tener cuidado en no ser demasiado dogmáticos ni demasiado elásticos con la idea de "naturaleza". Demasiada rigidez llevaría a una posición apresurada y vulnerable, posiblemente relacionada con ciertos particularismos que tienden a confundir sus intereses contingentes con el orden universal de las cosas. Y excesiva elasticidad llevaría a un relativismo naturalista incapaz de decidir sobre qué disposiciones son radicalmente injustas o dañinas para los hombres.
Del mismo modo, el conservadurismo como filosofía política no puede fundamentarse en una mera disposición mental tan elástica como los distintos talantes humanos. Si ser conservador fuera un mero "estado mental" -paralelo al "estado mental progresista"-, la persuasión política y pública quedaría severamente limitada. El conservadurismo político o filosófico no puede reducirse al "talante", al ethos, a la "mente conservadora" al modo de Russell Kirk, aún cuando el tema ético pueda ser una variable a considerar. Estudios de genética conductual han acreditado que el carácter o los "tipos psicológicos" conservador y progresista intersectan con la personalidad global del individuo desde estadios iniciales de su desarrollo. Según refería Steven Pinker, cuando se analiza la actitud política en gemelos univitelinos que son separados tras su nacimiento, resulta que son asombrosamente parecidas –lo que prueba una gran independencia del "talante político" con respecto a las variables ambientales y de educación.
En segundo lugar, el naturalismo no puede definirse simplemente como la negación del sobrenaturalismo, es decir, de la idea de agentes sobrenaturales actuando en la historia humana o en la evolución del cosmos, porque entonces no sería posible alcanzar ningún concepto normativo o moral de naturaleza. La "naturaleza" abstracta se referiría simplemente al "ser" de las cosas, con lo que estaríamos cerca de la llamada "falacia naturalista". Este naturalismo abstracto e inhumano no dice nada, en efecto, sobre la "naturaleza moral" del hombre. Las crueldades e injusticias que unos seres humanos cometen contra otros, las desgracias y catástrofes "naturales”, e incluso la misma extinción de la especie sapiens sapiens no dejan de ser "hechos naturales". El "naturalista" abstracto coincidiría aquí, después de dar un amplio rodeo, con la posición de los sobrenaturalistas. La siguiente cita del neoplatónico Plotino haría las delicias de un sádico libertino: "los asesinatos, las matanzas, el asalto y saqueo de las ciudades…" no deben preocupar al sabio, que está por encima de todos estos accidentes (citado por Gustavo Bueno).
Pero, ocurre en realidad que los defensores de la "falacia naturalista", tal como fue definida en su día por G.E. Moore en los Principia Ethica (1903), suelen sostener una comprensión de la moralidad y de los asuntos humanos que sólo cabe calificar como "espiritualista". Esta visión, por cierto, está muy arraigada en la tradición filosófica y teológica, desde el idealismo platónico a la dialéctica de Hegel, que comprendía la naturaleza como un momento del despliegue fenonológico de la esencia espiritual –entendida como concepto (begriff), razón.
Esta idea de la naturaleza como alienación, voluntad ciega, libido o instintos que necesitan ser dominados por el "auriga" del alma racional está siendo puesta en entredicho por las ciencias modernas de la naturaleza, reivindicando una tradición alternativa al racionalismo clásico que puede remontarse hasta Hume, o el mismo Aristóteles, que no accidentalmente eligió definir al ser humano como un "animal político". Cualquiera que sea hoy nuestro concepto de política o moralidad, no puede ser inmune al concepto científico de "naturaleza humana" tal y como aparece en la genética conductual, la psicología evolucionista, las neurociencias o las ciencias cognitivas. Por poner un ejemplo, la discrepancia entre Timothy Sandefur y Russell Kirk, entre Conservadores y Libertarios, puede ser muy bien iluminada si se analiza en los términos de evolución por selección natural: ¿Procede el orden social y político del beneficio de los grupos, tal y como sostienen los conservadores, o bien procede del bien de los individuos, como aseguran algunos libertarios? ¿La supervivencia de las sociedades políticas depende de la selección individual o de grupo? Los libertarios critican el énfasis conservador en la sociedad humana (selección -política- de grupos), que puede encontrarse en Hayek (Individualism and economic order):
Debe mantenerse la pregunta abierta sobre si una sociedad libre o individualista puede funciona con éxito si la gente es demasiado "individualista" en el falso sentido, si no están dispuestos a seguir voluntariamente las tradiciones y las convenciones, y si rehúsan reconocer cualquier cosa que no sea conscientemente diseñada o que no pueda demostrarse como racional para cualquier individuo.
Una buena pista para resolver este dilema entre Individuo y Sociedad la proporciona Larry Arnhart con su tripe división entre orden moral, de costumbre y de (deliberación) racional. Semajente división parece compatible con la concepción de la "naturaleza moral" del hombre surgida por selección natural. Pues no se trata de negar la deliberación racional, sino de comprender mejor el contexto material en el que tiene lugar. Estos "materiales" incluyen tradiciones, costumbres y usos culturales muy diferentes, aunque puedan compartir alguna "forma" común universal.
Aunque ni el "progresismo" ni el "conservadurismo" pueden ser deducidos, siguiendo algún procedimiento mecánico, de este naturalismo científico, el propio Steven Pinker reconocía en La tabla rasa que las nuevas ciencias de la naturaleza apoyaban ampliamente aquello que Thomas Sowell denominó "Visión Trágica":
En la Visión Trágica, los seres humanos están inherentemente limitados en el conocimiento, la sabiduría y la virtud, y todas las disposiciones sociales deben reconocer estos límites. "A los mortales les conviene lo mortal", dijo Píndaro; "de la madera torcida de la humanidad no se puede obtener nada que sea realmente recto", dijo Kant. La Visión Trágica se asocia con Hobbes, Burke, Smith, Alexander Hamilton, James Madison, el jurista Oliver Wendell Holmes Jr., los economistas Friedrich Hayek y Milton Friedman, los filósofos Isaiah Berlin y Karl Popper y el estudioso del derecho Richard Posner.
Steven Pinker, La tabla rasa, Pág. 419
Del hecho de la Evolución Darwiniana no puede deducirse automáticamente un conservadurismo político concreto -incluso, algunos géneros de conservadurismo parecen incompatibles con la idea de Evolución-, pero al menos sí puede afirmarse que es posible coordinar una cierta tradición conservadora con las más plausibles ideas sobre la naturaleza humana universal.

