A menudo se habla de la hostilidad de Platón a las artes. Y ésto es cierto; los artistas bajo la perfecta politeia estaban limitados en al menos dos sentidos muy importantes. En primer lugar, a los poetas les era arrebatada la capacidad para juzgar la excelencia moral de sus propias obras (Las leyes, 670e). En segundo lugar, se les prohibía toda innovación artística, a imitación del ejemplo egipcio (Las leyes, 656d).
Sin embargo, a lo que era realmente hostil Platón era a las modas. Toda su república está diseñada, siguiendo el modelo divino (Las leyes, 624a), para imponer el ascetismo cívico y evitar cualquier tentativa de innovación. Los legisladores no pueden modificar las leyes fundamentales, sino sólo servirlas casi a perpetuidad (Las leyes, 715a). Los sacerdotes únicamente pueden repetir los ritos del tiempo de los orígenes. Los artistas no deben mentir con respecto a los dioses (Las leyes, 660a). El arte de la política no se ordenaba tanto a la vida filosófica, de acuerdo con la naturaleza, sino a la conservación de la "unidad absoluta" de la ciudad, lo que implicaba la administración cautelosa de un cierto "fármaco del miedo" o mentira política:
ATENIENSE: (…) ¿Cabe que un legislador de algún provecho, en caso de haberse atrevido a mentir en algo para bien de los jóvenes, hubiera hallado una mentira más útil y más eficaz para llevar a todos a obrar en todo con justicia, no ya por fuerza, sino por voluntad?
(…) Lo único que tiene que descubrir en su investigación es de qué cosa ha de persuadirlos para producir el mayor bien de la ciudad; después ha de valerse de todos los medios para hallar el modo de que esa comunidad entera profese siempre y por toda la vida una y la misma creencia en lo posible, tanto en sus cantos como en sus creencias y en sus razonamientos.
La causa platónica contra el innovacionismo reproduce, en cierto modo, el mismo esquema de las críticas posteriores socialistas y marxistas contra las "necesidades creadas" por el capitalismo. El comercio, y las modas que inevitablemente ponen en circulación, hacen peligrar la misma consistencia (eutaxia) de la ciudad. Antonio Ecohotado:
Partiendo de esa premisa, y siendo la justicia incompatible con la discordia, ¿qué camino asegura la primera y previene la segunda? La vía radical es una purificación en las costumbres que suprima lo "innecesario", y restaure así la convivencia sencilla, sana y feliz de la sociedad primitiva. Mientras reinen necesidades artificiosas –introducidas por la "inflación" de empresarios, artistas y artesanos- nada asegurará que "el territorio antes capaz de alimentar a sus habitantes no se torne exiguo" (República, 373d)
No es tanto el comercio en sí mismo lo que teme el legislador platónico, cuanto que el contagio de malas costumbres y nuevas ideas que extiende entre los ciudadanos virtuosos. Una sociedad comercial, que nos acostumbra a vivir siempre en compañía de extraños, por decirlo a la manera de Paul Seabright, cuestionaría seriamente la igualdad de la comunidad perfecta donde florecen las nobles costumbres y "no hay riqueza ni indigencia". En efecto, tanto la opulencia como la pobreza deben ser prevenidas y finalmente sofocadas por el legislador, puesto que, como recuerda también Escohotado: "la riqueza provoca sensualismo, holganza y avidez de novedades, mientras la pobreza provoca sentimientos serviles y bajo rendimiento en el trabajo (República, 422a)".
Teniendo en cuenta que el desarrollo del comercio de largas distancias ya estaba ampliamente desarrollado desde épocas muy remotas, como atestigua en su historia de la moda Rene König (moslucos cauris procedentes del océando índico encontrados en tumbas prehistóricas europeas, ambar báltico recorriendo el mediterráneo ya en la edad de bronce, vasos campaniformes de "lujo" circulando en el neolítico &c), no extraña que las ideas anti-comerciales hayan encontrado tantos y variados obstáculos "naturales".
Quienes, desde la nostalgia de la barbarie, el comunismo primitivo y su "edad de la abundancia", continúan criticando hoy el comercio internacional, ¡y las modas! quizás podrían encontrar acomodo ideal en la vieja ciudad platónica.



Lectura sugerida: “Diálogo de la Moda y la Muerte” de Leopardi. Ambas son hijas de la decadencia, de la consciencia del tiempo que es consciencia de muerte y trabajan con el mismo objeto. Momento a momento, por la Muerte o por la Moda, nuestra vida se diluye. Dice la Moda: “Sé que ambas nos proponemos destruir y cambiar las cosas aquí abajo, aunque tú lo intentas por un camino y yo por otro”.
Comment by claudio — December 21, 2006 @ 5:54 pm
En efecto, la economía moderna está aliada con la muerte y su hermana la moda, lo cual recuerda a Schumpeter, que creo que fué quien inventó aquello de la “La destrucción creativa del capitalismo”.
Comment by Eduardo — December 21, 2006 @ 6:06 pm
Estoy totalmente deacuerdo la riqueza es glamurosa
aprovecho para felicitarte las fiestas
Comment by Peggy — December 23, 2006 @ 12:00 am
Buenas fiestas y feliz 2007!
Comment by fenixcaliope — December 23, 2006 @ 1:11 am