Niña y manzanas en Llano del Río, Luisiana.

En 1914, Job Harriman y un conjunto de visionarios socialistas americanos establecieron una colonia en Llano del Rio, al norte de Los Ángeles. Al no poder hacer frente a los desastres provocados por un terremoto, en 1917 200 de los 600 colonos originales trasladaron su colonia hasta Stables, cambiando su nombre a New Llano. La cooperativa funcionó durante unos 20 años hasta que en 1939 no pudo enfrentar sus perpetuos problemas financieros y de división interna.

A pesar de ésta fallida experiencia, aún hoy muchos "intelectuales" americanos se refieren a la experiencia socialista de Nuevo Llano como un antecedente del "estado del bienestar". Una interpretación extravagante, pero recurrente en la historia del socialismo, capaz de dejar "semillas" de progreso pese a sus aparentes fracasos.

La Declaración de Principios de la colonia cooperativa en Llano del Rio, publicada en los años 20, constaba de 10 puntos:

- Los derechos de la comunidad prevalecerán sobre los individuales.

- La libertad de acción sólo es permisible cuando no restringe la libertad de otro.

- Las cosas que son usadas productivamente deben ser de propiedad colectiva.

- La ley es una restricción de la libertad y es justa sólo cuando opera por el beneficio de toda la comunidad.

- Los valores creados por la comunidad serán establecidos solo en la comunidad.

- Al individuo no se le adjudicará justamente más tierra que aquella suficiente para satisfacer un deseo razonable de paz y descanso. La tierra productiva mantenida para obtener beneficio  no se mantendrá como propiedad privada.

- El talento y la inteligencia son beneficios que deben ser justamente utilizados en servicio de los demás. El desarrollo de estos mediante la educación es el regalo de la comunidad al individuo, y el ejercicio de una mayor habilidad no justifica a nadie para que sea recompensado con mayores posesiones, sino solo con el gozo de prestar un mayor servicio a los demás.

- Sólo identificando sus intereses y placeres con los de los demás, puede el hombre encontrar una felicidad real.

- El deber del individuo con la comunidad consiste en desarrollar habilidades del grado mayor posible mediante la educación que se proporciona a sí mismo, y en dedicarlas al servicio de todos.

- El deber de la comunidad con el individuo consiste en administrar justicia, eliminar el egoísmo y la avaricia, educar a todos y ayudar en tiempo de infortunio.

Es obvio, repasando este decálogo socialista, que los principios de Llano de Rio colisionaban frontalmente con ciertos puntos clave de la cultura política, económica y jurídica norteamericana, tal como establecía su Declaración de Independencia y su Constitución. Mientras que el decálogo socialista insiste en la primacía de la comunidad, la civilización liberal norteamericana siempre entendió la política como el arte de salvagüardar las libertades individuales. Más que asentarse en principios de "selección de grupo" o "selección comunitaria", el liberalismo norteamericano constituía un sistema mixto, contractualista, por el que el pueblo pactaba una forma de gobierno compatible con sus derechos propietarios y libertades individuales, su "seguridad y felicidad"; Jefferson:

Los reyes son sirvientes, no propietarios del pueblo.

Al igual que los británicos, generaciones de norteamericanos habían sentido que disponían de ciertos derechos naturales inviolables que ni siquiera procedían de un código positivo, sino de la misma "naturaleza humana" universal.

Con todo, la experiencia cooperativa de Llano de Rio también puede situarse en línea con la tradición política americana. Al fín y al cabo, los colonos dispusieron de amplia libertad para adquirir tierras y establecer leyes, su socialismo no era autoritario y su supervivencia económica estaba mejor garantizada precisamente por el hecho de verse rodeados por una economía capitalista de mercado (comerciando desde lugares tan lejanos como Texas).

A diferencia de la independencia del norte, la América hispana siguió mucho más el curso ejemplar de la revolución francesa, una revolución "radical" muy distinta a la angloamericana. Pese al universalismo intrínseco de los "naturalistas" del norte, muchos mostraron desde el principio un franco escepticismo hacia la posibilidad de extender el "Imperio de la libertad" a América del sur; como Lord Greenville:

Sólo los ingleses y sus descendientes saben cómo hacer una revolución.

Y éste escepticismo, para desastre de las naciones hispánicas, no carecía de todo fundamento. Mientras que el socialismo del norte ha sido reducido a la categoría de ruina exótica, el socialismo del sur, con las debidas excepciones en riesgo (Chile, México, Colombia) continúa hoy la senda de la revolución –que no habría porque poner en línea con la tradición española propiamente, con las "ideas de 1812", sino más bien con la revolución radical, las peligrosas "ideas de 1789".

 

Ruinas de un Hotel en Llano del Río