En su última publicación, Daniel Dennett definía la esencia de la religión en torno a un tipo especial de relación entre seres humanos y ciertas entidades no humanas que, sin embargo, son percibidas por los hombres como agentes dotados de inteligencia y voluntad:

El núcleo del fenómeno religioso, según estoy proponiendo, invoca a dioses que son agentes efectivos en tiempo real, y que juegan un papel central en el modo en que los participantes piensan sobre cómo deben actuar.

La capacidad para “percibir” agentes sobrenaturales podría haber evolucionado, según los términos de Justin Barrett, a través de una estrategia natural bautizada como “Dispositivo Hiperactivo de Detección de Agente” (o HADD – Hyperactive agent detection device) que permitiría a los seres vivos distinguir entre seres animados e inanimados. Esta estrategia, en el caso de los animales más inteligentes y singularmente en el caso del primate humano, habría coevolucionado junto con nuestra capacidad para reconocer el “estadio intencional” (intentional stance) en otros seres vivos.

Desde el animismo a las religiones superiores, el dispositivo HADD explica la tendencia humana a tratar como agentes inteligentes otro tipo de “entidades” animadas reales o imaginarias, desde los “animales numinosos” al “Deus absconditus”.

Las relaciones de los hombres con estos agentes pueden ser de amor, reverencia y adoración, pero también pueden reflejar todo tipo de sentimientos de odio, desprecio y negatividad. En éste sentido, la blasfemia es una categoría tan “religiosa” como la piedad. Según refería Gustavo Bueno en El animal divino, el antropólogo Burton escuchó esta oración de labios de una anciana árabe aquejada de un dolor de muelas:

Oh, Alá, así te duelan las muelas lo que a mí!, ¡Oh Alá, así sufras con las encías lo que yo!

Y algo como esto parece que decían los habitantes de Kamchatka de su Dios Kutka:

Si no fuese tan estúpido, ¿Hubiese hecho rocas inaccesibles ni ríos demasiado rápidos?

En internet se está contagiando una campaña blasfema a través de Blasphemy Challenge, en la que se insta a los participantes a grabar un vídeo y subirlo a YouTube…negando la realidad del Espíritu Santo. La iniciativa procede del documental de Brian Flemming, The god who wasn’t there, en donde el autor terminaba el film negando el Espíritu Santo. De acuerdo con Marcos 3:29:

Cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca será perdonado, es culpable de pecado mortal.

Ahora bien, es dudoso que sea pertinente clasificar esta iniciativa según la categoría de “blasfemia” -aunque a efectos propagandísticos, y en orden a “globalizar” la campaña, pueda ser de hecho la opción más inteligente. En estricto sentido, sus participantes no pretenden relacionarse ni siquiera negativamente con agentes divinos desconocidos, sino simple y llanamente negar su existencia como tales agentes.

Si es cierto que la libertad de expresión consiste en decir aquello que no desea ser escuchado…