I 

El marxismo clásico predijo la transformación del ethos capitalista individualista en una nueva conciencia colectiva revolucionaria que daría comienzo a la verdadera historia del comunismo. Décadas de socialismo autoritario y de condicionamiento político para alcanzar el "nuevo hombre" arrojaron, sin embargo, resultados bastante pobres.

II 

Las contradicciones entre el socialismo autoritario soviético, con su sistema económico-político centralizado y las nuevas tecnologías de la información, aceleradas gracias a la revolución tecnológica del silicio californiano, explican una parte importante del colapso definitivo de la Unión Soviética. Entonces se llegó a predecir el fín de la historia: sólo la democracia liberal podría resolver las contradicciones del porvenir.

III

El socialismo suave, a diferencia del socialismo fuerte, no se articula desde un centro de poder ni tiene como base al estado. Borra las diferencias entre proletariado y vanguardia. Difumina y diversifica la planificación. Es transpolítico, no autoritario y descentralizado. La tradición del socialismo suave podría encontrarse en el socialismo anarquista o libertario. Este socialismo digital, heredero de la izquierda libertaria, es hoy la base teórica tanto del socialismo libertario como del anarquismo capitalista. No extraña que se proclame simultáneamente que Linux es Capitalista y Socialista: los libertarios de todos los partidos (procedan de Dunnoyer o de Kropotkin) suelen ser completamente ciegos a sus semejanzas: 

- En la política, suprimiendo el gobierno entendido como un órgano de poder separado de la sociedad y los individuos.

- Independizando la economía del autoritarismo político, y liberalizando los sistemas de moneda y cambio.

- En la justicia, aplicando la misma lógica del "código-abierto" a los tribunales.

IV 

Como alerta Jay Lanier, en un ensayo muy comentado en Edge, este "socialismo suave" podría terminar convirtiéndose en un inesperado "maoísmo digital", esto es, en una mascarada para ocultar el realineamiento de poder de las élites. Lanier y otros alertan sobre el peligro de que el colectivismo digital ahogue, en definitiva, los fundamentos de la propiedad individual privada –y de la democracia liberal.  

Ni siquiera el "anarquismo del conocimiento" en Feyerabend fue tan lejos como para proclamar el fín del estado. Pero hoy son muchas las fuerzas alíadas contra el Leviatán: no sólo los socialistas libertarios o los anarquistas del mercado influídos por el "sofware libre", sino también los islamistas, con su idea tradicional de una comunidad transnacional (Umma), los judíos anti-sionistas recientemente reunidos en Irán, etcétera. No hay que olvidar que el Islam es un colectivismo filosófico desde sus orígenes; para Averroes el intelecto agente residía en un principio colectivo, a diferencia del principio de racionalidad individual que apoyó, precisamente contra los gentiles Tomás de Aquino.