Ministros, mártires…y Noam Chomsky
Niños libaneses por la unidad nacional.
Noam Chomsky acaba de terciar en la polémica que tiene últimamente lugar en Internet, a cerca de las relaciones entre Ciencia y Religión…y se diría que no lo ha hecho para apoyar precisamente a los "humanistas secularistas", sino para disculpar tácitamente a los muftis, mártires y mullahs:
En los problemas corrientes de la vida humana, la ciencia nos cuenta muy poco, y los científicos no sirven en absoluto de guía. De hecho, a menudo son la peor guía, porque tienden a focalizar, como un láser, en sus intereses profesionales, y saben muy poco sobre el mundo.
No hay duda de que las religiones son muy significativas para sus adherentes, y que les permiten engañarse a sí mismos al creer que existe algún significado en sus vidas más allá del que acordamos que realmente existe. Nunca he intentado convencerles de que se desprendan de sus engaños, que son necesarios para que vivan una vida con sentido. Estas creencias pueden proporcionar un marco para obras nobles, o salvajes, y algún lugar entre medias, y existen razones para prestar atención a las obras y su fondo, hasta el punto en que podamos comprenderlo.
Es cierto que no existe una ciencia que pueda servir como "guía" infalible para los problemas morales. En la misma discusión a la que se incorpora ahora el lingüista del MIT quedó también bastante clara la distinción entre los científicos y los mediadores de conflictos. Cada uno debe hablar un lenguaje diferente, lo suficientemente flexible, prudente y sensible al contexto. Pero los argumentos de Chomsky, no tan sorprendentemente ultraconservadores (en defensa, nada menos, que de los "engaños necesarios"), parecen calculados más para criticar la ofensiva "secularista" contra el poder omnímodo de la religión, que para cuestionar éste mismo poder.
Tampoco cabe duda sobre el hecho de que las religiones proporcionan "sentido" a las vidas de sus adherentes. Este sentido es a veces tan profundo como para significar el sacrificio personal de los mismos fieles, o para provocar el holocausto de los apóstatas, y la reflexión de Chomsky no parece dejar mucho espacio para criticar el relativismo de las distintas piedades y "sentidos" en liza. En realidad, tampoco ofrece la más mínima pista que conecte los hechos inmorales o "salvajes" con más que posibles fundamentos religiosos -aunque ya conocemos que para Chomsky la culpa de todas las cosas cae siempre del lado del "imperialismo" occidental. Pese a los sofisticados intentos de Jeremy Ginges o Scott Atran, la conexión entre riesgo de conflicto y fundamentalismo religioso, sobre todo vinculado con el Islam, parece muy difícil de ocultar. A pesar de que el martirologio religioso aparece siempre envuelto por la "fusión de objetivos políticos y religiosos", por usar la expresión de Ginges, de aquí no puede seguirse que la causa religiosa esté subalternada a la secular. Un buen ejemplo nos lo proporcionan las algaradas recientes en Líbano:
La multitudinaria marcha comenzó en Beirut ayer. Cientos de miles de manifestantes convocados por Hezbollah y los grupos prosirios tomaron la Plaza de los Mártires y las calles circundantes al Palacio de Gobierno. Ondeando únicamente banderas libanesas, la multitud bloqueó los accesos al edificio gubernamental, donde se encontraba refugiado el primer ministro, Fuad Siniora, con sus ministros, reclamando la dimisión del jefe de Gobierno libanés.(…) Los manifestantes, respondiendo a una precisa consigna, sólo desplegaron una marea de banderas nacionales que cubrieron el centro de Beirut y corearon todo tipo de consignas urgiendo al primer ministro a dimitir entre himnos revolucionarios y nacionalistas populares.
Igual que en el caso palestino, la economía de lo sagrado surge siempre en conexión con algún programa político. Pero este programa sería sencillamente incomprensible sin el poder alimentador de la religión. Los manifestantes de Hezbolá que reclaman la unidad nacional enrbolando banderas libanesas, simultáneamente exigen a sus gobernantes la salvaguarda de los "lugares santos" y la indiscutible sacralidad de su yihad:
No estamos aquí para ser ministros, sino mártires.


