Lo bueno que tenían las “bombas para la paz” (Antonio Román, 1958) es que lo mismo servían para apacigüar la asamblea de la ONU que para llevar a la razón a un café atestado de existencialistas.



“Lo que usted pretende…es algo tan grande, la paz, ¡hay que conseguir la paz a toda costa!.”

Necesitamos algo parecido para combatir el Pensamiento Alicia.