BilbaoPundit

Ciencia & ParacienciasDecember 30, 2006 4:00 pm

Temple Grandin es una de las personas autistas más conocidas y de éxito más sorprendente. No sólo logró la licenciatura en psicología y un doctorado en ciencia animal, sino que alguno de sus libros se han convertido en bestsellers y referencias para el mundo académico. Además, sus observaciones han permitido incluso introducir mejoras prácticas en el sacrificio de animales dentro de los mataderos.

El autismo cubre un conjunto de desórdenes de base neurológica y genética que no son desencadenados por una educación deficiente. Estas personas se caracterizan por una profunda inhibición en las relaciones sociales, tienen dificultades para reconocer sentimientos en los demás y para obtener competencia lingüistica. Sin embargo, Grandin ha logrado escribir un nuevo capítulo en la narrativa de autosuperación típicamente norteamericana.

Por primera vez la comunidad científica cuenta con un registro bien documentado de la vida mental de una persona autista, combinando la perspectiva fenomenológica (la de los "sentimientos" o "experiencias" internas) y la perspectiva categorial; gracias a su formación académica Grandin no sólo ha conseguido proporcionar un registro interno del autismo, sino ante todo su traducción a un lenguaje público, científico.

Según Grandin, el funcionamiento de la mente autista posee asombrosas similitudes con la mente animal. El predominio del miedo como sentimiento primordial, la hipersensibilidad ante los detalles de la experiencia o el modo de pensamiento por imágenes parecen ser rasgos cogenéricos de la mente autista y la mente animal. BBC produjo en 2006 este impresionante documental: The woman who thinks like a cow.

ArtesDecember 29, 2006 8:54 pm


 

American Mass Consumption

Ciencia & Paraciencias, Brights 12:52 am

Pío Moa (se parte de un oportuno recordarorio en un comentario anterior) ha dedicado las últimas entradas de su bitácora a comentar las relaciones entre Ciencia y Religión, tomando como punto de inicio ciertos pasajes de las jornadas Beyond Belief –que alcanzaron una amplia repercusión en la blogosfera, incluyendo esta misma bitácora. Steven Weinberg y Richard Dawkins, en particular, han servido el blanco para el pundit gallego. El físico y el biólogo habían confesado en La Jolla, en efecto, su deseo de librarse algún día de la "pesadilla religiosa".

Pero construir un discurso crítico sobre la base de un exceso retórico o verbal, no parece la vía más adecuada hacia la honestidad intelectual.

A pesar de la brevedad de las entradas, la acumulación de inconsistencias, aberraciones ópticas y simples frivolidades en los textos de Moa es tan grande que no resulta nada fácil responderlas una por una. Éste fragmento llama en especial la atención:

Dicho en otras palabras: la ciencia no puede discutir el concepto de Dios, pero sí puede (y quizá debe) examinar los efectos de la creencia y del ateísmo. Eso tendría verdadero interés.

Y en otro lugar, la misma idea:

Lo cual demuestra, una vez más, cómo la mentalidad científica no impide la charlatanería cuando se sale de la especialidad. Una actitud científica exige constatar, en primer lugar, que el fin de la religión lleva varios siglos anunciándose (y muy posiblemente seguirá siendo anunciado dentro de otros cuantos). Y, en segundo lugar, que entre tanto se han impuesto en el mundo sistemas basados en la liquidación de la religión, y no estaría de más examinar sus consecuencias antes de hablar de pesadillas.

Se queja don Pio Moa de que los científicos se salgan de su "especialidad" para criticar el concepto de Dios. Un lamento paradójico tratándose justamente del "historiador" gallego, que se había significado por mantener una justa querella contra los "especialistas" de la historiografía española. Si para disertar sobre la guerra civil no es necesario el título de historiador: ¿Habrá que ser teólogo para hablar de Dios? Más aún, ¿es necesario ser un hombre devoto para comprender qué es esa cosa llamada religión?

No le reprochamos a Moa, cayendo en su propia trampa, que se aventure a elevar juicios sobre el ateísmo o la religión sin ser él mismo un "especialista" en lo sagrado, sino que sus juicios sean tan apresurados y mal fundamentados. Quizás habría que recordar aquí la célebre divisa humanista, en boca de Terencio:

Nihil humanum a me alienum puto. 

Nada de lo humano nos debe ser ajeno. Por ello no cabe imaginar un cerrojo más impenetrable al tratamiento crítico de la religión que la reducción de su análisis al gremio de los "especialistas": sacerdotes, monaguillos, teólogos, fabricantes de pan ácimo, académicos de las humanidades &c. No puede esperarse que el conocimiento del fenómeno religioso avance dos pasos si se confía en exclusiva a la profesión de las comunidades religiosas, o a las "experiencias" de los creyentes. El dogma de estudiar la religión qua religión no ha hecho más que entorpecer su comprensión auténticamente científica y filosófica. Daniel Dennett –a quien es casi seguro que Moa no ha leído- destacaba la necesidad de ampliar el campo de estudio científico religioso precisamente contra el gremialismo de los humanistas y teólogos. Durkheim, por ejemplo, había insistido en que nadie podía siquiera proferir una palabra sobre religión si no poseía algún "sentimiento religioso". Y, en especial, Mircea Eliade:

Un fenómeno religioso solo puede ser reconocido como tal si es comprendido dentro de su propio nivel, esto es, si es estudiado como algo religioso. Intentar comprender la esencia de tal fenómeno mediante los medios de la psicología, la fisiología, la sociología, la economía, la lingüística, el arte o cualquier otro estudio, es falso; se pierde su elemento único e irreductible – el elemento de lo sagrado (citado por Dennett).

Establecer, por principio, que un fenómeno determinado sólo puede ser comprendido dentro de sus claves internas sería tanto como afirmar que sólo las mujeres pueden practicar una auténtica crítica "feminista", o que sólo los pederastas con "sentimientos pedófilos" pueden entender realmente la esencia de la paideia. Ni la religión, ni el feminismo, ni la pedofilia pueden ser reducidos a "juegos de lenguaje" (por recurrir a la idea del segundo Wittgenstein) cuyos misterios sean únicamente conocidos por los jugadores. Esta idea es un fraude puro y simple. Dios es un tema científico como cualquier otro, aunque ésto no significa que su "esencia" se agote en un campo categorial concreto (por ejemplo, en la física cosmológica). 

*** 

Lo más preocupante es que las "críticas" de Moa se basan más en un posicionamiento partidista que en un verdadero escrutinio racional. Recogen también un peligroso movimiento del "conservadurismo" español hacia un sobrenaturalismo que permita añadir munición a la lucha ideológica contra la izquierda. Quizás no lleguen tan lejos como algunos católicos polacos, que desean coronar a Cristo como rey de Polonia, pero si estas tendencias fructifican -y están fructificando, quizás no tardaremos demasiado en que los conservadores españoles propongan el estudio del Diseño Inteligente en las escuelas públicas. Una propuesta que, a tenor de comentarios anteriores, puede que no perturbara mucho a Moa.

Tampoco habría que pasar por alto que la izquierda hoy es mayoritariamente favorable a la religión, pese a las incesantes letanías sobre el supuesto avance del "laicismo" en occidente. Y no sólo por la inane fascinación que sienten los progresistas hacia el Islam. De hecho, este "progresismo" o socialismo del siglo XXI le debe mucho más al cristianismo posconciliar (tras el Vaticano II) que a Marx, Lenin o Stalin. El socialismo hispanoamericano se declara también hoy indigenista y "cristiano", siguiendo la tradición de los monjes españoles y sus reproches a la brutalidad de los conquistadores. Y las raíces que unen a la Izquierda con el Cristianismo, por cierto, pueden ser rastreadas en una espléndida publicación reciente de Antonio Escohotado.

Al fín y al cabo, puede que la táctica "espiritualista" o sobrenaturalista no sea la más franca para ganar la guerra de la ideología. 

ACTUALIZACIÓN: Parte de lo que se dijo en Beyond Belief: Steven Weinberg: Sobre la verdad en la ciencia y la religión. Richard Dawkins: Respuesta a la "hermenéutica" de Joan Roughgarden.
 
ACTUALIZACIÓN II: Radikales libres amplían.
ReligiónDecember 28, 2006 7:25 pm
Cuando el fundador del judaísmo jasídico, el gran rabino Israel Shem Tov, veía que el infortunio amenazaba a los judíos, era su costumbre acudir a una cierta parte del bosque para meditar. Allí encendía un fuego, decía una oración especial, se hacía el milagro y el infortunio se evitaba. Más tarde, cuando su discípulo, el celebrado Maggid de Mezertich, tuvo ocasión, por la misma razón, de interceder con el cielo, iba al mismo lugar del bosque para decir: "¡Maestro del universo, escucha! Yo no sé como encender el fuego, pero aún soy capaz de decir la oración", y de nuevo se hacía el milagro. Más tarde aún, el rabí Moshe-leib de Sasov, para salvar a su pueblo una vez más, iba al mismo bosque para decir, "Yo no sé cómo enceder el fuego. Yo no sé la oración, pero conozco el lugar, y eso debe ser suficiente." Fué suficiente, y el milagro se hizo. Entonces le tocó al rabí Israel de Rizhin superar el infortunio. Sentado en su silla, con la cabeza en sus manos, le habló a Dios: "Soy incapaz de encender el fuego, no conozco la oración, y ni siquiera puedo encontrar el lugar en el bosque. Todo lo que puedo hacer es contar la historia, y esto debe ser suficiente." Y fue suficiente. Dado que Dios hizo al hombre porque Él ama las historias.

de Elie Wiesel, citado por Daniel Dennett
(Breaking the spell, Pág 252-253)

Filosofía 4:12 pm

 

William Blake - Ancient of days 

I 

Los griegos conocieron en la physis la idea de una materia que se daba a sí misma el principio del desarrollo. El orden eterno de las naturalezas, sin embargo, se completaba con una primera causa, un "motor" del movimiento cósmico al que no le afectaba este movimiento.

El Dios de Abraham, por el contrario, se caracteriza por la afección. La naturaleza es un orden creado, diseñado y supervisado por Él. Dios mismo tiene un "plan", que, sin embargo no puede ser conocido del todo por los hombres –salvo en el caso de Hegel.

Al orden natural opone el cristiano un orden sobrenatural; el de la gracia, posteriormente transformado en "cultura". El Dios monoteísta y trinitario es un entusiasta "intervencionista". Aunque los cristianos no dejan de conocer principios naturales, autónomos, el milagro introduce siempre una brecha. Dios puede "intervenir" en cualquier instante.

Los mahometanos llevarán la intervención divina hasta su límite. Para Al-Ghazali, autor de La incoherencia de los filósofos, el fuego no es el producto de la combustión natural del aire, sino una apariencia manufacturada personalmente por el mismo Allah. La naturaleza es heterónoma, una estricta manualidad divina cuyo logos es inefable.

II 

Cuatro géneros de sobrenaturalismo: 

- Sobrenaturalismo ontológico. Donde Dios es el principio de la existencia, el ipsum esse que da respuesta a la pregunta por el Ser (¿por qué el ser y no más bien la nada?).

- Sobrenaturalismo cosmológico. Donde Dios es el "motor" del cosmos, pero no parece tener un interés especial sobre la materia. Dios es únicamente el autor de las "Leyes naturales", el ingeniero de las inteligencias.

- Sobrenaturalismo providencialista. Es el propio de las religiones "personales": el "Dios de los creyentes", distinto al "Dios de los filósofos". Dios no es sólo el "creador", sin que desarrolla afecto personal hacia lo creado. Sin embargo, se mantiene la autonomía parcial de los seres naturales. La naturaleza tiene una autonomía limitada (por el milagro), del mismo modo que el libre albedrío humano debe ser compatible con la omnisciencia divina.

- Sobrenaturalismo absoluto. Dios no es sólo el primer motor, el diseñador y el creador. Propiamente hablando, no existe una idea de "naturaleza". Comparado con el Creador, concebido como Persona Absoluta, todo lo demás es heteronomía, dependencia y sumisión (Islam). Toda la realidad es milagrosa y, en último análisis, sobrenatural.

III

En los tres primeros "sobrenaturalismos" (ontológico, cosmológico y providencialista) las ciencias naturales son posibles, aunque siempre limitadas. En el primer caso, porque el razonamiento se detiene en un punto dogmático: el de la subsistencia divina. En el segundo, porque la perspectiva de evitar el "regreso al infinito" impone otro límite arbitrario sobre la razón de ser de ese primer motor. En el tercero, porque introduce un peligroso "principio de incertidumbre" milagroso en la naturaleza. Solamente en el último sobrenaturalismo (absoluto) la ciencia de la naturaleza es imposible por principio.

ConservadoresDecember 27, 2006 1:16 am

Ronald Reagan (1911-2004) y Russell Kirk (1918-1994)

1. Existe un orden moral duradero. Este orden está hecho para el hombre, del mismo modo que el hombre está hecho para el orden. La naturaleza humana es una constante universal y las verdades morales son permanentes.

2. Apoyo a la costumbre, la convención y la continuidad. La ley misma, como fundamento de la convivencia pacífica, es un cuerpo de convenciones. El postulado de continuidad asegura la vitalidad de las generaciones a la hora de generar nuevo orden social.

3. Principio de prescripción. A diferencia de los modernistas, los conservadores apoyan un orden social inmemorial en el límite. El hombre moderno es un "enano en los hombres de gigantes". Burke: el individuo es estúpido, la especie es sabia.

4. Principio de prudencia. En la tradición de Burke, Platón o Aristóteles, que señalaron a la prudencia (phronesis) como la virtud principal del arte político.

5. Principio de variedad. Frente a la igualitaria uniformidad del racionalismo radical, el conservador apoya la supervivencia de distintas clases y órdenes, reservando la igualdad a los tribunales de justicia humana y divina.

6. Principio de imperfectibilidad. La naturaleza humana es defectuosa. Ser humano significa ser imperfecto, por lo que planear un orden social perfecto no es posible o deseable.

7. Los conservadores creen que la libertad está unida a la propiedad. Sin propiedad privada el orden económico y social rebajaría las condiciones humanas de existencia.

8. Apoyo al comunitarismo voluntario, distinto del comunitarismo obligatorio y autoritario. La mayoría de las decisiones políticas deben descansar en agentes comunitarios locales libres de una lejana autoridad central.

9. Prudentes restricciones sobre el poder y las pasiones humanas. El ejercicio del poder no puede dejarse a la mera benevolencia de los gobernantes, sino que debe estar limitado por restricciones constitucionales y un sistema de "check and balances" para evitar los abusos.

10. El cambio social debe unirse, a diferencia de la idea progresista, con el concepto de permanencia, que une las generaciones en una comunidad de vida social orgánica.

Un resumen de Ten conservative principles, de Russell Kirk. 

Conservadores, FilosofíaDecember 26, 2006 6:06 pm
No siendo ni una religión ni una ideología, el cuerpo de opinión denominado conservadurismo no posee ningún texto sagrado o Das Kapital para proporcionar dogmática.
- Russell Kirk
 
Cuando hablamos de "naturalismo" y queremos vincularlo con alguna visión moral del ser humano compatible con una tradición "conservadora" debemos tener cuidado en no ser demasiado dogmáticos ni demasiado elásticos con la idea de "naturaleza". Demasiada rigidez llevaría a una posición apresurada y vulnerable, posiblemente relacionada con ciertos particularismos que tienden a confundir sus intereses contingentes con el orden universal de las cosas. Y excesiva elasticidad llevaría a un relativismo naturalista incapaz de decidir sobre qué disposiciones son radicalmente injustas o dañinas para los hombres.

Del mismo modo, el conservadurismo como filosofía política no puede fundamentarse en una mera disposición mental tan elástica como los distintos talantes humanos. Si ser conservador fuera un mero "estado mental" -paralelo al "estado mental progresista"-, la persuasión política y pública quedaría severamente limitada. El conservadurismo político o filosófico no puede reducirse al "talante", al ethos, a la "mente conservadora" al modo de Russell Kirk, aún cuando el tema ético pueda ser una variable a considerar. Estudios de genética conductual han acreditado que el carácter o los "tipos psicológicos" conservador y progresista intersectan con la personalidad global del individuo desde estadios iniciales de su desarrollo. Según refería Steven Pinker, cuando se analiza la actitud política en gemelos univitelinos que son separados tras su nacimiento, resulta que son asombrosamente parecidas –lo que prueba una gran independencia del "talante político" con respecto a las variables ambientales y de educación.

En segundo lugar, el naturalismo no puede definirse simplemente como la negación del sobrenaturalismo, es decir, de la idea de agentes sobrenaturales actuando en la historia humana o en la evolución del cosmos, porque entonces no sería posible alcanzar ningún concepto normativo o moral de naturaleza. La "naturaleza" abstracta se referiría simplemente al "ser" de las cosas, con lo que estaríamos cerca de la llamada "falacia naturalista". Este naturalismo abstracto e inhumano no dice nada, en efecto, sobre la "naturaleza moral" del hombre. Las crueldades e injusticias que unos seres humanos cometen contra otros, las desgracias y catástrofes "naturales”, e incluso la misma extinción de la especie sapiens sapiens no dejan de ser "hechos naturales". El "naturalista" abstracto coincidiría aquí, después de dar un amplio rodeo, con la posición de los sobrenaturalistas. La siguiente cita del neoplatónico Plotino haría las delicias de un sádico libertino: "los asesinatos, las matanzas, el asalto y saqueo de las ciudades…" no deben preocupar al sabio, que está por encima de todos estos accidentes (citado por Gustavo Bueno).

Pero, ocurre en realidad que los defensores de la "falacia naturalista", tal como fue definida en su día por G.E. Moore en los Principia Ethica (1903), suelen sostener una comprensión de la moralidad y de los asuntos humanos que sólo cabe calificar como "espiritualista". Esta visión, por cierto, está muy arraigada en la tradición filosófica y teológica, desde el idealismo platónico a la dialéctica de Hegel, que comprendía la naturaleza como un momento del despliegue fenonológico de la esencia espiritual –entendida como concepto (begriff), razón.

Esta idea de la naturaleza como alienación, voluntad ciega, libido o instintos que necesitan ser dominados por el "auriga" del alma racional está siendo puesta en entredicho por las ciencias modernas de la naturaleza, reivindicando una tradición alternativa al racionalismo clásico que puede remontarse hasta Hume, o el mismo Aristóteles, que no accidentalmente eligió definir al ser humano como un "animal político". Cualquiera que sea hoy nuestro concepto de política o moralidad, no puede ser inmune al concepto científico de "naturaleza humana" tal y como aparece en la genética conductual, la psicología evolucionista, las neurociencias o las ciencias cognitivas. Por poner un ejemplo, la discrepancia entre Timothy Sandefur y Russell Kirk, entre Conservadores y Libertarios, puede ser muy bien iluminada si se analiza en los términos de evolución por selección natural: ¿Procede el orden social y político del beneficio de los grupos, tal y como sostienen los conservadores, o bien procede del bien de los individuos, como aseguran algunos libertarios? ¿La supervivencia de las sociedades políticas depende de la selección individual o de grupo? Los libertarios critican el énfasis conservador en la sociedad humana (selección -política- de grupos), que puede encontrarse en Hayek (Individualism and economic order):
Debe mantenerse la pregunta abierta sobre si  una sociedad libre o individualista puede funciona con éxito si la gente es demasiado "individualista" en el falso sentido, si no están dispuestos a seguir voluntariamente las tradiciones y las convenciones, y si rehúsan reconocer cualquier cosa que no sea conscientemente diseñada o que no pueda demostrarse como racional para cualquier individuo.
 
Una buena pista para resolver este dilema entre Individuo y Sociedad la proporciona Larry Arnhart con su tripe división entre orden moral, de costumbre y de (deliberación) racional. Semajente división parece compatible con la concepción de la "naturaleza moral" del hombre surgida por selección natural. Pues no se trata de negar la deliberación racional, sino de comprender mejor el contexto material en el que tiene lugar. Estos "materiales" incluyen tradiciones, costumbres y usos culturales muy diferentes, aunque puedan compartir alguna "forma" común universal.

Aunque ni el "progresismo" ni el "conservadurismo" pueden ser  deducidos, siguiendo algún procedimiento mecánico, de este naturalismo científico, el propio Steven Pinker reconocía en La tabla rasa que las nuevas ciencias de la naturaleza apoyaban ampliamente aquello que Thomas Sowell denominó "Visión Trágica":
En la Visión Trágica, los seres humanos están inherentemente limitados en el conocimiento, la sabiduría y la virtud, y todas las disposiciones sociales deben reconocer estos límites. "A los mortales les conviene lo mortal", dijo Píndaro; "de la madera torcida de la humanidad no se puede obtener nada que sea realmente recto", dijo Kant. La Visión Trágica se asocia con Hobbes, Burke, Smith, Alexander Hamilton, James Madison, el jurista Oliver Wendell Holmes Jr., los economistas Friedrich Hayek y Milton Friedman, los filósofos Isaiah Berlin y Karl Popper y el estudioso del derecho Richard Posner.
Steven Pinker, La tabla rasa, Pág. 419
 
Del hecho de la Evolución Darwiniana no puede deducirse automáticamente un conservadurismo político concreto -incluso, algunos géneros de conservadurismo parecen incompatibles con la idea de Evolución-, pero al menos sí puede afirmarse que es posible coordinar una cierta tradición conservadora con las más plausibles ideas sobre la naturaleza humana universal.

OffTopicDecember 24, 2006 6:31 pm

Arvo Pärt


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Supongo que puede considerarse una tarjeta de felicitación.

España, Ideas de la historia 4:12 pm
 
 
 
Thomas Malthus (1766-1834)
 
Así pintaba en 1798 la situación de las distintas colonias europeas en América el inglés Thomas Malthus, autor de un famoso Ensayo sobre la población. Su crítica más furibunda se focalizaba en la presencia hispana:

Ningún asentamiento podría haber sido peor organizado que aquellos de los españoles en México, Peru y Quito. La tiranía, la superstición y los vicios de la madre patria fueron introducidos en grandes cantidades entre sus hijos. Impuestos exorbitantes fueron extraídos por la corona. Las restricciones más arbitrarias fueron impuestas sobre el comercio. Y los gobernadores no estuvieron detrás en rapacidad y extorsión tanto para sí mismos como para su superior.

A pesar de tan desastrosa colonización, Malthus reconoce que la población continuó aumentando. Según los informes de Francisco de Ulloa, Lima y Quito podrían contener 50.000 habitantes sólo 50 años después de su fundación. En México, la población excedía de 100.000, cinco veces más que en tiempos de Moctezuma. Y ni siquiera la tiranía portuguesa había logardo impedir un aumento bastante espectacular en Brasil.

Frente a la crueldad de españoles, portugueses u holandeses, a los ojos del economista inglés brillaba la colonización emprendida por los EE.UU:

(…) las colonias norteamericanas, ahora el poderoso pueblo de los Estados Unidos de América, hizo de largo el progreso más rápido. A la plenitud de buenas tierras que poseían en común con los españoles y los portugueses, añadieron un grado mayor de libertad e igualdad. Aunque no sin algunas restricciones sobre su comercio exterior, les fue permitida una perfecta libertad de organizar sus propios asuntos internos. Las instituciones políticas que prevalecieron fueron favorables a la alienación y división de la propiedad. Las tierras que no fueron cultivadas por un propietario dentro de un tiempo limitado fueron garantizadas a cualquier otra persona.

Pero el cuadro malthusiano distaba mucho de ser realista o neutral. La llegada de los europeos al nuevo continente causó, sin la menor duda, una enorme convulsión en el proceso de la civilización americana. Pero ni la "tiranía" ni la "destrucción de las indias" fueron un patrimonio de los españoles o los portugueses. De hecho, la campeona de los genocidios indígenas fue América del Norte. En la América del Sur aún hoy quedan no pocos descendientes de los pobladores nativos capaces de sostener resentimientos reales o imaginarios contra España, pero en los EE.UU y Canadá apenas restan unos pocos representantes indios siquiera para "fabular" sobre una leyenda negra de cuño angloprotestante. Los nativos del norte fueron sencillamente borrados del mapa de la historia a medida que el "destino manifiesto" de los nuevos colonos europeos introducía en el nuevo continente su poderosa y superior "civilización". El "Imperio de la libertad" norteamericano se fraguó entre medias de dos dolorosas contradicciones: la institución de la esclavitud, que sólo pudo resolver una de las más cruentas guerras civiles de la memoria histórica, y el exterminio de los nativos norteamericanos, a quienes en la práctica no pudo reducirse a la nueva civilización liberal y el universalismo implícito de sus "derechos naturales" inviolables.

Pocos nativos americanos pudieron convertirse en "hombres lockeanos". Y, en cualquier caso, las "libertades" cantadas por Malthus no fueron disfrutadas por los esclavos negros o los indígenas del norte.

El gobierno de los EE.UU y la misma nación no pueden fingir inocencia sobre este genocidio.  Knox mismo advirtió en 1793 que "Si nuestros modos de población y guerra destruyen a las tribus (…) la parte no interesada de la humanidad podrá clasificar los efectos de nuestra conducta del mismo modo que la de los españoles en México y Perú juntos". Ningún antiamericano rabioso, sino Robert Kagan (en Dangerous nation), reconce que la "conquista pacífica" norteamericana implicaba un alto grado de hipocresía, en la medida en que los propios Knox y Jefferson no dudaron en declarar la guerra a los indios cuando estos rechazaban ceder sus tierras de modo voluntario.

Contra un liberalismo infantilista y naif, tan en boga últimamente, es necesario recordar que los gobernantes y los colonos europeos fueron, en no pocas ocasiones, "verdugos voluntarios" de los americanos nativos. Cierto es que la expansión americana no obedeció siempre a un plan político consciente. A menudo el estado intentó ejercer un papel de árbitro y de límite a las incesantes aspiraciones para apropiarse de nuevos territorios. Pero una vez que se vencían los lindes, y cada vez que se traicionaba algún acuerdo territorial, el gobierno se veía conminado a prestar apoyo material a los colonos, ratificando las nuevas conquistas en una política de hechos consumados que no rectificó hasta alcanzar el eclipse total de la población nativa.

Las impresiones de Malthus son muy discutibles en otros dos aspectos de su apresurada interpretación: el papel jugado por la Corona española y la situación del comercio.

Fueron precisamente las nuevas leyes de Burgos de 1512, promulgadas por la Corona, las que permitieron reorganizar la colonización americana para intentar limitar los abusos de los encomenderos y sus "empresas privadas". Por otro lado, la polémica de Salamanca, entre Las Casas y Sepúlveda mostraba que las preocupaciones morales del Imperio Español no eran en absoluto inferiores a planteamientos similares surgidos en el ámbito angloprotestante.

Y, en cuanto al comercio, la noción de "libre comercio" era en la práctica muy extraña también en la nación norteamericana. Así lo expresa también Robert Kagan, en unos párrafos que convendría tener muy presentes en adelante:

Muchos americanos no podrían creer que el comercio entre las naciones llevara necesariamente a la armonia y la paz global. Sabían que la competición por el comercio produjo guerras tan frecuentes como las que previno el "dulce comercio". En esto Hamilton y Jefferson estaban de acuerdo. Hamilton preguntó: "¿Hasta ahora ha hecho el comercio algo más que cambiar los objetivos de guerra?".

(…) Los americanos sabían que cualesquiera que fueran sus propias preferencias, el mundo en el que vivían no era hospitalario a ninguna noción de libre comercio. Las restricciones comerciales eran un hecho de la vida. Adams acaso había esperado que "la creciente liberalidad de sentimientos entre los filósofos y los hombres de letras, en varias naciones" podría conducir a una "reforma, una clase de protestantismo en el sistema comercial del mundo". Pero no se sorprendió de que los gobiernos no siguieran los consejos de los filósofos, insistiendo en su lugar en un auto-engrandecimiento a corto plazo.

(…) El comercio, lejos de ser la respuesta americana a los problemas del mundo, a menudo parecía una carga pesada para aquellos que intentaban preservar el bienestar de la joven nación.

Dangerous nation, Pág. 60

La civilización cristiana europea, en su versión católica y protestante, se extendió por el nuevo continente siguiendo leyes históricas prácticamente inexorables, por lo que no cabe caer en la tentación de la inocencia. Ni los colonos y conquistadores eran ingenuos misioneros de la libertad, ni todos los indígenas eran "buenos salvajes" expropiados. En un balance entre ilustración y exterminio, libertad y servidumbre, América no tenía otra alternativa que ingresar en la historia universal. Pero hoy aún es muy injusto situar la carga del exterminio o de la tiranía únicamente en las espaldas de los españoles, ignorando que nuestros "conquistadores" también fundaron nuevas ciudades y universidades, que abrieron nuevas rutas comerciales y que libraron a muchos pueblos americanos de alguna de las más crueles tiranías conocidas.

Vía Pista Norte.

FilosofíaDecember 23, 2006 10:51 pm


 No murió por el tabaco, sino por una camioneta de lavandería. 

 

¡Cómo me alegraré cuando vea a tantos sabios tostándose bajo las llamas del Juicio Final con sus engañados discípulos, a Virgilio, Horacio y tantos poetas célebres temblando ante el tribunal! 

- Tertuliano (citado por Antonio Escohotado)

Primera parte.