El principal argumento contra el liberalismo judicial radica en la necesidad de mantener el que ha sido fundamento de la doctrina del estado liberal de derecho: la igualdad formal de todos los ciudadanos ante la ley, con independencia de raza, confesión religiosa o clase social. Pero, sin unidad de justicia no hay igualdad formal de todos, y semejante unidad requiere un mismo conjunto de reglas jurídicas positivas, un mismo conjunto de tribunales y una misma fuerza compulsiva que garantice el cumplimiento de las sentencias. La apelación abstracta a ciertos "derechos naturales" universales, a los que se subalternarían las normas positivas, según los defensores del liberalismo jurídico, no es de por sí suficiente para garantizar la fuerza de obligar de esas normas (naturales), que sólo puede residir en el "concreto universal" llamado Estado.

Desde luego, la competencia entre oferentes es una regla saludable y aún indispensable para el desarrollo de la economía de mercado, pero la competencia entre sistemas judiciales sólo lograría poner en riesgo grave la consistencia formal de las leyes comunes y con ello las bases mismas de una sociedad política consistente. Una sociedad de propietarios no hace una verdadera sociedad política o sociedad de ciudadanos.

Sin embargo, ese fín de una ley para todos que amanecería en la utopía anarco-capitalista, podría proceder de una fuente algo menos especulativa, pero más tradicional y conocida: el multiculturalismo y la división religiosa.

Innes Bowen (vía RDF) alerta sobre la proliferación hoy de cortes de justicia no oficiales dedicadas a preservar la identidad de los sistemas legales "tradicionales" de distintas confesiones religiosas; principalmente tribunales dedicados a implementar la Sharia y el tribunal judío Beth Din, en Gran Bretaña…¿Y por qué no futuros tribunales para santeros, practicantes de la ouija, ufólogos, ladrones sin fronteras y adoradores de Luzbel? La pluralidad jurídica no conocería más límites que el de los acuerdos "voluntarios" entre comunidades e individuos.

Por el momento, estas cortes informales ven su papel limitado al arbitraje de asuntos más o menos culturales y folklóricos, pero no asombra una perspectiva próxima en la que lleguen a ocuparse incluso de asuntos criminales, como apuntaba el caso del apuñalamiento de un joven somalí, en Londres:

"Cuando los sospechosos fueron liberados bajo fianza por la policía, escuchamos a los testigos y las familias juntas”, dijo Aydarus. "Los acusados admitieron su culpa y pidieron disculpas. Los apdres y tíos aceptaron una compensación."

Según un estudio, hasta el 40% de los musulmanes actualmente apoyan la introducción de tribunales de la Sharia en Gran Bretaña. Algunos llegan a proponer, sin nigún rubor, un sistema dual inspirado en la experiencia en India del Imperio Británico.

Foto: Fazal Sheik