La primera tesis se refiere al origen civil de la moralidad y a la tolerancia civil de las religiones que debería asegurar un "estado laico":
Durante siglos, ha sido la tradición religiosa -institucionalizada en la iglesia oficial- la encargada de vertebrar moralmente las sociedades. Pero las democracias modernas basan sus acuerdos axiológicos en leyes y discursos legitimadores no directamente confesionales, es decir, discutibles y revocables, de aceptación en último caso voluntaria y humanamente acordada
Frente a la legitimación religiosa de la moralidad, que Kant calificaba como "heterónoma", las nuevas sociedades liberales deberían fundamentar su moral en otro lugar. Kant mismo situaba este locus moral en la conciencia trascendental, capaz de determinar racionalmente la voluntad para formar juicios morales categóricos. Ésta primacía del imperativo categórico tendría consecuencias en el modo de vertebrar civilmente la convivencia de religiones: que cada iglesia haga de su máxima religiosa un principio de legislación universal o, dicho en román paladino: que cada iglesia trate a las demás tal como quiere ella misma ser tratada.
El estado liberal funcionaría como una suerte de "coincidencia de los opuestos". Pero ¿No estaremos situando un "velo de ignorancia" al suponer que puede existir armonía entre confesiones mutuamente incompatibles? Los problemas de la convivencia religiosa serán idénticos, por analogía doméstica, a los problemas del "diálogo religioso" o del "diálogo de civilizaciones": ¿Es acaso posible el "diálogo" entre Islam y Cristianismo, pongamos por caso, cuando nos referimos al plano profundo, doctrinal, y no al plano de la diplomacia de estados?
Aquí, los ideólogos del armonismo democrático, bien representados en las tesis savaterinas, parecen caer en una versión laica del "complejo de Ismael", aquel marinero de la novela Moby Dick que no encontraba ningún inconveniente en "adorar" con un arponero animista:
Yo era un buen cristiano, nacido y criado en el sento de la infalible Iglesia Presbiteriana. ¿Cómo, entonces, me podía unir a este salvaje idólatra en la adoración de este trozo de madera? Pero, ¿qué es adoración? -pensé-. ¿Vas ahora a suponer, Ismael, que el magnánimo Dios del cielo y la tierra -incluidos todos los paganos- puede estar celoso de un insignificante trozo de madera negra? ¡Imposible! Pero ¿qué es adoración? ¿Hacer la voluntad de Dios? Eso es adoración. ¿Y cual es la voluntad de Dios? Hacer con mi prójimo lo que yo quisiera que mi prójimo hiciera conmigo: ésa es la voluntad de Dios. Ahora, Quibeg es mi prójimo. ¿Y qué deseo yo que Quibeg haga conmigo? Pues unirse a mí en mi particular forma presbiteriana de adoración.
¿Debería unirse también en oración Ismael con los musulmanes, que no reconocen la filiación divina de Jesús y, en consecuencia, están fuera de toda salvación posible? Más aún, tengamos en cuenta que al menos desde la perspectiva del catolicismo expresada en el Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, todavía se mantiene la doctrina tradicional de que fuera de la Iglesia no hay salvación.
En la segunda tesis, una prolongación de la primera (casi un pleonasmo) Savater insiste en su "edicto democrático de intolerancia":
En la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a nadie.
Pero su formulación vuelve a ser tímida y difusa: ¿de qué modo imponemos que no se impongan las creencias religiosas?
En la tesis tercera se trata de subalternar la pseudolegalidad religiosa a la legalidad por excelencia, del estado. Esto, sin perjuicio de que el Estado Homogeneo Universal, por ponerle nombre hegeliano, considere que existen ciertos "derechos naturales" previos a los derechos positivos, a los que se subalternaría.
La tercera cláusula tratará de deslegitimiar la disculpa de los delitos positivos amparados en algún derecho religioso anterior. Ahora bien, esto no equivale a la "tolerancia" de la religión, precisamente, sino a su virtual supresión civil, por lo menos de ciertos pasajes suyos o "legalidades" incompatibles con la moralidad del Leviatán y de esa suprema "Razón Natural". Por ejemplo, se prohibirá políticamente la violencia contra las mujeres, el asesinato de los homosexuales, de los impíos o apóstatas, las castraciones rituales, etc. Ninguna de éstas prohibiciones supone algo parecido a una "tolerancia pacífica" con credos que no sólo fundamentan "moralmente" alguna de estas prácticas, sino que las consideran o han considerado tradicionalmente como materia de fé.
La cuarta tesis aborda la función de la educación pública. La educación pública debe excluir la religión como parte formal suya –aunque pueda ser una parte material, no obligatoria-, dado que la educación civil debe tratar de lo "establecido como válido para todos". Esta validez parece que tiene dos orígenes: la ciencia (o "lo verificable") y un cierto conjunto de reglas jurídicas protegidas constitucionalmente. Savater despacha el asunto refiriéndose a los "derechos fundamentales de la persona".
La última tesis trata sobre la cuestión de las "raíces cristianas" de Europa, con motivo del debate surgido en torno al proyecto de una nueva constitución para la Unión Europea. Éstas raíces estarían vinculadas, en esencia, con el "vaciamiento secular de lo sagrado". Pero este "vaciamiento" es justamente el contenido de las últimas célebres críticas de Benedicto XVI. Por lo que nos encontraríamos delante de otro conflicto, prácticamente irresoluble, entre laicismo y religión. De hecho, el discurso de Ratisbona insistía, más que en ninguna otra cosa, en el "respeto de lo sagrado" y en la crítica por la exclusión occidental de Dios de sus realidades políticas. En Estambul, el sumo pontífice acaba de declarar que:
El Islam es la religión de paz y tolerancia, una religión de amor.
No hace falta ni leer entre líneas: es preferible el Islam al "vaciamiento de lo sagrado" de los estados laicos liberales.
***
En resolución, el "laicismo" de Savater, típicamente progresista y deudor del "complejo de Ismael", resulta ser demasiado tímido en su formulación y bastante endeble en su fundamentación filosófica. No se nos dice cómo la razón natural, recta y científicamente empleada, puede llegar a "tolerar" expresiones contrarias a ella en un plano que sea distinto al de la sofística o el tejemaneje diplomático: ¿Cómo imponer que no se imponga alguna materia de fé? No se nos aclara cómo podría fundarse la convivencia civil sobre un acuerdo "voluntario" que, en cambio, vulnerara las reglas elementales de la razón natural –si ésta existe. Por último, su visión utópica parece situarse al otro lado del espejo del ecumenismo religioso, dejando en la más absoluta oscuridad las "menudencias" prácticas: como alcanzar la armonía de opuestos, cómo disolver o "ablandar" identidades que sólo tienen un sentido genuinamente dialéctico.



La queja del Papa (y de los obispos) revela al mismo tiempo una constatación por su parte: reconocen que vivimos en una sociedad laica.
Sociedad laica cuya moral está, cuando menos en parte, inspirada por lo que se llama tradición judeo-cristiana: se han mantenido unos valores, una ética, incluso una dimensión espiritual. Pero laica en cuanto se ha librado de lo que es dogma, poder de la Iglesia, ect. Laica en cuanto se ha dejado lo que es trascendencia a la esfera privada, mientras que la esfera pública está regida por valores compartidos: democracia, derechos del hombre, etc.Laica en cuanto ninguna ninguna ley divina puede prevalecer sobre las leyes votadas democraticamente.
Naturalmente hay forcejeos: todo se acaba dirimiendo en el ámbito político (ejemplo: escuela laica). Pero creo que no es adecuado un paralelismo entre este conflicto INTERNO a la sociedad laica (sociedad con los valores de inmanencia relegados a lo privado) con el conflicto EXTERNO que esa sociedad tiene con otras (hoy día basicamente el islam) en las que la inmanencia es pública y se mantiene la sumisión de este mundo (ya no cabe hablar de política) a Dios. Por ello, creo que se puede propugnar el laicismo en nuestras sociedades sin caer en ese complejo de Ismael. No diría lo mismo en lo que hace a la relación con sociedades no laicas donde sí se da una verdadera oposición que hay que empezar por reconocer.
Comment by claudio — November 29, 2006 @ 11:52 am
En cambio, yo creo que hay pruebas sobradas de que la “analogía doméstica” es totalmente correcta. Pruebas históricas; donde el estado casi siempre ha negado la “libertad religiosa” (de hecho, esta negación formaba parte de la doctrina tradicional de la Iglesia). La convivencia pacífica de las tres religiones (o “tres culturas”) es un mito. La Iglesia siempre necesitó la compulsión del estado para eliminar la competencia. En España ésto se desarrolló en la Inquisición, institución de carácter religioso, pero dependiente del poder político -en la medida en que relajaba “al brazo secular” las sentencias capitales. Incluso en el mundo protestante la libertad religiosa o libertad de conciencia era un mero rótulo: la religión la elegía el príncipe, no los súbditos. El contraejemplo procede de EE.UU, donde su constitución aseguraba que no existiera una “religión de estado”; pero esto no fué impedimento para que se eliminaran las religiones que sí ponían en peligro la convivencia cívica.
Y no sólo hay pruebas históricas, de un pasado remoto. En el presente, habría que considerar una mera ficción la convivencia del Islam en Europa y su petición de “tolerancia religiosa”, que se terminará en el momento en que su poder aumente. Un poder que sólo el estado, limitando precisamente esa supuesta “libertad religiosa”, podría reducir.
El conflicto externo es el mismo que el interno. Cuando hay varios credos que afirman que Dios ha escrito un libro, esto sólo puede llevar al enfrentamiento.
Comment by Eduardo — November 29, 2006 @ 2:55 pm
En cambio Locke sólo excluía a los ateos de la tolerancia.
Comment by claudio — November 29, 2006 @ 9:45 pm
¿Locke era también de los que compartía la idea de que la contemplación de los condenados aumenta la felicidad celeste de los beatos?
Cáspitas con el liberalismo. Qué duros principios.
Comment by Eduardo — November 29, 2006 @ 9:50 pm