Frans de Waal: Primates y filósofos
Frans de Waal es uno de los primatólogos más conocidos, autor de varios libros de notable influencia como La política de los chimpancés o éste reciente Primates y filósofos. Sus obras han ayudado a comprender mejor la profunda continuidad entre el hombre y el resto de animales, en particular con la familia zoológica de los primates en la que también militan, además del género homo, chimpancés, orangutanes, gorilas, bonobos….
Éste "postulado de continuidad", entre hombres y animales, no siempre formó parte de la sabiduría convencional sobre la racionalidad moral. La tradición filosófica occidental, desde Platón, había concebido la moralidad como una propiedad humana subalternada a la razón. El alma dominaba el cuerpo como el auriga a los caballos. La mente (alma racional) dominaba los instintos (alma irascible) dentro del mismo orden natural que aseguraba el dominio del señor sobre el esclavo. La razón moral, en la versión kantiana, debía determinar absolutamente la voluntad para formar el juicio categórico.
Semejante tradición que contempla al hombre como originalmente a-social será continuada por los filósofos contractualistas (Hobbes, Locke, Rawls). La vida social y política no llega naturalmente a nosotros, sino por un medio de suyo artificial: por un contrato. Pero, tal y como recuerda de Waal: "Las personas libres y iguales nunca existieron. Procedemos de un largo linaje de animales jerárquicos para los que la vida en grupos no es una opción, sino una estrategia de supervivencia". El hombre es un animal obligatoriamente gregario y, al decir de Aristóteles, también necesariamente social y político.
La socialidad –en sus distintas formas elementales- se ha convertido en una ley biológica, en la medida en que los individuos con tendencias más marcadamente sociales tienden a dejar más descendencia y aseguran una mayor salud de los individuos y los grupos. Dejando aparte la pena de muerte, el ostracismo social o la confinación solitaria es la pena más grande que podemos imaginar en cuanto hombres –como sabían muy bien, por cierto, Sócrates y sus seguidores.
Frente a la celebración de la doctrina clásica sobre la racionalidad moral, parece cada vez más acreditado que el afecto y los "sentimientos morales", por decirlo al modo de Hume, juegan un papel muy significado en la decisión moral –como quedó documentado ampliamente en la crítica de Damasio al "el error de Descartes". El comportamiento humano moral derivaría, en constraste con la visión clásica del auriga dominante, sobre todo de juicios emocionales casi automáticos, con preferencia a procesos racionales conscientes: la razón es esencialmente sentimental, y los sentimientos tienen razón de ser.
Sin embargo, incluso dentro del paradigma darwiniano esta continuidad no siempre ha sido bien comprendida. La idea dominante consagraba, más bien, una forma de dualismo y discontinuísmo que de Waal compendia en la idea de "teoría de la capa" (veneer theory) procedente de Thomas Huxley, el así llamado "bulldog de Darwin" que, sin embargo, traicionó al maestro en este punto tan importante (quizás influído por acontecimientos biográficos trágicos). Huxley comparaba la humanidad con un jardinero que debe trabajar duro para mantener su jardín. La ética aparecía como una esforzada victoria humana contra los desordenados y naturalmente malvados procesos de la evolución animal: nos hacemos morales oponiéndonos a nuestra naturaleza.
Todo esto venía a contradecir la visión que Darwin proporcionó del tema en The descent of man (1871). A pesar de éste desacuerdo elemental, la teoría de la capa correría mucha fortuna entre los biólogos y los psicólogos sociales, incluyendo en particular a Sigmund Freud, que veía en la moralidad un esfuerzo titánico de renuncia al instinto para consolidar el super-ego cultural.
Un más moderno "huxleyano" es Robert Wright, autor de The moral animal (1994). Para Wright, la virtud está casi completamente ausente de los corazones humanos; la moralidad es potencial pero no naturalmente moral. El "animal moral" es, en esencia, una especie de hipócrita. De la misma forma, para Sober y Wilson el plano del altruísmo y de la selección de grupo llega a concebirse como "ilusorio", mientras que el del egoísmo y el individualismo resulta ser esencial.
El mismo Richard Dawkins también reflejó el punto de vista de la veneer theory al afirmar que somos la única especie capaz de "rebelarnos" contra las tendencias egoístas de nuestros genes: "No queremos vivir en un mundo darwiniano". Cierto que, leído en profundidad, la versión "dawkiniana" de la evolución es plenamente compatible con la cooperación darwiniana.
Al igual que de Waal, Mayr también fue consciente de que Huxley no representaba el verdadero "darwinismo", al menos en sus temas morales fundamentales. La imagen de la evolución darwiniana es incompleta si no contiene también los sentimientos de cooperación, reciprocidad y altruísmo de grupo:
La evolución favorece a los animales que se asisten mutuamente si al hacer esto logran beneficios a largo plazo de valor más grande a los beneficios derivados de ir por su cuenta y competir con los demás. A diferencia de la cooperación que descansa en beneficios simultaneos para todas las partes involucradas (conocido como mutualismo), la reciprocidad implica actos de intercambio que, mientras que son beneficiosos para el receptor, resultan costosos para el agente.
Primates and philosophers, Pág. 13
Este gran costo del verdadero altruísmo deriva ante todo de la diferencia de tiempo entre el dar y el recibir (¡un buen antecedente de la preferencia temporal en los animales!).
Hay que recordar que el propio Darwin fue un partidario de la continuidad entre Evolución y Moralidad, sentando las bases para una comprensión no "egoísta" de la selección natural. Para sorpresa de algunos, su concepción de la simpatía animal estuvo notablemente influída por Adam Smith -no es tan reconocida como debiera la influencia de los científicos sociales, en especial de la escuela escocesa, sobre el pensamiento de Charles Darwin-, que ya había hablado de la capacidad universal humana para la simpatía:
How selfish soever may be supposed, there are evidently some principles in his nature, which interest him in the fortune of others, and render happiness neccesary to him, though he derives nothing from it, except the pleasure of seeing it.

