ATENIENSE: Pues por haberse aficionado una de esas ciudades más de lo justo y exclusivamente a la monarquía, y la otra a la libertad, ninguna ha alcanzado la justa medida de estas cosas; más bien la han conseguido vuestros dos regímenes, el crético y el lacedemonio; los atenienses y los persas también la consiguieron en algún modo antiguamente, pero en la actualidad se hallan peor. Repasemos las causas de ello, ¿no os parece?
Platón, Las leyes 693e
La historia no es un capricho del renacimiento o de las escuelas "historicistas" alemanas del siglo XIX. En particular, los griegos sí poseían una aguda conciencia histórica. La doctrina política platónica y aristotélica no era una mera construcción lógica, sino una racionalización de acontecimientos históricos conocidos ("Repasemos las causas de ello…"). También parece evidente que la civilización clásica no podría haberse desarrollado a no ser porque los textos de Heródoto, Tucídides o Polibio estaban ahí para refrescar la memoria. La especial relación del ser humano con el tiempo, y de la civilización humana con la preferencia temporal, convierte a la historia en un saber por antonomasia. No es casual que historia se relacione esencialmente con saber (Οιδa, "yo sé", Ιστορια, "investigación o información").
La historia trata de nosotros mismos, pero el hombre, por decirlo a la manera de Scheler, posee un lugar dinámico en el cosmos. Los hombres se relacionan consigo mismos (como una relación reflexiva social), con realidades cósmicas y ecológicas, y con otros seres dotados como ellos de voluntad, sean imaginarios (dioses) o reales (animales). Estas tres relaciones coinciden con los tres ejes del "espacio antropológico" que propuso en su día Gustavo Bueno. De donde se siguen tres ideas genéricas de historia, paralelas a las ideas trascendentales de la tradición filosófica: Hombre, Mundo, Dios.
- Historia circular: la historia humana, en cuanto historia de los acontecimientos pasados de los hombres relacionándose entre sí -dando por supuesto que esta reflexividad es esencialmente social y política, y no meramente psicológica. Hablaremos de Historia Universal, cuando se trate de sociedades políticamente organizadas y de Historias particulares o Etnología histórica cuando se trate de sociedades que no han alcanzado aún rango político (que Unamuno llamaba "intrahistóricas").
- Historia angular: trata de la relación de los hombres con otros seres dotados de voluntad que no son humanos. Sean considerados naturales, es decir, animales (etología, primatología, teoría de la evolución de las especies, antropología físico-histórica de nuestra especie y los procesos de "Hominización" y "Humanización" &c) o bien sobrenaturales, imaginarios, en cuanto historia teológica o "Historia sagrada" (del Bagavad Gita a los evangelios).
- Historia radial: abarca la "historia natural" del cosmos y de la tierra; cosmología y geología científica o mitológica (de la teogonía de Hesíodo, al Génesis, pasando por las teorías del Big Bang o del multiverso).
La muerte es la gran generadora del pasado. Pero los hechos que interesan a la historia no están muertos para nosotros, puesto que son capaces de influirnos. En la medida en que el historiador trata de cosas ausentes, sus objetos materiales no son conocidos directamente, sino sólo a través de ciertos intermediarios. Estos intermediarios se presentan en forma de documentos físicos: textos, fósiles, reliquias, ruinas, marcas del paisaje, características del ADN biológico.
Las distintas "historias" no conviven pacíficamente. Existe dialéctica entre ellas, principalmente la lucha que media entre concepciones científicas y pre-científicas. La historia circular científica, en cuanto historiografía, convierte las reliquias en documentos, por lo que aquellas corren el riesgo de perder su estatuto de "hierofanías" (manifestaciones de lo sagrado): la historia angular científica convierte a Adán y Eva, o al "buen salvaje", en una banda de pitecántropos. Esto no quiere decir que la teología desprecie de suyo la historia, en particular en nuestra historia sagrada, de tradición cristiana, que ha desarrollado la crítica textual y la Cristología histórica.
Por cierto, que la mayoría de las propuestas de la llamada "tercera cultura", podrían interpretarse como un intento de conectar las metodologías radiales, angulares y circulares en un mismo cuerpo de doctrina; por ejemplo, explicando la influencia de los factores ecológicos (radiales) en la concatenación de los hechos humanos históricos (circulares).
Emancipar la historia de la legislación y la autoridad es un requisito esencial de la historia libre. Ésta historia es el antídoto más potente contra la memoria histórica partidaria que pretende elevar a la categoría de doctrina pública lo que sólo es memoria de grupo. De aquí que el oficio de Historiador no sólo se enfrente al oficio de Teólogo, sino peculiarmente al oficio de Sofista, de Político (George Orwell: "Quien es dueño del presente domina el pasado; quien es dueño del pasado domina el futuro"). El historiador libre, como temía Rousseau, nos hace dudar sobre la realidad del tiempo de los orígenes. Cabe incluso la posibilidad de que aquello que es más sagrado para nosotros (como comunidad política o religiosa) no resista el escrutinio final de la historia. De aquí que haya que andarse, pese al natural entusiasmo y ασεβεια (impiedad) científica, con mucho tiento y prudencia…
Ah, todo este rapto especulativo procede de un comentario de Luis sobre la necesidad de enseñar la "Historia de las normas".


