Hazte Oir lanza una campaña incitando al absentismo juvenil en la clase de la así llamada "Educación para la ciudadanía":


¡Qué enrollados!  A mí no me cabe ninguna duda de que EpC es un bodrio, un verdadero bodrio pedagógico…lo que cuesta un poco más es confraternizar con los motivos profundos que animan a este grupo de católicos críticos. Si se empieza por promover la insumisión escolar en ésta asignatura, ¿por qué no extenderla, por ejemplo, hasta las clases de biología en tanto y cuanto no se ajusten a los criterios creacionistas (no darwinistas) del cardenal Schönborn?

Al tiempo.

Pese al insistente angelismo pedagógico del presente, tanto a la derecha como a la izquierda, es necesario admitir de una vez que la educación es inseparable de algún grado de violencia y de "adoctrinamiento". ¿Es que la Iglesia Católica carece de "doctrina"? ¿Acaso el estado de derecho no implica en sí mismo una doctrina jurídica y política muy elaborada? Por otra parte, como recordaba en su día Ernest Gellner, el signo más distintivo de la modernización fué la "nacionalización" de la educación en el siglo XIX. Sin educación nacional no hay nación. En cierto modo, la "educación para la ciudadanía" en una nación moderna puede considerarse una especie de extraño y sospechoso pleonasmo. Extraño, porque "educación" y "ciudadanía" están enlazados analíticamente (por decirlo con Kant) y sospechoso, por el peligro de que los contenidos de esa "educación ciudadana" terminen identificándose con los de un Partido, que por definición solo representa a una parte y no a la totalidad de la nación. Los mismos liberales españoles, en el momento en que comienza a construirse la nación política española, alertaron sobre el peligro de dejar la educación en manos de "mercenarios" privados:

Sin educación, es en vano esperar la mejora de las costumbres: y sin éstas son inútiles las mejores leyes, pudiéndose quizás asegurar que las instituciones más libres, aquéllas que más ensanche conceden a los derechos de los ciudadanos, y dan más influjo a la Nación en los negocios públicos, son hasta peligrosas y nocivas, cuando falta en ella razón práctica, por decirlo así, aquella voluntad ilustrada, don exclusivo de los pueblos libres, y fruto también exclusivo de una recta educación nacional. Con justicia, pues, nuestra Constitución política, obra acabada de la sabiduría, miró la enseñanza de la juventud como el sostén y apoyo de las nueva Instituciones; y al dedicar uno de sus postreros títulos al importante objeto de la Instrucción pública, nos denotó bastantemente que ésta debía ser el coronamiento de tan majestuoso edificio.

7 de marzo de 1814

Es como si nos hubiéramos olvidado de todo esto.