BilbaoPundit

Religión, BrightsNovember 15, 2006 11:14 pm

Ya habíamos avisado sobre la irrupción en el debate público de los "nuevos ateos" -aunque la "novedad" se remonte en realidad al siglo XVIII, como apuntaba hace poco Mario Bunge.

Sam Harris es uno de los que ha planteado con más claridad la clase de turbulentos malentendidos a los que puede conducirnos el así llamado "diálogo interreligioso". La única salida viable al estado perdido (en "aporía") de la humanidad religiosa radicaría en el ejercicio de la razón basada en el derecho natural, en la ciencia común a todos los pueblos. Pero, ¿puede realmente ésta ciencia común y esta civilización basada en la ciencia fundamentar una nueva sociedad política, o bien deberíamos reconocer los límites del naturalismo?

Fué Jean Jacques Rousseau quien planteó no sólo el ya clásico tema de la peligrosidad social del ateísmo, sino el mucho más genérico de la peligrosidad política de la ciencia. Ciencia y Política serían incompatibles, en la medida en que la verdad universal podría terminar socavando las mentiras (políticas) locales (Ibn Hazm de Córdoba ya distinguió, por cierto, entre las ciencias comunes y las ciencias particulares de cada pueblo). La ciencia política, en cierta visión neoconservadora, terminaría siendo el arte de hacer olvidar la naturaleza.

La propuesta de los "nuevos ateos" discurre exactamente en el sentido inverso.

 

Sam Harris 

La fé no curará a un mundo dividido 

La mayoría de los cristianos creen que Jesús era el Hijo de Dios y, por tanto, divino; los musulmanes, sin embargo, creen que Jesus no era divino y que cualquiera que piense  otra cosa sufrirá los tormentos del infierno (Koran 5:71-75; 19:30-38). Estas diferencias de opinión nos ofrecen tanto espacio para el compromiso como el canto de una moneda.

Si puede encuentrarse un suelo común para el diálogo interreligioso, solo se encontrará en la gente que está dispuesta a mantener sus ojos apartados del abismo que divide su fe de la de los demás. Ya es hora de que comencemos a preguntarnos si semejante estrategia de amabilidad y negación curará alguna vez las divisiones de nuestro mundo.

El verdadero diálogo requiere voluntad para modificar las propias creencias a través de la conversación. Tal apertura a la crítica y la investigación es la misma antítesis del dogmatismo. Merece la pena observar que la religión es el área de nuestras vidas donde el fe en el dogma; esto es, creer sin evidencia suficiente, se considera una virtud. La ciencia es, de hecho, el único dominio en el que cada persona puede conseguir un gran prsetigio por probar que estaba equivocado. En la ciencia, la honestidad lo es todo. En religión, la fé lo es todo. Así de irritante resulta la comparación.

Allí donde los seres humanos realizan un esfuerzo honesto para alcanzar la verdad, trascienden confiadamente los accidentes de su nacimiento y su upbringing (crianza). Por supuesto, sería absurdo hablar de “Física cristiana” o de “Algebra musulmana”. Y no hay algo así como una ciencia Iraquí o Japonesa en cuanto distinta de la americana. La gente razonable realmente tiene un monopolio de la verdad. Y aunque no estén inmediatamente deacuerdo en todo, un suelo común los rodea por todas partes. Consecuentemente,  no existen impedimientos significativos dentro del discurso científico: no siempre es bello, pero la conversación continúa sin apelaciones a la fuerza o deferencia hacia el dogma. Hay dogmas científicos, por supuesto, pero donde quiera que se encuentren, han sido clavados con golpes de martillo. En la ciencia, es un pecado cardinal pretender conocer todo lo que no conoces. Pero tal pretensión es la misma esencia de la fe religiosa.

No es un accidente que el discurso científico haya producido una extraordinaria convergencia de opinión y unos resultados considerables. ¿Qué ha producido el diálogo interreligioso? Las reuniones entre representantes de las mayores religiones del mundo producen poco más que banales llamamientos a la paz y la voluntad de ignorar aquello en lo que los participantes creen con más fuerza – que la otra parte de la conversación probablemente pasará la eternidad en el infierno por sus equivocaciones a cerca de Dios. La diferencia entre el discurso científico y religioso nos debería decir algo sobre donde situar nuestras esperanzas para un mundo no dividido.

Esta traducción es informal. El artículo original puede leerse en On Faith.

DLM

OffTopic 2:02 am


…a pesar de todo.