En 1958 Antonio Román rodó una extravagante comedia llamada Bombas para la paz. El científico interpretado por Fernando Fernán Gómez (¿Quién dijo que la ciencia española estaba atrasada?) descubría un dispositivo explosivo con sorprendentes efectos: volvía pacíficos a los hombres. Una vez en la asamblea de las Naciones Unidas (con un inolvidable Pepe Isbert en el papel de portero), la explosión de la bomba apacigüa espontáneamente a los representantes internacionales en contienda -por aquel momento comprometidos por la ansiedad nuclear típica de la guerra fría.

Los representantes de la Alianza de Civilizaciones, y el altísimo comisionado de la ONU, ya tienen su referente cinematográfico:


“He aquí nuestro lema: menos pum y más pan.”

ACTUALIZACIÓN I: ABC no cita sus fuentes digitales.
ACTUALIZACIÓN II: Cómo acabar de una vez por todas con el existencialismo.