Hubo un tiempo en que América prometía ser la Nueva Atenas, como la llamó Freneau ("Greece and Rome no more; Detain the Muses on Citheron’s brow"). El fervor de aquella naciente gloria auguraba una verdadera renovación de la Ciencia y de las Artes (Ezra Stiles), una esperanza para la vieja Europa, actuando en la vanguardia del imperio británico civilizador.

En cierto modo, las promesas se cumplieron y EE.UU logró alcanzar un estatuto de hiperpotencia política e hiperpotencia cultural, ya en el siglo XVIII, que sobrevive hasta el día de hoy. Mucha de la ciencia y la filosofía más influyente y refinada procede todavía de Norteamérica; de sus Academias, Institutos y audaces free-thinkers en la nación de los 300 millones. Y sin embargo, conservamos la persistente sensación de que un fantasma recorre América…

Being a Christian means that I am called upon to do battle against lies, injustice, cruelty, hypocrisy—you know, all the virtues in the church of liberalism.

Vía La hoja de Albacete-. Así se define Ann Coulter, líder carismática de la derecha religiosa americana y autora de un conocido y bien vendido libelo. Su metodología es la arrogancia y su práctica una peligrosa guerra contra la ciencia (en el frente de la evolución darwiniana) que ha logrado contagiarse entre no pocos conservadores.

Pero el "meme Coulter" podría ser destructivo. Algunos cristianos conservadores, en efecto, pueden seguir engañándose con respecto a la escasa relevancia de la ciencia, o su carácter subalternado a alguna autoridad eclesiástica o pundit de ocasión. ¿A qué viene preocuparse por la mecánica celeste, o por la macroevolución, cuando lo que importa de verdad es la "ciencia de la experiencia" y la práctica de la prudencia que nos permite comulgar juntos? La lógica viene a ser análoga -mutatis mutandis- a aquella otra que situó en la encrucijada a la ciencia soviética: ¿Por qué preocuparse de la evolución darwiniana, cuando de lo que se trata es de la evolución socialista? Lysenko y la Biblia nos mantenien unidos.

Sin embargo, la ciencia importa. Y la evolución importa en particular. Existen pocas disciplinas científicas o tecnológicas que puedan olvidarse de Darwin: nuevas amenazas sobre epidemias biológicas, el calentamiento global, el agotamiento de recursos energéticos, la investigación biomédica con células madre, ninguno de estos nuevos saberes tiene demasiado sentido excepto bajo el prisma de la evolución. Lejos de vivir en la paradoja típicamente roussoniana, que establecía una incompatibilidad profunda entre Ciencia y Política, hoy es muy difícil proyectar un mundo sostenible en el que la ciencia se haya segregado de la política sin poner en grave peligro a las mismas sociedades políticas.

¿Cui bono? La única razón por la que el "darwinismo" recibe un trato diferente al recibido, pongamos por caso, por la mecánica celeste comúnmente aceptada (es decir, la teoría heliocéntrica más las leyes de Newton), es que la evolución biológica parece cuestionar la autoridad de ciertos grupos privilegiados, iglesias y sectores de opinión. Cuesta imaginar, en cambio, un auténtico "debate" entre partidarios de los vórtices cartesianos y partidarios de la mecánica de Newton en el que los primeros acusaran a los segundos de seguir un irracional "fervor newtoniano". Sin embargo, los críticos de la evolución pretenden hacer del "teorema de Darwin" (o del "algoritmo" de Darwin, al modo de Daniel Dennett) una especie de Nueva Iglesia. El resultado es un clima de opinión favorable a una fantasmagórica controversia entre saberes "científicos" que, en realidad, sólo tiene lugar en el plano de la representación, del espectáculo. ¿Dónde radica la controversia? ¿Dónde se encuentra la verdadera polémica "científica"?: ¡Show me the science!

Es difícil no estar de acuerdo con el comentario en La hoja de Albacete: en una sociedad libre lo sagrado no puede ser excusa para promover argumentos irracionales que no admitan respuesta. Pero ésto incluye, en primer lugar, los disparates de Ann Coulter y sus seguidores.

Si algo nos enseña la historia reciente es que no podemos convertir la caverna en el paraíso. Ignoramus, ignorabimus. Pero podemos escoger vivir en una caverna algo más habitable, con arte rupestre y verdadero escrutinio filosófico a la luz del fuego.
 

 
Ms. Wrong.
Nunca lo suficientemente delgada ni lo suficientemente bruja.