¿Cuál es el "valor adaptativo", o de supervivencia, de la religión? Si tenemos en cuenta que las "religiones superiores" (monoteístas, trinitarias, metafísicas…) llevan muy poco tiempo evolutivo entre nosotros, los primates humanos, entonces puede que la pregunta, al fín y al cabo, no sea la más adecuada. En su lugar, deberíamos interrogarnos sobre el valor de supervivencia de cierto comportamiento humano no necesariamente tipificado como "religioso"; esto es, de una cierta característica psicológica, de alguna prepogramación etológica o tendencia instintiva que, dadas ciertas circunstancias, haya podido manifestarse en los términos de lo que conocemos hoy como "religión".

Richard Dawkins propuso una brillante comparación con el mundo natural para intentar comprender el valor "adaptativo" de la religión: el comportamiento aparentemente "suicida" de las mariposas exhalantes en la luz artificial. Todos hemos observado mariposas y otros insectos revoloteando alrededor de fuentes no naturales de luz. Pero la cuestión "darwiniana" no es, en absoluto, cuál sea el valor adaptativo de las mariposas sacrificándose en el calor de las bombillas. En realidad, el "suicidio" de las mariposas es un efecto completamente inesperado. La luz artificial es un invento muy reciente, insignificante con respecto a la escala del tiempo geológico o tiempo evolutivo. Hasta hace muy poco, las únicas luces nocturnas eran la luna y las estrellas, que son utilizadas por los insectos para mantener su vuelo en línea recta. El sistema nervioso de las mariposas está naturalmente adaptado para orientarse a través de los rayos de luz adoptando un ángulo de 30º. Si las mariposas no han desarrollado ningún mecanismo que les permita distinguir los rayos lunares de los procedentes de una bombilla, entonces podemos esperar que se comportarán igual en ambos casos, produciéndose un inevitable caos cuando se enfrenten a fuentes de luz artificial. Las mariposas, en consecuencia, no se están "sacrificando" voluntariamente ante el irresistible atractivo de las bombillas, sino que simplemente siguen un patrón de conducta habitual.

La religión podría ser también una especie de "luz artificial" que puede llegar a desencadenar el sacrificio de los seres humanos basándose en un mecanismo ancestral sobre el seguimiento de la autoridad –como muestra, particularmente, la "fé" de los hijos en sus padres. Sin la obediencia a los padres (o educadores) y la confianza última de los hijos en su autoridad, la supervivencia de los niños humanos sería muy improbable. Aquí, o en un lugar próximo, podría residir el valor adaptativo profundo de la religión.

Como refiere Cirlot, el simbolismo de la mariposa está de hecho muy desarrollado en la religiosidad antigua y en la literatura mística. El tema de la "mariposa exhalante" ha sido utilizado habitualmente como metáfora del comulgante que se acerca a la luz divina. Fue también un símbolo del renacer, como en la quinta morada de santa Teresa, cuando el ser místico se transforma en mariposa blanca del espíritu santo tras abandonar su antiguo capullo de seda. Pero la mariposa que viaja hacia la luz corre siempre el peligro de abrasarse, como en el "túmulo" de Quevedo:

 

Yace pintado Amante,
De amores de la Luz muerta de amores,
Mariposa elegante
Que vistió rosas y voló con flores;
Y codicioso el fuego de sus galas
Ardió dos primaveras en sus alas