"Nada tiene sentido en biología excepto bajo el prisma de la evolución".

- Theodosius Dobzhansky

Se acumulan hoy muchas más evidencias favorables, no sólo a la verdad de esto que pensaba uno de los fundadores de la teoría sintética, sino a su gran ampliación mas allá de la biología. ¿Es que tiene sentido algo en historia, en religión, o en economía, excepto -de algún modo- bajo el prisma de la evolución

Mientras que la teoría sintética de la evolución por selección natural trata de la reproducción diferencial de los organismos biológicos, la memética, a partir de Richard Dawkins, se ocupa de la reproducción diferencial de las ideas:

El nuevo caldo es el caldo de la naturaleza humana. Necesitamos un nombre para el nuevo replicador, un sustantivo que conlleve la idea de una unidad de transmisión cultural, o una unidad de imitación. "Mimeme" se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a "gen" (…) Ejemplos de memes son: tonadas o sones, ideas, consignas, modas en cuanto a la vestimenta, formas de fabricar vasijas o de constuir arcos. Al igual que los genes se propagan en un arcervo génico al saltar de un cuerpo a otro mediante los espermatozoides o los óvulos, así los memes se propagan en el acervo de los memse al salgar de un cerebro a otro mediante un proceso que, considerado en su sentido más amplio, puede llamarse de imitación. (El gen egoísta, Pág. 251).  

Daniel Dennett ha dedicado una de sus últimas obras, Breaking the spell, a un análisis del fenónemo religioso justamente bajo el prisma de la evolución natural. ¿Acaso las ingentes concentraciones de mamíferos en torno a la Kaaba, en la Meca, no son, por sí mismos, genuinos fenómenos biológicos que precisan una explicación? La memética es un ejemplo vivo de la pregnancia de las ciencias naturales en las antiguamente conocidas como "humanidades". Una separación rígida de "ciencias naturales" y "ciencias del espíritu", concebidas como áreas incomunicables (como el alma del cuerpo, la materia del espíritu, o la res cogitans de la res extensa) simplemente ha dejado de ser sostenible.

Para comprender bien esta idea es necesario evitar antes el malentendido del "imperialismo" de las disciplinas. Durante los años setenta pareció en algún momento que el "imperialismo semiótico" iba a ser capaz de reducir los fenómenos más dispares al análisis de signos y señales bajo el prisma de la significación. El ideal de la "consilience" entre los saberes biológicos, físicos y culturales, por contra, no se asienta en ningún "reduccionismo" o "determinismo", tal y como acostumbran a reprochar algunos viejos humanistas alarmados. Se trata, por el contrario, de evidenciar las conexiones entre las distintas áreas de la realidad, alcanzando un nivel de consistencia gnoseológica cada vez más profundo. Las ciencias, como ha escrito Gustavo Bueno, no clausuran la realidad, sino que -al contrario, nos la abre.

Muchos podrían empezar a proyectar sospechas sobre la "consistencia" de biologia y cultura recordando el naufragio del materialimo histórico y del materialismo dialéctico (es decir, del "socialismo científico"), que Marx mismo consideraba una especie de paralelo "científico" del darwinismo. Engels:

"Del mismo modo en que Darwin descubrió la ley de la evolución de la naturaleza humana, Marx descubrió la ley de la evolución de la historia humana".

Pero ni el materialismo histórico ni el materialismo dialéctico estaban objetiva y realmente fundados en la base científica de la evolución. Precisamente el desarrollo de la biología evolucionista ha proporcionado argumentos muy poderosos contra las raíces del materialismo histórico, ante todo en cuanto éste se fundamentaba en una rotunda negación de la naturaleza humana universal. Y todo esto sin olvidar la perversión del lysenkismo soviético y su biología dialéctica (defendida décadas más tarde, a su peculiar manera, por los autores de No está en los genes), una especie de "apostasía lammarkista" en las ramas del gran árbol de la evolución.

Si no puede considerarse a Marx un devoto de Darwin, o un impecable evolucionista, tampoco lo fué Hitler, otro "peligroso darwinista" según la fantasía de creacionistas, algunos conservadores ignorantes y prebostes en general de la filosofía y la ciencia-basura. Por otra parte, la suposición de que es obligatorio rechazar todos las opiniones que, de algún modo u otro, sostuvo "el Führer", no deja de ser una mala parodia de argumentación "racional": una intolerable reductio ad hitlerum -por emplear la afortunada expresión que dejó Leo Strauss.

Hitler era vegetariano. ¿Debemos suprimir las costumbres vegetarianas? Marx se dejó crecer una frondosa barba. ¿Hay que negar el crédito de los barbudos? Esta es la estrategia, por reductio ad hitlerum et marxum, que los partidarios de la filosofía y ciencia-basura habitualmente utilizan: los antidarwinistas más peligrosos Michael Behe, Ann Coulter, Richard Weikart &c. Es indispensable tomar partido contra la tesis típicamente roussoniana que establece la incompatibilidad de ciencia y política: la difusión de tanta ignorancia o cinismo sólo puede terminar por causar graves daños sociales en la política global.

Sin embargo, una interpretación torcida de Darwin ha logrado crear la falsa impresión de que las ciencias biológicas estaban suplantando indebidamente los dominios de la sociología, la política o la misma ética, llevándonos a una especie de nueva distopía gobernada por científicos locos e ingenieros "naturalistas". La expresión "darwinismo" y "competencia darwiniana" se ha convertido en un sinónimo de lucha ciega por la existencia, "supervivencia de los fuertes" con perjuicio de todo freno moral. En realidad, no es sólo que las ciencias de la evolución sean compatibles con los sentimientos de socialidad más nobles, como el altruísmo o incluso el sacrificio, sino que no conocemos ninguna otra manera de entender científicamente los fundamentos de la moral humana (y de la religión, la economía, la política) a no ser bajo el prisma de la evolución. Ninguna otra especulación anterior, filosófica o teológica, ha logrado una penetración tan profunda en el derecho natural y en la idea de "naturaleza humana". Gracias al "darwinismo" sabemos que el ser humano comparte un mismo genoma universal. Sabemos que la inteligencia de los hombres y las mujeres es sustancialmente equivalente, o que las diferencias entre razas no son determinantes. Sabemos que la moral ha evolucionado por selección natural. Incluso los engimas más sublimes, místico-religiosos, resultan mucho más comprensibles y son despejados con mayor claridad una vez somos capaces de tratarlos en evolución.