Desde Ocata nos recordaban este pasaje de la República (traducción y notas de Gregorio Luri):

Cuando los ciudadanos de una comunidad se encuentran juntos en una ocasión de peligro, no son precisamente los pobres los menospreciados por los ricos; al contrario, con frecuencia un pobre enjuto y quemado por el sol, al estar apostado en la batalla junto a un rico cebado a la sombra (la palabra que utiliza Platón, "skia-trophekóti", sugiere también el crecimiento de una planta en un invernadero) y sobrado de carnes, y lo ve sin resuello ("ásthmatos") y perdido ("en aporía"), ¿no crees que se dirá a sí mismo que estas gentes no deben sus riquezas más que al consentimiento de los pobres? ¿Y cuando se encuentran los pobres entre ellos, no se dirán que pueden hacer lo que les plazca con tales hombres, puesto que no valen para nada? La república (556 c-e)

La discusión forma parte de un análisis general sobre las causas de la democracia, sobre todo en la medida en que esta es una hija de la oligarquía y su "deseo insaciable de riquezas" (República, 555b). El comercio es, en efecto, un enemigo de la templanza y de la virtud cuidadana. La conservación del estado es incompatible con el auge ilimitado de los negocios (hoy diríamos, el "capitalismo", o incluso la "globalización", que es básicamente el proceso por el que las ciudades dejan de ser autosuficientes) que sólo puede introducir la enemistad entre los ciudadanos. Cuando los ciudadanos dejan de practicar la virtud, dejándose llevar por la indolencia y la búsqueda de riquezas "ocupados sus padres únicamente en enriquecerse, desprecian todo lo demás, y no toman más interés por la virtud de los indigentes" (República, 556c). Las degeneraciones oligárquicas producen una desigualdad tal que son capaces, entonces, de despertar la "cobardía" o el "consentimiento" de los pobres. El resultado es la rebelión, la rapiña de los ricos y el reparto igualitario (República, 557a). Aquí entra en juego el legislador platónico, el mejor gobernando sobre los peores, cuya obligación natural no parece tan lejana de la construcción de un "estado social" en el que reine la amistad ciudadana. Noblesse oblige:

Mas aquellos a quienes, como a nosotros ahora, haya concedido la divinidad el fundar una ciudad de nueva planta sin que haya ningun género de enemistades entre unos y otros pobladores, que se convierten ellos mismos en causantes de enemistad por causa del reparto de la tierra y de las viviendas, ésta sería no solo una gran maldad, sino una insensatez indigna de seres humanos. Las leyes (Libro V-737b)

Vemos que la política platónica no podría estar a mayor distancia del "espíritu del capitalismo", con su confianza típica en el libre mercado y en la "emancipación de la propiedad" (emancipation of acquisitiveness), tal y como este tema es desarrollado por Smith, Locke…Se diría que para Platón, así el hombre como la ciudad, forman de hecho una sociedad en orden a preservar las "estrechas fronteras de su propiedad".