¿Pero, alguna vez el socialismo no fué utópico?
Cómo olvidar aquel memorable espectáculo del ridículo ofrecido por Fernando Berlín (sustituto de Ignacio Escolar) pretendiendo entrevistar a los responsables del "fantástico video" que forzó la dimisión de algunos directivos de la publicitaria Tiempo BBDO. El blogger más célebre de España fascinado por el robobo de la sisilla. ¿Alguien puede sorprenderse?
Desde que Robert Owen propuso fundar una "convención mundial para emancipar la raza humana de la ignorancia, la pobreza, la división, el pecado y la miseria" los socialistas de todos los partidos no han dejado de invocar las fuerzas magníficas de la voluntad y la inteligencia, entendida a su peculiar manera. Bastaba con ponerse de lado del "punto de vista emancipatorio", a la manera de Horkheimer, para encontrar la ciencia verdadera. En EE.UU sobresalió la "guerra contra la pobreza" que la Big Society de Lyndon Johnson estaba llamada a ganar. Y los estados sociales europeos, incluído el que consagra nuestra constitución española, nunca dejan de señalar la obligación de los gobernantes para "erradicar la pobreza" o, como establece sin tapujos el nuevo estatuto de Andalucía, poner en manos de la clase adecuada los medios productivos: "los poderes públicos (…) establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad y gestión de los medios de producción" (art. 161.3) .
Uno podría sospechar que la izquierda indefinida ha perdido su confianza en el estado. Para Lenin, recordemos, el estado era el medio par excellance destinado a eliminar la pobreza y la división de clases: "cuando toda posibilidad de explotación haya desaparecido del mundo, cuando ya no haya propietarios de tierras ni propietarios de fábricas, y cuando no exista ya una situación en la que unos estan saciados mientras otros padecen hambre, sólo cuando haya desaparecido por completo la posibilidad de esto, relegaremos esta máquina a la basura. Entonces no existirá Estado ni explotación."
Sin embargo, lo que continúa caracterizando a campañas como los Objetivos del Milenio 2015 es precisamente su vinculación con el estado. Sin perjuicio de que pretenda movilizarse un clima de opinión favorable (¿cómo oponerse al tan digno fín de levantarse contra la miseria?) en toda la "sociedad civil", los estados nacionales siguen presentando los principales blancos para la indignación y el levantamiento. Como secularización de la caridad, los programas de cooperación arrastran un pertinaz inconveniente: se pretente hacer el bien con el dinero de otros.
Heath y Potter lo sabían: rebelarse vende. No se puede ocultar que la rebelión ha perdido su hieratismo, se ha vuelto divertida. Hay que ser críticos y sonrientes. En Portugalete un centenar de personas acudieron hace unos días a la plaza del Ayuntamiento para ponerse de cuclillas y saltar hacia arriba. Gracias a esta hibridación irresistible de pensamiento mágico, ocio y revolución, la nueva campaña auspiciada por la ONU ‘Levántate contra la pobreza’, ha logrado escribir una pequeña página en libro Guinness al contar con la participación de 23,5 millones de personas en 11.600 eventos en 20 países.
Y a continuación, en justo castigo, esta interpretación de Christina Aguilera en la que descuartiza despiadada pero cuidadosamente Hey, big spender, del musical Rocky Horror Show.

