La incompatibilidad entre Islam y Cristianismo está bien clara en la mayoría de los documentos eclesiásticos anteriores al Vaticano II: Mahoma es inmiscible con el agua bendita. De hecho, la doctrina tradicional de la Iglesia establecía sin la menor duda que fuera de la iglesia no puede haber salvación (Bonifacio VIII, Unam Sanctam: "Declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que es absolutamente necesario para la salvación de cada criatura humana que esté sujeta al romano pontífice.") ¡Al romano pontífice! La salvación no sólo se refería al cristianismo en general, sino específicamente a la sujeción romana. La doctrina extra ecclesiam nulla salus no es algo así como una extravagancia de un obispo del siglo XIV, sino el cuerpo de la doctrina católica durante siglos, desde Eugenio IV (Cantate Domino), Pelagio II (Denzinger 246-247), Gregorio el grande (Moralia), Inocencio III (Denzinger 423), Leon XII (Ubi Primum), Gregorio XVI (Summo Jugiter), Pio IX (Denzinger 1647), Leon XIII (Annum Ingressi Sumus), Pio X (Jucunda Sane), Benedicto XV (Ad Beatissimi Apostolorum), Pio XI (Mortalium Animos), Pio XII (alocución a la universidad gregoriana), hasta el propio Concilio Vaticano II, que en la constitución dogmática Lumen Gentium, 14, establece que "No podrán ser salvados quienes, conociendo que la  Iglesia Católica fué fundadada necesariamente por Dios a través de Cristo, se niegen a entrar o permanecer en ella". Sorprendentemente, el concilio Vaticano II terminó por reconocer la "libertad religiosa", pero semejante "libertad" no sólo no es un derecho aceptado por el cristianismo tradicional, sino que se encuentra específicamente condenado. Por ejemplo, en la Quanta Cura, de Pio IX:

(…) Y con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, locura, esto es, que "la libertad de conciencias y de cultos es un derecho propio de cada hombre, que todo Estado bien constituido debe proclamar y garantizar como ley fundamental, y que los ciudadanos tienen derecho a la plena libertad de manifestar sus ideas con la máxima publicidad -ya de palabra, ya por escrito, ya en otro modo cualquiera-, sin que autoridad civil ni eclesiástica alguna puedan reprimirla en ninguna forma"

¿Habría que considerar "cristianos fundamentalistas" a Pio IX y la larga lista de papas, sabios y príncipes cristianos que afirmaron la exclusividad de la salvación católica? Lo que algunos llaman hoy "cristianos fundamentalistas", en ocasiones, no es otra cosa que la cristiandad ilustrada; cristianos que han leído y comprendido la Biblia y que conocen los textos de la tradición mucho mejor que los cristianos llamados "moderados". Ahora bien, al proclamar el respeto irrestricto por las opiniones y la "libertad religiosa", paradójicamente, los religiosos moderados proporcionan cobertura a los fundamentalistas. Este es exactamente el caso de Leonardo Boff que, al atacar la presunta inoportunidad del Papa, está proporcionando una perfecta cobertura a los "fundamentalistas" musulmanes:

La actitud del Papa Benedicto XVI está provocando justificadas iras entre las comunidades islámicas por causa de la cita desafortunada de un emperador bizantino del siglo XIV según el cual «Mahoma defendía cosas malas e inhumanas, como su orden de difundir la fe con la espada».

En su lucha aparente contra el "absolutismo papal", lo único que logran los teólogos aparentemente "liberales" o "cristianos moderados" es excusar los crimenes de religión. La obligación de los cristianos es llevar la "buena nueva" y traer a los infieles a la salvación. En esto, básicamente, consiste el llamado "diálogo religioso". ¿Qué perdón llevó Tomás de Aquino a los gentiles cuando escribió la Summa contra ellos? ¿No se consagró, más bien, a combatir sus errores? Al utilizar argumentos racionales contra los musulmanes, el discurso de Ratisbona no contradecía la enseñanza de la tradición: "nuestro fín es manifestar la verdad que profesa la fe católica hasta donde sea posible, y eliminar los errores opuestos (…) porque algunos de los gentiles, como los mahometanos y los paganos, no están de acuerdo en aceptar algunas partes de la Escritura, de donde podamos convencerlos (…) por ello es necesario que acudemos a la razón natural, a la cual todos deben asentir (Suma contra los gentiles, Libro I Capítulo II).