Difícilmente en las últimas décadas podremos encontrar un debate tan intenso e interesante sobre el conflicto entre religión y ciencia, y sobre la dialéctica entre las distintas religiones, como el que ahora vemos desplegarse delante nuestro. Creo que hay, al menos, dos hitos recientes importantes. Por una parte, el discurso pronunciado en la universidad de Ratisbona por Benedicto XVI, que ha suscitado la necesidad de volver a pensar sobre el papel de la razón natural en la teología, el papel de lo divino en la racionalidad, los límites de la misma racionalidad y la pugna entre violencia y razón. Por otra, la proliferación de ensayos -fundamentalmente en el mundo anglosajón: Sam Harris, Daniel Dennett, Steven Pinker, Richard Dawkins &c- escritos por científicos y filosófos que apuestan sin amabages por una "visión del mundo" totalmente crítica con el supernaturalismo religioso.
Debe llamar la atención que, en un siglo que prometía haber resuelto el conflicto entre ciencia y religión, el ensayo de Richard Dawkins The god delusion haya alcanzado los primeros puestos de ventas en Amazon Gran Bretaña y EE.UU, ¡amenazando con ser el libro más vendido de estas navidades! Para hacernos una idea del interés popular, ésta noticia ha recibido hasta ahora 177 "meneos" en el conocido agregador de noticias de internet. Inequívoco signo de que el asunto interesa, y de que la minoría atea ilustrada no es algo así como una "cantidad despreciable" en nuestra sociedad.
Lo que convierte en especialmente interesante el tratamiento del tema, según Dawkins y Harris, es precisamente su huída del moderantismo que había imperado, de modo más o menos explícito, en la Academia y los medios de información. Los "moderados" habían decretado orden de alejamiento entre Ciencia y Religión, o bien, muchos teólogos y creyentes "liberales", habían proclamado su armonía casi perfecta (obsérvese aquí la polémica entre Schönborn y Coyne). Pues bien, la dialéctica entre Jerusalén y Atenas (planteada por Leo Strauss, o por Emmanuel Levinas) se resuelve, en el pensamiento de Richard Dawkins y de muchos otros partidarios de la "tercera cultura", claramente a favor de los atenienses. Dicho muy rápidamente: La tierra no tiene 6.000 años de antiguedad, sino millones de años. Los seres vivos no fueron creados en siete días por un diseñador inteligente, sino que se formaron a través de un proceso gradual de selección natural darwiniana utilizando las moléculas de ADN y otros procesos naturales. El sol no gira en torno a la tierra, sino que es al revés, la tierra gira alrededor del sol. La conciencia no penetra místicamente durante la conceptio, sino que se forma también gradualmente en un largo y complejo proceso de ingeniería neurológica. A medida que comprendemos mejor la naturaleza de la conciencia, va haciéndose más obsoleta la contraposición de "espíritu" y "materia". Etcétera, etcétera.
Aún con todo, la victoria de Atenas podría seguir siendo impugnada en el campo de la ética o de la política. Este había sido el reproche de Levinas frente a la tradición filosófica que, arribando en el hegelianismo, había proclamado la llegada del saber absoluto. Un saber absoluto que sería primero la dialéctica y, más tarde, las ciencias positivas. ¿Tenemos derecho a suponer que un mundo "naturalista" será más angustioso, conflictivo, anómico y antiestético? El "fín de la fé", por citar el título de Sam Harris, no afirma tanto el fín de la historia de las religiones, cuanto que su agotamiento como "visión del mundo" compatible con la verdad de las ciencias. ¿Marcará el fín de la fé una edad de la tristeza, análoga a la edad del fin de la historia pronosticada por Fukuyama hace más de una década?
The end of history will be a very sad time. The struggle for recognition, the willingness to risk one’s life for a purely abstract goal, the worldwide ideological struggle that called forth daring, courage, imagination, and idealism, will be replaced by economic calculation, the endless solving of technical problems, environmental concerns, and the satisfaction of sophisticated consumer demands. In the post-historical period there will be neither art nor philosophy, just the perpetual caretaking of the museum of human history. I can feel in myself, and see in others around me, a powerful nostalgia for the time when history existed. Such nostalgia, in fact, will continue to fuel competition and conflict even in the post-historical world for some time to come. Even though I recognize its inevitability, I have the most ambivalent feelings for the civilization that has been created in Europe since 1945, with its north Atlantic and Asian offshoots. Perhaps this very prospect of centuries of boredom at the end of history will serve to get history started once again.
Un mundo sin arte y sin filosofía sería ciertamente un mundo triste, aburrido, desasosegante: el mundo de la "ciencia lúgubre" y de la soberanía de la técnica sobre el conocimiento histórico y tradicional. Pero, como se ha dicho, el concepto de racionalidad no puede sobrevivir sin historia. La ciencia misma no puede suprimir la tradición, pero sí está obligada a reinterpretarla. Las ciencias pueden vencer y, al mismo tiempo, ser leales con los vencidos.
Y un mundo sin religiones, ¿es posible? Tienen más en El Café de Ocata.


