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Religión, Ciencia & Paraciencias, BrightsOctober 15, 2006 9:37 pm

Difícilmente en las últimas décadas podremos encontrar un debate tan intenso e interesante sobre el conflicto entre religión y ciencia, y sobre la dialéctica entre las distintas religiones, como el que ahora vemos desplegarse delante nuestro. Creo que hay, al menos, dos hitos recientes importantes. Por una parte, el discurso pronunciado en la universidad de Ratisbona por Benedicto XVI, que ha suscitado la necesidad de volver a pensar sobre el papel de la razón natural en la teología, el papel de lo divino en la racionalidad, los límites de la misma racionalidad y la pugna entre violencia y razón. Por otra, la proliferación de ensayos -fundamentalmente en el mundo anglosajón: Sam Harris, Daniel Dennett, Steven Pinker, Richard Dawkins &c- escritos por científicos y filosófos que apuestan sin amabages por una "visión del mundo" totalmente crítica con el supernaturalismo religioso.

Debe llamar la atención que, en un siglo que prometía haber resuelto el conflicto entre ciencia y religión, el ensayo de Richard Dawkins The god delusion haya alcanzado los primeros puestos de ventas en Amazon Gran Bretaña y EE.UU, ¡amenazando con ser el libro más vendido de estas navidades! Para hacernos una idea del interés popular, ésta noticia ha recibido hasta ahora 177 "meneos" en el conocido agregador de noticias de internet. Inequívoco signo de que el asunto interesa, y de que la minoría atea ilustrada no es algo así como una "cantidad despreciable" en nuestra sociedad.

Lo que convierte en especialmente interesante el tratamiento del tema, según Dawkins y Harris, es precisamente su huída del moderantismo que había imperado, de modo más o menos explícito, en la Academia y los medios de información. Los "moderados" habían decretado orden de alejamiento entre Ciencia y Religión, o bien, muchos teólogos y creyentes "liberales", habían proclamado su armonía casi perfecta (obsérvese aquí la polémica entre Schönborn y Coyne). Pues bien, la dialéctica entre Jerusalén y Atenas (planteada por Leo Strauss, o por Emmanuel Levinas) se resuelve, en el pensamiento de Richard Dawkins y de muchos otros partidarios de la "tercera cultura", claramente a favor de los atenienses. Dicho muy rápidamente: La tierra no tiene 6.000 años de antiguedad, sino millones de años. Los seres vivos no fueron creados en siete días por un diseñador inteligente, sino que se formaron a través de un proceso gradual de selección natural darwiniana utilizando las moléculas de ADN y otros procesos naturales. El sol no gira en torno a la tierra, sino que es al revés, la tierra gira alrededor del sol. La conciencia no penetra místicamente durante la conceptio, sino que se forma también gradualmente en un largo y complejo proceso de ingeniería neurológica. A medida que comprendemos mejor la naturaleza de la conciencia, va haciéndose más obsoleta la contraposición de "espíritu" y "materia". Etcétera, etcétera. 

Aún con todo, la victoria de Atenas podría seguir siendo impugnada en el campo de la ética o de la política. Este había sido el reproche de Levinas frente a la tradición filosófica que, arribando en el hegelianismo, había proclamado la llegada del saber absoluto. Un saber absoluto que sería primero la dialéctica y, más tarde, las ciencias positivas. ¿Tenemos derecho a suponer que un mundo "naturalista" será más angustioso, conflictivo, anómico y antiestético? El "fín de la fé", por citar el título de Sam Harris, no afirma tanto el fín de la historia de las religiones, cuanto que su agotamiento como "visión del mundo" compatible con la verdad de las ciencias. ¿Marcará el fín de la fé una edad de la tristeza, análoga a la edad del fin de la historia pronosticada por Fukuyama hace más de una década?

The end of history will be a very sad time. The struggle for recognition, the willingness to risk one’s life for a purely abstract goal, the worldwide ideological struggle that called forth daring, courage, imagination, and idealism, will be replaced by economic calculation, the endless solving of technical problems, environmental concerns, and the satisfaction of sophisticated consumer demands. In the post-historical period there will be neither art nor philosophy, just the perpetual caretaking of the museum of human history. I can feel in myself, and see in others around me, a powerful nostalgia for the time when history existed. Such nostalgia, in fact, will continue to fuel competition and conflict even in the post-historical world for some time to come. Even though I recognize its inevitability, I have the most ambivalent feelings for the civilization that has been created in Europe since 1945, with its north Atlantic and Asian offshoots. Perhaps this very prospect of centuries of boredom at the end of history will serve to get history started once again.

Un mundo sin arte y sin filosofía sería ciertamente un mundo triste, aburrido, desasosegante: el mundo de la "ciencia lúgubre" y de la soberanía de la técnica sobre el conocimiento histórico y tradicional. Pero, como se ha dicho, el concepto de racionalidad no puede sobrevivir sin historia. La ciencia misma no puede suprimir la tradición, pero sí está obligada a reinterpretarla. Las ciencias pueden vencer y, al mismo tiempo, ser leales con los vencidos.

Y un mundo sin religiones, ¿es posible? Tienen más en El Café de Ocata.

Religión 3:01 pm
La incompatibilidad entre Islam y Cristianismo está bien clara en la mayoría de los documentos eclesiásticos anteriores al Vaticano II: Mahoma es inmiscible con el agua bendita. De hecho, la doctrina tradicional de la Iglesia establecía sin la menor duda que fuera de la iglesia no puede haber salvación (Bonifacio VIII, Unam Sanctam: "Declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que es absolutamente necesario para la salvación de cada criatura humana que esté sujeta al romano pontífice.") ¡Al romano pontífice! La salvación no sólo se refería al cristianismo en general, sino específicamente a la sujeción romana. La doctrina extra ecclesiam nulla salus no es algo así como una extravagancia de un obispo del siglo XIV, sino el cuerpo de la doctrina católica durante siglos, desde Eugenio IV (Cantate Domino), Pelagio II (Denzinger 246-247), Gregorio el grande (Moralia), Inocencio III (Denzinger 423), Leon XII (Ubi Primum), Gregorio XVI (Summo Jugiter), Pio IX (Denzinger 1647), Leon XIII (Annum Ingressi Sumus), Pio X (Jucunda Sane), Benedicto XV (Ad Beatissimi Apostolorum), Pio XI (Mortalium Animos), Pio XII (alocución a la universidad gregoriana), hasta el propio Concilio Vaticano II, que en la constitución dogmática Lumen Gentium, 14, establece que "No podrán ser salvados quienes, conociendo que la  Iglesia Católica fué fundadada necesariamente por Dios a través de Cristo, se niegen a entrar o permanecer en ella". Sorprendentemente, el concilio Vaticano II terminó por reconocer la "libertad religiosa", pero semejante "libertad" no sólo no es un derecho aceptado por el cristianismo tradicional, sino que se encuentra específicamente condenado. Por ejemplo, en la Quanta Cura, de Pio IX:

(…) Y con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, locura, esto es, que "la libertad de conciencias y de cultos es un derecho propio de cada hombre, que todo Estado bien constituido debe proclamar y garantizar como ley fundamental, y que los ciudadanos tienen derecho a la plena libertad de manifestar sus ideas con la máxima publicidad -ya de palabra, ya por escrito, ya en otro modo cualquiera-, sin que autoridad civil ni eclesiástica alguna puedan reprimirla en ninguna forma"

¿Habría que considerar "cristianos fundamentalistas" a Pio IX y la larga lista de papas, sabios y príncipes cristianos que afirmaron la exclusividad de la salvación católica? Lo que algunos llaman hoy "cristianos fundamentalistas", en ocasiones, no es otra cosa que la cristiandad ilustrada; cristianos que han leído y comprendido la Biblia y que conocen los textos de la tradición mucho mejor que los cristianos llamados "moderados". Ahora bien, al proclamar el respeto irrestricto por las opiniones y la "libertad religiosa", paradójicamente, los religiosos moderados proporcionan cobertura a los fundamentalistas. Este es exactamente el caso de Leonardo Boff que, al atacar la presunta inoportunidad del Papa, está proporcionando una perfecta cobertura a los "fundamentalistas" musulmanes:

La actitud del Papa Benedicto XVI está provocando justificadas iras entre las comunidades islámicas por causa de la cita desafortunada de un emperador bizantino del siglo XIV según el cual «Mahoma defendía cosas malas e inhumanas, como su orden de difundir la fe con la espada».

En su lucha aparente contra el "absolutismo papal", lo único que logran los teólogos aparentemente "liberales" o "cristianos moderados" es excusar los crimenes de religión. La obligación de los cristianos es llevar la "buena nueva" y traer a los infieles a la salvación. En esto, básicamente, consiste el llamado "diálogo religioso". ¿Qué perdón llevó Tomás de Aquino a los gentiles cuando escribió la Summa contra ellos? ¿No se consagró, más bien, a combatir sus errores? Al utilizar argumentos racionales contra los musulmanes, el discurso de Ratisbona no contradecía la enseñanza de la tradición: "nuestro fín es manifestar la verdad que profesa la fe católica hasta donde sea posible, y eliminar los errores opuestos (…) porque algunos de los gentiles, como los mahometanos y los paganos, no están de acuerdo en aceptar algunas partes de la Escritura, de donde podamos convencerlos (…) por ello es necesario que acudemos a la razón natural, a la cual todos deben asentir (Suma contra los gentiles, Libro I Capítulo II).